sábado, 1 de diciembre de 2018

2013- OBLIVION – Joseph Kosinski


Joseph Kosinski surgió de la nada en el mundo del cine a partir de la secuela que dirigió para Disney de un antiguo fracaso del estudio al que el tiempo había convertido en un film de culto: “Tron” (1982). Sobre “Tron: Legacy” (2010) ya hablé en su respectiva entrada así que baste decir ahora que aunque no satisfizo a muchos fans desde el punto de vista creativo y argumental, sí hizo de Kosinski un nombre a seguir, especialmente porque se le relacionó con proyectos de relevancia, casi todos remakes que nunca terminaron de cuajar, como el de “La Fuga de Logan” (1976), “20.000 Leguas de Viaje Submarino” (1954) o “El Abismo Negro” (1979).



Al final, el proyecto que eligió Kosinski fue “Oblivion”, originalmente nacido como un comic coescrito por él mismo con Arvin Nelson para Radical Studios, una compañía que se ha dedicado a trampear con los derechos de adaptación al cine de tebeos cuando éstos todavía no se han publicado; o, a la inversa, trabajar con directores para convertir sus ideas en comics. La novela gráfica de “Oblivion” jamás llegó a publicarse y Kosinski trató de vender entonces la idea a Disney mientras rodaba “Tron: Legacy”. Finalmente, fue Universal quien encabezó la producción.

Estamos en el año 2077. Algún tiempo atrás, la Tierra fue invadida por unos alienígenas. Los
humanos consiguieron la victoria pero a un coste inmenso: el armamento nuclear acabó con los extraterrestres pero también exterminó la civilización y redujo la Luna a un montón de cascotes suspendidos en el cielo, causando un cambio climático radical. La mayoría de los supervivientes se han marchado y refugiado en Titán, uno de los satélites de Saturno, mientras que en la Tierra ha quedado un retén en una gran nave-estación orbital bautizada como el Tet, preparándose para el último largo viaje hasta Saturno. En la superficie de nuestro planeta, convertida en un inmenso erial, Jack Harper (Tom Cruise) y su pareja sentimental y compañera profesional, Victoria (Andrea Riseborough) se ocupan desde una torre estratosférica de reparar los drones y vigilar las instalaciones que recogen agua de los océanos para convertirla en hidrógeno y satisfacer así las necesidades energéticas de los colonos de Saturno.

El final de su turno de servicio se aproxima pero Jack ha aprendido a apreciar la belleza desolada de la Tierra y no está muy convencido de marcharse a pesar del peligro que rodea al trabajo que desarrolla y que se reduce básicamente a los Carroñeros, alienígenas que han sobrevivido escondiéndose en las cuevas y subterráneos de las antiguas ciudades y que insisten en sabotear instalaciones y drones. Éstos manipulan una vieja torre de comunicaciones en lo alto del Empire State Building –ahora enterrado bajo cientos de metros de ceniza, y hacen que caiga a tierra un objeto que se hallaba en órbita. Jack desobedece las órdenes de la central y sale a investigar, encontrándose con que el objeto en
cuestión contenía varias cámaras criogénicas con cuerpos vivos en su interior. Los drones destruyen la mayoría y Jack sólo consigue recobrar una de ellas y llevarla a su torre. De ella despierta una mujer, Julia Rusakova (Olga Kurylenko), que lleva mucho tiempo apareciéndosele en sueños a Jack. Julia insiste en recobrar la caja negra de la cápsula en la que cayó y ambos acaban siendo capturados por los Carroñeros, que revelan su verdadera identidad y la mentira en la que Jack y Victoria han estado viviendo.

Muchos de los espectadores que acudieron a las salas de cine para ver “Oblivion” quedaron bastante desconcertados cuando no decepcionados. Sin embargo, es posible que esa impresión
fuera provocada por no haber visto satisfechas sus expectativas. Al fin y al cabo, el tráiler destacaba varias escenas con la estilizada nave que pilota Jack enzarzada en aceleradas persecuciones y combates con drones. Era una presentación que llevaba a pensar en una película de invasiones alienígenas a gran escala rebosante de acción y efectos especiales…. que es precisamente lo contrario de lo que en realidad es “Oblivion”. Es cierto que la película tiene una excelente factura técnica y que los efectos visuales juegan un papel importante (el vuelo a toda velocidad atravesando laberínticos cañones; los restos dispersos del antiguo mundo; un gran tiroteo en la guarida de los carroñeros; un clímax grandioso a lo “Independence Day”…), pero éstos no son el centro y razón de ser la historia.

“Oblivion”, pese a lo que podía hacer pensar la campaña promocional, es una película que se
apoya sobre todo en los personajes, las ideas de altos vuelos y la sofisticación visual. Joseph Kosinski ya había dado pruebas de su buen ojo en lo que se refiere al diseño en “Tron: Legacy” y aquí nos presenta una Tierra fascinante vista a través de los ojos de Jack: vuelos por inacabables llanuras desiertas, imágenes de la Luna mutilada en el cielo, ruinas dispersas de la civilización, una luz fría y una fotografía de colores desaturados en la que dominan los azules, los blancos y los grises…Por otra parte, los diseñadores de producción crearon una tecnología estilizada, elegante y funcional, desde la torre de vigía donde viven Victoria y Jack a las máquinas voladoras, las motos o los ordenadores, que dan la impresión de ser perfectamente factibles en un futuro próximo. Todo tiene un tono visual precioso, aunque también artificialmente higiénico.

Pero pese a las acusaciones que se han vertido sobre ella desde muchos foros, la única ambición de “Oblivion” tampoco es la de ser un videoclip elegante obsesionado por la belleza visual y la
tecnología. Su trama, de hecho, más que a la acción tiende al thriller psicológico, llegando incluso al intimismo en escenas como esa en la que Jack y Victoria nadan por la noche en la piscina de su torre, como si fuera un gran vaso de cristal suspendido sobre el cielo (un momento tan logrado estéticamente como superfluo y carente de emoción). Es más, toda la película puede verse como un drama de tres personajes: en la mayor parte de la primera mitad no aparecen más que Jack y Victoria, con ocasionales intervenciones de la directora de misión, Sally (Melissa Leo) la cual no es más que una cabeza en una pantalla; la segunda mitad se concentra en las peripecias de Jack y Julia. Morgan Freeman aparece acreditado en un lugar preeminente pero su presencia en pantalla es en realidad muy breve, mientras que Nikolaj Coster Waldau aún tiene menos líneas de diálogo. La banda de rebeldes no pasa de ser un puñado de figurantes sin individualidad alguna.

El resultado de esto es una película dominada por el vacío físico y cierta frialdad, de la misma forma –y ojo, no estoy comparándolas- que “2001:Una Odisea del Espacio” (1968), con todo su despliegue de efectos y tecnología, transmitía sensación de aislamiento, de nada infinita y esclerosis emocional. Dado en “Oblivion” el entorno físico es un desierto y la tecnología es minimalista, el énfasis se pone en los personajes y, concretamente, en los misterios que les rodean desde el mismo comienzo de la trama. Se hace referencia continua a una invasión extraterrestre de la que no vemos signo
alguno más allá de una Tierra devastada en cuyas ruinas se ocultan unos supuestos alienígenas; hay algo extraño en esa medida radical del borrado de memoria al que se sometieron los supervivientes de la guerra con el fin de eliminar el trauma psicológico; el dúo protagonista nunca ve a nadie del Tet ni escuchan noticias de Titán y su único contacto con lo que queda de su especie es Sally, como decía, una mera cabeza en una pantalla que siempre viste igual y que se comunica utilizando frases enlatadas; y, por supuesto, están los sueños recurrentes de Jack y la aparición de Julia, cuya identidad y los motivos por los que control de misión desea matarla a toda costa suman una capa adicional de extrañeza y misterio.

Todos esos enigmas obtienen su respuesta, sorprendente a veces, decepcionante otras. Kosinski
nos revela que, en último término, lo que ha estado escribiendo es una historia conceptual alrededor de la identidad y la percepción de la realidad muy en la línea de las historias de Philip K.Dick. Probablemente podría haberse eliminado el monólogo expositivo inicial y dejar que el destino de la Tierra fuera revelándose conforme avanzara la historia, pero el problema principal de la película reside no tanto en su premisa ni en el planteamiento de los misterios sino en su floja sección central. Kosinsky trata sin conseguirlo del todo de equilibrar el ritmo pausado propio de un thriller con la energía de una película de acción. Algunas veces funciona pero otras se antoja aburrido y repetitivo. Hay también demasiados y evidentes guiños a otras conocidas obras de ciencia ficción, desde “Matrix” a “Minority Report” pasando por “El Planeta de los Simios” (sí, también aquí vemos los restos de la Estatua de la Libertad), “Wall-E” o “Independence Day”.

Y en este sentido (ATENCIÓN:SPOILER EN LOS SIGUIENTES PÁRRAFOS) sería interesante saber qué surgió primero: si la idea original de Kosinski para el tebeo o la película “Moon” (2009), dirigida por Duncan Jones. Puede que nunca se sepa, pero “Oblivion” parece tomar prestadas bastantes ideas de aquélla. En ambas cintas hay un personaje central que ha sido destinado a un mundo para realizar tareas de mantenimiento, siendo básicamente el único habitante de todo el planeta;
también en los dos films el protagonista va averiguando gradualmente que lo que sus supervisores le habían contado de la misión era mentira hasta llegar a la gran revelación sobre aquélla y su propia identidad.

Ambas cintas, no obstante, divergen en algo esencial. En “Moon” el protagonista y su clon viven en un completo aislamiento en la luna y la película no llega a definir bien el final o quién está tras el maquiavélico plan; “Oblivion”, por el contrario, tiene un desarrollo más tradicional de perfil heroico, con Jack convirtiéndose en líder de los rebeldes y salvando al mundo de las
perversas máquinas invasoras. El giro sorpresa del final es interesante pero “Oblivion” no consigue ascender hasta la división de las grandes películas de ciencia ficción, quizá porque habiendo sido precedida por “Moon”, muchas de sus “sorpresas” ya no lo fueron tanto.

Para ser una historia que se apoya tanto en los personajes, el protagonista, Jack, no está bien definido y más que una persona real parece un compendio de todas las virtudes que adornan al perfecto héroe americano: le encanta el baseball pese a haber crecido décadas después de que el último partido se jugara; se lanza al
peligro impulsivamente a pesar de las advertencias; tiene un escondrijo secreto donde guarda recuerdos de la vieja civilización; es aficionado al viejo rock and roll americano; conduce una motocicleta molona… No es que ninguno de estos rasgos sean negativos en sí mismos; simplemente parecen haber sido elegidos deliberadamente para hacer de Jack-Tom Cruise el héroe ideal. El apartado interpretativo es también bastante flojo y la química entre Cruise y sus dos compañeras de reparto carece de chispa, si bien esto puede achacársele no tanto a los actores como al director. Introducir un triángulo sentimental era innecesario teniendo ya una premisa lo suficientemente intensa relacionada con la mentira en la que vivían inmersos los personajes.

El otro problema que tiene la película es el mismo que suele arruinar muchas cintas de “final
sorpresa” en las que una revelación súbita cambia totalmente la forma de interpretar lo visto hasta ese momento. El mejor y más influyente ejemplo de esta “escuela” de guiones fue “El Sexto Sentido” (1999), pero tanto el propio M.Night Shyamalan como muchos de sus imitadores acabaron forzando en exceso las cosas en su búsqueda de ingeniosos e inesperados giros finales hasta el punto de que estos acaban siendo ocurrencias cogidas por los pelos que no sólo estropean el cierre de la historia sino a veces toda ella.

De todas formas, “Oblivion” no es el peor de los casos en este sentido y la escena final de flashback mientras Jack viaja al Tet resulta mucho más verosímil y está mejor encajada que los destellos intermitentes que el personaje venía experimentando desde el comienzo de la historia. Sin embargo, hay otros aspectos en los que se estira en exceso la suspensión de la incredulidad. Por ejemplo, por qué el Tet insiste en seguir resucitando a Jack y Victoria. Al fin y al cabo, una inteligencia artificial tan sofisticada que puede eliminar selectivamente recuerdos de una mente alienígena (como son las de los humanos para ella), inventar una historia falsa y crear la simulación de un controlador de misión, debería ser más que capaz de algo a priori infinitamente más sencillo como efectuar el mantenimiento de los drones sin la ayuda de unos clones humanos tozudos e impredecibles.

También resulta una coincidencia en exceso forzada que el astronauta Jack Harper abandone a su mujer Julia en órbita, sumida en criosueño, antes de ser capturado por los extraterrestres, luego clonado y su memoria borrada para a continuación ser enviado como técnico de mantenimiento de sus nuevos amos; y todo ello para que la cápsula de Julia regrese a la Tierra justo en una zona en la que él puede ver su reentrada a simple vista, revivirla y que ella pase más de veinte minutos de metraje sin mencionar su pasado en común o
siquiera parezca sorprendida de verle (su memoria nunca fue manipulada) antes de que los Carroñeros obliguen a Jack a escuchar la Gran Verdad y Julia le descubra que en realidad es su esposa. (FIN SPOILER)

“Oblivion” es una película agradable de ver gracias a su impecable estilo y los bellísimos paisajes (rodados en Islandia) que conforman esa Tierra apocalíptica. Aunque es un ejemplo de cómo el estilo y lo visual se sobreponen a la historia, que el ritmo y la caracterización son francamente mejorables y que no acabe de definirse claramente como cinta de acción o como thriller, tampoco puede decirse que sea un fracaso total en lo que a entretenimiento se refiere. No va a cambiar la vida de nadie, pero sí es capaz de ofrecer un rato de diversión razonablemente eficaz.



1 comentario:

  1. Un saludo , y felicitaciones por tan buena critica y sinopsis de la película.... estoy de acuerdo contigo que la tecnología y toda la fotografía son preciosas...

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