A finales del siglo XX, el universo de la ciencia ficción comenzó a contraerse. Muchas de sus narrativas ya no elegían las aparatosas amenazas de invasores alienígenas, sino que nos avisaban de que el verdadero peligro radicaba en que ya estaban aquí, caminando invisibles entre nosotros. A aquellos sectores de la sociedad que tradicionalmente eran más proclives a mirar con sospecha "lo diferente" se les ofreció un nuevo motivo de preocupación: alienígenas y mutantes que no podían distinguirse de los humanos “puros”. En este contexto de paranoia, la televisión de los noventa le arrebató el liderazgo vanguardista al cine comercial, arriesgándose con propuestas innovadoras que dieron lugar a auténticos fenómenos sociológicos. Uno de sus ejemplos paradigmáticos fue Expediente X” una serie que se presentaba formalmente como una sutil e innovadora mezcla de thriller policíaco, terror y ciencia ficción, sazonada con un toque de pastiche posmoderno para darle un aire divertido y autoconsciente.
A principios de la década de los 90, Chris Carter trabajaba para Walt
Disn
ey Studios escribiendo comedias televisivas ligeras, un terreno en el que
no se sentía del todo cómodo. Cansado de ese registro, este antiguo editor de
la revista “Surfing” decidió dar un giro radical hacia el drama y el misterio,
firmando un contrato de desarrollo con la cadena Fox.
Su principal objetivo era crear una serie que realmente asustara al público, y para lograrlo empezó a dar forma a un proyecto inspirado en un mosaico de fuentes. Por un lado, le influyó la lectura de un estudio de opinión pública del prestigioso politólogo Ron Roper, el cual afirmaba que cerca de 3.7 millones de estadounidenses creían firmemente haber sido abducidos por extraterrestres en algún momento de sus vidas. Carter se dio cuenta de que no se trataba de un fenómeno marginal; había un interés masivo y una necesidad colectiva de creer en lo inexplicable.
Por otro lado, recuperó los referentes televisivos que le habían
marcado en su infancia y juventud, como “Los Inva
sores” (1966-68), “Galería
Nocturna” (1970-73) y, muy especialmente, Kolchak: The Night Stalker (1974-75) -aquella
serie de culto sobre un periodista que investigaba crímenes relacionados con
monstruos y fenómenos paranormales que el gobierno siempre terminaba
encubriendo-. Asimismo, el suspense psicológico que constituía el ADN de la
legendaria “La Dimensión Desconocida” fue clave para dar identidad al proyecto.
Además de la atmósfera analítica y de terror, Carter buscaba una dinámica muy específica
entre un hombre y una mujer, inspirada en otra de sus series favoritas, “Los
Vengadores” (1961-69): dos solitarios platónicos que establecieran un respeto
mutuo y llegaran a sentir un profundo afecto el uno por el otro.
Sin embargo, sacar adelante su idea no fue tarea fácil. Carter
presentó el proyecto a varias cadenas, pero ninguna se interesó. Cuando
finalmente lo llevó a los ejecutivos de Fox, la idea también fue rechazada de
inmediato; no sabían cóm
o vender una propuesta de terror y ciencia ficción en
una cadena que buscaba audiencias jóvenes y urbanas. De hecho, lo intentaron
convencer para que convirtiera la trama en un misterio romántico, buscando una
pareja de protagonistas que recordara a la de la famosa serie de los 80 “Luz de
Luna” (1985-89). Carter no se rindió ni cedió a las presiones. Reescribió el
tratamiento del piloto, defendió su visión y regresó unas semanas después. En
ese segundo intento, la Fox finalmente cedió y dio luz verde para rodar el
episodio piloto que cambiaría la historia de la televisión.
"Expediente X" fue una serie de invasión alienígena que
seguía en cierta medida la tradición de la mencionada "Los Invasores".
De hecho, reconoció su deuda al incluir varia
s apariciones especiales de Roy
Thinnes, quien había interpretado a su protagonista, David Vincent, la única
voz que avisaba del peligro extraterrestre. Sin embargo, "Expediente
X" fue mucho más allá que otras series de invasión alienígena gracias al
cinismo y la paranoia con que abordó este tema. Vincent nunca pudo convencer a
las autoridades de que se estaba produciendo una invasión silenciosa; en
"Expediente X", las autoridades no solo conocen ese plan, sino que
forman parte de él. Esa invasión no consiste en un ataque abierto, sino en una
conspiración inmensa, intrincada y a largo plazo, para la que cuentan con la
ayuda de ciertos elementos dentro del gobierno estadounidense. "Expediente
X" llevó a un nivel completamente nuevo las sospechas populares de que el
gobierno está involucrado en una campaña para encubrir pruebas de ovnis,
sugiriendo que no solo oculta dichas pruebas, sino que incluso podría estar conchabado
con los alienígenas. La serie proyecta un cinismo implacable hacia las
autoridades, capaz de cualquier actividad nefasta y despreciable. Como resultado,
los protagonistas nunca saben en quién confiar e incluso ignoran ciertos
oscuros secretos sobre sí mismos y sus pasados.
En cuanto a los actores, se contempló que fuera Kevin Sorbo
(“Hércules”) quien interpretara al agente Fox Mulder, aunque finalmente el
elegido fue el ne
oyorquino David Duchovny, alguien que trasmitía atractivo
físico y vulnerabilidad y que previamente sólo había interpretado a un agente
de la ley travestido en “Twin Peaks”. Por su parte, Gillian Anderson era una
completa desconocida. Incapaz de encontrar un papel en alguna película, estaba
a punto de tirar la toalla y retomar a regañadientes su antiguo trabajo de
camarera, cuando Carter se impuso a una reacia cadena para contratarla como la
agente Dana Scully. En poco tiempo, ambos actores iban a estar recibiendo
cientos de cartas semanales de sus nuevos fans.
Cuando la serie se estrenó en la cadena Fox el 10 de septiembre de 1993, pasó inicialmente desapercibida. Era un drama de ciencia ficción oscuro, atmosférico y de bajo perfil que seguía a una unidad marginal del FBI encargada de casos paranormales, avistamientos de ovnis y fenómenos inexplicables de todo tipo. Los protagonistas, los agentes especiales Fox Mulder y Dana Scully, recibían nuevas misiones cada semana para investigar lo extraño, lo paranormal y lo alienígena en casos que nadie más en esa agencia quería tocar.
Los críticos quedaron muy poco impresionados. No era claramente
ciencia ficción,
tampoco fantasía y tampoco algo netamente realista. ¿Cómo
calificarlo? ¿A quién podría gustar? Encajado en la parrilla de los viernes por
la noche, ni siquiera la Fox parecía tener demasiadas expectativas con ella,
creyendo que su auténtico éxito para la temporada 1993-1994 iba a ser “Las Aventuras de Brisco Country Jr”. Tanto es así que sólo encargaron doce
episodios. Todos –excepto Chris Carter, claro- se equivocaron. Sí había un
público para esta propuesta que mezclaba ciencia, ocultismo, suspense y terror.
Para cuando concluyó su emisión original, en 2002, “Expediente X” se había
transformado en un gigante del entretenimiento levantado sobre las teorías de
la conspiración y la paranoia institucionales.
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión
Soviética, la cultura estadounidense se quedó sin el que había sido su gran
antagonista exterior durante décadas. Había que buscar una nueva fuente de
peligro, algo de lo que desconfiar y a lo que temer. Y si los comunistas ya no
podían desempeñar ese papel, ¿por qué no las propias instituciones
gubernamentales? Así que se reciclaron las narrativas de invasión alienígena de
la década de 1950 -"La Invasión de los Ladrones de Cuerpos", 1956,
por ejemplo- para crear una profunda sensación de paranoia y conspiración que
contrastaba de forma extraña con el clima político y el optimismo reinante en la
época.
Durante aquellos años, la Guerra Fría había terminado, Estados Unidos
experimentaba un not
able auge económico y la confianza que irradiaba la
administración de Bill Clinton influía tanto en la política interna como en la
exterior. El hecho de que "Expediente X" y otras series posmodernas
contemporáneas como "Wild Palms" (1993), "Twin Peaks" (1990-91),
"Dark Skies" (1996-1997) o "Millennium" (1996-1999)
proyectaran de forma unánime una visión oscura del futuro cercano es testimonio
de un cierto rechazo frontal al mensaje de seguridad, optimismo e ilusión que
querían transmitir las autoridades.
Se pueden establecer conexiones obvias de este desencanto con el
inminente cambio de milenio, incluyendo la amenaza del problema informático Y2K
para los sistemas de información globales (al llegar la medianoche del 31 de
diciembre de 1999, los relojes internos de los ordenadores no pasarían al año
2000, sino que los sistemas informáticos interpretarían ese doble cero como el
año 1900. Se temía que los sistemas basados en fechas sufrieran bloqueos en
cascada o fallos lógicos graves en sec
tores estratégicos), algo que se ve
claramente en la continua fascinación de la CF televisiva por la tecnología y
nuestra compleja relación con ella.
Sin embargo, las paranoias de invasión de "Expediente X" fueron algo más que una simple respuesta a los temores del temido efecto Y2K. La desconfianza hacia el “forastero”, el “monstruo” o, simplemente “el otro”, tan central en la CF televisiva de la época, era, en el fondo, un reflejo del sentimiento de las clases menos pudientes de la sociedad, cada vez más numerosas ante el ensanchamiento de la brecha con las más adineradas. La desconfianza general hacia el gobierno y los políticos fue –y sigue siendo- un mecanismo cultural a través del cual los desfavorecidos podían manifestar su resistencia contra los privilegiados. Cuanto más ricos se hacían los estadounidenses como nación, más amenazados y asediados se sentían, y la paranoia de "Expediente X” era el subproducto cultural de esta mentalidad social.
Así,
“Expediente X” capitalizó la profunda desconfianza ciudadana
hacia el Pentágono y la Casa Blanca, instituciones que habían protagonizado un
escándalo tras otro, como el caso Watergate, el Irán-Contra o los experimentos
médicos gubernamentales no consentidos (como el Experimento Tuskegee). La serie
mostraba imágenes de actividad gubernamental con una profusión sin precedentes
en la historia de la televisión, sumándose, junto con otras series de investigación
criminal contemporáneas como "Ley y Orden" (1990-), a la fascinación
histórica estadounidense por la conspiración y la paranoia. Al fin y a la cabo,
la intriga y el complot han sido elementos importantes, si no protagonistas, en
la historia política y cultural del país: ¿Quién disparó a JFK? ¿Existe el Área
51? ¿Fue el 11-S un encubrimiento gubernamental?
Por otra parte, al trasladar el peligro del espacio exterior al
interior del cuerpo hu
mano (virus alienígenas, mutaciones, manipulación del ADN),
la serie conectó de forma brillante con los temores biológicos y tecnológicos
que habían empezado a florecer a finales de esa centuria, como la clonación (la
oveja Dolly nació en 1996), los alimentos transgénicos y la crisis del VIH.
Así, las tramas de los episodios abarcaron desde la transferencia de
consciencia y las abducciones extraterrestres hasta asesinatos políticos y
supersoldados alterados genéticamente. El lema de la serie prometía que
"La verdad está ahí fuera", aunque encontrarla acabó siendo un
objetivo sumamente elusivo y difícil de alcanzar.
Quienes han sido designados para investigar esos casos fuera de lo corriente son, como he dicho antes, los agentes especiales del FBI Fox Mulder y Dana Scully, supervisados por el director adjunto Walter Skinner (Mitch Pileggi), un hombre íntegro atrapado entre la lealtad a sus subordinados y las presiones que recibe de sus superiores. En las primeras temporadas de la serie, estas misiones semanales a menudo los llevaban a descubrir extrañas mutaciones humanas y rarezas de la naturaleza. En esa etapa inicial, rara vez se exploraba la posibilidad de una visita u ocupación alienígena a gran escala.
Los
primeros episodios ofrecen una muestra perfecta de este catálogo
de monstruosidades y de la dualidad de la serie. Por ejemplo, en
"Hielo" (temporada 1), Mulder y Scully quedan atrapados en un aislado
laboratorio ártico investigando las sospechosas muertes de un equipo de
científicos que perforaban el hielo para recolectar muestras prehistóricas. La
trama y las escenas (que rinden un evidente homenaje tanto a "El Enigma de Otro Mundo" (1951) como al posterior remake de John Carpenter, "La Cosa" (1982), ambos basados en la famosa novela de John W. Campbell Jr.,
"Quién Anda Ahí", 1938), contribuyen a dar formar a una atmósfera
claustrofóbica. Las muestras de hielo resultan contener un parásito
extraterrestre con forma de gusano que se alimenta de las sustancias químicas
que producen ansiedad y paranoia en los humanos. A medida que Mulder, Scully y
el resto del equipo se ponen cada vez más nervios
os y comienzan a acusarse
mutuamente de ser portadores del parásito, descuidan la investigación de cómo y
por qué estas formas de vida alienígenas llegaron a la Tierra hace millones de
años. "Hielo" fue un claro presagio del arco argumental de la
conspiración gubernamental y ocultación alienígena que se haría más pronunciado
a partir de la segunda temporada. El episodio termina con Mulder y Scully
siendo informados de que el laboratorio ártico ha sido incendiado por los
militares para salvaguardar la nación, dejando a la audiencia especulando sobre
por qué el gobierno querría encubrir el incidente.
Por otro lado, en el episodio "El Enigma" (2.ª temporada),
el dúo es enviado a investigar el asesinato de un artista de circo de Florida,
donde encuentran una comunidad de fenómenos de feria, rarezas, magos y
contorsionistas. Reflexiones profundas sobr
e el significado de la diferencia,
la deformidad física y la aceptación social se intercalan con asesinatos espeluznantes
mientras Mulder y Scully profundizan en el perturbador mundo de las ferias
ambulantes estadounidenses. Como episodio autónomo escrito con la fórmula “"monstruo
de la semana", "El Enigma" juega hábilmente con las percepciones
del espectador sobre lo que se considera normal o inusual. El célebre lema de “La
verdad está ahí fuera” se ve reforzado aquí por frecuentes referencias a trucos
de ilusionismo, engaños mediáticos y al famoso empresario circense P.T. Barnum.
El asesino de la trama resulta ser el gemelo siamés de uno de los artistas del
espectáculo. Capaz de separarse físicamente del cuerpo de su hermano, ataca a
posibles nuevos «huéspedes», matándolos involuntariamente al abrirles el
estómago.
Los episodios independientes, que de hecho conformaron la mayoría de
las
nueve temporadas, no defraudaron en cuanto a energía y creatividad. Carter
supo aprovechar hábilmente los géneros, abarcando una amplia gama de estilos,
desde el terror hasta la comedia, lo que dio como resultado una serie única.
Cada episodio comenzaba con un teaser pensado para enganchar al espectador
desde el principio, seguido de la entradilla y sus locuciones características.
Mulder y Scully eran convocados para resolver el misterio insinuado en el
avance.
“El monstruo de la semana”, como se llegó a llamar a estos episodios
independientes y autoconclusivos, abarcaba desde milagros de índole religiosa,
como "Revelaciones" de la tercera temporada, donde un joven con el
don de los estigmas es condenado a muerte por un asesino desquiciado; hasta la
presencia de criaturas sobrenaturales propias
de mitos y leyendas, como la
serpiente marina del episodio "Atolladero". Sin embargo, incluso
aquí, los guionistas esquivaron lo previsible, aportando continuamente algo
nuevo a la serie. "Jose Chung" es la historia del secuestro de Scully
por extraterrestres, pero se cuenta adoptando su punto de vista, tal como se lo
relata a un periodista, el personaje que da título al episodio. "Prometeo
Posmoderno" se filmó íntegramente en blanco y negro. "Corazones de Papel",
de la cuarta temporada, combinó la trama mitológica con una historia
independiente, fusionando eficazmente ambos estilos y sorprendiendo una vez más
al público.
De hecho, los guionistas de la serie se convirtieron en expertos a la
hora de subvertir las expectativas convencionales, desconcertando a la audiencia
a la vez que manteniendo la serie fresca y original. "Expediente X" tomó
el típico drama buddy-movie, popularizado en series como "Starsky y
Hutch", y lo modificó lo suficiente como para ser reconocible y, a la vez,
completamente diferente. En la mayoría de los dramas policíacos anteriores, los
agentes del FBI habían sido presentados como modelos de virtud moral, siempre
desenvolviéndose con rectitud, incapaces de quebrantar las reglas y mucho menos
de romperlas. Mulder embistió de frente contra esa imagen estereotipada; disfrutaba
saltándose las reglas y consideraba seriamente explicaciones para los enigmas
que un agente normal del FBI jamás se le ocurriría siquiera pensar, y mucho
menos discutir en voz alta, desde brujería vudú hasta hombrecitos verdes del
espacio exterior.
De manera similar, elegir a Gillian Anderson como la metódica
compañera de Mulder, con estu
dios avanzados en física y patología forense, fue
una decisión brillante, ya que colocó a una mujer en un rol típicamente
masculino y proporcionó una protagonista femenina fuerte que aparecería en casi
todos los 210 episodios de la serie. La presentación en un horario de máxima
audiencia de un personaje como ella, científica, inteligente, médica y agente
de la ley tuvo un impacto sociológico real y medible. Diversos estudios de
comunicación acuñaron el término "Efecto Scully" tras demostrar que,
en el mundo anglosajón y durante aquellos años, la serie propició un incremento
masivo y constatable de mujeres que decidieron cursar carreras de ciencias.
(Continúa en la siguiente entrada)

Qué casualidad, la estoy revisionando precisamente en estos momentos y casi terminándola. Tiene un poco síndrome de los Simpson (no saben cuándo parar aunque se entiende por las audiencias) pero algunos episodios son maravillosos aún).
ResponderEliminarUn saludo, deseando leer el resto de partes de tu análisis.