Cuando uno piensa en comics de CF, lo más probable es que
la escuela belga de la revista “Spirou” no sea lo primero que venga a la
cabeza. Ello quizá se deba al eclecticismo temático del que siempre ha
presumido esa cabecera (cuyas historias iban de la aventura a la fantasía
pasando por el humor o el costumbrismo) así como a una orientación que muchos
considerarían infantil-juvenil pero que, habida cuenta de su calidad global, yo
prefiero calificar “para todos los públicos”. En cualquier caso, la revista sí
dio origen a algunos personajes y series que pertenecen al género y que,
además, demostraron una capacidad de supervivencia transgeneracional superior a
muchos comics más laureados. Ahí tenemos, por ejemplo, a “Quena y el Sacramús”,
“Yoko Tsuno” o “Jeremiah”, los tres con una ambientación, temática y dibujo
completamente diferentes. “Los Hombrecitos” fue otra de esas series veteranas
que merece la pena reivindicar.