viernes, 10 de junio de 2011

1904-EL PANCRONICON – Harold Steel


Este libro demuestra lo rápidamente que los modelos instaurados por H.G.Wells se utilizaron para avanzar, lentamente pero con firmeza, hacia la consolidación de la CF como género.

Un par de hermanas solteras de New Hampshire viajan en el tiempo utilizando un artefacto alimentado por energía solar llegado al siglo XIX desde el siglo XXVII, el Pancronicon del título. Primero se dirigen al Polo Norte, después orbitan la Tierra en sentido contrario a la rotación (como Superman en el film de 1978) y, ¡zas!, se encuentran en el siglo XVI, donde lo más importante para las chicas será echar por tierra la teoría de que Francis Bacon era el verdadero escritor tras las obras de Shakespeare. Mientras tanto, otro de los pasajeros del tiempo, Copernicus Droop, trata de patentar en el pasado el fonógrafo y la bicicleta. Suena divertido, pero lo cierto es que aparte de su valor como peldaño dentro de la literatura de CF y de los viajes en el tiempo en particular, el libro carece de valor literario alguno y no pasa de ser una intrascendente y enloquecida anécdota digna de Terry Gilliam.

1959- LA CUARTA EDAD INTERGLACIAL – Kobo Abe


No hay disponibles muchas obras de ficción apocalíptica de culturas distintas a la occidental, pero una de ellas es esta, una novela escrita por el japonés Kobo Abe, el primer novelista moderno japonés de CF. Escritor, dramaturgo, fotógrafo e inventor, a menudo se le compara con Franz Kafka por sus pesadillescas visiones de la existencia individual en una sociedad contemporánea.

Los soviéticos han inventado una supercomputadora capaz de pronosticar el futuro con asombrosa precisión. El japonés Dr.Katsumi diseña una máquina similar, pero cuando los soviéticos predicen que en unas décadas todo el mundo será comunista, el gobierno nipón paraliza el proyecto, asustado por las consecuencias sociales, económicas y políticas que puedan derivarse de la utilización de su propia computadora. Buscando nuevos usos que darle a su trabajo, Katsumi intenta aplicar la máquina al ámbito policial, tratando de resolver un asesinato aparentemente pasional. Pero su investigación le llevará a penetrar en una peligrosa conspiración que incluye la compra de fetos humanos a mitad de gestación.

Efectivamente, los gobiernos de diversos países han tenido conocimiento de que un cambio en el clima fundirá inevitablemente los casquetes polares, inundando en el proceso casi toda la superficie emergida. Dicha información se oculta a la opinión pública para evitar el pánico, pero una élite toma, por su cuenta y riesgo, una serie de medidas para asegurar la supervivencia humana: crear una nueva raza de niños con agallas que puedan sobrevivir en el nuevo mundo. Sin embargo, el buen fin del plan pasa por mantenerlo en secreto y ello conlleva decisiones difíciles en el plano ético.

La novela es una historia policíaca de tintes oscuros y premonitorios sobre un futuro orwelliano. Varios son los aspectos interesantes aquí. En primer lugar está la supercomputadora, la plasmación casi literal del viejo sueño que el matemático Laplace había tenido en 1814: “Tengamos en cuenta por un instante una inteligencia que pudiera comprender todas las fuerzas por las que la Naturaleza está regida y las respectivas situaciones de los seres que la componen, una inteligencia suficientemente vasta como para someter estos datos a un análisis que abarcaría en la misma fórmula los movimientos de los grandes cuerpos del universo y los de los átomos más ligeros. Nada sería pues incierto y el futuro, como el pasado, estaría abierto a sus ojos”.

Aunque no lo sabía, Laplace describía lo que hoy conocemos como computadora. En 1959, la
informática aún estaba en su tierna niñez y Abe utilizó el sueño de Laplace para dar cuerpo a su novela. Su computadora cobra autoconciencia en el momento en que deja de limitarse a dar respuestas para comenzar a plantear (y plantearse) preguntas. Y las implicaciones que se desprenden de su capacidad para predecir el futuro a partir de la información suministrada, ya sea de las decisiones que tomará un individuo, de los movimientos bursátiles o la evolución del clima, enfrentan a Katsumi con una serie de dilemas interesantes: ¿hasta dónde se puede llegar tratando de cambiar el futuro? ¿Es ético ocultar información aun cuando los destinatarios de la misma nada puedan hacer para cambiar lo que se avecina? ¿Queremos realmente conocer lo que nos espera? ¿Es la manipulación genética peor que el aborto? ¿Debemos juzgar el futuro con los parámetros éticos que gobiernan nuestro presente?

La creación de una nueva raza a través de la manipulación genética es otro de los aspectos interesantes de la novela. En una época anterior a la comprensión de los mecanismos genéticos y el ADN, el escritor se desenvuelve bien a la hora de mostrarnos los pasos dados para culminar con éxito la tarea. Destaca también cómo los individuos en la sombra que financian la operación se preocupan de modificar animales originalmente terrestres (perros, cerdos, vacas...) con miras a su explotación económica en granjas submarinas, un panorama no muy alejado de lo que ocurre hoy, con multitud de empresas embarcadas en la búsqueda de patentes genéticas sobre todo tipo de seres vivos.

El último capítulo de la novela nos narra los pasos que sigue la catástrofe que devastará la humanidad "terrestre". El comienzo es un tsunami con origen en movimientos tectónicos que arrasa la costa del Japón. Después, paulatinamente, las aguas irán subiendo y la humanidad se irá desplazando hacia regiones más elevadas, abandonando ciudades, cultura y civilización y convirtiéndose en nómadas mientras sus primos acuáticos avanzan, se multiplican y desarrollan. Las páginas finales transcurren siglos en el futuro y nos describen, concisa pero acertadamente, el fascinante mundo submarino de nuestros descendientes. El final, de tono bellamente elegíaco, es un canto al espíritu humano, independientemente de la forma de su cuerpo.

Una obra interesante, a mitad de camino entre la intriga policiaca, la filosofía y el relato de catástrofes que, por desgracia, no cuenta todavía con edición en nuestro idioma.

martes, 7 de junio de 2011

1983-FICCIONARIO - Horacio Altuna


Horacio Altuna se estableció en España en 1982, fijando su residencia en Sitges. Es entonces cuando el dibujante argentino se convierte también en guionista. Por una parte, continuar la colaboración con su socio creativo habitual desde hacía años, Carlos Trillo ("El Último Recreo"), que se había quedado en Argentina, resultaba complicada en una época en la que no existía internet; ambos autores acostumbraban a discutir y construir sus guiones juntos y esto ya no era posible. A ello se añadía su deseo de dar un paso adelante profesionalmente ilustrando sus propias historias.

Altuna consiguió un hueco en la editorial Toutain, referencia fundamental en la edición de comics en España en los años ochenta, en un momento en que muchos de los autores "de plantilla" de esa casa se marcharon para fundar otra publicación. Eso le brindó una magnífica oportunidad al dibujante que, no obstante, hubo de plegarse a las exigencias del editor, que le pedía historias de ciencia ficción, género por el que Altuna no sentía excesivo cariño, moviéndose con mayor soltura en el ámbito de las historias de corte social. Así que en su primera obra como autor completo, "Ficcionario" (publicada en capítulos en la revista "1984"), lo que hizo fue fusionar ambos territorios.

El protagonista, Beto Benedetti, es un inmigrante, un pobre infeliz al que las difíciles circunstancias en las que se desarrolla la vida del futuro vapulean sin que él pueda hacer demasiado por defenderse. El pesadillesco mundo venidero con que nos golpea "Ficcionario" es urbano, despiadado, sin valores morales y profundamente segregado. Siguiendo las desventuras de Beto nos toparemos con algunos de los personajes y lugares que habitan este nada deseable porvenir: androides biológicos destinados a proporcionar servicios sexuales, empresarios aficionados a las snuff movies, robots programados para “suicidarse” cuando muere su dueño, brutales agentes de policía al servicio de la élite, refugios nucleares, hombres experimentales que huyen de los científicos que trastean con ellos, barrios marginales, centros de salud sólo preocupados por mantener la eficiencia laboral del individuo, controles obligatorios a domicilio de tensión sexual e irritabilidad, una burocracia delirante e ineficiente que propicia el tráfico clandestino de nuevas identidades, empresas privadas de eutanasia que ofrecen muerte feliz a cambio de los órganos...
El abarrotamiento gráfico con que llena Altuna sus viñetas transmite la idea de un futuro agobiante, congestionado, sucio, asfixiante que poco tiene que ver con las distopias asépticas y rígidamente controladas de "Un Mundo Feliz", "1984" o "La Fuga de Logan". Las calles de la ciudad están siempre invadidas por una multitud andrajosa, decadente y abandonada a su suerte. La gente se droga o practica el sexo en plena calle ante la mirada indiferente de una policía paramilitar que intimida más que protege. La división social se ha institucionalizado, con zonas estrechamente vigiladas y con acceso restringido en las que viven los más adinerados, mientras los demás se apiñan en una urbe hostil donde todo vale, desde los abusos administrativos hasta los asesinatos oficiales, desde la pedofilia hasta la censura. Y lo peor es que la gente está tan embrutecida que cualquier rastro de coherencia ética parece haber desaparecido. Es más admisible una violación en público que la lectura de un libro "subversivo" en la intimidad.

Y, con lo desesperanzadoras que pueden resultar las peripecias de Beto, peor aún son las
pequeñas escenas que Altuna va diseminando por los rincones de sus viñetas y que completan el desolador panorama de ese mundo. En el capítulo "Love Story" -título deliberadamente equívoco que contrasta con el horripilante contenido de la historia-, la alarma de ataque nuclear empuja al pánico a la gente, muchos sin tarjeta de acceso a los refugios. Benedetti corre tratando de salvar la vida, contemplando a su alrededor la extrema brutalidad en la que caen las desesperadas gentes. Es una historia sobrecogedora porque lo que nos muestra, aunque mirado a través de una lente amplificadora y deformante, lo reconocemos como potencial y acorde a la naturaleza humana.

Esa cascada exacerbada de pesimismo queda mitigada por dos bienvenidos desahogos. Por una
parte, los momentos de humor que Altuna reparte aquí y allá en las historias. Por otra, la propia personalidad del protagonista, quien conserva su dignidad y su visión clara de las cosas -quizá por tratarse de un inmigrante venido de otro ambiente-. Dentro de sus modestas posibilidades trata de oponerse al sistema con pequeñas rebeliones que, aunque no cambiarán nada, sí le permiten recordar que, a pesar de todo, sigue siendo humano. Beto Benedetti es quizá la manera que Altuna tiene de redimir a nuestra raza: aunque todo se derrumbe a nuestro alrededor, aunque todos los males de nuestra civilización se acentúen hasta niveles insoportables, siempre habrá alguien que conservará todo lo que de bueno tiene el Hombre. Y no se tratará de un héroe, un conquistador, un líder inspirador que arrastrará tras de sí a las masas, sino de alguien corriente, ordinario, con defectos y vicios, pero cuyo espíritu siempre conservará un rincón que nadie podrá corromper.
El dibujo está a la altura de un artista del calibre de Altuna, destacando en esta obra, como hemos mencionado más arriba, la minuciosidad y el detallismo con que rellena sus viñetas. Los espacios tanto amplios como íntimos, las caracterizaciones y el tratamiento de la luz (apreciado mejor en la versión en blanco y negro disponible actualmente que en la original a color) son excelentes. Si se quiere buscar algún defecto -en caso de que se quiera ver así- es la introducción a mi juicio un tanto forzada y omnipresente, del sexo, probablemente aprovechando el especial talento del dibujante para plasmar mujeres hermosas, a mitad de camino entre la ninfa virginal y la sensualidad más pecaminosa.


Se trata pues de un comic intenso y penetrante, que se puede abordar en dos niveles: el de la simple aventura (en este caso peripecias urbanas en un mundo distópico) o el de la descarnada crítica social. Un cómic que puede resultar incómodo, sí, pero que sin duda nos hará reflexionar.

viernes, 3 de junio de 2011

1907-EL TALON DE HIERRO - Jack London


La más vívida e importante novela de CF del año 1908 es esta, una de las muchas obras de principios de siglo que trataban del conflicto entre el capital y el trabajo, pero la única que aún sobrevive y se sigue reeditando. Como H.G. Wells, London era un socialista comprometido, y su fantasía política “The Iron Heel” desarrollaba la tradición escéptica fundada por Ignatius Donnelly en su distopia “La Columna de César" (1890).

La ideología de Jack London era de una ortodoxia rayana en el radicalismo. La vida le había dado motivos para ello. En su infancia y juventud transcurridas en California sufrió en sus carnes la injusticia de un sistema industrial que se aprovechaba de la inexistencia de legislación laboral para abusar de los obreros, pagarles salarios ridículos y hacerles trabajar horas sin fin; participó en una marcha masiva de protesta emprendida por desempleados de la Costa Oeste hacia Washington y fue testigo de la explotación a la que eran sometidos los inmigrantes en inmundos talleres de Nueva York. Mientras volvía a su California natal fue arrestado por vagabundo y encerrado en prisión. Años más tarde, en un viaje como periodista a los bajos fondos de Londres convivió con los más pobres de la capital del imperio, plasmando en sus crónicas la miseria que se ocultaba bajo las ricas alfombras de los más potentados. No es de extrañar que aquellas experiencias lo convirtieran a la causa socialista.

En 1905, London quería dar la vuelta al mundo junto a su segunda esposa, Charmian. Pero ya entonces viajar era caro. Necesitaba dinero para comprar el barco y financiar el viaje, así que decidió aceptar una oferta para dar conferencias por todo el país a 600 dólares semanales más gastos. Era una gran oportunidad no sólo financiera: podía promocionar sus libros y, al mismo tiempo, hacer propaganda de sus ideas socialistas en unos años en que el socialismo era un tema candente en la nación. La agitación laboral era notable; los abusos provocaban huelgas; para aplastarlas a la fuerza, los empresarios reclutaban ejércitos privados de matones; había violencia y extremismo. En noviembre de 1904, el Partido Socialista consiguió un notable avance en las elecciones presidenciales y al año siguiente nacieron los Industrial Workers of the World, un sindicato radical que se oponía a las posiciones más conciliadoras de la American Federation of Labor.

London era un conferenciante incendiario. Por todo el país llenaba salones en los que el público lo escuchaba asombrado mientras encajaba recriminaciones, insultos y profecías de un apocalipsis capitalista merced a una revolución purificadora. Durante esta gira el ya famoso escritor tuvo ocasión de hablar con los líderes socialistas locales y le quedó claro que la opinión general era que el capitalismo sería eliminado por la vía democrática. Sus propias ideas eran mucho más radicales y su visión del futuro menos optimista. Y fue entonces cuando decidió escribir su obra más política, una novela distópica que predecía el ascenso del fascismo y los obstáculos que hallaría una posible revolución socialista.

La historia la narra en primera persona la esposa de un ya fallecido Ernest Everhard, rememorando la figura de su amado desde el momento en que se conocieron. Ácrata, comprometido, cínico e idealista a partes iguales, excelente conversador y argumentador, Everhard agita las conciencias de aquellos miembros de las clases altas que empiezan tratándolo con condescendencia, como exótico elemento de la clase trabajadora, pero que terminan incómodamente enfrentados a una realidad que les acusa como explotadores y cómplices de delitos sociales. A medida que Everhard progresa en su carrera política, la oligarquía que ostenta el poder en la sombra moviliza todos sus recursos para acabar con su influencia. En 1912, según la novela, los socialistas ganan las elecciones estadounidenses, pero los grandes trusts industriales y financieros que controlan el gobierno no les permiten tomar auténtica posesión de sus cargos. Se producen revoluciones, caos y guerras. Acompañada de un gran número de notas al pie, la obra narra el aplastamiento de los trabajadores entre 1912 y 1932.

"El talón de hierro" se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera tiene muy poca acción
y muchos diálogos. Se presentan los personajes, especialmente Everhard, en el que London se proyecta de forma idealizada, describiéndolo (describiéndose) como una especie de fornido filósofo, un intelectual con el cuerpo de un gladiador. Hay abundantes discusiones sobre metafísica, ética y teoría política así como una convencida defensa del socialismo y el determinismo histórico de acuerdo con las premisas establecidas por el marxismo. La segunda parte es un relato de las circunstancias políticas y económicas que se van sucediendo en los años posteriores y que señalan el ascenso de la dictadura de la oligarquía, el "talón de hierro". La novela termina con unos apocalípticos capítulos que describen una insurrección en Chicago brutalmente aplastada. La ciudad es devastada y los escasos socialistas supervivientes, guiados por Everhard, pasan a la clandestinidad y recurren al terrorismo.

"El talón de hierro" fue un libro valiente. No era complaciente con nadie y atacaba a todos: a los grandes industriales y banqueros, claro; al gobierno títere; a la clase media inane y complaciente; a los líderes obreros poco combativos y confiados... no era una obra que le fuera a granjear amigos. Su editor lo sabía muy bien y, aunque no era ningún revolucionario ni comulgaba con las ideas de London, decidió publicarlo. Como era de esperar, la novela sólo encontró un eco favorable entre los elementos más radicales de la izquierda. Los militantes del Partido Socialista lo veían como un elemento molesto que venía a agitar las aguas en el momento en que la sociedad empezaba a aceptarlos como parte de la vida política.

Pese a ganarse críticas muy severas, la novela vendería más de cincuenta mil ejemplares en tapa
dura. ¿Quién los compró? A las pocas semanas de su publicación ya circulaba por las cadenas de montaje de todo el país y era ansiosamente devorado por muchos sindicalistas de todo el mundo, inspirados por la visión de London. Su impacto fuera de los Estados Unidos fue aún mayor. En Europa, el socialismo revolucionario gozaba de una tradición más dilatada y más ideologizada que la americana. En muchos de los centros industriales europeos, la conciencia de clase estaba bien desarrollada, en especial en Gran Bretaña y en la recién industrializada Rusia. Aneurin Bevan, el futuro arquitecto del Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña, leyó la novela siendo un joven minero en Gales en los años veinte y abrazó el socialismo a causa del libro, lo mismo, escribió posteriormente, “que otros miles de jóvenes hombres y mujeres de clase obrera en la Gran Bretaña”.

Anatole France escribió una presentación en la edición francesa de 1923, elogiando a Jack por “ese peculiar genio que percibe lo que permanece oculto para el común de los mortales” y por poseer “un conocimiento especial que le permite predecir el futuro”. Tanto Lenin como Trotsky alabaron la novela, que, por otra parte, es la única obra norteamericana incluida en la bibliografía del comunismo de Bujarin.

Lástima que la propia vida de London acabara convertida en una especie de caricatura de sus ideas políticas. A medida que su popularidad trascendía fronteras y sus obras eran leídas y comentadas por millones de personas, su modo de vida se fue distanciando cada vez más de sus convicciones. Vivía en un rancho que ocupaba una enorme finca, mantenía un yate y no se privaba de ningún lujo material -por mucho que sus despilfarros a punto estuvieron de dejarle en la bancarrota en más de una ocasión, obligándole a escribir intensivamente para tapar sus agujeros económicos-. Ante aquellos que le acusaban de ser uno más de la élite adinerada de California, London se defendía diciendo que su riqueza provenía de su talento como escritor y que no había necesitado explotar a nadie para acumularla.

"El talón de hierro" es un libro muy personal que tiene un claro propósito didáctico, una novela que refleja una triste etapa de la evolución capitalista y cómo la vivieron algunos de sus protagonistas. Sin embargo, a diferencia de otros escritores que hemos revisado en este blog, London no divisó en el futuro una utopía socialista producto de una revolución más o menos violenta, sino una dictadura oligárquica. Se trataba de un aviso del escritor a sus lectores: si no os movilizáis, si no lucháis por la revolución del proletariado, si no os unís contra el capital, el futuro que nos espera puede ser tan ominoso como el que os presento. No fue la primera ni la última vez que la ficción especulativa se utilizaba como vehículo de ideas políticas, pero desde luego fue una de las más directas y militantes.

martes, 31 de mayo de 2011

1929-AIR WONDER STORIES


En 1929, Hugo Gernsback –cuya figura absolutamente fundamental para el género en su calidad de editor glosaremos en otra ocasión- perdió el control de su hija predilecta, Amazing Stories, cuando su compañía cayó en la bancarrota, y no tanto por falta de éxito sino por una serie de inversiones financieras que terminaron en juicio. Pero el pionero editor no se rindió, ni mucho menos. En cuestión de meses tenía otras tres revistas en el mercado, una de la cuales fue esta Air Wonder Stories (las otras fueron Science Wonder Stories y Science Wonder Quarterly).

Cuando apareció Air Wonder Stories, ya había otras revistas pulp que trataban de aventuras aéreas, como Sky Birds o Flyin Aces, si bien Gernsback, en su primer editorial las despreciaba por no tratarse sino de historias bélicas o westerns recocinadas en el molde de la aún joven aviación. En cambio, su intención era la de ofrecer al lector “historias aéreas del futuro, siguiendo una directriz estrictamente científico-mecánica, llenas de aventura, exploración y éxitos”.

Los relatos se complementaban con material diverso, incluyendo artículos sobre aviación, pasatiempos y críticas literarias. La sección de correo de los lectores pronto demostró que la revista atraía a más aficionados de CF que interesados por los aviones reales y el propio Gernsback comentaría más tarde que los lectores de la revista y los de Science Wonder –sucesora de Air Wonder Stories aunque más centrada en la CF- coincidían en un 90% a decir de las suscripciones.

La siguiente anécdota nos ofrece una buena muestra de que estas revistas ejercieron una influencia fundamental en futuros escritores. Uno de los frecuentes concursos que Gernsback organizaba entre los lectores sirvió, en febrero de 1930, para premiar el que sería eslogan de la revista. El ganador fue un tal John Beynon Harris, que propuso “Future Flying Action”. Harris sería más conocido veinte años más tarde como John Wyndham, autor de uno de los clásicos imprescindibles del género de la CF: “El día de los Trífidos”.

Y no puedo olvidarme de las portadas, dibujadas por Frank R.Paul, un dibujante que con sus maravillosos diseños, llamativas composiciones y brillantes colores ayudaron a esculpir en la mente de los lectores más jóvenes una imagen muy concreta y reconocible del futuro que influiría no sólo en futuros escritores, sino en ilustradores y diseñadores de producción cinematográfica.


In 1930, a pesar de la ilusión de Gernsback, era evidente que las cosas no acababan de ir bien. Air Wonder Stories era un título demasiado especializado. Sus historias tenían un marco narrativo tan restringido que era muy difícil que encontraran un amplio mercado. El número de historias que se podían contar sobre piratas aéreos, ciudades flotantes, aeronaves futuristas y batallas en el aire era limitado. Sus ventas decayeron y, además, Gernsback necesitaba hacer sitio en su calendario de edición para otra nueva revista, Aviation Mechanics. Así que en 1930, Air Wonder Stories se fusionó con Science Wonder Stories para formar Wonder Stories, de la que hablaremos en otra ocasión.

domingo, 29 de mayo de 2011

1905-GULLIVAR JONES- Edwin Lester


El romance planetario fue un subgénero muy popular en los primeros tiempos de la ciencia ficción. En él se nos contaban exóticas aventuras en otros planetas, largos viajes por paisajes alienígenas en los que moraban criaturas extrañas y civilizaciones peculiares. Los primeros viajes a la Luna o Marte, que culminaban en encuentros con sociedades utópicas, no cuentan como romances planetarios, porque su propósito principal siempre fue o bien satírico o bien educativo. Los primeros ejemplos de este apartado temático fueron “Mr.Stranger´s Sealed Packet” (1889) de Hugh MacColl y este libro de Edwin Lester que vamos a comentar y cuyo título original fue “Lieut.Gullivar Jones-His Vacation”.

Tan sólo unos pocos años después de que H.G.Wells arrasara Londres con sus invasores marcianos, el poeta victoriano Edwin Lester proponía un planeta Marte muy diferente, con ciudades decadentes habitadas por un pueblo pacífico que se deslizaba lentamente hacia su extinción. Su héroe es un corpulento y duro marinero americano, inevitablemente destinado a provocar una conmoción en la indolente sociedad marciana.

Mientras se halla de permiso en tierra, Gulliver Jones encuentra muerto a un pequeño tipo que parece haber caído del cielo como por arte de magia. Jones se hace con su única posesión, una lujosa alfombra. De vuelta en su triste y poco acogedora morada, expresa el ferviente deseo de encontrarse en Marte y, de repente, aquél se cumple. Envuelto en la alfombra, es transportado por el espacio y depositado sin contemplaciones en las llanuras marcianas.
Lo que sigue es una extraordinaria serie de aventuras en un extraño Marte, absolutamente inverosímil incluso en aquellos años previos a los cohetes, telescopios espaciales y sondas planetarias. No hay ni rastro de pretensión científica aquí; ni siquiera se acerca a las fantasías marcianas de Percival Lowell. Marte no es un planeta muerto y reseco, punteado por los restos de una civilización abocada a morir por un desastre medioambiental. Y, sin embargo, los marcianos que se encuentra Jones, los Hither, están sumidos en una apatía alcohólica, incapaces de reaccionar cuando sus salvajes vecinos les exigen tributo o les arrebatan a su más hermosa doncella, la princesa Heru.

Naturalmente, Jones tiene más sangre en las venas e, indignado por la letargia que le rodea se embarca en una misión de rescate de la princesa a través de los océanos tormentosos y las junglas hostiles marcianas, un planeta totalmente irreconocible como el Marte que nos muestran las sondas, pero pletórico de color, vitalidad y capacidad de evocación.
Sin embargo, no estamos ante un libro fácil de leer, lo que pone de manifiesto el mérito de Wells como narrador si lo comparamos con otro escritor de CF de la época como Arnold. Donde Wells despliega claridad y economía, Edwin Arnold sigue la escuela de “¿por qué usar diez palabras cuando puedes usar cien?”. Su prosa es pesadamente recargada, con unas construcciones gramaticales que resultan contradictorias con el espíritu de un relato de aventuras y acción. Con todo, uno no puede sino encariñarse con su Marte, un lugar surrealista donde un machote como Gulliver Jones puede dar rienda suelta a su desprecio por la raza marciana y presumir de su masculinidad frente a las bellas hembras nativas. Si no fuera tan inintencionadamente divertido sería repelente para nuestra contemporánea mentalidad. Ni que decir tiene que el comentario social que solía impregnar las obras de Wells no tiene aquí mucho espacio para desarrollarse.

Aun así, es posible que Arnold se viera influenciado por “La Máquina del Tiempo” de Wells,
puesto que los bellos pero decadentes Hither y sus enemigos, los bárbaros pero trabajadores Thither guardan notable parecido con los Eloi y los Morlocks wellsianos. Hubo otros libros contemporáneos que podrían haber servido de inspiración a Arnold, pero hay que concederle que su planeta Marte de ciudades en ruinas, espadachines de piel cobriza y extravagantes criaturas, fue único y, de hecho, es más que probable que su Gulliver Jones fuera el antepasado directo de otro héroe mucho más conocido, John Carter de Marte, creación de Edgar Rice Burroughs en 1911. ¿Cómo llegó un libro británico sin edición norteamericana a manos de Burroughs? Burroughs nunca mencionó a Gulliver Jones pero, personalmente, creo que las coincidencias entre ambas obras son demasiadas: la forma de llegar a los respectivos planetas, sus decadentes civilizaciones, el origen norteamericano y sureño de ambos héroes, las aventuras de espadachines y monstruos, las bellas princesas, los viajes por entornos exóticos, el retorno a la Tierra…

Eso sí, Gulliver Jones, pese a ser el primero, no disfrutó de una vida tan longeva y productiva
como su descendiente, quizá porque era más torpe que el invencible John Carter, no llegaba a aplastar completamente a sus enemigos ni se quedaba con la chica. De hecho, sus siguientes reencarnaciones serían en el mundo del cómic. A partir de marzo de 1972, sus aventuras serían narradas por Marvel Comics dentro de su colección “Creatures on the Loose” nº 16-21 a cargo de los guionistas Roy Thomas, Gerry Conway y George Alec Effinger y los dibujantes Gil Kane y Bill Everett. En 1974, la serie se trasladó a la revista en blanco y negro, también de Marvel, “Monsters Unleashed” (nº 4-8), con historias de Tony Isabella y dibujos de Dave Cockrum y George Perez. Los diferentes guionistas nunca pretendieron adaptar la historia original, sino que cogieron personajes y situaciones y las utilizaron a su antojo (para empezar, Gullivar era ahora un veterano de la Guerra de Vietnam).

Resistiéndose a morir, el personaje volvió a aparecer en un comic, el segundo volumen de la “Liga de los Hombres Extraordinarios” de Alan Moore; y todavía más, en 2007 aparece en una novela titulada "Edgar Allan Poe on Mars: The Further adventures of Gullivar Jones", escrita por los hermanos franceses Jean-Marc y Randy Lofficier.
¿Es “Gullivar de Marte” un buen libro? Eso depende del criterio que se siga y los gustos personales de cada cual. Desde un punto de vista estrictamente narrativo, Gullivar nunca llega realmente a conseguir nada: casi burla a sus enemigos, casi los derrota, casi consigue a la chica y casi triunfa, pero en última instancia, falla en todo ello y, sin querer, acaba en su casa norteamericana, reunido con su antigua novia para casarse a la semana siguiente. Es como si fuera un episodio alargado de una serie de televisión en la que cada semana el protagonista vive todo tipo de aventuras extravagantes, sólo para al final del programa vuelva a la situación de partida.
Si miramos algo más allá del argumento, sin embargo, podemos apreciar un interesante tono de sátira hacia “La Máquina del Tiempo” de Wells. Hemos mencionado antes los paralelismos existentes entre los Hither y los Eloi y los Thither y los Morlocks. Pero las similitudes son superficiales. Efectivamente, los esbeltos y elegantes Hither son sensuales, incluso sexuales, despreocupados y perezosos; su sociedad está en decadencia, el conocimiento con el que levantaron sus impresionantes ciudades se ha olvidado y su economía está basada en el esclavismo; individualmente son inocentes y adorables, pero como sociedad, repulsivos en extremo, apartándolos de los infantiles Eloi wellsianos. Por su parte, los “malos” de la obra, los poderosos y violentos Thither, son unos matones peligrosos; sin embargo, viven en un clima duro en el que cada día es una batalla por sobrevivir. Los Thither que Gullivar se encuentra en sus aventuras son honorables y trabajadores y le prestan ayuda cuando es necesario, compartiendo con él sus escasas posesiones. Así, a diferencia de los Morlocks, el lector puede sentir más simpatía por ellos aunque su sociedad siga siendo tan repelente como la de sus enemigos.

Más sorprendente es la descripción de Gullivar. Epítome del “Americano desagradable”, Gullivar destila arrogancia y prepotencia, perpetuamente condescendiente con sus anfitriones, ya sean los Hither o los Thither, los juzga a todos con un racismo benigno que no queda claro si es una sátira social o las opiniones personales del autor, reflejo de los tiempos al fin y al cabo. Uno de los pasajes nos apuntaría hacia la primera opción: cuando Gullivar reclama una vasta superficie de Marte para los Estados Unidos apelando a la Doctrina Monroe, explica a los confusos nativos:”Oh, es muy sencillo; explicado de forma simple, significa que no podéis tocar nada que sea mío, pero debéis compartir todo lo vuestro conmigo”.

Resulta paradójico que este personaje, que supera el siglo de vida, no tuviera una buena acogida en su época. De hecho, fue su tibia recepción lo que empujó a su autor a abandonar la escritura de ficción. Y, sin embargo, el tiempo ha convertido a esta novela en su obra más conocida y uno de los trabajos claves en el desarrollo de la ciencia ficción épica de comienzos de siglo, que vería su momento de gloria unos años más tarde con el nacimiento de las revistas pulp.

sábado, 28 de mayo de 2011

1986- Aboriginal Science Fiction


A mediados de los años ochenta aparece una nueva revista en Estados Unidos, “Aboriginal Science Fiction”, dirigida por Charles C.Ryan. Ryan había trabajado como periodista desde 1971 y en 1979 fue nominado a un premio Pulitzer por una serie de artículos de investigación. Gran aficionado a la ciencia ficción, ocupó el puesto de editor de la revista especializada “Galileo” en 1976. Pero la publicación tuvo problemas financieros y cerró en 1980. Ryan no se desanimó y fundó “Aboriginal Science Fiction” en 1986.

El nombre de la revista se eligió por motivos que no pueden ser más prosaicos. Ryan pensó que a la hora de enviar sus trabajos a la publicaciones, los autores tomaban su decisión en base a dos métodos: o mandarlos a la que pagaba más o bien recorrer la lista en orden alfabético. Ryan quería un nombre que estuviese en lo alto de esa lista alfabética y se le ocurrió “Aboriginal”. A partir de ahí nacería una historia sobre un antropólogo alienígena que había sido enviado a la Tierra para estudiar a la población indígena –aborigen- y quedó tan fascinado por la ciencia ficción que en cada uno de sus informes a su mundo origen incluía relatos de ese género. Así que cada número de la revista se suponía que era uno de esos informes de campo interceptados.

Fue una de las revistas semiprofesionales con más éxito de los años 80. Se publicó regularmente de 1986 a 1991. Después de esa fecha la publicación se volvió irregular, totalizando 49 números a su cierre en la primavera de 2001. Ryan ya había abandonado el proyecto en 1995.


Al mismo tiempo que las revistas de CF empezaban a perder su lugar en el corazón de los lectores, algunos títulos marginales ocuparon sus huecos. Aboriginal ha sido una de las que han cosechado más éxito, funcionando a través de suscripciones. La revista nunca estuvo muy involucrada con la Ciencia Ficción Dura (aquella en la que la premisa científica y el rigor forman parte fundamental de la narración), sino que los editores prefirieron la, digamos, “Ciencia Ficción Social”, en la que no es necesario un sólido conocimiento científico para narrar una historia sólida. Dentro de eso, aparecían distopias, paranoias y crítica social junto a artículos de ciencia. En sus páginas se dieron cita ganadores de premios Hugo y Nébula, firmas en ascenso y completos desconocidos.