El director canadiense David Cronenberg se dio a conocer en la década de los 70 del pasado siglo e impulsó su carrera gracias a varias películas de terror de bajo presupuesto que recibieron muy buena acogida por parte de la crítica, como “Vinieron de Dentro De…” (1975) y “Rabia” (1977). Esto le permitió escalar a producciones cada vez más ambiciosas e igualmente aclamadas, como “Cromosoma 3” (1979) o “Scanners” (1981).
Para
muchos, Cronenberg alcanzó la cima de su creatividad co
n “Videodrome” (1983),
una película tan extraña y hermética que su creciente legión de seguidores se
frotó las manos esperando con impaciencia su siguiente proyecto. Sin embargo,
“Videodrome” fue un fracaso financiero. El gran público, no es de extrañar, no
estaba preparado para tan perturbadora propuesta y eso supuso un duro golpe
para el director, que había pasado varios años escribiendo, desarrollando,
rodando y lidiando con la compleja producción de la película. Había quedado profundamente
exhausto y sentía que debía bajar el ritmo, dejar descansar su manantial
creativo.
Es
por
eso que tomó una decisión que sorprendió a muchos y, en retrospectiva, marcó el
inicio de una nueva etapa en su carrera, una que lo alejaría de su
característico "horror corporal" y lo adentraría en el cine
comercial: dirigir un largometraje basado en el material y el guion de otra
persona y producido en Estados Unidos.
Cuando la productora Debra Hill, asociada con Dino De Laurentiis, le ofreció el proyecto de la novela de Stephen King, vio la oportunidad perfecta. Quería demostrarse a sí mismo que podía afrontar un encargo ajeno sin tener que pasar por el suplicio de parir una historia desde cero en su cabeza. Y qué mejor para eliminar el mal sabor de boca dejado por el resultado de “Videodrome” que aceptar la traslación a la pantalla de un bestseller de King, “La Zona Muerta” (1979), manejando un presupuesto generoso y estrellas conocidas. Así que este film puede verse como uno de transición, la primera adaptación de Cronenberg de una obra ajena. No volvería a realizar una película basada íntegramente en una idea propia hasta “eXistenZ” en 1999.
John
Smith (Christopher Walken) es un joven profesor en el pequeño pueblo de
Castle
Rock, Maine, que cae en coma tras sufrir graves heridas en un accidente de
coche. Al despertar cinco años después, descubre que su novia Sarah (Brooke
Adams) se ha casado y es madre de un niño pequeño, que ha perdido su trabajo
hace mucho tiempo y que tiene que aprender a caminar de nuevo.
También
descubre que, al tocar a las personas, puede ver involuntariamente eventos no
solo de su pasado, sino también de su futuro. Así, ayuda a salvar la vida del
hijo de una enfermera, atrapado en una casa en lla
mas; revela que la madre de
su neurólogo, el Dr. Sam Weizak (Herbert Lom), a quien se creía muerta durante
la Segunda Guerra Mundial, sigue viva; y ayuda al sheriff George Bannerman (Tom
Skerritt) a dar con un brutal asesino en serie que resulta ser su propio
ayudante, Frank Dodd (Nicholas Campbell).
Tras
resultar herido en el desenlace de esa investigación, Smith se convierte en un
ermitaño, ganándose la vida dando clases particulares a niños de la zona. Sin
embargo, descubre que tiene la capacidad de cambiar los eventos que predice
cuando salva al hijo de uno de sus
clientes, el adinerado empresario local
Roger Stuart (Anthony Zerbe), de ahogarse en un lago helado. Y es entonces
cuando decide salir de su cascarón. Porque, tras estrechar la mano de Greg
Stillson (Martin Sheen), un político populista que se presenta al Senado de los
Estados Unidos. Smith tiene una visión de éste ocupando la Casa Blanca y,
enloquecido, provocando un holocausto nuclear. Johnny decide impedir a
cualquier precio que ese futuro llegue a materializarse.
Los
libros de King se venían adaptando al cine desde 1976, cuando Brian De Palma
llevó
“Carrie” a la gran pantalla. Pero la fiebre de Hollywood por el escritor
realmente llegó con el éxito de “La Zona Muerta”. Dino de De Laurentiis no
perdió el tiempo y produciría también “Ojos de Fuego” (1984), “Maximum
Overdrive” (1985, dirigida por el propio King), “Miedo Azul” (1985) y “Los Ojos
del Gato”. Otras adaptaciones de por entonces serían las de “Christine” (1983),
“Cujo” (1983), “Los Chicos del Maíz” (1984), “Cuenta Conmigo” (1986) y “Cementerio
de Animales” (1989) todas dentro de la misma década.
“La
Zona Muerta” es la mejor de todas esas adaptaciones, aunque como película de
David Cronenberg, supone una pequeña decepción. Siendo la primera vez que
trabajaba por encargo y no con un guion escrito por él mismo, ha desaparecido
una parte importante de lo que se había convertido en su sello personal. Sus
películas solían explorar la fascinante y turbulenta dicotomía entre el cuerpo
y l
a mente, donde la carne se moldea como una nueva y extraña forma de
expresión reprimida e intenta fusionarse con la tecnología. Pero en “La Zona
Muerta”, el humor negro y el terror corporal ha desaparecido por completo más
allá de una escena protagonizada por el asesino en serie. La lenta recuperación
de Smith durante la rehabilitación de sus extremidades tras el coma sí exhibe
la grotesca estética propia de Cronenberg. De la cama a la silla de ruedas, a
las muletas y al bastón… el aprendizaje de Johnny para volver a caminar es una
poderosa metáfora, muy propia de David Cronenberg.
Pero,
por lo demás, Cronenberg no parece interesado en las historias de la gente
ordinaria y da la impresión de tomar una deliberada distancia en muchas de las
escenas cotidianas. Sin duda, hace un trabajo competente y, para cualquier otro
director, “La Zona Muerta” sería una entrada muy valorada en su filmografía.
Sin embargo, los paisajes invernales canadienses parecen escenarios gélidos e
inhóspitos, y la película resulta fría y distante.
La
novela de Stephen King sobrevive bastante bien en la pantalla gracias
al guion de
Jeffrey Boam, quien posteriormente escribiría otros libretos para películas de
género, como “Jóvenes Ocultos” (1987), “El Chip Prodigioso” (1987), “Indiana
Jones y la Última Cruzada” (1989) y “The Phantom” (1996). “La
Zona Muerta” es un libro extenso en el que King, fiel a su estilo, se desvía
con frecuencia por subtramas secundarias. Jeffrey Boam recorta gran parte del
relleno, pero conserva su esencia e incluso intensifica los conflictos en algunos
momentos.
La
primera mitad de la película tiene un ritmo lento y una atmósfera inquietante
gracias en igual medida a la interpretación de Christopher Walken y a la
dirección de David Cronenberg. Este último no apresura a sus personajes ni su
trama y, aunque esta no es una película terr
orífica en el sentido tradicional,
sí lo es por las ideas que explora y la angustia psicológica que experimenta el
protagonista. La búsqueda del asesino de Castle Rock es quizás la parte menos
interesante, aunque también la que más nos acerca a la visceralidad que
esperamos de Cronenberg, en particular el espeluznante suicidio con unas
tijeras. También aporta este segmento momentos de terror sutil que compensan la
falta de sangre, como la horrorizada constatación de Smith de que la
desquiciada madre de Dodd (una magníficamente perturbada Colleen Dewhurst)
sabía desde el principio que él era el asesino en serie y no hizo nada al
respecto.
Desafortunadamente,
la segunda mitad de la película es muy inferior. En cuanto aparece Greg
Stillson, intenta adueñarse de la historia. El problema es que es un villano
plano y sin personalidad, incluso caricaturesc
amente malvado en la escena del
futuro en la que ordena lanzar los misiles. Es una lástima, porque el resto de
la película se basa en una realidad más sólida, y falta la necesaria motivación
o empatía para presentar a Stillson como un personaje creíble. Convertirlo en
malvado de manual facilita demasiado que Smith trate de matarlo. Incluso la breve
escena del político suicidándose tras arruinar su carrera comportándose como un
cobarde miserable ante las cámaras resulta un tanto forzada. En fin, que “La
Zona Muerta”, deja de ser una película de David Cronenberg para convertirse en
la típica producción de Hollywood con un final feliz; de una forma sombría, lo
admito, pero aun así feliz y disonante con el tono fatalista de la primera
mitad.
Christopher
Walken, conocido entonces principalmente por haber ganado el Óscar a Mejor
Actor de Reparto por “El Cazador” (1978) y que aún no se había convertido en la
figura de
culto que es hoy, resulta conmovedor en su papel del atormentado
Smith, otro de los héroes marginados con los que Cronenberg parece
identificarse tanto. Es posiblemente el personaje más trágico de toda la
filmografía del director y Walken está a la altura, dotándolo de más calidez y
emotividad que a cualquier otro personaje de las películas de Cronenberg hasta
la fecha. (Curiosamente, Stephen King tenía derecho de veto sobre el reparto y,
en un principio, presionó para que Bill Murray ocupara el papel, algo difícil
de comprender). Pueden verse reflejados en sus ojos el dolor y la angustia de
su don/maldición. Cuando la cámara lo enfoca, el espectador no tiene más
remedio que concentrarse en él, tal es el magnetismo que desprende.
La
relación entre Smith y Sarah (la siempre excelente, aunque a menudo
infrautilizada, Brooke Adams) está magníficamente interpretada p
or ambos
actores y resulta genuinamente conmovedora, aunque está mal encajada en la
historia. Su drama comienza de forma interesante, pero se estanca en cuanto Smith
se acuesta con ella; dicho sea de paso, a espaldas de su actual marido, lo cual
solo demuestra la infidelidad de Sarah. Después de eso, no vuelve a aparecer en
la historia, salvo cuando regresa cerca del desenlace final, habiéndose perdido
por completo su subtrama a mitad de película.
M
artin Sheen,
quien en el futuro interpretaría a un presidente más liberal en la serie de
televisión “El Ala Oeste de la Casa Blanca” (1999-2006), es tan buen actor que
no puedo sino pensar que su histrionismo e insultantemente obvia hipocresía
están sugeridas por el director. Resulta tentador trazar paralelismos entre
Stillson y políticos populistas de la vida real, aunque King no fue tanto un
visionario como un ciudadano preocupado por la dirección que estaba tomando la
política estadounidense a principios de los 80.
Como he
dicho al principio, “La Zona Muerta” marcó un punto de inflexión en la carrera
de Cronenberg, un alejamiento de la extrañeza provocadora de su primera etapa y
un acercamiento, aunque reticente, al cine comercial de Hollywood. Fue un
movimiento estratégico de supervivencia profesional que le permitió recupera
r
la estabilidad dentro de la industria y demostrar solvencia con un estilo más
sobrio y clásico. Pero también por eso, y por trabajar como director de encargo
sobre un guion ajeno, se percibe como su film menos personal. Lo cual no quiere
decir que no sea una buena película. Probablemente, a estas alturas de su
carrera, Cronenberg no habría podido hacer una mala ni aunque se lo hubiera propuesto.
Pero comparada con la perturbadora brutalidad de “Videodrome” y las
inquietantes propuestas de sus títulos anteriores, parece una película demasiado
convencional.
De
todas f
ormas, todavía le quedaban algunas películas muy extrañas por hacer y
aún no había dado por finiquitada su faceta de escritor porque participaría en
los guiones de “La Mosca” (1986), “Inseparables” (1988), “Almuerzo Desnudo”
(1991), “Crash” (1996), la mencionada “eXistenZ”, “Cosmópolis” (2012),
“Crímenes del Futuro” (2022) y “Los Sudarios” (2024). Nunca
abandonó del todo los géneros de terror y ciencia ficción, pero tomó una nueva dirección,
consiguiendo nominaciones al Óscar por “Una Historia de Violencia” (2005), adaptación
de un comic de 1997 firmado por el guionista John Wagner y el dibujante Vince
Locke.
Puede que “La Zona Muerta” sea una obra menor de Cronenberg (aunque sí es una buena adaptación de la novela de King), pero sigue siendo una película muy disfrutable, sobre todo por las excelentes interpretaciones. Además, sería desconsiderado e incluso mezquino negarle hoy al director y su película el éxito que mereció en el momento de su estreno.
La novela de King se convertiría más adelante en la base para una serie de televisión canadiense, “La Zona Muerta” (2001-2), protagonizada por Anthony Michael Hall.

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