Aunque no sea un nombre de fama mundial, John Berkey (1932-2008) conceptualizó uno de los símbolos más conocidos de la ciencia ficción, conocido por casi cualquiera que tenga un mínimo interés en la cultura pop: la Estrella de la Muerte de Star Wars.
Su papel en el
desarrollo de los elementos visuales de la película empezó tem
prano, ya que fue
uno de los primeros artistas en modelar la visión de George Lucas. Éste le encargó
varias pinturas durante la etapa en la que aún intentaba conseguir financiación
de algún estudio para rodar su película espacial, y los diseños de naves que
recibió de Berkey le ayudaron a dar vida a su space opera. Berkey sentó las
bases visuales para naves como los cazas B-Wing, las lanzaderas imperiales y
las naves de los Mon Calamari.
En concreto, una
de sus ilustraciones llamó poderosamente la atención del director: una nave en
vuelo picado desde el
espacio hacia un gigantesco mundo metálico de
proporciones planetarias. Tanto, de hecho, que se vería reflejada en el clímax
de “Star Wars”, cuando los escuadrones de cazas rebeldes X-Wing atacan la
Estrella de la Muerte del Imperio.
Más tarde, Ralph McQuarrie tomó el relevo del arte conceptual de Star Wars, aportando la mayor parte de los impactantes elementos visuales que convirtieron a la franquicia en un éxito que definió el género en el cine. Pero no cabe duda de que las ideas de Berkey y su estilo (un equilibrio perfecto entre el impresionismo pictórico y el realismo de líneas duras) también desempeñaron un papel fundamental.
Al igual que
McQuarrie, Berkey también trabajó en “Battlestar Galactica
” (ciertas
similitudes entre Star Wars y esa serie de televisión condujeron entonces a una
demanda judicial, pero esa es otra historia que ya conté en su entrada
correspondiente). La pasión de Berkey por imaginar naves espaciales y tecnología
futurista moldeó el género de forma indeleble, influyendo profundamente en toda
nuestra concepción de las batallas espaciales en la space opera.
Irónicamente, Berkey ni siquiera llegó a ver “Star Wars”, el escaparate más conocido y reconocido de su trabajo. En 2004, opinó: “Supongo que debería verla uno de estos días”.
La maqueta física
y el modelo tridimensional original de la Estrella de la Muerte fueron
realizados por el diseñador y maquetista Colin Cantwell, quien trabajó codo a
codo con George Lucas como consultor (ya había colaborado previamente en “2001:
Una Odisea del Espacio”, de Stanley Kubrick). Como curiosidad, las dos mitades
de plás
tico con las que construyó la esfera inicial sufrieron una pequeña
contracción del material, dejando una hendidura o canal alrededor de su
circunferencia. En lugar de desecharlo o pasar horas rellenándolo para lograr
una esfera perfecta, Cantwell decidió aprovecharlo. Le propuso a Lucas añadir
una trinchera ecuatorial y al director le gustó tanto la idea que se convirtió
en uno de los elementos visuales más icónicos del diseño y del clímax de la
película.
Tras finalizar el
rodaje de Star Wars, la gran mayoría de las maquetas originales, los tra
jes,
las armas y el atrezzo que dieron vida a una galaxia muy, muy lejana se
trasladaron provisionalmente a un depósito de alquiler. Sin embargo, una vez
concluida la fase de posproducción, los responsables decidieron recuperar
únicamente aquello que consideraban estrictamente necesario para el futuro o posibles
elementos promocionales. Al prescindir del alquiler del almacén tras esta
selección, el destino del resto del material fue trágico para la historia del
cine: absolutamente todo lo demás -incluyendo valiosas maquetas hechas a mano,
piezas únicas de diseño y decorados originales que hoy valdrían una fortuna
para los coleccionistas- fue considerado innecesario y acabó tirado a la
basura. Este descarte masivo y la falta de conciencia sobre el valor histórico
de los elementos físicos de los rodajes era una práctica sorprendentemente
habitual en la industria cinematográfica de los años 70, lo que convierte a las
escasas piezas de la trilogía original que lograron sobrevivir en auténticos
tesoros de museo.
Entre los
desechos acumulados, un trabajador del depósito de alquiler llamado Doug
presenció cómo aquel incalculable tesoro iba a ser descartado y d
ecidió
rescatar la maqueta original de la Estrella de la Muerte antes de que terminara
definitivamente en el vertedero. Durante una década, la emblemática esfera permaneció
en posesión de Doug en su domicilio particular. Tiempo después, a raíz de una
mudanza a Missouri, la pieza cambió de ubicación y terminó expuesta para la
venta en el establecimiento de antigüedades que regentaba su madre.
Años más tarde,
un apasionado coleccionista de la saga llamado Todd Franklin entró por
casualidad en la tienda y se quedó totalmente atónito al reconocer la famosa
estación espacial. Aunque todo apuntaba a que se trataba de la genuina, a
Fra
nklin le descolocaba enormemente la idea de que un objeto empleado en los
estudios de California hubiera acabado en un recóndito local de Missouri.
Decidido a confirmar su autenticidad antes de adquirirla, se puso en contacto
con Lucasfilm. Sin embargo, los responsables de la productora -absolutamente
ajenos a este rescate clandestino y sabedores de los bulos que circulaban sobre
el destino del material- le aseguraron rotundamente que dicha maqueta había
sido destruida hacía años.
A pesar de la
negativa y el escepticismo de Lucasfilm, Todd seguía firmemente convencido de
que tenía ante sí la auténtica Estrella de la Muerte y regresó a l
a tienda con
la intención de adquirirla. No obstante, llegó tarde: se la acababan de vender
a un empresario local que regentaba un negocio temático llamado Star World, una
especie de espectáculo musical de estilo western.
En 1993, dicho espectáculo cerró sus puertas de manera definitiva. Al enterarse de la liquidación total del negocio, Todd acudió raudo con la esperanza de rescatar la pieza. Cuando llegó, prácticamente todo el inventario había volado... ¡salvo la Estrella de la Muerte! El estado de la maqueta era desolador: se encontraba abandonada en un rincón, le habían arrancado la pieza del superláser o plato del radar y, para colmo, había sido utilizada como papelera durante años.
Tras rescatarla, Todd la conservó en su poder durante un tiempo hasta que finalmente pasó a manos de otro reconocido coleccionista de la saga, el actual propietario Gus Lopez, quien la custodia celosamente en su colección privada, aunque ocasionalmente la cede para exhibirla en exposiciones temporales y museos dedicados al universo de George Lucas.
Lopez, por
cierto, es una de las figuras más famosas y veteranas dentro de la comunidad
global de coleccionistas de Star Wars. Tiene una colección gigantesca de más de
10.000 artículos raros, objetos de producción, atrezzo original de rodaje,
material de reparto y equipo técnico, juguetes, prototipos y rarezas promocionales.
Por ejemplo, posee una de las pocas chaquetas auténticas utilizadas por
Harrison Ford en “El Imperio Contraataca”; elementos de vestuario de la
Princesa Leia en “El Retorno del Jedi”; notas de diseño de vestuario originales
del equipo de producción; componentes de los trajes y partes del cuerpo de
C-3PO; o las lentes de contacto originales del Emperador Palpatine.
Y no se queda
ahí, cuenta con una de las mayores selecciones mundiales
de juguetes que jamás
llegaron a comercializarse, maquetas preliminares de figuras de acción; muestras
de fábrica de Kenner que muy poca gente en el mundo ha llegado a ver en
persona; una enorme colección de rarezas alimentarias y de consumo de los años
70 y 80, incluyendo una pared entera dedicada a antiguas cajas de cereales
temáticas de Star Wars, además de pósters inéditos y premios otorgados al
equipo técnico de las películas.
En 1994 creó The Star Wars Collectors Archive (SWCA), la primera gran página web de coleccionismo de la saga en Internet, concebida originalmente como un punto de encuentro de aficionados para compartir fotos y catalogar piezas. Escribe habitualmente artículos especializados para la revista oficial “Star Wars Insider” y ha participado como ponente, experto y protagonista en documentales y programas de televisión sobre el coleccionismo de la cultura pop.

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