lunes, 3 de agosto de 2026

NACIMIENTO Y DESTINO DE LA ESTRELLA DE LA MUERTE

 




Aunque no sea un nombre de fama mundial, John Berkey (1932-2008) conceptualizó uno de los símbolos más conocidos de la ciencia ficción, conocido por casi cualquiera que tenga un mínimo interés en la cultura pop: la Estrella de la Muerte de Star Wars.

 

Su papel en el desarrollo de los elementos visuales de la película empezó temprano, ya que fue uno de los primeros artistas en modelar la visión de George Lucas. Éste le encargó varias pinturas durante la etapa en la que aún intentaba conseguir financiación de algún estudio para rodar su película espacial, y los diseños de naves que recibió de Berkey le ayudaron a dar vida a su space opera. Berkey sentó las bases visuales para naves como los cazas B-Wing, las lanzaderas imperiales y las naves de los Mon Calamari.

 

En concreto, una de sus ilustraciones llamó poderosamente la atención del director: una nave en vuelo picado desde el espacio hacia un gigantesco mundo metálico de proporciones planetarias. Tanto, de hecho, que se vería reflejada en el clímax de “Star Wars”, cuando los escuadrones de cazas rebeldes X-Wing atacan la Estrella de la Muerte del Imperio.

 

Más tarde, Ralph McQuarrie tomó el relevo del arte conceptual de Star Wars, aportando la mayor parte de los impactantes elementos visuales que convirtieron a la franquicia en un éxito que definió el género en el cine. Pero no cabe duda de que las ideas de Berkey y su estilo (un equilibrio perfecto entre el impresionismo pictórico y el realismo de líneas duras) también desempeñaron un papel fundamental.

 

Al igual que McQuarrie, Berkey también trabajó en “Battlestar Galactica” (ciertas similitudes entre Star Wars y esa serie de televisión condujeron entonces a una demanda judicial, pero esa es otra historia que ya conté en su entrada correspondiente). La pasión de Berkey por imaginar naves espaciales y tecnología futurista moldeó el género de forma indeleble, influyendo profundamente en toda nuestra concepción de las batallas espaciales en la space opera.

 

Irónicamente, Berkey ni siquiera llegó a ver “Star Wars”, el escaparate más conocido y reconocido de su trabajo. En 2004, opinó: “Supongo que debería verla uno de estos días”.

La maqueta física y el modelo tridimensional original de la Estrella de la Muerte fueron realizados por el diseñador y maquetista Colin Cantwell, quien trabajó codo a codo con George Lucas como consultor (ya había colaborado previamente en “2001: Una Odisea del Espacio”, de Stanley Kubrick). Como curiosidad, las dos mitades de plástico con las que construyó la esfera inicial sufrieron una pequeña contracción del material, dejando una hendidura o canal alrededor de su circunferencia. En lugar de desecharlo o pasar horas rellenándolo para lograr una esfera perfecta, Cantwell decidió aprovecharlo. Le propuso a Lucas añadir una trinchera ecuatorial y al director le gustó tanto la idea que se convirtió en uno de los elementos visuales más icónicos del diseño y del clímax de la película.

 

Tras finalizar el rodaje de Star Wars, la gran mayoría de las maquetas originales, los trajes, las armas y el atrezzo que dieron vida a una galaxia muy, muy lejana se trasladaron provisionalmente a un depósito de alquiler. Sin embargo, una vez concluida la fase de posproducción, los responsables decidieron recuperar únicamente aquello que consideraban estrictamente necesario para el futuro o posibles elementos promocionales. Al prescindir del alquiler del almacén tras esta selección, el destino del resto del material fue trágico para la historia del cine: absolutamente todo lo demás -incluyendo valiosas maquetas hechas a mano, piezas únicas de diseño y decorados originales que hoy valdrían una fortuna para los coleccionistas- fue considerado innecesario y acabó tirado a la basura. Este descarte masivo y la falta de conciencia sobre el valor histórico de los elementos físicos de los rodajes era una práctica sorprendentemente habitual en la industria cinematográfica de los años 70, lo que convierte a las escasas piezas de la trilogía original que lograron sobrevivir en auténticos tesoros de museo.

 

Entre los desechos acumulados, un trabajador del depósito de alquiler llamado Doug presenció cómo aquel incalculable tesoro iba a ser descartado y decidió rescatar la maqueta original de la Estrella de la Muerte antes de que terminara definitivamente en el vertedero. Durante una década, la emblemática esfera permaneció en posesión de Doug en su domicilio particular. Tiempo después, a raíz de una mudanza a Missouri, la pieza cambió de ubicación y terminó expuesta para la venta en el establecimiento de antigüedades que regentaba su madre.

 

Años más tarde, un apasionado coleccionista de la saga llamado Todd Franklin entró por casualidad en la tienda y se quedó totalmente atónito al reconocer la famosa estación espacial. Aunque todo apuntaba a que se trataba de la genuina, a Franklin le descolocaba enormemente la idea de que un objeto empleado en los estudios de California hubiera acabado en un recóndito local de Missouri. Decidido a confirmar su autenticidad antes de adquirirla, se puso en contacto con Lucasfilm. Sin embargo, los responsables de la productora -absolutamente ajenos a este rescate clandestino y sabedores de los bulos que circulaban sobre el destino del material- le aseguraron rotundamente que dicha maqueta había sido destruida hacía años.

 

A pesar de la negativa y el escepticismo de Lucasfilm, Todd seguía firmemente convencido de que tenía ante sí la auténtica Estrella de la Muerte y regresó a la tienda con la intención de adquirirla. No obstante, llegó tarde: se la acababan de vender a un empresario local que regentaba un negocio temático llamado Star World, una especie de espectáculo musical de estilo western.

 

En 1993, dicho espectáculo cerró sus puertas de manera definitiva. Al enterarse de la liquidación total del negocio, Todd acudió raudo con la esperanza de rescatar la pieza. Cuando llegó, prácticamente todo el inventario había volado... ¡salvo la Estrella de la Muerte! El estado de la maqueta era desolador: se encontraba abandonada en un rincón, le habían arrancado la pieza del superláser o plato del radar y, para colmo, había sido utilizada como papelera durante años.

 

Tras rescatarla, Todd la conservó en su poder durante un tiempo hasta que finalmente pasó a manos de otro reconocido coleccionista de la saga, el actual propietario Gus Lopez, quien la custodia celosamente en su colección privada, aunque ocasionalmente la cede para exhibirla en exposiciones temporales y museos dedicados al universo de George Lucas.

 

Lopez, por cierto, es una de las figuras más famosas y veteranas dentro de la comunidad global de coleccionistas de Star Wars. Tiene una colección gigantesca de más de 10.000 artículos raros, objetos de producción, atrezzo original de rodaje, material de reparto y equipo técnico, juguetes, prototipos y rarezas promocionales. Por ejemplo, posee una de las pocas chaquetas auténticas utilizadas por Harrison Ford en “El Imperio Contraataca”; elementos de vestuario de la Princesa Leia en “El Retorno del Jedi”; notas de diseño de vestuario originales del equipo de producción; componentes de los trajes y partes del cuerpo de C-3PO; o las lentes de contacto originales del Emperador Palpatine.

 

Y no se queda ahí, cuenta con una de las mayores selecciones mundiales de juguetes que jamás llegaron a comercializarse, maquetas preliminares de figuras de acción; muestras de fábrica de Kenner que muy poca gente en el mundo ha llegado a ver en persona; una enorme colección de rarezas alimentarias y de consumo de los años 70 y 80, incluyendo una pared entera dedicada a antiguas cajas de cereales temáticas de Star Wars, además de pósters inéditos y premios otorgados al equipo técnico de las películas.

 

En 1994 creó The Star Wars Collectors Archive (SWCA), la primera gran página web de coleccionismo de la saga en Internet, concebida originalmente como un punto de encuentro de aficionados para compartir fotos y catalogar piezas. Escribe habitualmente artículos especializados para la revista oficial “Star Wars Insider” y ha participado como ponente, experto y protagonista en documentales y programas de televisión sobre el coleccionismo de la cultura pop.

 

 

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