“Atrapado en el Tiempo” (1993) fue una comedia seminal en la que Bill Murray quedaba atrapado en un bucle temporal en el que el mismo día se repetía una y otra vez, pero siempre introduciendo alguna variación, lo que finalmente el protagonista aprendió a utilizar a su favor para mejorar su relación con su compañera de trabajo, Andie McDowell. Aunque nadie en su época pudo imaginarlo, la película acabó dando origen a un subgénero cinematográfico propio, estableciendo una serie de clichés que fueron adoptados por guionistas posteriores: el breve período de tiempo (generalmente un día) que forma un bucle, las infinitas variaciones de los mismos eventos, la desesperación y aburrimiento del protagonista, el descubrimiento de que suicidarse no cambia nada y la idea de que realizar acciones desinteresadas en favor del prójimo conllevará la liberación de esa prisión temporal.
Ejemplos de películas que copiaron todo o parte del paquete
de aquella cinta de
Harold Ramis son el telefilm “12:01: Testigo del Tiempo”
(1993), “Pánico en la Carretera” (1997), “Corra, Lola, Corre” (1998), “Naken”
(2000), “Adiós a las Vacaciones” (otro telefilm, 2007), “Repeaters” (2010),
“Código Fuente” (2011), “Al Filo del Mañana”(2014), “ARQ” (2016), “Si No
Despierto” (2017), “Feliz Día de tu Muerte” (2017), “Desnudo” (2017), “Muere
Otra Vez” (2020), “El Mapa de las Pequeñas Cosas Perfectas” (2021), “Re/Member”
(2022) o “Kill Me Again” (2025). En televisión podemos citar “Atrapado en el
Tiempo” (2006-7) o “Russian Doll” (2019-2022). El tema del bucle temporal se ha
vuelto tan común que ahora vemos películas que lo utilizan de forma mucho más ingeniosa
y diversa que antes. “Feliz Día de tu Muerte” y su secuela (2019), por ejemplo,
adaptaron la idea al género de terror slasher, mientras que en “Al Filo del Mañana”
se mezcla con invasiones alienígenas.
Y en 2020 llega “Palm Springs”, otra película de bucles
temporales infinitos en la que el protagonist
a queda condenado a repetir el
mismo día una y otra vez. Uno de los problemas de este tipo de historias –y,
como he apuntado, se han hecho unas cuantas- es que tienden a caer en la
repetición. Sin embargo, “Palm Springs” logra esquivar esa trampa y, de alguna
manera, el guionista Andy Siara y el director Max Barbakow consiguen que cada
día de esa serie infinita resulte fresco y entretenido hasta el final,
ofreciendo una revisitación moderna a esta modalidad del subgénero de viajes en
el tiempo, pero, sobre todo, una historia cautivadora y hasta entrañable.
Nyles (Andy Samberg) y su novia Misty (Meredith Hagner) se
despiertan por la mañana en un hotel de Palm Springs, donde han viajado para
asistir a la bo
da de Abe Schlieffen (Tyler Hoechlin) y Tala Wilder (Camilla
Mendes). Nyles se presenta a la ceremonia vestido informalmente e interviene de
forma inesperada en el turno de discursos para pronunciar uno improvisado pero
apasionado que sorprende a todo el mundo. Hace buenas migas con Sarah (Cristin
Milioti), la hermana mayor de la novia y oveja negra de su familia, y luego la
lleva con él para espiar a Misty mientras le es infiel con el oficiante de la
boda.
Justo cuando Nyles y
Sarah van a besarse, les interrumpe Roy
(J.K.Simmons), un enloquecido individuo con atuendo paramilitar y armado con
una ballesta con la que dispara a Nyles dos dardos. Sarah, aterrorizada pero
preocupada por Nyles, lo sigue mientras éste, herido, se arrastra hacia una
cueva del desierto circundante al complejo hotelero. Nyles se vuelve y le ruega
a Sarah que no entre con él.
En la escena siguiente, Nyles se despierta y revive el
mismo día con tanta naturalidad como hastío. Está claro que es consciente de
vivir en un bucle. Pero la no
vedad que no se esperaba es que Sarah, que
finalmente sí lo siguió hasta el fondo luminoso de la caverna, ha empezado a
experimentar el mismo día. Él le explica que ha estado atrapado en ese bucle desde
hace mucho tiempo y que el día se reinicia cada vez que se duerme o muere. A
medida que reviven los eventos una y otra vez y tratan de sacar el máximo
provecho y diversión de cada día, ambos van sintiéndose atraídos mutuamente.
Si el espectador llega a “Palm Springs” ignorante de su
temática y argumento, tardará bastante en caer en la cuenta de que se trata de
una película de bucles temporales. Al comienzo, conocemos a Nyles, un tipo
aparentemente anodino, que asiste como invitado a un
a boda con su novia. Pero
suceden cosas extrañas siempre con él en el centro de las mismas: ¿Por qué va
con una chillona camisa hawaiana y pantalones cortos cuando el resto de los
invitados están elegantemente vestidos? ¿A santo de qué da un discurso
aparentemente espontáneo y luego se lleva a Sara para espiar a su novia sabiendo
que le está siendo infiel y diciendo “Estos siempre acaban juntos”?. Hay que
esperar unos quince minutos tras el inicio de la historia, cuando Sara
despierta en el mismo día que acaba de vivir, para que se descubra que se trata
de un bucle temporal.
Mientras que la mayoría de las películas del subgénero invertirían
cierto tiempo de metraje a explicar con detalle la dinámica del bucle temporal
y sus conse
cuencias sobre los personajes, “Palm Springs” asume de partida que el
espectador ha visto “Atrapado en el Tiempo” o alguna de sus imitaciones y que
entiende la idea nuclear lo suficiente como para que sea inncesario emplear veinte
minutos aclarando el contexto. De este modo, la historia puede centrarse en
Nyles y Sarah y desarrollar su relación y respectivos arcos, en lugar de tratarlos
como meros peones de la trama.
A diferencia de esos films en los que el protagonista
despierta y se encuentra repitiendo el mismo día, en esta ci
nta Nyles lleva
desde el comienzo atrapado en el bucle temporal tanto tiempo que confiesa no
recordar a qué se dedicaba antes. Conoce a cada persona, cada detalle, cada
matiz de ese día en particular e incluso ha mantenido relaciones sexuales con
muchos de los invitados. Por otra parte, la idea de que sean dos personas
atrapadas en el bucle también es un giro interesante respecto a propuestas
anteriores. Durante un rato, “Palm Springs” nos ofrece una sucesión de los
elementos típicos del subgénero, mostrando la perplejidad, desesperación e
intentos de suicidio de Sara, hasta que finalmente ésta acepta la situación y ambos
deciden divertirse con ella.
Otra característica que distingue a “Palm Springs” de la
fórmula rutinaria
sobre la que se apoyan otras películas de bucles temporales
es la habilidad cómica de su director, Max Barbakow, y su reparto, ya sea en la
cadena de acontecimientos que culmina con la novia perdiendo sus dientes
frontales cuando Sara despierta su primera mañana en el bucle temporal, o en la
coreografía de precisos movimientos, perfeccionados tras innumerables
repeticiones, con los que Nyles se mueve entre los invitados que bailan en la
boda.
A esto se suman escenas ingeniosas y bien escritas como
cuando Nyles se coloca en posición para morir lo más rápido posible cuando
Sara, presa de un ataque de ansiedad, conduce el coche en el que viaja contra
un camión que se aproxima en sentido contrario m
ientras, con absoluta calma, le
dice que el accidente podría matarlos, pero que no es nada divertido estar
sufriendo durante horas en urgencias. Es un guion agudo y particularmente
hábil, con arcos argumentales sólidos: Nyles pasa de su indiferencia y hastío
iniciales a descubrir que, gracias a Sara, su vida sí importa; ésta, por su
parte, evoluciona de su terror inicial ante la situación en la que se halla a
la aceptación para luego recuperar su antigua rebeldía y enfocarla en encontrar
una forma de escapar de esa prisión temporal. Ambos guardan secretos que salen
a la luz para sorpresa del otro. Hay una ruptura, por supuesto, y una eventual
reconciliación que se traduce cómicamente en una sola y larguísima frase gramaticalmente
retorcida.
Como la película, tal y como he dicho, no necesita invertir
tiempo e
n explicar la mecánica del bucle temporal, lo puede dedicar a explorar
territorios más extraños que otros films similares: encuentros increíblemente
singulares, incómodos e hilarantes, muertes espeluznantes y algunos giros
inesperados sobre lo que es posible en una historia de bucles temporales. Todo
es muy ingenioso, pero, en definitiva, no es de lo que en el fondo trata la
película.
Y es que, a pesar de ser fácilmente identificable como una
comedia romántica soportada por un c
oncepto de ciencia ficción, “Palm Springs”
consigue encajar de forma natural y en absoluto pesada temas profundos de
índole existencial y psicológica que la dirigen más a un público adulto que
juvenil. Por ejemplo, la monotonía y el estancamiento que aparecen en la
madurez. Muchos espectadores no tendrán dificultad para identificar la premisa
de repetir exactamente el mismo día una y otra vez como una representación de
la crisis de la mediana edad o la rutina alienante de la vida moderna: trabajos
repetitivos, bodas y compromisos sociales obligatorios, y la sensación de estar
viviendo en piloto automático sin capacidad de ejercer cambio alguno.
En el caso de Nyles, esa situación le ha llevado al
nihilismo absoluto: como
nada de lo que hace tiene consecuencias permanentes en
el mundo real, concluye que nada importa en absoluto. A lo largo de la trama,
la historia contrasta su postura con la de Sarah, presa de la culpa por la
traición a su hermana y desesperada por encontrar un propósito; una carga y un
impulso que ya acarreaba antes de caer en el bucle, el cual se convierte para
ella en una especie de purgatorio psicológico donde se ve obligada a
enfrentarse a su propio pasado, perdonarse a sí misma y aceptar que el
crecimiento personal requiere asumir las consecuencias de los actos.
Pero no está sola en ese tormento. El detonante original
del bucle para Sarah y la razón de la apatía de Ny
les están ligados al miedo al
futuro, a las expectativas sociales y al compromiso sentimental. Su prisión
temporal es una metáfora de la parálisis emocional que ambos han adoptado, más
o menos voluntariamente, como forma de evitar madurar, cometer errores con
consecuencias, asumir responsabilidades o arriesgarse a sufrir una pérdida o un
fracaso en el mundo real. La moraleja última podría ser que, frente a la
inmensidad y la soledad de estar atrapados en una rutina infinita, compartir la
propia vulnerabilidad y el amor es la única fuerza capaz de dar sentido a la
existencia. La decisión de Sara –y luego de Nyles- de afrontar la incertidumbre
del mañana rompiendo el bucle, simboliza la valentía de arriesgarse a perder lo
seguro por la posibilidad de construir un futuro real junto a otra persona.
Andy Samberg es un actor conocido principalmente por su
trabajo de doblaje en películas como “Space Chimps: Misión Espacial” (2008), “Lluvia
de Albóndigas” (2009) u “Hotel Transilvania” (2012) e
ntre muchas otras. Alcanzó
la fama gracias a una serie de sketches para el “Saturday Night Live”
realizados con el trío cómico-musical The Lonely Island tras haber convertido
en virales algunos de sus vídeos, de los primeros en subir a YouTube a
principios de la década de 2000. De hecho, “Palm Springs” está coproducida para
la plataforma Hulu por Samberg y sus compañeros en ese grupo: Akiva Schaffer y
Jorma Taccone. En esta película, Samberg modera su actitud de niño grande sin
perder su encanto de hombre común, ofreciendo una interpretación magnífica que
transmite la desgana, estoicismo y torpeza que aportan gran parte del humor a
la película.
Igualmente, Cristin Milioti, con sus
grandes ojos
maravillosamente expresivos, encaja como un guante en el papel y tiene una
innegable química con su compañero de reparto. Y, por supuesto, el inmenso J.K.
Simmons aporta su característico carisma e intensidad, logrando que un
personaje inicialmente cómico y secundario adquiera un gran peso dramático.
Debido a la pandemia de 2020, el estreno comercial de “Palm
Springs” se trasladó principalmente a la plataforma Hulu en Estados Unidos, donde
batió
récords de audiencia para una película original de ese servicio de
streaming en su primer fin de semana. Además, logró múltiples nominaciones a
premios, destacando dos Globos de Oro (Mejor Comedia y Mejor Actor) y un Hugo
(a la Mejor Presentación Dramática) además de ganar varios galardones de
asociaciones de crítica cinematográfica.
“Palm Springs” no es un clásico instantáneo como sí lo fueron “Atrapado en el Tiempo” o “Al Filo del mañana”. Quizá porque, aunque lo hace todo muy bien, nunca va un paso más allá. Sus reglas de viaje en el tiempo funcionan a efectos de la trama, tiene humor, romance, melancolía y reflexiones interesantes. Pero todo se mezcla en un paquete que entretiene sin trascender. Ojo, esto no quiere decir que sea una película completamente prescindible. Al contrario, sin incluir conceptos revolucionarios, indudablemente atrapa por su simpatía, giros argumentales, equilibrio entre drama existencial y comedia absurda, los temas que aborda, la química entre sus personajes, la elección de centrarse en la pareja protagonista sobre los enredos temporales y la forma en que aprovecha a su favor la familiaridad del espectador con los clichés del subgénero, subvirtiéndolos con humor.

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