lunes, 10 de agosto de 2026

2020- PALM SPRINGS – Max Barbakow




“Atrapado en el Tiempo” (1993) fue una comedia seminal en la que Bill Murray quedaba atrapado en un bucle temporal en el que el mismo día se repetía una y otra vez, pero siempre introduciendo alguna variación, lo que finalmente el protagonista aprendió a utilizar a su favor para mejorar su relación con su compañera de trabajo, Andie McDowell. Aunque nadie en su época pudo imaginarlo, la película acabó dando origen a un subgénero cinematográfico propio, estableciendo una serie de clichés que fueron adoptados por guionistas posteriores: el breve período de tiempo (generalmente un día) que forma un bucle, las infinitas variaciones de los mismos eventos, la desesperación y aburrimiento del protagonista, el descubrimiento de que suicidarse no cambia nada y la idea de que realizar acciones desinteresadas en favor del prójimo conllevará la liberación de esa prisión temporal.

 

Ejemplos de películas que copiaron todo o parte del paquete de aquella cinta de Harold Ramis son el telefilm “12:01: Testigo del Tiempo” (1993), “Pánico en la Carretera” (1997), “Corra, Lola, Corre” (1998), “Naken” (2000), “Adiós a las Vacaciones” (otro telefilm, 2007), “Repeaters” (2010), “Código Fuente” (2011), “Al Filo del Mañana”(2014), “ARQ” (2016), “Si No Despierto” (2017), “Feliz Día de tu Muerte” (2017), “Desnudo” (2017), “Muere Otra Vez” (2020), “El Mapa de las Pequeñas Cosas Perfectas” (2021), “Re/Member” (2022) o “Kill Me Again” (2025). En televisión podemos citar “Atrapado en el Tiempo” (2006-7) o “Russian Doll” (2019-2022). El tema del bucle temporal se ha vuelto tan común que ahora vemos películas que lo utilizan de forma mucho más ingeniosa y diversa que antes. “Feliz Día de tu Muerte” y su secuela (2019), por ejemplo, adaptaron la idea al género de terror slasher, mientras que en “Al Filo del Mañana” se mezcla con invasiones alienígenas.

 

Y en 2020 llega “Palm Springs”, otra película de bucles temporales infinitos en la que el protagonista queda condenado a repetir el mismo día una y otra vez. Uno de los problemas de este tipo de historias –y, como he apuntado, se han hecho unas cuantas- es que tienden a caer en la repetición. Sin embargo, “Palm Springs” logra esquivar esa trampa y, de alguna manera, el guionista Andy Siara y el director Max Barbakow consiguen que cada día de esa serie infinita resulte fresco y entretenido hasta el final, ofreciendo una revisitación moderna a esta modalidad del subgénero de viajes en el tiempo, pero, sobre todo, una historia cautivadora y hasta entrañable.

 

Nyles (Andy Samberg) y su novia Misty (Meredith Hagner) se despiertan por la mañana en un hotel de Palm Springs, donde han viajado para asistir a la boda de Abe Schlieffen (Tyler Hoechlin) y Tala Wilder (Camilla Mendes). Nyles se presenta a la ceremonia vestido informalmente e interviene de forma inesperada en el turno de discursos para pronunciar uno improvisado pero apasionado que sorprende a todo el mundo. Hace buenas migas con Sarah (Cristin Milioti), la hermana mayor de la novia y oveja negra de su familia, y luego la lleva con él para espiar a Misty mientras le es infiel con el oficiante de la boda.

 

Justo cuando Nyles y Sarah van a besarse, les interrumpe Roy (J.K.Simmons), un enloquecido individuo con atuendo paramilitar y armado con una ballesta con la que dispara a Nyles dos dardos. Sarah, aterrorizada pero preocupada por Nyles, lo sigue mientras éste, herido, se arrastra hacia una cueva del desierto circundante al complejo hotelero. Nyles se vuelve y le ruega a Sarah que no entre con él.

 

En la escena siguiente, Nyles se despierta y revive el mismo día con tanta naturalidad como hastío. Está claro que es consciente de vivir en un bucle. Pero la novedad que no se esperaba es que Sarah, que finalmente sí lo siguió hasta el fondo luminoso de la caverna, ha empezado a experimentar el mismo día. Él le explica que ha estado atrapado en ese bucle desde hace mucho tiempo y que el día se reinicia cada vez que se duerme o muere. A medida que reviven los eventos una y otra vez y tratan de sacar el máximo provecho y diversión de cada día, ambos van sintiéndose atraídos mutuamente.

 

Si el espectador llega a “Palm Springs” ignorante de su temática y argumento, tardará bastante en caer en la cuenta de que se trata de una película de bucles temporales. Al comienzo, conocemos a Nyles, un tipo aparentemente anodino, que asiste como invitado a una boda con su novia. Pero suceden cosas extrañas siempre con él en el centro de las mismas: ¿Por qué va con una chillona camisa hawaiana y pantalones cortos cuando el resto de los invitados están elegantemente vestidos? ¿A santo de qué da un discurso aparentemente espontáneo y luego se lleva a Sara para espiar a su novia sabiendo que le está siendo infiel y diciendo “Estos siempre acaban juntos”?. Hay que esperar unos quince minutos tras el inicio de la historia, cuando Sara despierta en el mismo día que acaba de vivir, para que se descubra que se trata de un bucle temporal.

 

Mientras que la mayoría de las películas del subgénero invertirían cierto tiempo de metraje a explicar con detalle la dinámica del bucle temporal y sus consecuencias sobre los personajes, “Palm Springs” asume de partida que el espectador ha visto “Atrapado en el Tiempo” o alguna de sus imitaciones y que entiende la idea nuclear lo suficiente como para que sea inncesario emplear veinte minutos aclarando el contexto. De este modo, la historia puede centrarse en Nyles y Sarah y desarrollar su relación y respectivos arcos, en lugar de tratarlos como meros peones de la trama.

 

A diferencia de esos films en los que el protagonista despierta y se encuentra repitiendo el mismo día, en esta cinta Nyles lleva desde el comienzo atrapado en el bucle temporal tanto tiempo que confiesa no recordar a qué se dedicaba antes. Conoce a cada persona, cada detalle, cada matiz de ese día en particular e incluso ha mantenido relaciones sexuales con muchos de los invitados. Por otra parte, la idea de que sean dos personas atrapadas en el bucle también es un giro interesante respecto a propuestas anteriores. Durante un rato, “Palm Springs” nos ofrece una sucesión de los elementos típicos del subgénero, mostrando la perplejidad, desesperación e intentos de suicidio de Sara, hasta que finalmente ésta acepta la situación y ambos deciden divertirse con ella.

 

Otra característica que distingue a “Palm Springs” de la fórmula rutinaria sobre la que se apoyan otras películas de bucles temporales es la habilidad cómica de su director, Max Barbakow, y su reparto, ya sea en la cadena de acontecimientos que culmina con la novia perdiendo sus dientes frontales cuando Sara despierta su primera mañana en el bucle temporal, o en la coreografía de precisos movimientos, perfeccionados tras innumerables repeticiones, con los que Nyles se mueve entre los invitados que bailan en la boda.

 

A esto se suman escenas ingeniosas y bien escritas como cuando Nyles se coloca en posición para morir lo más rápido posible cuando Sara, presa de un ataque de ansiedad, conduce el coche en el que viaja contra un camión que se aproxima en sentido contrario mientras, con absoluta calma, le dice que el accidente podría matarlos, pero que no es nada divertido estar sufriendo durante horas en urgencias. Es un guion agudo y particularmente hábil, con arcos argumentales sólidos: Nyles pasa de su indiferencia y hastío iniciales a descubrir que, gracias a Sara, su vida sí importa; ésta, por su parte, evoluciona de su terror inicial ante la situación en la que se halla a la aceptación para luego recuperar su antigua rebeldía y enfocarla en encontrar una forma de escapar de esa prisión temporal. Ambos guardan secretos que salen a la luz para sorpresa del otro. Hay una ruptura, por supuesto, y una eventual reconciliación que se traduce cómicamente en una sola y larguísima frase gramaticalmente retorcida.

 

Como la película, tal y como he dicho, no necesita invertir tiempo en explicar la mecánica del bucle temporal, lo puede dedicar a explorar territorios más extraños que otros films similares: encuentros increíblemente singulares, incómodos e hilarantes, muertes espeluznantes y algunos giros inesperados sobre lo que es posible en una historia de bucles temporales. Todo es muy ingenioso, pero, en definitiva, no es de lo que en el fondo trata la película.

 

Y es que, a pesar de ser fácilmente identificable como una comedia romántica soportada por un concepto de ciencia ficción, “Palm Springs” consigue encajar de forma natural y en absoluto pesada temas profundos de índole existencial y psicológica que la dirigen más a un público adulto que juvenil. Por ejemplo, la monotonía y el estancamiento que aparecen en la madurez. Muchos espectadores no tendrán dificultad para identificar la premisa de repetir exactamente el mismo día una y otra vez como una representación de la crisis de la mediana edad o la rutina alienante de la vida moderna: trabajos repetitivos, bodas y compromisos sociales obligatorios, y la sensación de estar viviendo en piloto automático sin capacidad de ejercer cambio alguno.

 

En el caso de Nyles, esa situación le ha llevado al nihilismo absoluto: como nada de lo que hace tiene consecuencias permanentes en el mundo real, concluye que nada importa en absoluto. A lo largo de la trama, la historia contrasta su postura con la de Sarah, presa de la culpa por la traición a su hermana y desesperada por encontrar un propósito; una carga y un impulso que ya acarreaba antes de caer en el bucle, el cual se convierte para ella en una especie de purgatorio psicológico donde se ve obligada a enfrentarse a su propio pasado, perdonarse a sí misma y aceptar que el crecimiento personal requiere asumir las consecuencias de los actos.

 

Pero no está sola en ese tormento. El detonante original del bucle para Sarah y la razón de la apatía de Nyles están ligados al miedo al futuro, a las expectativas sociales y al compromiso sentimental. Su prisión temporal es una metáfora de la parálisis emocional que ambos han adoptado, más o menos voluntariamente, como forma de evitar madurar, cometer errores con consecuencias, asumir responsabilidades o arriesgarse a sufrir una pérdida o un fracaso en el mundo real. La moraleja última podría ser que, frente a la inmensidad y la soledad de estar atrapados en una rutina infinita, compartir la propia vulnerabilidad y el amor es la única fuerza capaz de dar sentido a la existencia. La decisión de Sara –y luego de Nyles- de afrontar la incertidumbre del mañana rompiendo el bucle, simboliza la valentía de arriesgarse a perder lo seguro por la posibilidad de construir un futuro real junto a otra persona.

 

Andy Samberg es un actor conocido principalmente por su trabajo de doblaje en películas como “Space Chimps: Misión Espacial” (2008), “Lluvia de Albóndigas” (2009) u “Hotel Transilvania” (2012) entre muchas otras. Alcanzó la fama gracias a una serie de sketches para el “Saturday Night Live” realizados con el trío cómico-musical The Lonely Island tras haber convertido en virales algunos de sus vídeos, de los primeros en subir a YouTube a principios de la década de 2000. De hecho, “Palm Springs” está coproducida para la plataforma Hulu por Samberg y sus compañeros en ese grupo: Akiva Schaffer y Jorma Taccone. En esta película, Samberg modera su actitud de niño grande sin perder su encanto de hombre común, ofreciendo una interpretación magnífica que transmite la desgana, estoicismo y torpeza que aportan gran parte del humor a la película.

 

Igualmente, Cristin Milioti, con sus grandes ojos maravillosamente expresivos, encaja como un guante en el papel y tiene una innegable química con su compañero de reparto. Y, por supuesto, el inmenso J.K. Simmons aporta su característico carisma e intensidad, logrando que un personaje inicialmente cómico y secundario adquiera un gran peso dramático.

 

Debido a la pandemia de 2020, el estreno comercial de “Palm Springs” se trasladó principalmente a la plataforma Hulu en Estados Unidos, donde batió récords de audiencia para una película original de ese servicio de streaming en su primer fin de semana. Además, logró múltiples nominaciones a premios, destacando dos Globos de Oro (Mejor Comedia y Mejor Actor) y un Hugo (a la Mejor Presentación Dramática) además de ganar varios galardones de asociaciones de crítica cinematográfica.

 

“Palm Springs” no es un clásico instantáneo como sí lo fueron “Atrapado en el Tiempo” o “Al Filo del mañana”. Quizá porque, aunque lo hace todo muy bien, nunca va un paso más allá. Sus reglas de viaje en el tiempo funcionan a efectos de la trama, tiene humor, romance, melancolía y reflexiones interesantes. Pero todo se mezcla en un paquete que entretiene sin trascender. Ojo, esto no quiere decir que sea una película completamente prescindible. Al contrario, sin incluir conceptos revolucionarios, indudablemente atrapa por su simpatía, giros argumentales, equilibrio entre drama existencial y comedia absurda, los temas que aborda, la química entre sus personajes, la elección de centrarse en la pareja protagonista sobre los enredos temporales y la forma en que aprovecha a su favor la familiaridad del espectador con los clichés del subgénero, subvirtiéndolos con humor.

 


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