lunes, 17 de agosto de 2026

1950- PERSECUCIÓN CÓSMICA – Hal Clement

 

Es conocida esa anécdota atribuida a Asimov en la que, en una ocasión, su editor en “Astounding Science Fiction”, John W.Campbell, le aseguró que las historias de misterio eran incompatibles con la ciencia ficción. Si bien esta última siempre siempre había contado con “policías y ladrones”, éstos se insertaban principalmente en lo que, en el fondo, eran historias de aventuras. Las ficciones de misterio requieren un enfoque más reflexive y aunque su éxito depende de sorprender al lector al llegar al final, todos los elementos necesarios para resolver el enigma principal deben estar presentes en la trama en algún momento, para evitar que el desengaño por una solución incoherente y arbitraria. La ciencia ficción, con su avanzada tecnología, viajes en el tiempo, teletransportación, telepatía, etc, podría fácilmente socavar la estructura clásica del relato de misterio.

 

Pero la verdad es que Asimov nunca admitió quién le dijo que el misterio y la ciencia ficción eran incompatibles, aunque sí que el reto de refutar esta teoría dio origen a sus dos primeras novelas de detectives robóticos: “Las Bóvedas de Acero” (publicada en “Galaxy Science Fiction” en 1953) y “El Sol Desnudo” (publicada en “Astounding” en 1956).

 

Resulta que Campbell le había comentado a otro de sus autores, Hal Clement, sus ideas sobre el misterio y la ciencia ficción, un hecho que se confirma en la correspondencia que ambos mantuvieron. Y fue Clement quien le entregó a Campbell la primera novela que mezclaba ambos géneros, demostrando que el editor estaba equivocado, lo cual no impidió que éste reconociera su error y la considerara digna de publicación. Así pues, aunque Asimov es famoso por escribir algunas historias pioneras de misterio y ciencia ficción, en este caso, Clement se le adelantó.

 

Durante los años 40, Clement (seudónimo de Harry Stubbs) fue uno de los autores de cabecera de John W.Campbell. Recordado hoy sobre todo como escritor (también pintaba en su tiempo libre) era astrónomo y químico de formación, y su principal aspiración fue –hasta el punto de la obsesión, según algunos- la de transmitir su pasión por las maravillas del mundo natural, ya fuera en las aulas o en sus relatos de ficción. Su obra más famosa en este sentido es “Misión de Gravedad” (1954), pero es palpable en gran parte de su trabajo la meticulosidad de un relojero que nunca se cansa de la delicada mecánica de su oficio. Hal Clement fue el gran arquitecto de la ciencia ficción dura. Esta modalidad, en la que se otorga igual importancia a la fidelidad científica y a la ficción, tiene en él su origen.

 

Su carrera literaria fue también una de las más largas de cualquier autor de ciencia ficción, aunque, salvo un brillante periodo en los años 50, nunca fue demasiado prolífico. Debutó con el relato corto “Prueba”, escrito cuando aún era adolescente y publicado en el número de junio de 1942 de “Astounding”; y su última obra del género, la novela “Noise”, se publicó en 2003, el año de su muerte. De principio a fin, mantuvo la fe en que era posible destilar arte de las complejidades de la física y la química.

 

“Persecución Cósmica” (cuyo título original es “Needle”, “Aguja”), fue su primera novela y se publicó serializada en los números de mayo y julio de 1949 de “Astouding Science Fiction. La serialización de esta intriga detectivesca ya tenía una extensión apta para ser publicada directamente en novela al año siguiente por Doubleday, aunque Clement añadió más páginas para esta edición.  

 

La historia comienza con una persecución espacial que rápidamente llega a la Tierra. Un policía alienígena, conocido solo como el Cazador, persigue a un Fugitivo miembro de su propia especie, cuando ambas naves se estrellan en el planeta. El Cazador es una criatura semilíquida con forma amorfa, una especie de ameba que, técnicamente, también es un parásito, aunque simbiótico. Sobrevive al accidente, pero su huésped, un alienígena de otra especie, no. Al abandonar la nave, el Cazador se encuentra en el océano, no muy lejos de la costa, y su primer intento de parasitación lo hace con un tiburón martillo que lo confunde con comida. Pero cuando descubre que el animal tiene una inteligencia notablemente baja (aparentemente, los simbiontes están acostumbrados a elegir seres sensibles como huéspedes), lo conduce hasta la playa y lo abandona.

 

En este punto, queda claro que la narración va a ser en tercera persona y casi omnisciente, pero principalmente desde la perspectiva del Cazador. La decisión de que el héroe de la historia sea un alienígena no humanoide debió ser inusual en aquella época, especialmente en las páginas de “Astounding”. Otro elemento llamativo es el escenario tropical: una isla de la Polinesia Francesa.

 

Una crítica común (o al menos solía serlo) a las novelas de misterio de ciencia ficción es que el autor puede inventarse cualquier cosa para resolver el enigma de forma conveniente dado que, en un entorno futurista, el detective contaría con un amplio arsenal de herramientas tecnológicas. “Persecución Cósmica“ no presenta tal problema. Aunque el Cazador es un alienígena proveniente de una cultura más avanzada que la humana, debe apañárselas con la tecnología terrestre de la época y la cooperación de un humano que, además de ser adolescente, probablemente no esté muy dispuesto a que una criatura alienígena se apodere de su cuerpo. El Cazador y el Fugitivo están en igualdad de condiciones, ya que ambos son simbiontes que se estrellaron en la misma zona, y ambos buscan un huesped adecuado a sus propósitos, esto es, con alta inteligencia y movilidad, en cuyo caso los humanos serían la única opción viable. Claro que encontrar a una criatura capaz de habitar cualquier cuerpo es como buscar una aguja en un pajar (de ahí el título original), e incluso en una isla pequeña, hay docenas, si no cientos, de personas que podrían ser potenciales huéspedes del fugitivo.

 

En la playa, el Cazador se topa con un grupo de adolescentes. Uno de ellos, Robert Kinnaird (Bob, para abreviar), duerme la siesta mientras los demás están distraídos. Lo que sucede a continuación es interesante. El Cazador deja claro, tanto al lector como, más tarde, a Bob, que un simbionte prefiere entrar en un cuerpo ajeno con el conocimiento y consentimiento del huésped (de hecho y como veremos, hay ciertas ventajas en llevar en el interior una masa ajena de dos kilos), pero como el Cazador no conoce el idioma local y tiene suficiente sentido común como para deducir que el chico probablemente no lo dejaría entrar, opta por la vía sigilosa. No creo que Clement lo pretendiera, pero el potencial de “body horror” de todo este asunto es considerable. Valga como ejemplo el siguiente pasaje, en el que el Cazador se introduce sigilosamente en el cuerpo de Bob sin que éste lo detecte:

 

El muchacho seguía dormido; sin embargo, el Cazador trabajaba a gran velocidad, ya que hubiera sido terrible para él que Robert moviera el pie antes de que hubiera penetrado completamente. Con toda la rapidez que le permitía su extremada cautela, el organismo intruso se deslizó suavemente a lo largo de los huesos y tendones del pie y del tobillo; luego ascendió entre los músculos de la pantorrilla y el muslo; remontando la pared exterior de la arteria femoral y atravesando los canales internos del hueso del muslo; rodeando las articulaciones y deslizándose por los vasos sanguíneos. Se filtró en el peritoneo sin causar ningún daño ni molestias a su víctima; finalmente, concentró sus dos kilos de vida ultraterrenal en la cavidad abdominal sin perturbar siquiera el sueño del joven. Allí permaneció un rato, para descansar”.

 

Puede uno legítimamente preguntarse si este material estaba pensado y dirigido para los adolescentes que eran el público mayoritario de estas revistas pulp (y, de hecho, la novela fue editada como juvenil dentro de la serie “Doubleday Young Moderns”). Y sí, técnicamente, “Persecución Cósmica” es una obra juvenil, aunque, como suele ocurrir con la CF para jóvenes de aquella época (véase también la obra de Robert Heinlein), hoy puede resultar difícil de creer. No es que la prosa sea sofisticada. De hecho, la de Clement es todo lo contrario. Cuando la gente dice que le cuesta adentrarse en la ciencia ficción dura, especialmente en los clásicos, por la falta de elegancia de la prosa, se refieren a alguna variante de lo que hacía Clement; y, para ser justos, a veces puede resultar incluso torpe, pero creo que, en la mayoría de los casos, es eficaz y cumple con su propósito. La mezcla de narración en tercera persona y monólogo interior del Cazador se lee casi como el guion de un documental. Clement escribe sobre el Cazador como si los simbiontes inteligentes de otro planeta fueran tan reales como los hipopótamos o los caimanes. Tanto, incluso, que los personajes humanos, en comparación, parecen poco más que abstracciones.

 

Además, y esto es algo inusual en una novela de misterio, el Cazador no se aprovecha inmediatamente de Bob para encontrar a su adversario. Pasa varios meses en su interior sin dar señales de vida, intentando comprender la cultura humana a través del filtro de las vivencias cotidianas de su huésped en un internado estadounidense al que le han enviado sus padres. Mientras tanto, se asegura de que el chico no se haga demasiado daño. Y es que un simbionte puede, hasta cierto punto, curar el cuerpo del huésped o incluso impedir que haga algún movimiento potencialmente dañino. Esto no es mero altruismo. Lo importante para el Cazador es asegurarse de que Bob se mantenga sano y activo, para que, cuando finalmente lleguen a un entendimiento, puedan cooperar en la búsqueda y neutralización del Fugitivo. De esta forma, se convierte en su ángel guardián. Si Bob sufre un corte grave, el Cazador puede acelerar la curación o, al menos, aislar la herida. Claro que, tarde o temprano, nuestro héroe va a tener que darse a conocer a su huésped humano, lo cual ocurre al final de la Primera Parte. (POSIBLES SPOILERS A PARTIR DE ESTE PUNTO).

 

El Cazador puede hacer cosas en interior del cuerpo de Bob que le den a éste la sensación de que algo no anda bien: alterar su visión, provocarle tics musculares o hacerle creer que está alucinando formando letras “en el aire” de su retina. Son todas acciones indirectas porque el Cazador es un ser inerte que ni siquiera puede coger un lápiz sin la ayuda del huésped. Al menos ha aprovechado su tiempo en el cuerpo de Bob para comprender lo suficiente el inglés (lo domina con sorprendente fluidez en cinco meses, aunque esto sigue siendo más plausible que el monstruo de Frankenstein se convierta en actor shakesperiano tras escuchar a escondidas a unas cuantas personas), pero no lo suficiente como para comprender los límites de la físiología humana.

 

Una noche, el Cazador sale del cuerpo de Bob y logra escribirle, con mucho esfuerzo, una nota para que la lea cuando despierte. Hasta ese momento, el chico era sólo vagamente consciente de que algo extraño le sucedía. Si bien la revelación de que está albergando un simbionte que trata de comunicarse con él puede parecer abrupta, al menos para los estándares actuales, no es repentina puesto que durante la mayor parte de la historia hasta este punto, se ha estado preparando el momento de revelación y contacto.

 

Bob despierta y encuentra la nota: “Bob” comenzó (el Cazador aún no sabía que en ciertas ocasiones suele emplearse un encabezamiento más formal): “estas palabras son para pedirte disculpas por las molestias que te causé anoche. Tenía necesidad de hablarte; intenté hacerlo por medio de aquellos tirones que sentiste en los músculos y también trabando tu voz. No tengo espacio aquí para decirte quién soy y dónde me encuentro; solo puedo asegurarte que estoy en condiciones de oírte hablar en todo momento. Si deseas que yo vuelva a comunicarme contigo no tendrás más que decírmelo y sugerir el método que prefieras; podría hacerte señales contrayendo tus músculos, siempre que estos se hallen completamente relajados o dibujar signos y letras en tu retina cuando fijes la vista en un objeto iluminado en forma pareja. Haré todo lo que esté en mi poder para probarte la veracidad de mis palabras, mas espero que tú mismo me indiques algunas sugestiones acerca de la realización de dichas pruebas. Es sumamente importante para los dos. Por favor, déjame que vuelva a establecer la comunicación”.

 

Bob, a pesar de ser adolescente, se adapta rápidamente al hecho de poder comunicarse con un alienígena que, además, vive dentro de él. ¿No es esto un poco inverosímil? Quizás. Clement parece esforzarse por evitar cualquier interpretación alegórica o freudiana del texto, aunque algo se filtra a pesar de sus esfuerzos. Bob es un buen estudiante estadounidense de secundaria que juega al fútbol americano en otoño mientras atiende diligentemente sus lecciones, y, como es típico en Clement en lo que respecta a sus personajes humanos, es demasiado racional. Da igual. Casi toda la primera parte, y por extensión casi la mitad de la novela en su formato serializado, se centra en el proceso de orientación del Cazador en lugar de perseguir al fugitivo inmediatamente. Pero ahora que el alienígena y el humano se han "encontrado", comienza el verdadero juego. ¿Cómo esperan encontrar al otro simbionte, que, después de todo, puede estar escondido en casi cualquier lugar?

 

Llegados a este punto, ya hemos descubierto bastante sobre la biología de estos alienígenas amorfos, y, aunque no aprendemos mucho sobre su cultura, sí conocemos cómo el Cazador y otros como él interactúan (al menos idealmente) con sus anfitriones. Por supuesto, viene a la mente Dax de “StarTrek: Espacio Profundo Nueve”, que también es un simbionte, aunque el Cazador no puede transmitir recuerdos entre huéspedes. Bob, como he dicho, no es un personaje particularmente carismático, pero es la forma en que el Cazador intenta comunicarse con él (o incluso darse a conocer) lo que genera interés en el lector.

 

Bob se las arregla para que el internado, por razones de salud poco claras, lo envíe a su isla natal, donde se reunirá con sus amigos y familia. Será allí donde él y el Cazador iniciarán la investigación del paradero del Fugitivo, en la esperanza de que todavía no haya salido de la isla. Nos encontramos en la página 61 de una novela de 207.

 

El Cazador comienza intentando identificar el lugar exacto de la costa donde se estrellaron las dos naves alienígenas y, a partir de ahí, qué humanos podrían haber sido los huéspedes del Fugitivo. Bob se reencuentra con sus amigos Kenny, Norman, Hugh y Kenneth, con los que pasa mucho tiempo –demasiado a mi parecer- nadando y explorando el extremo sur de la isla, tras el arrecife. Bob no puede evitar pensar que estos amigos, que estaban con él en la playa el día de autos, son los sospechosos más probables de albergara al Fugitivo. Sea lo que sea lo que hagan para descubrir a éste, Bob y el Cazador deben respetar la restricción de realizar cualquier prueba que pueda ser peligrosa para el huésped, una ley absoluta para ese pueblo alienígena y por cuya infracción esta siendo perseguido el Fugitivo.

 

Mientras tanto, el padre de Bob está ocupado con un gran proyecto de construcción para ampliar la infraestructura en la que se basa la economía de la isla. Reflejando ya la preocupación del siglo XX por el agotamiento de las reservas de petróleo, se describe cómo la laguna del atolón de coral se llena de enormes tanques de hormigón en los que se introduce vegetación nativa genéticamente controlada, sintetizando así una amplia gama de productos derivados del petróleo. Clement demuestra su entusiasmo como profesor de química en estas descripciones, aunque no estoy seguro de que convertir islas tropicales en instalaciones petroquímicas sea una alternativa deseable a la extracción de petróleo.

 

Bob termina sincerándose con el médico local, quien, al igual que Bob, se muestra sorprendentemente imperturbable ante la idea de un simbionte alienígena (la cual certifica tras tomar contacto personalmente con aquél). El doctor se suma a la causa y se pone manos a la obra para encontrar algún tipo de sustancia que pueda delatar al Fugitivo sin dañar al huésped. Y, para colmo, ha de hacerse contrarreloj por dos razones: en primer lugar, porque uno de los principales sospechosos de albergar al Fugitivo está a punto de abandonar la isla; y, en segundo lugar, porque Bob, que llegó un viernes, tiene que asistir a la escuela local el lunes, lo que le impedirá a partir de ese momento dedicar el tiempo necesario a sus pesquisas.

 

Si Clement se mostraba más cómodo en la primera parte, esta segunda, que transcurre íntegramente en la isla, le obliga a escribir sobre aquello que menos le interesa: otras personas. No es que Bob fuera un personaje memorable, pero es al conocer a su padre y a la pandilla de amigos cuando nos damos cuenta de cuál es el punto débil del escritor. La amistad entre Bob y el Cazador no solo es creíble sino que es la única relación entre personajes de la novela que puede calificarse de tal. Gran parte del interés de la historia reside en la relación paternalista que entabla el Cazador con su huésped, quien, aunque tiene la edad suficiente para comprender la situación, es demasiado inmaduro para actuar individualmente. El papel del Cazador como figura paterna se potencia en la isla, a lo que contribuye que los auténticos padres de Bob sean gente un tanto distante que, amando a su hijo, tampoco están encima de él.

 

Esto se hace especialmente evidente en lo que respecta a las heridas, y todavía más ahora que Bob sabe que tiene “a bordo” un alienígena capaz de curarlas. Por ejemplo:

 

Pero el simbiota, a diferencia de Bob, veía algo positivo en el incidente. La quemadura tendría mucho más efecto que los sermones para conseguir que el muchacho no descargara completamente el cuidado de su salud sobre el Cazador. Por eso esta vez no dijo nada y se limitó a esperar que las propias cavilaciones del joven actuaran saludablemente sobre su conducta. Bob estaba muy fastidiado consigo mismo. Nunca, en muchos años, se había descuidado tanto como aquella tarde y la única excusa que encontraba era su llegada al hogar en una época tan rara. Pero como sabía que esta no era una verdadera excusa, su desazón aumentaba”.

 

Es en esta parte cuando finalmente se descubre a quién ha parasitado el Fugitivo. Hay que reconocerle a Clement que hizo bien su trabajo de investigación y se esforzó mucho en plantear el misterio desde una perspectiva científica. No hay una solución fácil para que el Cazador encuentre a su presa, e incluso comunicarse con Bob resulta un desafío. Pero, sin querer ser demasiado crítico, la revelación llega con demasiada facilidad. Recordemos que la idea de combinar ciencia ficción con misterio era muy novedosa en este punto de la historia del género, y Clement navegaba por aguas prácticamente inexploradas. Tampoco lo culpo por su característico estilo de prosa directo y poco elegante dado que contribuye a darle realismo a la historia y, en este caso, es preferible a una floritura innecesaria.

 

Se identifican varios posibles anfitriones entre los amigos de Bob, y diferentes circunstancias y comportamientos van descartando a algunos o apuntando a otros, hasta que el Cazador utiliza pistas que al lector sin duda se le habían pasado por alto para identificar a un nuevo e inesperado sospechoso mucho más cerca de casa, literalmente. Después de unos comentarios y acciones bastante extraños del padre de Bob, el alienígena deduce correctamente que éste, sin saberlo, se ha convertido en el huésped del Fugitivo. Esto tiene sentido, ya que lo más fácil para el prófugo habría sido entrar en el cuerpo de alguien mientras estaba inconsciente, y las probabilidades de que el padre aceptara ser huésped de una masa alienígena de dos kilos serían bajas. ¿Es demasiada casualidad que la persona que contiene al Fugitivo viva bajo el mismo techo que el protagonista? Sin duda, pero existe un gran potencial para que una figura paterna, involuntariamente, ayude al villano; un potencial que, lamentablemente, aunque no inesperadamente, Clement no aprovecha.

 

Por varias razones, “Persecución Cósmica” es una novela que empieza con una fuerza e interés que va perdiendo conforme se acerca el climax. En primer lugar, “Astounding”, si bien era la revista de ciencia ficción más importante de la época, también tenía tendencias puritanas, y los relatos se censuraban minuciosamente para su publicación eliminando aquello que pudiera resultar potencialmente polémico u ofensivo. Aunque la novela de Clement se centra esencialmente en la biología, el aspecto sexual se obvia por completo. Dado que Bob actúa en todo momento como un ser humano perfectamente racional, que no parece haber chicas en la isla y que su relación con su padre es buena, nunca llega a aprovecharse el potencial dramático de la situación.

 

También es muy posible que, incluso si la censura no lo hubiera vigilado, Clement hubiera optado por la vía pragmática y publicado una novela centrada en la mecánica superficial de su argumento, pero sin abordar el evidente contenido psicosexual. Si esta obra la hubieran escrito Philip K. Dick o J. G. Ballard, manteniendo la trama básica habríamos obtenido algo completamente distinto.

 

En fin, Bob y el Cazador encuentran una ingeniosa solución para que el Fugitivo salga del cuerpo del padre y aquél lo mate. Al final todo sale bien. Bob acepta quedarse con el Cazador como su simbionte, ya que este, según admite, no puede abandonar la Tierra dado que su nave quedó destruida y carece de los conocimientos técnicos para construir otra. Matar al Fugitivo en lugar de arrestarlo suena un poco cruel, pero es que hay pocas opciones más cuando estás a años luz de casa y no puedes llevar al criminal a ninguna prisión de tu especie. En la única escena en la que llegan a hablar de tú a tú el Cazador y el Fugitivo se insinúa bastante, pero también se dejan lagunas sin resolver en su historia. Ya sabíamos que no se podía confiar en el Fugitivo, pero es aquí donde queda apuntado que su falta fue haber traicionado a huéspedes anteriores en beneficio propio.

 

Clement insinúa la existencia de toda una civilización alienígena, mostrándonos solo a dos de sus habitantes y dejándonos imaginar cómo sería esta sociedad de extraterrestres biológicamente tan distintos de los humanos (técnicamente son virus, según la definición que nos da Clement). Es una lástima que no se preocupe tanto por dar vida al entorno humano, a pesar de la novedad que supuso ambientar en aquella época una historia de ciencia ficción en un entorno tropical alejado de las ciudades y paisajes con los que estaban más familiarizados los lectores.

 

Pero quizá el defecto más molesto, en lo que a mí respecta, es que en ningún momento se aclara lo que está en juego. ¿Qué habría pasado si no se hubiera encontrado al Fugitivo? ¿A quién ponía en peligro? ¿Suponía alguna amenaza para el planeta? Nada en absoluto, al parecer. Todo se reduce, simplemente, a una cuestión de justicia alienígena. Entonces, ¿por qué debería importarnos todo el asunto? ¿Y a qué viene esa urgencia por encontrar al Fugitivo y separarlo de su huésped? Sabemos que Kinnaird padre nunca supo que llevaba en su interior a un alienígena; tampoco se da ninguna razón para pensar que el Fugitivo haya estado manipulando al humano para llevar a cabo algún malvado plan de conquista. El villano lo es porque así nos lo sugieren, pero no le vemos hacer nada que lo señale como tal. ¿Qué problema hay con que Cazador y Fugitivo se queden en sus respectivos huéspedes? De hecho, los simbiontes, en todo caso, son beneficiosos para sus huéspedes ya que pueden protegerlos y curarlos de lesiones físicas;

 

Hay que reconocerle a Bob su perspicacia al preguntarse si el Cazador le está diciendo la verdad sobre quiénes son realmente él y su presa. ¿Acaso el Fugitivo no podría contarle a su huésped una historia idéntica, o alguna coartada para justificar su presencia en la Tierra? Sin embargo, resulta no ser así. Se insiste mucho en que Bob no tiene demasiadas oportunidades de comunicarse con su simbionte, ya que para ello necesita hablar en voz alta. Lo único que tendría que hacer es ir al baño… si no fuera porque los personajes de ficción de esta época no hacían esas cosas.

 

Por ultimo, los interminables detalles sobre la geografía de la isla, cómo los chicos se desplazan por ella, las distancias y mareas, las actividades que realizan, las descripciones de las instalaciones industriales… llegan a resultar agotadoras. Da la impresión de que en algún momento de su vida Clement residió en un lugar semejante y lo utilizó como referencia para esta novela, pero no fue así. Simplemente, su sólida formación científica y rigor mental le llevaban a aplicar una minuciosa labor de planificación geográfica y lógica a cada escenario que imaginaba. El problema es que todos esos detalles no son verdaderamente relevantes para la trama y ralentizan innecesariamente el ritmo, dando más bien la impresión de ser el relleno requerido para alcanzar la paginación de su publicación en formato de novela una vez terminó la serialización en “Astounding”.

 

Por tanto, para no quedar decepcionado con este clásico menor del género, el lector moderno debería mantener sus expectativas bajo control. Me tienta decir que la falta de desarrollo de los personajes humanos se debe a la reducida extensión de la novela, pero es que esto era lo habitual en la ficcion de Clement: sus alienígenas siempre son más interesantes que sus humanos. Mientras que alguien como Philip K. Dick, ya lo he dicho, habría llevado esta premisa en una dirección más oscura, profundizando en la intriga psicológica, Clement se contenta sencillamente con usar la revelación como salida conveniente para los protagonistas, descuidando tristemente el potencial temático de la premisa.

 

Esta novela de debut de Hal Clement muestra a un autor que aún lucha por definir su estilo con una curiosa mezcla de ciencia ficción dura e intriga detectivesca, una historia de compañeros forzosos pero finalmente bien avenidos en busca de un ente malévolo que no quiere ser encontrado. A pesar de los problemas apuntados, es un buen ejemplo del tipo de ciencia ficción orientada a la resolución de problemas que promovía el editor John W.Campbell: se plantean situaciones en las que aparecen crisis o amenazas que deben resolverse dentro de las limitaciones impuestas por dichas situaciones.

 

Irónicamente, fue el estilo editorial de Campbell para “Astounding” lo que contribuyó a socavar su propia teoría de incompatibilidad entre la CF y el Misterio. El rigor que Campbell exigía a sus autores, los cuales debían plasmar en sus relatos una ciencia coherente y plausible, acabó facilitando la aplicación de la estructura estándar del género de misterio, evitando sorpresas que pudieran desvirtuar los finales. En poco tiempo, cada vez más autores escribían misterios ambientados en un mundo futurista gobernado por reglas diferentes a las nuestras. Ya cité al principio a Asimov, pero en 1952, se serializó en la revista “Galaxy”, “El Hombre Demolido”, de Alfred Bester, donde se presentaba un caso de asesinato ambientado en un mundo donde los poderes telepáticos eran comunes. Con el paso de los años, múltiples escritores demostraron que los escenarios especulativos podían tener el rigor suficiente como para que las ficciones policiacas resultasen perfectamente satisfactorias.

 

Hoy en día, esa hibridación de géneros ya no es nada excepcional. Y Hal Clement, con “Persecución Cósmica”, fue uno de sus pioneros (por no hablar del cliché de los dos alienígenas, uno bueno y otro malo, que llegan a la Tierra para jugar al gato y al ratón). Es el tipo de historia que invita al lector a resolver los enigmas antes que los personajes, como en cualquier buena novela de misterio. La primera mitad es considerablemente más interesante que el desenlace, pero eso tampoco es tan raro ni en la CF ni en el Misterio, géneros en los que a menudo la premisa o el enigma a resolver son mucho más atractivos que el desarrollo y solución de la misma/o.

 

(Clement escribió muchos años después, en 1978, una secuela, “Through the Eye of a Needle”, que no he leído y a la que, por tanto, no hago referencia más allá de indicar que no tuvo demasiado éxito).

 

 

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