martes, 18 de abril de 2017

1950-LOS SEÑORES DE LA INSTRUMENTALIDAD - Cordwainer Smith (y 3)


(Viene de la entrada anterior)

El Ciclo de la Instrumentalidad es también y como puede esperarse, hijo de su tiempo. Y el suyo fue el de la Guerra Fría. Aunque esta colección de historias transcurren miles de años en el futuro, su arranque lo encontramos en la Rusia soviética con el relato “¡No, No, No Rogov!” (1959), en el que un científico desarrolla un arma del apocalipsis contra el mundo capitalista, una suerte de lector-reprogramador mental que, accidentalmente, conecta con una imagen del futuro tan abrumadora que deshace los cerebros de sus inventores. En “Mark Elf” (1957) y “La Reina de la Tarde” (1978) se nos cuenta que dos hermanas de la familia Vomact (cuyo nombre con variaciones va reapareciendo a lo largo de toda la serie) fueron puestas en órbita en animación suspendida en los años cuarenta por su padre, un brillante científico que trabajaba en el programa espacial nazi. Siglos después, primero una y después otra, cayeron a una Tierra muy diferente de la que habían conocido, fundando una dinastía que daría lugar a los primeros Señores de la Instrumentalidad.


En “Cuando Llovió Gente” (1959), el Goonhogo, la entidad política que en el futuro sustituirá a China, coloniza Venus –en su versión acuática previa al descubrimiento de las verdaderas y letales condiciones ambientales de la superficie de planeta-, literalmente inundando sus cielos con 82 millones de paracaidistas en un solo día, hombres, mujeres y niños, sin importarle lo más mínimo sus vidas. A tenor de este cuento, se diría que Smith no albergara demasiadas simpatías por el pueblo chino. Conocía y apreciaba su cultura, su lengua y su arte, y también valoraba su capacidad de sufrimiento a la hora de emprender colectivamente enormes desafíos, pero en el relato deja patente su disgusto por el desprecio que sienten por la vida humana (no sólo las autoridades, sino los propios colonos) y su superficialidad (la primera edificación que levantan en Venus es una casa de juego).

En “Los Observadores Viven en Vano”, como ya vimos, una casta privilegiada de corte militar está dispuesta a asesinar sin pensárselo dos veces con tal de preservar su estatus. Y, está, claro, la lucha del Subpueblo (recordemos, híbridos de hombres y animales) por escapar de la opresión en relatos como “Norstrilia”, “La Dama Muerta de Clown Town” o “La Balada de G´Mell”.

Es, por tanto, un futuro este de la Instrumentalidad apoyado y jalonado por versiones del totalitarismo. Aunque con cada relato nos vayamos alejando más y más hacia el futuro, se repiten las mismas pautas. Los Vomact comienzan como liberadores y se convierten en dictadores; la Instrumentalidad empieza como una institución benefactora y se transforma en una maquinaria despótica; en Norstrilia un consejo de notables decide qué jóvenes vivirán y cuáles morirán en función de sus capacidades telepáticas… Smith parece sentir una especie de horrorizada fascinación por el totalitarismo, un agujero negro que le atrae una y otra vez.

No cabe duda que su trabajo como asesor gubernamental y experto en política exterior y guerra psicológica le dio a Smith una mirada tremendamente cínica acerca de cómo los imperios consiguen y conservan el poder. No hace ningún esfuerzo por presentar a la Instrumentalidad como una institución amable o benigna ni se le pide al lector que apruebe sus actos. Sus objetivos de perfección y armonía y la imagen que tiene de sí misma están probablemente modelados a partir de la visión que estudiosos de la política tendrían de la nación china y su larguísima trayectoria histórica. Los Señores mantienen el poder a través del lavado masivo de cerebros, el monopolio de las drogas, el secuestro de información y la manipulación. “Dorada Era la Nave…¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!”
demuestra que esos líderes de la Instrumentalidad son arteros y mentirosos y que si es necesario están dispuestos a recurrir al genocidio con tal de conservar su control sobre la humanidad; por su parte, “Los Mininos de Mamá Hilton” cuentan lo celosamente que los norstrilianos guardan la droga stroon.

Uno de los más impactantes relatos de todo el ciclo es “Un Planeta Llamado Shayol” (1961). Éste mundo es el destino de aquellos a los que la Instrumentalidad castiga con la pena máxima. En una secuencia de tensión creciente que haría estremecerse a David Cronenberg, Smith describe en qué consiste la condena: los cuerpos de los reos son invadidos en cuanto llegan al planeta por unos parásitos que estimulan el crecimiento de nuevos órganos, desde hígados hasta cabezas, al tiempo que preserva sus vidas durante miles de años, vidas ahogadas por una agonía sólo mitigada por la administración de una droga que aturde sus sentidos. Un empleado de la Instrumentalidad “cosecha” esos órganos extra para uso médico. Es un cuento intenso y pesadillesco, pero también onírico y no exento de cierta poesía, que demuestra la comprensión que Smith tenía –y el desprecio que sentía- de los castigos que idean los gobiernos para sojuzgar a quienes se rebelan contra ellos.

Relacionado con lo anterior, otro tema presente en varios cuentos es el de nuestra capacidad
para convertirnos en monstruos cuando seguimos a un líder “brillante, sin remordimientos, implacable”, tal y como nos explica en “El Crimen y la Gloria del Comandante Suzdal” (1964), en vez de alguien empático, humano y generoso. Desde “¡No, No, No Rogov” a “Un Planeta Llamado Shayol” encontramos monstruos del intelecto más que de corazón. La justicia puede degenerar en venganza y el amor, la ambición y el deseo pueden esclavizar a quien se entregue a ellos.

En “El Crimen y la Gloria del Comandante Suzdal” nos encontramos con una muy original tragicomedia con elementos de fábula que narra la caída en desgracia de un solitario explorador espacial que es atraído por engañosos mensajes hasta el planeta Aracosia, donde contacta con una civilización desviada, viéndose obligado a utilizar un ingenioso pero ilegal truco de imprevisibles consecuencias. La moraleja del cuento es que el precio de la libertad es la vigilancia perpetua, una máxima que habrían suscrito sin pensárselo muchos políticos y militares en activo durante la Guerra Fría. El espacio es un “lugar” repleto de amenazas: además de albergar criaturas como las de “El Juego de la Rata y el Dragón”, nos puede robar nuestra humanidad (“Los Observadores Viven en Vano”), años de nuestra vida (“La Dama que Llevó el Alma” o “Solo en Anacrón”) o
nuestra propia mente (“El Coronel Volvió de la Nada” o “El Abrasamiento del Cerebro”). Los heroicos protagonistas con los que Smith puebla sus relatos están llamados a realizar grandes sacrificios porque…eso es lo que hacen los héroes.

Si muchos de los temas sobre los que volvía una y otra vez Smith eran hijos de su tiempo, también lo eran sus prejuicios. En “El Crimen y la Gloria del Comandante Suzdal”, el protagonista descubre en Aracosia “la peor gente que pueda andar suelta entre las estrellas”. ¿Y de quién se trata? Pues de homosexuales; o, más bien, de mujeres que se han transformado en hombres para evitar que la especie perezca, ya que el sexo femenino es exterminado por un virus nativo de ese planeta. “El cuerpo humano, que en la Tierra había tardado cuatro millones de años en desarrollarse, tiene inmensos recursos, subterfugios mayores que los del cerebro, la personalidad o las esperanzas del individuo. Y los cuerpos de los aracosianos tomaron sus propias decisiones. Como la química de la feminidad significaba la muerte al instante, y como de vez en cuando una niña nacía muerta y era sepultada, los cuerpos decidieron adaptarse. Los hombres de Aracosia se convirtieron en
hombres y mujeres. Se dieron el feo apodo de «kiopt». Como no tenían las gratificaciones de la vida familiar, se convirtieron en gallos de pelea que mezclaban el amor con el asesinato, que combinaban las canciones con duelos, que afilaban las armas y se ganaban el derecho a la reproducción en el ámbito de un extraño sistema familiar que ningún hombre decente de la Tierra habría encontrado comprensible. (…) Su ciencia, su arte y su música oscilaba con extraños espasmos de genio neurótico e inspirado, porque carecían de los elementos fundamentales de la personalidad humana, el equilibrio entre lo masculino y lo femenino, la familia, la función del amor, de la esperanza, de la reproducción. Sobrevivieron, pero se habían convertido en monstruos y no lo sabían”. En resumen, que puede que la homosexualidad se presente como una solución biológica y social necesaria ante una situación crítica de supervivencia, pero también como causa de comportamiento violento e irracional.

Son este tipo de prejuicios los que denotan el paso del tiempo de algunos relatos, especialmente en lo que se refiere al papel de las mujeres. Éstas gozan en muchas ocasiones de igual o mayor atractivo que sus compañeros masculinos, como la piloto Helen America de “La Dama que Llevó el Alma” o la revolucionaria P´Juana y su valiente compañera humana Elena en “La Dama Muerta de Clown Town”. Sin embargo y con todo lo brillantes que son éstas, también son una excepción en el mundo de la Instrumentalidad. En las historias de Smith abundan las mujeres hermosas y las muchachas inocentes cuyo principal papel consiste en apoyar y extraer lo mejor de sus compañeros masculinos; todo lo que se desvíe de esa división suele considerarse una abominación. La propia G´Mell, carismática e inteligente como pocas, es retratada como una especie de geisha al servicio de los humanos. Incluso en el último de los relatos que escribió, “Hacia un Mar sin Sol”, situado al final cronológico del ciclo, aparecido en 1975 y terminado por su mujer utilizando su seudónimo, todavía encontramos frases como “Lari, por ser varón, conocía más que Madu acerca de la batalla”.

En otros ámbitos, por el contrario, Smith se muestra más progresista de lo que podría esperarse
para un hombre de mediana edad de su época. Por ejemplo, los Señores de la Instrumentalidad, tienen el mismo poder y gozan del mismo respeto entre sus iguales y súbditos independientemente de su sexo. También y en todo momento trata a las subpersonas no sólo con respeto, sino como seres tan complejos como los humanos. Las historias que tratan sobre su lucha por la emancipación son especialmente emotivas por la sensibilidad que demuestra el autor hacia el maltrato y la injusticia sistemática: “Quizá la mujer policía pensaba que el odio crudo causaría impresión en G'mell. No era así. Las subpersonas estaban acostumbradas al odio, y crudo no era peor que cocido con cortesía y servido como veneno. Tenían que convivir con él”.

Un último consejo a aquellos que se sientan tentados por abordar el ciclo de la Instrumentalidad a través de su única novela, “Norstrilia”. Ésta apareció originalmente en 1975, casi diez años después de la muerte del escritor, como refundición bastante corregida de dos relatos anteriores de 1964, “El Chico que Compró la Vieja Tierra” y “La Tienda de los Deseos del Corazón”. Está inspirada en el clásico chino del siglo XVI “Viaje al Oeste”, lo que explica parte de su tono picaresco.

El planeta que da título a la novela (y cuyo nombre deriva de Old North Australia) tiene un clima y geografía áridos y está alejado de las rutas comerciales, pero a cambio es el más rico del universo gracias a la droga stroon, que se extrae de unas enormes y deformes ovejas y que permite alargar las vidas de los humanos miles de años. Dado que es una sustancia obviamente muy codiciada y que es imposible sintetizarla artificialmente, puede imaginarse el flujo de riqueza que llega al planeta. Sin embargo, a pesar de su colosal riqueza, los norstrilianos viven como austeros granjeros en el seno de una sociedad ultraconservadora articulada bajo un régimen de total autarquía más allá de sus exportaciones de stroon. Disponen de un misterioso sistema de defensa que les protege tanto de intrusiones individuales como de agresiones a gran escala (y que se describe en “Los Mininos de Mamá Hitton”) y gravan las importaciones con unos aranceles impagables.

El protagonista, Rod McBan, 151º descendiente de su dinastía de granjeros, es el heredero de la
explotación de stroon más rica del planeta. Como medida de control de la población, a los 16 años se somete a los jóvenes a una prueba física y mental. Si no la superan, se les proporciona una muerte tranquila. Dado su estatus económico y social, a Rod le han sido concedidas tres “infancias” adicionales, ya que carece de las mínimas capacidades telepáticas exigidas. Puesto que la infancia en Norstrilia termina a los dieciséis años, eso implica que Rod tiene sesenta y cuatro años al comenzar la historia, lo que no significa gran cosa para alguien con acceso ilimitado al stroon. Sin embargo, mental y emocionalmente sigue siendo un adolescente ya que cada infancia adicional le ha supuesto un reinicio en su proceso de maduración.

Enfrentado a su última oportunidad ante el tribunal que debe decidir su destino, consigue apenas su salvación –gracias a un Señor de la Instrumentalidad- solo para enterarse de que un enemigo lo busca para matarlo. Se ve obligado a abandonar su amada Norstrilia, pero antes y con ayuda de un antiguo ordenador militar propiedad de la familia y conservado clandestinamente, consigue manipular los mercados financieros galácticos y convertirse en el hombre más rico del universo; tanto, de hecho, que compra la Tierra y todo
lo que en ella se encuentra. Es precisamente allí donde viaja Rod, pero inmediatamente se convierte en objetivo de una multitud de grupos e individuos que quieren servirse de él y de su riqueza o simplemente matarlo. Uno de ellos es el subpueblo, maltratado y esclavizado por los humanos, que quiere convertirlo en su mesías. Empieza entonces un viaje de madurez y autodescubrimiento en el que deberá enfrentarse a grandes desafíos y difíciles decisiones.

“Norstrilia” tiene una trama dinámica y entretenida y con el lirismo y gusto por lo extraño propios de su autor. Hay ideas y momentos que bordean lo surrealista, como las ovejas gigantes de Norstrilia de las que se saca la droga de la inmortalidad; o la facilidad con la que los personajes modifican sus cuerpos (uno de ellos, incluso, se transforma –para siempre, feliz y voluntariamente- de mujer a hombre). La novela toca temas como las consecuencias sociales de la manipulación genética y las largas vidas de los humanos del futuro, la inteligencia artificial, la relación entre religión y política o el choque de culturas diferentes. Pero, en mi opinión, no llega a explorar ninguno de estos temas en profundidad. La acción transcurre tan velozmente y el abanico de temas interesantes es tan amplio que la sensación que puede llevarse el lector es que se va saltando de
una cosa a otra sin detenerse lo suficiente en ninguna de las muchas ideas que lanza como para reflexionar mínimamente sobre ella.

Quizá esa dispersión se deba al origen de esta novela como fusión de dos historias anteriores publicadas de forma independiente; o quizá es que donde realmente se desenvolvía bien Smith fuera en el cuento, un formato que le permitía centrarse y desarrollar una sola idea sin por ello abandonar un tono ligero.

La novela puede leerse de forma independiente siempre y cuando incluya algún tipo de introducción que permita situarla en el contexto más amplio de la historia de la Instrumentalidad (de hecho, es una suerte de secuela de “La Balada de G´Mell”), pero para captar todo su significado es necesario complementarla con el resto de relatos que conforman el ciclo. Los Señores de la Instrumentalidad, por ejemplo, no están adecuadamente presentados, como tampoco se explica demasiado el movimiento del Redescubrimiento del Hombre, explorado anterior y paralelamente en los cuentos.

Cordwainer Smith es una figura única en la historia de la ciencia ficción, uno de sus autores más personales y sorprendentes. Y, sin embargo, resulta decepcionante la poca atención que se le suele prestar en muchos tratados y manuales de ciencia ficción. Quizá ello se deba a que el género ha gustado más del tipo de historias que cultivaba Heinlein, racionales y plausibles. Las de Smith, en cambio, sugieren tanto como muestran y se desenvuelven con un pie en la fantasía más desbordante. Sus cuentos, como he dicho, están llenos de conceptos fascinantes y extraños e historias que ni son épicas (batallas entre imperios galácticos, increíbles gestas de la exploración espacial) ni especulaciones histórico-sociológicas del futuro (al estilo de, por ejemplo, varias obras de H.G.Wells o el ciclo de la Fundación de Asimov). Quizá por ello su obra dejó de reeditarse poco después de su muerte y sólo en tiempos más recientes, cuando se ha comprobado lo bien que han envejecido sus historias y cómo mantienen todo su poder (precisamente por no haber cultivado la CF “dura”)-, está empezando a recibir el reconocimiento que merece. Autores del renombre de Ursula K.Leguin, Robert Silverberg, Stephen Baxter o Terry Pratchett han alabado su desbordante imaginación y sentido de lo maravilloso.

“Los Señores de la Instrumentalidad” es una de las sagas más intrigantes de la CF, una obra que merece la pena descubrirse. Fue escrita mayormente en la década de los cincuenta y primeros sesenta, pero difícilmente puede considerársela representativa de la Edad de Oro porque muchos de sus elementos y su estilo literario se inscriben sin problemas en la Nueva Ola de finales de los sesenta y primeros setenta. Su originalidad y la pervivencia de los temas que aborda le otorgan, sin duda, el grado de clásico.



9 comentarios:

  1. Daquí creo que me leí el 1º libro y algo del 2º siendo adolescente. Hace mucho. No continué porque no me llenaba pero sí me dejó huella. Su estilo poético y algunas cosas, por ejemplo lo de los chinos que comentas aquí se me ha quedado grabados. Habrá que releer porque por lo que dices esto es lo que parecía ser, una obra original e interesante.

    Es atrevido por mi parte ya que no he leído a CS, pero no me parece homófobo sino machista o patriarcal, pero pensando que un exceso de virilidad es lo más desastroso que puede pasar. La sociedad esa no está compuesta por las habituales caricaturas patriarcales de los homosexuales (perversos o nenazas), parece más un planeta poblado por Errol Flynnes y Douglas Fairbankses.

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  2. La Instrumentalidad es un ciclo que no hay que abordar pensando que lo que se va a encontrar es ciencia ficción dura al uso. Hay cosas que son totalmente implausibles, como comentaba en el artículo, pero eso no le quita mérito o atractivo en absoluto. La actitud de Smith hacia mujeres u homosexuales tampoco es que sea escandalosa situada en su época. A muchos autores les pasaba lo mismo y fueron pocos los que se atrevieron a dar un paso en otra dirección. Incluso, hace poco, comenté "El Maestro Cantor", de Orson Scott Card, autor que deja clara en la novela la pobre opinión que tiene de las relaciones homsexuales. Sin embargo, es una obra muy recomendable y original. Con Smith pasa lo mismo y, sabiendo que hay que encuadrar la obra entre los cincuenta y los sesenta, ese tipo de enfoques -que, por otra parte, no abundan tanto y no resultan tan chirriantes como, por ejemplo, en Edgar Rice Burroughs- son perfectamente perdonables. Un saludo.

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  3. Hay un libro sobre él, de Pablo Capanna, titulado "Cordwainer Smith. El señor de la tarde".

    Tus tres entradas, junto con ese libro, son una excelente valoración, yo diría, de las aportaciones de Smith al género.

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  4. Gracias mario. Espero q sirva para q mas gente se acerque al autor y su obra. Un saludo

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  5. Mi problema va más de que no me molan los cuentos o cortos. Me cuesta entrar y salir continuamente. A mi la CF clásica o dura no me va mucho. Cuando lo leí no sabía que CS seguía un esquema y eso influyó bastante.

    Como yo me crié en una época aún machista y homófoba no me causa problema encontrármelo salvo que sea algo exagerado, ahí me molesta tanto que me da igual el año de la obra. No es el prejuicio sino los personajes estereotipados que lo siguen. Mujeres florero y villanos homosexuales.

    Gracias por el dato del libro de Capanna, lo buscaré aunque me imagino que será imposible de localizar.

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  6. De las mejores sagas de CF que he leido posiblemente ante su gran cantidad de surrrealismo impregnando todo y nunca saber con que nueva extrañeza te va a salir, me quedo sobre todo con "la dama muerta de clock town" y su emotividad enmancipadora y " un planeta llamado Shayol" la aproximacion mas cercana en la CF al infierno de Dante

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  7. Amen, por pedir me hubiese gustado un analisis de "El planeta de las tormentas" por lo condenadamente retorcido que se me hizo de leer llegando un punto que ya me perdí completamente, porque al final la conclusión que saqué es que habla de algo tan aparentemente cursi como la fuerza del "amor", esa que le esplica la srta T'Ruth a Mr. Cash'er cuando le habre la puerta de su mansión y que sale en tantas películas del género. luego ya el caos total

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  8. Efectivamente, el amor es otro de los temas recurrentes en la ficcion de smith, aunq creo q nunca cae en lo cursi. Ese ciclo q comentas y en el q esta incluido el planeta de las tormentas es probablemente el mas oscuro en lo q a significado, alegorías y referencias religiosas se refiere. Podria dedicarsele un articulo completo, pero he preferido abordar toda su obra conjuntamente al tratarse de algo unido y coherente. Un saludo.

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  9. se me olvidó comentar que hasta creo existe un película de animación de cuya calidad cinematográfica no voy hablar ya que ni en el google aparece mencionada, pero sí su trailer:
    https://www.youtube.com/watch?v=XdlNPAXkUDk
    que por surrealista y mala que se vea algo capta del universo de la instrumentalidad, lo que no deja de ser curioso

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