lunes, 16 de febrero de 2015

1990 - DESAFIO TOTAL – Paul Verhoeven


Sorprendentes efectos especiales y un guión de primera clase. ¿Qué más se podría pedir a una película de ciencia ficción? La combinación de ambos ingredientes se prodiga tan poco que resulta difícil pensar en un ejemplo en el que no haya dado como resultado un film de CF sobresaliente. Pero aunque indudablemente “Desafío Total” es un clásico, no creo que haya tanto consenso a la hora de calificarlo de “obra maestra”. ¿Cuál es el problema entonces? Este es un caso típico del “lo habría podido llegar a ser si no fuera por…”; y la frase podría completarse con dos nombres: el actor Arnold Schwarzenegger y el director Paul Verhoeven. “Desafío Total” fue la ocasión en la que se daban cita todos los elementos necesarios para alumbrar una obra excepcional del género…y que frustró las optimistas expectativas al imprimirle una dirección equivocada.



La Tierra en el siglo XXII. El trabajador de la construcción Doug Quaid (Arnold Schwarzenegger) pasa las noches atormentado por extraños sueños en los que visita Marte, un lugar al que nunca ha viajado, y muere en compañía de una mujer. Acude a Memory Call, una empresa que ofrece la implantación de recuerdos artificiales directamente en el cerebro, por ejemplo unas vacaciones ideales diseñadas a medida. Quaid elige una opción de aventuras y espionaje en Marte, pero algo sale mal durante la inserción del implante y despierta recordando que es un agente secreto y que toda su vida como Quaid no es más que una ilusión creada por sus enemigos. Asustados, los responsables de Memory Call le borran esos recuerdos y lo dejan irse a casa.

Pero entonces toda su vida parece volverse del revés. Su hermosa mujer Lori (Sharon Stone) y sus compañeros de trabajo intentan matarle y un grupo de asesinos lo acorrala. Gracias a un video aparentemente grabado en el pasado por sí mismo para esa eventualidad, consigue extraerse un rastreador y eludir a sus perseguidores. Quaid viaja entonces a Marte para
averiguar la verdad sobre su pasado y por qué su memoria fue borrada. Allí le cuentan que él era en realidad un agente secreto llamado Hauser que trabajaba para el dictatorial gobernador de la colonia, Vilmos Cohaagen (Ronny Cox en un papel muy parecido al que ya interpretó en “RoboCop”), quien explota a los trabajadores en las excavaciones de mineral radioactivo y controla el aire vital para todos los colonos. Al enfrentarse a Cohaagen, Quaid debe decidir si su memoria fue borrada para evitar que ayudara a la resistencia marciana o bien todo fue un plan para convertirle en agente doble y destruir a los insurgentes desde dentro. ¿O quizá sólo está “viviendo” el recuerdo implantado por Memory Call en su cerebro?

“Desafío Total” tuvo una génesis larga y complicada. La idea original la encontramos en una
historia corta, “Podemos recordarlo por usted al por mayor” (“We Can Remember It For You Wholesale”), ganadora del Premio Nébula y escrita en 1966 por Philip K.Dick, el gran especialista de la ciencia ficción paranoica. Novelas firmadas por él como “Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch” (1964), “¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?” (1968), “Ubik” (1969), “Fluyan Mis Lágrimas, Dijo el Policía” (1974) o “Una Mirada a la Oscuridad” (1977) entre otros muchos relatos, estaban protagonizadas por individuos que averiguaban que lo que habían percibido como realidad no era sino una ilusión o una simulación, o que no podían estar seguros de si ellos mismos eran humanos o artificiales, originales o clones… El trabajo de Dick, sugerente, atrevido y original, ha servido de inspiración para bastantes películas de Hollywood que no siempre han sabido respetar la esencia del relato en el que se basaban.

Como sucede con muchas de las obras de Dick, “Podemos recordarlo por usted al por mayor” es una historia difícilmente trasladable a la pantalla tal cual fue escrita. Para empezar, se trata
de un cuento que apenas supera las veinte páginas, las cuales, desde luego, no dan para una película de dos horas. Pero es que además transcurre casi íntegramente en la mente del protagonista. Comparar el relato con su traslación cinematográfica puede resultar un ejercicio interesante. En el cuento, el héroe, un apocado oficinista llamado Quail (en la película se cambió a Quaid para evitar el parecido con el entonces vicepresidente norteamericano, Dan Quail) recibe los implantes de memoria sólo para descubrir que él era, en realidad, un agente secreto en Marte y que sus recuerdos al respecto habían sido borrados. “Desafío Total” sigue esta trama hasta la primera persecución –aquélla en la que los villanos le rastrean mediante un implante en su cerebro-, inventando todo lo demás, siguiendo las pautas de “Con la Muerte en los Talones” (1959) de Hitchcock y prescindiendo del irónico final de Dick, en el que Quail, desesperado, regresa a Memory Call y hace que le implanten un recuerdo de él como salvador de la Tierra de una invasión alienígena…sólo para descubrir que también su cerebro tenía un recuerdo real enterrado de haber salvado a la Tierra de una invasión alienígena.

El cuento de Dick fue tomado en consideración para una versión cinematográfica en una fecha
tan temprana como 1974, momento en el que Ronald Shusett compró los derechos de adaptación a la pantalla por unos míseros 1.000 dólares. A mediados de los ochenta éstos llegaron a manos del productor Dino de Laurentiis, el hombre tras “King Kong” (1976), “Flash Gordon” (1980) y “Dune” (1984). De Laurentiis intentó en primer lugar atraer a David Cronenberg para que escribiera y dirigiera la película. Por entonces, Cronenberg ya había realizado el film de culto “Scanners” (1981) y “La Zona Muerta” (1983), también producida por de Laurentiis. Cronenberg aceptó, declinando a cambio la oportunidad de dirigir el remake de “La Mosca”.

En cuanto al guión, Ronald Shusett y Dan O´Bannon habían empezado a trabajar en él ya a mediados de los años setenta, pero decidieron paralizar el desarrollo habida cuenta de que el presupuesto necesario para ambientar la película convertiría a este proyecto en algo prohibitivo y poco atractivo para los productores. A cambio, se centraron en una historia ideada por O´Bannon sobre un monstruo espacial que aterrorizaba a la tripulación de una nave y que se
convertiría en “Alien, el 8º Pasajero” (1979). O´Bannon había realizado varias versiones de un posible guión para “Desafío Total” pero nunca llegó a resolver satisfactoriamente el final.

Cronenberg tomó los guiones de O´Bannon como punto de partida y escribió nada menos que trece borradores. Quería como protagonista a William Hurt, un actor de estilo introspectivo y cerebral, pero el productor le impuso que remodelara el papel protagonista para encajar con un actor más orientado a la acción. Estaba claro que Cronenberg y de Laurentiis tenían ideas muy diferentes sobre “Desafío Total”. Para entonces, el director Robert Bierman, que había comenzado al frente de la producción de “La Mosca”, hubo de abandonar a causa de la muerte de su hija, y esta vez Cronenberg, crecientemente frustrado por su incapacidad para hacer lo que deseaba en “Desafío Total”, no dejó escapar la ocasión.

Tras tener también problemas con el director Richard Rush, de Laurentiis trató de sacar adelante el film contratando a Bruce Beresford y, como actor principal, a Patrick Swayze. Se empezaron a construir decorados en Australia pero la producción se canceló repentinamente a consecuencia del colapso financiero de los Estudios DEG de Laurentiis. Y he aquí que el guión revisado por Beresford cayó en las manos de Arnold Schwarzenegger.

A finales de los ochenta Schwarzenegger era considerado, justificadamente, el principal icono
del cine de acción gracias a títulos como “Comando” (1985), “Ejecutor” (1986) o “Danko: Calor Rojo” (1987); pero también era el suyo un nombre muy vinculado al cine fantástico y de ciencia ficción por su participación en “Conan el Bárbaro” (1982), “Terminator” (1984), “El Guerrero Rojo” (1985) “Depredador” (1987) o “Perseguido” (1987). Fue un actor que supo elegir bien a los directores con los que trabajar (John Millius, Walter Hill, James Cameron, John McTiernan…), que se atrevió a variar de registro (por ejemplo el humor con “Los Gemelos Golpean Dos Veces”, 1988; e incluso, más adelante, la autoparodia en “El Último Gran Héroe”, 1993 o “Mentiras Arriesgadas”, 1994) y que, alcanzada la fama y la consiguiente influencia, se ocupó de impulsar él mismo proyectos de su interés, como es el caso que nos ocupa.

Fue Schwarzenegger quien convenció a Mario Kassar, propietario de Carolco, la productora de las películas de Rambo, “Danko:Calor Rojo” (1987) para que comprara el guión, lo adaptara para su propio lucimiento y se gastara 60 millones de dólares en convertirlo en una
superproducción (y, en aquel momento, la segunda película más cara de la historia)

Fue probablemente la entrada de Schwarzenegger lo que cambió totalmente el rumbo de “Desafío Total”. Su participación aseguraba el éxito comercial, pero a cambio exigía mudar la cinta en una historia de acción, algo que no era ni mucho menos parte esencial de las novelas y cuentos de Dick. Lo suyo era el terreno de la paranoia psicológica y las fantasías mentales y su intención era la de hacer que el lector dudara de lo que percibía como realidad –o al menos de los parámetros iniciales que proporcionara Dick en esa historia en concreto-. Para tener una idea del tipo de film que “Desafío Total” debería haber sido, basta echar un vistazo a la más intelectual y fría cinta dirigida por Vincenzo Natali: “Cypher” (2002).

Es muy probable que con los directores que Dino de Laurentiis había seleccionado para el primer proyecto de “Desafío Total”, David Cronenberg y Bruce Beresford, la paranoia
dickensiana hubiera permanecido intacta. En films como “Consejo de Guerra” (1980), “Gracias y Favores” (1983) o “Paseando a Miss Daisy” (1989), el australiano Beresford había demostrado ser un sólido narrador que no dejaba que su ego se filtrara a una historia que debía apoyarse en el desarrollo de personajes. David Cronenberg, por el contrario, es un realizador tan personal que su versión de “Desafío Total” habría sido sin duda fascinante (de hecho, una vena de realidades distorsionadas al estilo de Philip K. Dick fluye por el corazón de películas como “Videodrome” (1983), “eXistenZ” (1999) o “Spider” (2002)). Incluso el guión de Dan O´Bannon -que junto a su socio ocasional Ronald Shusett es uno de los talentos más inteligentes y menos reconocidos dentro de la ciencia ficción- resultaba prometedor.

Pero el elegido por Schwarzenegger para hacerse cargo de “Desafío Total” fue el holandés Paul
Verhoeven, entonces disfrutando del éxito de su aún reciente “Robocop” (1987), película que había puesto en contacto a ambos. Y es que el musculoso actor de origen austriaco había sido en principio el elegido para encarnar al policía ciborg, pero surgieron problemas con el traje que (afortunadamente para el resultado final) obligaron a sustituirle por Peter Weller. Sin embargo, a Schwarnegger le encantó la película y cuando “Desafío Total” prometió hacerse realidad, pensó inmediatamente en ese director.

Verhoeven es un realizador interesante que ha mantenido una relación bastante estrecha con la ciencia ficción. En su etapa neerlandesa firmó películas como “Wat Zien Ik”, basada en las memorias de una prostituta; el biopic de un artista “Delicias Turcas” (1973); la aclamada por la crítica “Eric, oficial de la reina” (1977); “Vivir a tope” (1980), sobre las vidas de unos motoristas en una ciudad desconocida; o la película de arte y ensayo sobre precognición “El Cuarto Hombre” (1983).

Sin embargo, fue con su salto a la escena internacional gracias a la ultraviolenta “Los Señores del Acero” (1985) y la exitosa “RoboCop”, que Verhoeven acumuló un notable prestigio. También fueron esos films los que dejaron claras sus inclinaciones autorales: impactar al
espectador mediante un exceso –a veces cómico de tan bizarro- de sexo y violencia. En “Los Señores del Acero” consiguió una mezcla bien equilibrada y entretenida, y en “RoboCop” la camufló bajo un guión tan agudo como cínico que llevó a muchos a creer que los excesos de Verhoeven pretendían construir una sátira de las películas de acción ultraviolentas y con policías neofascistas. Posteriores films como “Instinto Básico” (1992), “Showgirls” (1995), “Tropas del Espacio” (1997) o “El Hombre sin Sombra” (2000) demostraron que el exceso era el único recurso en el arsenal de Verhoeven. La mayoría de sus películas a partir de “Desafío Total” tienden a quedar sepultadas bajo una torpe confusión de sadismo y exageraciones que busca tanto la polémica como la atracción del público más morboso.

El correoso cinismo del guionista Dan O´Bannon casa bien con la paranoia existencial de Dick
y, ciertamente y a pesar de las múltiples reescrituras del guión, uno y otro están presentes en la versión finalmente rodada. Son esos giros del guión, esa continua inseguridad acerca de lo que está realmente ocurriendo lo que mejor funciona de la película. Por desgracia, lo que es esencialmente un drama psicológico viene acompañado por una violenta serie de persecuciones y peleas obra y gracia de Verhoeven en aras del lucimiento muscular de un Schwarzenegger que actúa más que piensa: hay abundancia de patadas en la entrepierna, tiros en la cabeza, muñecas y brazos rotos, hachazos y perforadoras industriales utilizadas como armas…. Los maniáticos de los números han llegado a contar nada menos que 110 muertes en los 110 minutos que dura la película (otros lo rebajan a 70, que tampoco es una mala cifra). El sacrificio del humor de O´Bannon en favor de la violencia visceral a la que mejor se adaptaban las capacidades de Schwarzenegger provocó que la relación entre el guionista y Verhoeven terminara agriándose.

No fueron pocos los que se quejaron -con razón desde mi punto de vista-, de que el protagonista
del cuento de Dick deseaba los recuerdos falsos de Memory Call precisamente porque era y se sentía como un perdedor. Y si de algo no tiene aspecto Schwarzenegger es de persona normal y ordinaria. De hecho, optó al papel protagonista cuando el proyecto aún estaba en manos de Dino de Laurentiis, pero fue rechazado justamente por no reflejar el tipo de individuo pusilánime que indicaba el guión. Así las cosas, no puede extrañar que cuando el actor tomó el control de facto de la película le quisiera dar a la historia una orientación completamente distinta, más acorde con la clase de películas de acción, puñetazos y tiros a diestro y siniestro que venía realizando desde hacía años.

Hay quien ha calificado el estilo de Verhoeven como crudo y realista. Pero lo cierto es que sus películas parecen deleitarse en unos nada disimulados sadismo y humillación sexual de los personajes secundarios, abordando a menudo las secuencias con un sentido del humor decididamente negro. El problema es que resulta difícil encontrarle la gracia o la intencionalidad satírica a escenas estéticamente poco gratificantes, como cuando una ametralladora deja las tripas de la mitad de los extras de la pantalla decorando las paredes circundantes. Salpimentarlo con las conocidas frases lapidarias de Arnold Schwarzenegger solo sirve para hacer que todo parezca todavía más grotesco y salido de madre.

No puede extrañar que cuando se estrenó “Desafío Total” levantara las iras de los grupos más conservadores, escandalizados por el elevado número de escenas de violencia subida de tono. Puede que esta sea la única película de la historia en la que los recortes que se le aplicaron para que pudiera ser emitida por la televisión pública (amenazaron con calificarla como “X” si no se avenía a ellos) mejoraran sustancialmente su calidad. Esa situación, por su parte, irritó a los aficionados a la ciencia ficción, que afirmaron que la Motion Picture Association of America (responsable de las calificaciones) trataba a las películas de género de forma discriminatoria respecto a las, digamos, generalistas.

Visualmente, “Desafío Total” es un film de factura impresionante y así lo reconocieron en Hollywood al premiarlo en la categoría de Mejores Efectos Visuales. Las tomas del enorme reactor excavado en la montaña marciana o las ciudades recortadas sobre el horizonte de Marte siguen aguantando bien el paso del tiempo en una época en la que los efectos digitales todavía estaban en mantillas (aunque a punto de dar el gran salto gracias al estreno, el año siguiente, de “Terminator 2”, de James Cameron). De hecho, el único efecto de ese tipo que tiene la película es del esqueleto moviéndose tras una pantalla de rayos X en el control de seguridad; el resto se realizó mediante miniaturas y técnicas tradicionales.

Otra escena que sorprendió mucho en su momento es la que tiene lugar en la cola de la aduana,
cuando la cabeza de una obesa mujer se abre para revelar bajo ella a Arnold Schwarzenegger. Hay también inteligencia y originalidad en el diseño de esos pequeños detalles de tecnología futurista que ayudan a ambientar la trama: la secretaria que cambia el color de sus uñas electrónicamente (en la historia de Dick eran sus pechos), la televisión plana que ocupa toda una pared, los taxis robotizados, los escáner de seguridad…

Por desgracia, en otras ocasiones los elementos de ciencia ficción parecen sacados de un comic underground: prostitutas mutantes de tres pechos, las absurdas escenas de Schwarzenegger extrayéndose por la nariz un implante del tamaño de una pelota de golf… Además, la gente se
comporta de forma increíblemente estúpida (¿disparar balas en una cúpula presurizada de cristal?) u ocurren cosas inverosímiles, como que un lugar presurizado como las instalaciones marcianas no tenga puertas que se cierren automáticamente al producirse una brecha en los muros. El más insultante de todos esos momentos llega cuando la despresurización provoca que a la gente se le salgan los ojos y les estalle la cabeza, algo que no es posible en la atmósfera marciana, cuyo mínimo diferencial respecto a la de la Tierra provocaría como mucho un sangrado de nariz.

Rodado en y alrededor de Ciudad de México (lo que causó que todo el equipo sufriera la brutal contaminación del lugar y, con excepción de Schwarzenegger y Ronald Shusett, enfermaran por intoxicación alimentaria), utilizaron el auténtico sistema de transporte rápido de la urbe como decorado para varias de las escenas. Las secuencias marcianas fueron rodadas en los cercanos Estudios Churubusco, utilizando grandes maquetas para representar los exteriores. El maquillaje de los mutantes y los animatrones corrieron a cargo de Rob Bottin, un veterano de Hollywood que había trabajado en producciones como “King Kong” (1976), “La Cosa” (1982), “Exploradores” (1985), “Legend” (1985) o “RoboCop” (1987). Uno de sus logros más sobresalientes fue la marioneta del mutante Kuato, manejada por quince titiriteros. Parecía tan real que dos personas se aproximaron a Marshall Bell (el actor que interpretaba la parte “normal” de Kuato) y le preguntaron si tenía de verdad un siamés adherido a su cuerpo.

El clímax es visualmente sorprendente y deslumbrante desde el punto de vista conceptual, pero
totalmente absurdo desde el punto de vista científico. Ya hemos mencionado la grotesca reacción a la despresurización, pero aún más increíbles son la introducción de una innecesaria civilización alienígena extinta; o la rapidez con la que el reactor que activa Schwarzenegger terraforma el planeta: en unos minutos, una masiva explosión de gas convierte en respirable la atmósfera de todo el mundo rojo y le dota de agua y vegetación; y todo ello sin que en el brusco proceso peligre la vida de los habitantes humanos.

Claro que, bien pensado, quizá todas esas imposibilidades tengan una explicación racional: ¿Es posible que Quaid aún esté sumergido en la fantasía que le prometieron en Memory Call? De hecho, la escena final termina de forma deliberadamente ambigua con un fundido en blanco, dejando que el espectador considere la posibilidad de que todo haya sido un sueño y que Quaid haya sido, efectivamente y como le habían advertido, lobotomizado.

Schwarzenegger encaja perfectamente en el tono de la película –al fin y al cabo hizo que Verhoeven la remodelara para él-. Su interpretación es sobre todo física, pero es de justicia reconocerle que tiene buenos momentos, como la escena en la que uno de los secuaces de Cohaagen intenta convencerle de que todo es un sueño paranoide. En general, y aunque como se ha dicho, no da la talla de “tipo del montón en apuros” y sus limitaciones actorales no dan para muchas sutilezas, solventa con oficio su papel de individuo paranoico incapaz de distinguir si es víctima de una ilusión o un engaño.

Los actores secundarios cumplen su función con eficiencia, aunque casi todos sus personajes están o escasamente perfilados (Kuato, Melina) o bien, como en el caso de los villanos,
responden a arquetipos ya muy gastados (Cohaagen, Richter). Cabe destacar la interpretación de una joven y bellísima Sharon Stone. No sólo realizó ella misma sus escenas de acción sin recurrir a especialistas (hizo pesas y aprendió Taekwondo), sino que su capacidad para transformarse repentinamente de complaciente esposa a sádica homicida le ganaron el respeto de sus compañeros de reparto y, especialmente, el de Verhoeven, que le dio el papel protagonista en su siguiente producción, “Instinto Básico”.

Durante algún tiempo se jugó con la idea de rodar una secuela de “Desafío Total”, pero el proyecto nunca se concretó y se dice que el guión preparado para ella acabó metamorfoseándose en “Minority Report” (2002). En 1999 se estrenó una serie televisiva producida en Canadá, “Total Recall 2070” que, aparte de transcurrir en el mismo futuro, no tenía nada que ver con la película. Duró 22 episodios y resultó ser un producto de corte cyberpunk modesto pero efectivo y puntualmente inteligente. Por último, en 2012 el director Len Wiseman presentó un remake de “Desafío Total” protagonizado por Colin Farrell y del que hablaremos en una próxima entrada.

La película de Verhoeven fue un éxito de taquilla (recaudó 260 millones sobre un presupuesto
de 60), pero, como ya he apuntado más arriba, fue ácidamente criticada por los aficionados a la ciencia ficción como absurda y débil excusa para montar lo que es básicamente una historia de acción al servicio de una superestrella. Creo que estos ataques no son del todo justos. Ciertamente, Verhoeven no profundiza en el meollo filosófico de la historia –nunca fue su intención- pero tampoco lo elimina del todo. El tema subyacente y los mejores momentos de la cinta siguen siendo aquellos que Dick hubiera reconocido como suyos: la incertidumbre ante la verdadera naturaleza de la realidad y la auténtica identidad de uno mismo, así como la desconfianza hacia los gobiernos y las corporaciones.

“Desafío Total” es una película exitosa porque consiguió exactamente lo que buscaba: atraer al
espectador medio, poco exigente en cuanto al contenido intelectual de la película, y entretenerle durante una hora y media. Y eso, vaya si lo logra: tiene acción a raudales, un ritmo endiablado y un argumento tan lleno de tópicos como de sorpresas que, aunque no tan desarrollados como a muchos nos gustaría, plantea temas dignos de reflexión.

¿Obra Maestra? Sin duda, no. ¿Fracaso total? Ni mucho menos. El inestable equilibrio que consiguió Verhoeven satisfizo a muchos y desilusionó a otros tantos. “Desafío Total”, eso está claro, no es lo que pudo haber sido teniendo en cuenta el guión con el que se contaba y el dinero y talento del que disponía el departamento de efectos visuales. Puede que Verhoeven y Schwarzenegger se interpusieran en el camino de una obra maestra, pero aún así consiguieron un clásico. Y eso ya es mucho.


4 comentarios:

  1. Me encantó esta crítica. Ya era hora de que alguien pusiera las cosas en su justa medida. Como tu dices una entretenida película de acción que, si quieres, te hace reflexionar un poco mas sobre lo que has visto.

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  2. Me encantó esta crítica. Ya era hora de que alguien pusiera las cosas en su justa medida. Como tu dices una entretenida película de acción que, si quieres, te hace reflexionar un poco mas sobre lo que has visto.

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  3. Debo admitirte que me gusta mucho esta peli, de hecho es una de mis favoritas. Lamento mucho no haberla ido a ver al cine en su momento (en aquellos tiempos era escolar y solo de vez en cuando iba a la salas, gracias a un amigo con el cual me ponía de acuerdo para ello). Como siempre tu texto es impecable, pero se te fue un importante detalle: la formidable música que hizo Jerry Goldsmith para la cinta. Esperaré con ansias tu entrega dedicada al remake. Por si te interesa, he aquí lo que escribí sobre ambas cintas para mi propio blog:http://www.elcubildelciclope.blogspot.com/2012/10/quien-dijo-que-los-remakes-no-pueden.html

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  4. Amen a la música. He leído tu reseña y me parece muy completa e interesante. Hay puntos en los que quizá difiero. Colin Farrell me parece mejor elección que Arnold S. como individuo "normal" atrapado en algo que no entiende. El diseño del futuro es espectacular... pero realmente no creo que aporte nada a la historia de la versión original. Hay cambios, sí, pero nada que realmente, en mi opinión, mejore la película de Verhoeven. Abundaré más en ello cuando publique la entrada -ya la tengo prevista-. Como siempre, gracias por tu comentario.

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