viernes, 24 de octubre de 2014

1943- EL JUEGO DE LOS ABALORIOS -Herman Hesse




No es habitual que los grandes nombres de la Literatura, así con mayúscula, aparezcan en este blog. La ciencia ficción –como en general toda la literatura de género- ha sido a menudo despreciada silenciosamente por aquellos que se consideran guardianes y practicantes de la “Alta Cultura”. Pero de vez en cuando alguno de ellos encuentra que una ambientación futurista puede servir a sus propósitos. Fue el caso del escritor alemán naturalizado suizo Herman Hesse y de la obra que ahora comentamos. Eso sí, la élite intelectual nunca reconocerá que el libro en cuestión pueda encuadrarse en un género “menor” como la ciencia ficción.



“El Juego de los Abalorios” está ambientado en un futuro indeterminado pero que puede deducirse es el siglo XXV. Tras las brutales guerras del siglo XX y la decadencia cultural que se experimentó, la sociedad de ese futuro decidió formar una Orden intelectual de carácter monástico cuya misión consistiera en preservar la herencia intelectual y cultural de la Humanidad. Para ello, se les cedió un territorio en Europa Central al que se pasó a conocer como Castalia. Como si fuera una especie de Vaticano secular, Castalia es un lugar reservado exclusivamente para el ejercicio del intelecto, un micromundo académico sustentado por teorías, análisis, interpretaciones y debates y del que se hallan ausentes la política, la economía o la tecnología, pero también la acción, la creatividad, la experimentación y la originalidad. Se preserva lo ya existente, sí, pero no se crea nada nuevo.

La misión de los austeros intelectuales que allí moran es la de preparar a los muchachos más jóvenes para el acontecimiento ceremonial supremo de la Orden, una especie de rito secular llamado Juego de Abalorios. Su exacta naturaleza no se aclara, pero las reglas se adivinan extremadamente complejas, ya que requieren profundos conocimientos interdisciplinares. Recurriendo a un amplio alfabeto en el que conceptos como la música, los teoremas matemáticos y los postulados filosóficos son representados mediante símbolos gráficos parecidos a caracteres chinos, los jugadores construyen un mapa que saca a la luz paralelismos y relaciones ocultas entre campos del conocimiento aparentemente independientes.

El narrador de la novela detalla la vida y ascenso del protagonista, Joseph Knecht, educado en esa cultura fría y analítica, pero que, atípicamente para las costumbres de la Orden de Castalia, también ha disfrutado de la influencia de dos subculturas que perviven fuera de ese territorio. En el Bosque de Bambú, bajo la tutela del Hermano Mayor, un exiliado de Castalia, aprendió a meditar, jugar al I-Ching, leer y estudiar a los sabios de oriente. Más tarde, en un monasterio benedictino, fue el invitado del Padre Jacobo, con quien discutió de política, religión, filosofía, música e historia. De unos y de otros,
Knecht aprendió todo lo necesario para participar en “el Juego” y ascender en la jerarquía de la Orden hasta alcanzar el cargo de Magister Ludi, el Maestro del Juego.

Rebelde e iconoclasta al tiempo que brillante, Knecht empieza a cuestionarse su lealtad a la Orden y la utilidad de ésta si ha de permanecer aislada del mundo real, incapaz de influir en él y provocar cambios. Su crisis espiritual le llevará a tomar una decisión inaudita en Castalia.

“El Juego de los Abalorios” consta de una novela narrada por un cronista del futuro en el que está ambientada; tres historias cortas (“El Hacedor de Lluvia”, “El Padre Confesor” y “La Vida India”) presentadas como trabajos de la juventud de Knecht en los que imagina cómo podría haber sido su vida de haber nacido en otro tiempo y lugar; y trece poemas que contribuyen a cimentar el tema central de la obra: cómo la pérdida de la propia identidad y el rechazo al interés egoísta lleva a la redención y a un nuevo despertar.

Tres años después de publicar este libro y en buena medida gracias a él, Hesse ganaría el
Premio Nobel de Literatura. Como su último título editado en vida, “El Juego de los Abalorios” constituye la culminación de su carrera, un resumen y ampliación de las mismas ideas que había venido explorando en obras anteriores a través de personajes cortados por el mismo patrón. Aquí tenemos la crítica al sistema educativo de “Bajo las Ruedas”, la historia de transición a la madurez de “Demian”, el viaje espiritual de “Siddartha” y el conflicto entre los mundos reales y académicos de “Narciso y Goldmundo”. “Viaje al Oriente” podría servir de preludio a esta novela que ahora comentamos y, de hecho, algunos de los acontecimientos de aquélla son mencionados en el primer capítulo de ésta.

Así, al final de su vida literaria (aunque murió en 1962, tras esta novela sólo publicó relatos cortos y poemas de menor relevancia), Hesse consiguió sintetizarlas todas en un solo volumen. Pero ello no quiere decir necesariamente que sea la mejor escrita. No lo es. Aquellos interesados exclusivamente en los aspectos más, digamos, espirituales de la obra de Hesse la encontrarán reiterativa y aburrida respecto a trabajos anteriores. Además, no es un libro fácil de leer y sus primeras cien páginas son lo suficientemente áridas como para que muchos lectores decidan abandonarlo. Su agobiante detallismo a la hora de describir la política y organización de Castalia convierten esa parte casi en un ingrato trabajo institucional. Igual morosidad encontramos en la narración biográfica de Kecht y la relación con sus escasos amigos.

Aunque el ritmo mejora bastante en la segunda parte, la ambientación y la atmósfera siempre
superan ampliamente el interés del escaso argumento, por lo que aquellos que busquen “acción” quedarán totalmente defraudados. La historia es aburrida, pero no hay que perder de vista que lo que en realidad tenemos entre manos es un libro de contenido filosófico, una disertación disfrazada de ficción futurista sobre la forma en que pensamos y conocemos.

Aquellos que deseen entrar en profundos y sesudos análisis de este libro no tendrán problemas en encontrarlos en Internet, escritos además por gente más capacitada que yo y con un conocimiento exhaustivo de la obra de Hesse. En lo que a mí respecta, me pareció interesante el comentario sociopolítico que se puede extraer del libro. Cuando renuncia a su cargo de Magister Ludi, Knecht escribe una carta detallando sus motivos: sus colegas –los intelectuales, los sabios, los científicos- son conscientes de su propia importancia para la sociedad, pero han fracasado estrepitosamente a la hora de transmitirla a la gente que les debe apoyar. Dan sus existencias por supuestas, pero lo cierto es que, a causa de su alejamiento del mundo real, corren el riesgo de que un día éste llegue y desmantele su torre de marfil.

Hasta cierto punto, no es una obra que deba tomarse demasiado en serio. Hesse se revela aquí como un humorista practicante de la sátira, un autor maduro que comprendía las ironías de la vida y que escribió este libro para lectores capaces de reírse de ellas. Pero es un humor muy sutil y personal y, por tanto, no necesariamente del gusto de todos.

Sin embargo, por muchas alabanzas que puedan encontrarse de esta novela escritas por gente fascinada por el mundo espiritual de Hess, a mi parecer ésta fracasa en dos aspectos centrales: su núcleo central y su protagonista.

Empecemos con el segundo. El libro empieza afirmando la gran importancia de Joseph Knecht como el mejor jugador que haya participado jamás en el Juego. Después de él, éste nunca volverá a ser el mismo. Este énfasis se repite una y otra vez a lo largo de la historia. Mientras tanto, asistimos a la evolución de un agradable e inteligente estudiante cuyo potencial es reconocido por todos los que se encuentra en su camino; se convierte en profesor a una edad temprana primero y asciende a Magister Ludi después, logro que le hace merecedor de mención en los libros de historia; se menciona que siempre que dirige un Juego, lo hace bien; y luego envejece, charla con la gente, tiene sus dudas e inseguridades… para terminar muriendo de forma ridícula y carente de sentido. Luego revisamos sus escritos juveniles, incluidos como epílogo del relato principal, en los que se sigue subrayando la importancia de su persona… y al final, tras ochocientas páginas, desconcertados, seguimos sin saber la razón de que este individuo sea tan inmensamente relevante.

Porque, de hecho, nunca se nos llega a decir que Knecht haga otra cosa más que ser un tipo agradable y competente en su trabajo. Su vida es tan aburrida que no merece siquiera una biografía, especialmente cuando otros personajes con los que se relaciona, como el Maestro de Música y su capacidad para transcender su humanidad, son más dignos de interés.

El otro gran fracaso de la novela es, precisamente, lo que debería ser su motor: el Juego. Éste
parece ser una actividad ritual al tiempo competitiva y colaborativa, que, como hemos dicho al principio, consiste en escoger conceptos de disciplinas aparentemente inconexas y conseguir asociarlas; por ejemplo, encontrar una pauta común en una pieza de música barroca y un antiguo edificio chino. Es lo que hoy llamaríamos pensamiento lateral y que Hesse asocia con la genialidad: solucionar problemas mirando más allá de la apariencia y descubriendo o intuyendo relaciones ocultas entre elementos a simple vista independientes. Se trata de encontrar formas nuevas de adquirir conocimientos, compararlos y analizarlos.

Esa idea de que todas las disciplinas académicas puedan codificarse e interactuar entre ellas y que alrededor de eso pueda construirse un juego competitivo que sólo podrían comprender y jugar un tipo muy concreto de sabios, es ciertamente, cautivadora… para una historia corta quizá. Pero Hesse se empeña en construir sobre ella un coloso digno de la profundidad de tal
concepto. Lo que debería haber sido un somero vistazo a una idea colosal y profunda, no tendría que haberse encarnado en un libro cuya hipertrofiada extensión presuponga su profundidad intelectual.

Aún peor, Hesse no consigue transmitir –puede que ni siquiera tuviera idea de ello- en qué consistía tal juego exactamente. Algunos seguidores de su obra, basándose en las impresiones que ellos mismos habían sacado del libro, imaginaron posibles juegos que casaran con el concepto, pero el propio Hesse nunca lo hace. Cuanto más suspense genera prometiendo una brillante revelación del secreto del juego, peor es el desengaño al no obtener el lector ni siquiera un retazo del mismo. Quizá sea demasiado pedir que Hesse describa un juego práctico que se ajuste a la idea subyacente, pero es que no hubiera sido necesario. Bastaba con bosquejar una parte de él, dejar caer un detalle aquí y otro allá en las conversaciones de los personajes... No es que se dejen huecos para que el lector los llene, es que debe cubrir océanos enteros.

Por fin, cuando hemos dejado atrás el grueso del libro, llega el (único) juego diseñado por
Knecht durante su estancia en el cargo de Magister Ludis… y resulta que no hay tal juego. Knecht prepara con anterioridad un complejo ejercicio y luego el resto de jugadores lo representan, quizá añadiendo detalles a su propio albedrío pero ajustándose a una estructura predeterminada. Resulta que el Juego no es realmente un juego. Nadie está jugando. No hay objetivos, ni premios. Es una especie de performance artistica tan compleja y abstrusa como silenciosa.

Como suele suceder en este tipo de obras y con Hesse en particular, me siento incapaz de recomendarla sin reservas por mucho que a este tipo de autores la élite intelectual -que tanto critica aquí el escritor- les tenga incondicionalmente subidos a un altar en detrimento de otros escritores más, digamos, populares. A algunos “El Juego de Abalorios” les resultará fascinante por su contenido filosófico; a otros les aburrirá soberanamente y lo considerarán un libro tan autocomplaciente como vacío. Y todos tendrán razón.

10 comentarios:

  1. Mmmmm. Es k al final la muerte de knecht se produce por la vista del movimiento aquelde su nuevo discipulo. Segun entiendo, el magister ludi muestra con su asombro y fascinacion k, a pesar de toda la erudicion del mundo, ese unico gesto vale toda la vida e incluso mas: es el acto supremo que cualquier ser consciente puede hacer no solo con el cuerp (recuerden ese saludo al sol que es una especie de actuacion, juego y rito), sino k sobretodo con el alma toda. Por eso muere knecht, y todo su mundo se nos revela como una sombra frente a un unico gesto que es realmente la luz de todo conociento. Algo asi. Grande Hesse.

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  2. De acuerdo. Esperaba una descripción razonable del juego y una justificación del prestigio de JK. Ninguna llegó.

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  3. Realmente es complicado y confuso ,lo lei en los años 50s y quede sin tener un claro pensamiento de lo que pretendia el autor mas alla de insistir que lo mas importante en esta vida es loespiritual lo metafisico y el conocimiento por si mismo independiente de lo que pueda aportar a la comodidad de la vida.mundana pero desprecia el sentido gregario del hombre que requiere de una familia para asegurar la continuidad de la especie humana .

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  4. Yo creo que el verdadero problema es querer leer "El juego de abalorios" como un libro de CF, cuando no tiene nada de ciencia y muy poco de ficción. A alguien se le ocurriría leer "Farenheit 451" como una novela romantica, aunque tenga romance, evidentemente sería un aburrimiento, le faltarían los besos por todos lados. La literatura fantástica es mucho más que la CF.

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  5. Escribir sobre escritores que han trascendido el maravilloso arte de escribir no es tarea fácil y menos aún agregar algo nuevo. Hermann Hesse es extenso y apreciable, ha explorado el mundo de la novela por su propia necesidad intelectual, y como consecuencia dejar testimonio de una obra trascendental y única. Excelente el artículo vuestro sobre “El Juego de los Abalorios”, a pesar de que considero que el género que ustedes cultivan está muy lejos de esa apreciación. Hesse se interna en la filosofía y en la mística, sin olvidar la literatura como pauta fundamental de su oficio. Intentó en su juventud dedicarse a la vida monacal y por supuesto una personalidad tan creativa pronto descubrió que no era su camino. Sin embargo quedaron elementos e ideales que están presentes en la obra, su última novela, a la que dedica con el mayor interés al tema y se convierte en su obra, quizás la más perfecta, compleja e inspirada.

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  6. Este libro es una obra maestra en toda su extensión, si alguien dice que es aburrido dudaría inmediatamente de su capacidad intelectual, aparte de no ser un libro aburrido, no todos los libros necesitan ser entretenidos para ser buenos. Yo lo leí una vez y lo encontré simplemente perfecto.

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  7. Por esta obra gano un premio novel.

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  8. Me gustó tu artículo. Personalmente he disfrutado mucho al leer Hesse, ya por su narrativa o los conceptos que maneja y llego a entender. Con este libro en particular me he identificado en algunos párrafos y en otros he rescatado ideas que enriquecieron mi comprensión del mundo que me rodea.
    Así y todo me hubiera gustado una vuelta más de rosca.

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  9. El mismo Borges, a continuación de afirmar que Hesse no habría imaginado bien el ‘juego’, expresa que “si lo hubiera hecho, quienes leen la novela se habrían interesado más en él que en las palabras y ansiedades de los protagonistas y en el vasto ambiente que los rodea”. Carlos Calvimontes

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