Paul Lehr (1930-1998) fue uno de los ilustradores de ciencia ficción y fantasía más prolíficos de las décadas de los 50, 60 y 70, cuando creó portadas para cientos de libros y revistas. Su arte también apareció en cabeceras tan importantes como "Time", "Fortune", "Playboy", "Reader's Digest" u "OMNI". Trabajando con óleos, acrílicos y gouache sobre masonita o panel de madera, Lehr desarrolló un estilo muy reconocible: onírico, surrealista y atmosférico. Con una paleta de colores vívida y muy saturada, solía representar vastos paisajes marcados por objetos enormes y misteriosos.
Lehr fue uno de los pocos artistas capaces de evocar el género de la
Ci
encia Ficción sin recurrir a escenas específicas de los libros que ilustraba.
Sus pinturas a menudo se perciben como paisajes oníricos que insinúan misterios
profundos, sugiriendo lo inquietante y lo sublime. Es ese asombroso aspecto
narrativo de su obra lo que lo ha convertido en una leyenda de la CF. Su
singular interpretación onírica, surrealista y a menudo mística de los mundos extraterrestres
lo convirtió en un referente de Bantam Books a mediados y finales de los años
60.
Lehr estudió ilustración en el prestigioso Pratt Institute, donde
trabajó con Stanley Meltzoff, quien ejerció una temprana influencia en su arte.
Su primera portada de CF -para “Satélite T-1” (1954) de Jeffery Lloyd Castle-
es una representación realista de la construcción de una estación espacial de
forma bastante inusual. Imágenes similares de naves espaciales, representadas
principalmente en tonos de gris, se ven en otras portadas tempranas,
pero sus
ilustraciones para “La Nave Estelar” (Brian Aldiss, 1960) y “Journey Beyond
Tomorrow” (Robert Scheckley, 1962) muestran
su evolución hacia el estilo menos figurativo que más tarde se convertiría en
su sello distintivo.
Su primera obra destacable en este sentido fue, quizás, la portada para “Future Imperfect” de James Gunn (1964), que representa a una mujer con aspecto de Medusa y una araña con cabeza humana entre extraños diseños dentro de un rectángulo parcialmente destrozado. Las portadas de la edición de 1967 de “El Alimento de los Dioses” (1904) de H. G. Wells y “Dimensión de Milagros” (1968) de Sheckley, muestran lo que se convertiría en uno de sus rasgos de estilo característicos: extraños objetos con forma de huevo, que en esta ocasión se rompen para revelar, respectivamente, un enorme ojo y una serie de planetas y estrellas.
Si bien sus personajes a menudo parecen pequeños e insignificantes en
cont
raste con las grandes estructuras que dominan sus portadas, Lehr supo
realzar la figura humana, como lo demuestra su portada de 1973 para “Los
Creadores de Dios” de Frank Herbert, que muestra una enorme estatua que mira al
cielo siendo adorada por un suplicante envuelto en un sudario. Lehr también
sabía usar eficazmente los brillantes colores pastel, que solían hacer que sus
portadas resaltaran entre otras dominadas por tonos más oscuros. Además de los
mencionados, sus imaginativas imágenes sirvieron para adornar novelas de
nombres tan ilustres como los de Robert A. Heinlein, Arthur C. Clarke, Ray Bradbury
o Isaac Asimov.
Si bien sus obras no eran tan extravagantemente surrealistas como las de un artista con el que a veces se le compara, Richard M. Powers, ambos contribuyeron sobremanera al estilo distintivamente imaginativo de la ilustración de CF de esa época, que para algunos representa la cúspide de la larga historia del género.
A
demás de su prolífica carrera como ilustrador, también se dedicó a
apoyar a la siguiente generación de artistas. Fue juez del prestigioso concurso
“Illustrators of the Future” desde su año inaugural (1988) hasta su propio fallecimiento
diez años después. Este certamen, fundado por L. Ronald Hubbard, busca
descubrir y promover a nuevos ilustradores con talento en los géneros de la CF
y la Fantasía. La participación de Lehr demostró su compromiso con el fomento
del talento joven y la continuidad de la forma de arte que tanto apreciaba. A
quienes aspiraban a seguir sus pasos, les aconsejó una perspectiva naturalista,
observando y estudiando la extraña belleza de nuestro propio y también
misterioso planeta antes de pasar a imaginar lo alienígena.
“Tenemos
imágenes de CF a nuestro alrededor, en nuestro propio mundo (...) Con la luz de
la cocina encendida durante una tarde de verano, al mirar por la ventana con
mosquitera (...) aparecen miríadas de insectos de todas las formas, tamaños y
colores, con diseños inimaginables: criaturas que deslumbran la imaginación.
Árboles y
tocones con formas extrañas y misteriosas. Reflejos en el agua,
piedras y rocas craterizadas: todo está ahí. Si queremos proyectar con éxito
imágenes de otros mundos, criaturas alienígenas y el concepto del tiempo,
primero debemos estudiar nuestro propio entorno”.
Una de las pinturas de Lehr pertenece ahora a la colección permanente del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano. Esta pintura, que apareció por primera vez en el "Saturday Evening Post" en 1959, representó el primer alunizaje diez años antes de que ocurriera en la realidad.
A medida que las editoriales estadounidenses comenzaron a decantarse
por un estilo más realista en la década de
los ochenta, Lehr se centró en
portadas para las revistas de ciencia ficción, editoriales extranjeras y
publicaciones generalistas como las que mencioné al principio.
El impacto de la obra de Paul Lehr en la Ciencia Ficción y la Fantasía es inconmensurable. Sus portadas no sólo adornaron las novelas de eminencias literarias, sino que también contribuyeron a forjar la identidad visual de esos géneros. Sus ilustraciones y cuadros han sido ampliamente documentados y analizados en libros especializados, lo que demuestra el gran respeto que le tiene la comunidad artística. Fue capaz, en definitiva, de elevar la ilustración de ciencia ficción de mera descripción narrativa a forma de arte conceptual y atmosférica, dejando una marca indeleble en la estética visual de su época.



No hay comentarios:
Publicar un comentario