lunes, 10 de septiembre de 2012

1996- DARK SKIES




Nuestra guerra secreta contra los alienígenas ha salido a la luz. Pero no se ha producido un escándalo, ni episodios de histeria colectiva, ni polémica… ¿Por qué? Porque la escabrosa conspiración formaba parte de una serie televisiva, “Dark Skies”, que se desarrolló a lo largo de diecinueve episodios en 1996, emitidos en horario de máxima audiencia en la NBC. Al revisar la serie episodio a episodio, nos encontraremos con que los presidentes Truman y Kennedy, los Beatles, Jim Morrison o Carl Sagan estuvieron de una forma u otra involucrados en esta contienda subterránea.



“Dark Skies” nació de la mente de dos de los productores más experimentados de Hollywood, Bryce Zabel (“Lois y Clark”) y Brent V.Friedman (“The Twilight Zone”, “Star Trek:Enterprise”, “The Clone Wars”). Cuando se encontraron por primera vez y charlaron sobre los proyectos que tenían en mente, la conversación acabó girando alrededor del fenómeno OVNI. Y, de pronto, se les encendió una bombilla: ¿Y si fundieran las dos mayores teorías de la conspiración en una sola? ¿Y si el asesinato de JFK hubiera estado planificado por una raza alienígena, uno de cuyos miembros está custodiado en Roswell? ¿Y si lo hubieran matado porque el presidente estaba a punto de revelar su existencia a la opinión pública? De ahí se desprendió lo demás. Porque si el magnicidio de Kennedy fue obra de los alienígenas, los acontecimientos que vendrían después también estarían relacionados con ellos: el Watergate, la guerra de Vietnam…

Zabel y Friedman ya tenían la base de la serie. Ahora debían darle forma, convertirlo en algo que atrajera el interés de los ejecutivos al frente de las cadenas televisivas. Comenzaron creando un libro “Top Secret” destinado sólo a "funcionarios de alto nivel" en el que se detallaba cómo el fenómeno OVNI se había tapado, cómo se había desarrollado y cómo, en 1995, el gobierno se iba a ver obligado a hacerlo público. Y la mejor manera de revelarlo todo era mediante una serie de televisión que presentara los hechos como ficción. Durante un mes, ambos guionistas inventaron todo un mundo paralelo de falsos documentos clasificados, circulares internas y archivos históricos reinterpretados.

Gracias a los contactos de ambos productores consiguieron que el “libro secreto” llegara a las manos de Jeff Sagansky, jefe de programación de la CBS que se estaba preparando para convertirse en productor independiente. Le encantó el material y consiguió que Columbia Television se embarcara en el proyecto. Ya solo quedaba que alguna de las tres grandes cadenas comprara la serie: ABC, NBC o CBS. Las dos últimas se pusieron en contacto con Zabel y Friedman y la NBC encargó el guión para un piloto, cuyo rodaje comenzó en noviembre de 1995. El resultado satisfizo a la cadena, que pidió guiones para seis episodios más, aunque no dio el visto bueno definitivo hasta mayo de 1996.

Zabel parecía la elección más adecuada para desarrollar “Dark Skies”, puesto que durante muchos años la ufología había sido uno de sus intereses y había escrito en 1993 una película para el Sci-Fi Channel titulada “Official Denial” sobre el incidente de Roswell. Además, había crecido durante los sesenta, en los años en que Kennedy ocupó la presidencia.

Zabel y Friedman tejieron una intrincada cronología que les ayudó a ir situando las líneas narrativas de los episodios: una columna para las fechas, otra para los acontecimientos de la historia norteamericana de acuerdo a las noticias aparecidas en Newsweek y Time desde los sesenta hasta la actualidad; una tercera columna consistía en el recuento histórico y detallado de los incidentes OVNI conocidos; y la cuarta su interpretación paranoica como eventos interconectados con la historia de los Estados Unidos de esos años. Por ejemplo, el apagón de 1965 en Nueva York sucedió al mismo tiempo que la muerte de la famosa periodista Dorothy Kilgallen y la denuncia de un avistamiento OVNI en New Hampshire. Con todos esos elementos, los guionistas elaboraron un episodio de la serie, “Rezar en la oscuridad”.

La intención de los creadores fue la de construir toda una historia “ufológica”, desde el 65 a.C. hasta el 2010 y si el programa hubiera sobrevivido el tiempo suficiente se habría seguido contando esa historia “paralela” hasta alcanzar la actualidad. Zabel bromeó sobre el hecho de que una de las principales cadenas del mundo, la NBC, estaba dejando que dos guionistas de Hollywood gastaran 45 millones de dólares en crear 20 horas de televisión en las que se afirmaba “que John Kennedy fue asesinado porque iba a revelarle al mundo la verdad sobre los ovnis. Pensamos que era una locura que solo puede suceder en América”.

En el piloto de la serie, dirigido por el especialista en terror Tobe Hooper, un joven John Loengard y su prometida, Kim Sayers, llegan a Washington D.C.en 1963 para incorporarse a sus trabajos como funcionarios de esa especie de gobierno de Camelot del presidente Kennedy: John en la oficina de un congresista y Kim en la Casa Blanca. Cuando su jefe le encarga a Loengard la investigación del Proyecto Libro Azul –el programa de las Fuerzas Aéreas norteamericanas sobre el fenómeno ovni- sus indagaciones atraen la atención del capitán Frank Bach, líder de una agencia gubernamental de alto secreto llamada Majestic-12. Están encargados de librar una guerra contra los alienígenas que contactaron por primera vez con el gobierno americano en 1947, en Roswell. Las advertencias a Loengard de que deje de escarbar no le detienen y al final Bach lo recluta como agente de campo para su organización.

En Majestic-12, Loengard aprende mucho sobre los extraterrestres, a los que se denominan
genéricamente “la Colmena”: tienen la capacidad de infectar a los cuerpos humanos, haciéndose con el control de los mismos y sirviéndose de ellos para infiltrarse en lugares clave. La Colmena son telépatas y se comunican a través de una especie de conciencia colectiva. El trabajo de Loengard es precisamente, encontrar a esos humanos “poseídos” y neutralizarlos.

Pero el idealista Loengard también se entera de los propósitos ocultos y los brutales métodos de Majestic-12. No tarda en desencantarse y decide revelar al mundo lo que sabe. Pero, naturalmente, Bach se opone. Loengard recoge pruebas y se las entrega a Robert Kennedy quien, a su vez, se las pasa a su presidencial hermano. Cuando Bach se entera de las reuniones secretas de Loengard con el fiscal general Kennedy, hace lo necesario para proteger el secreto de Majestic-12 y Loengard y su novia se encuentran de repente convertidos en fugitivos. Más adelante, Kim es abducida por los alienígenas y el trauma psíquico residual le otorga la capacidad de “sentir” la presencia de los extraterrestres.

A medida que la serie avanza, John y Kim demuestran ser una espina en las actividades de Majestic-12 a pesar de los esfuerzos de Bach por atraparlos. Por una parte, Loengard buscaba continuamente maneras de aflorar la información sobre los alienígenas y las operaciones encubiertas de Majestic. Por otra, Bach y su equipo hacían lo que podían para impedirlo. Ocasionalmente, se veían obligados a colaborar para evitar la infiltración de los alienígenas o desarticular alguno de sus planes.

Tras el asesinato de Kennedy Loengard se entera de la verdad oculta tras el incidente de Roswell, interfiere en un plan alienígena para ocultar señales subliminales en la retransmisión televisiva de la actuación de los Beatles en el programa de Ed Sullivan, o participa en el establecimiento del Area 51 en el desierto de Nevada. Otras intrigas extraterrestres estaban relacionadas con extrañas mutilaciones de animales, secuestro de niños o manipulación de las tensiones raciales en Mississippi y la muerte allí de activistas sociales. Loengard y Bach comparecen privadamente en la comisión Warren que investigaba el asesinato de Kennedy. Al final, John y Kim son “acogidos” por Majestic y se alían con otro de sus agentes, Juliet Stewart, representante del equivalente soviético de Majestic, Aura-Z. Otros episodios llevan a los protagonistas a Vietnam, las manifestaciones contra la guerra en Washington, la recluida vida de Howard Hughes en Las Vegas, las figuras en los cultivos o el mundo de los surfistas californianos.

Para el papel de John Loengard, el estudio impuso al actor Eric Close. Por mucho que los productores
luego alabaran su trabajo, no les hizo gracia verse obligados a tenerle en la serie y, en honor a la verdad, lo cierto es que su interpretación deja mucho que desear. Más allá de sus buenas cualidades físicas, su capacidad para transmitir emociones –y las situaciones que vivía su personaje eran profundamente emocionales, desde la traición de su propia familia hasta la pérdida de su hijo recién nacido- era mínima. Megan Ward, que interpreta a Kim lo hace algo mejor, aunque uno tiene la impresión de que de haberse encontrado emparejada junto a un actor más competente que Eric Close, habría podido dar más de sí.

Para el capitán Frank Bach, el líder de Majestic-12, desde el comienzo se pensó en el veterano J.T.Walsh, que en ese momento estaba más centrado en su carrera cinematográfica que en la televisión. Sin embargo, le hicieron una buena oferta y, gracias a él, el nivel interpretativo de la serie subió varios enteros. Fue el último papel que interpretó porque tras la cancelación de la serie, falleció. En la ficción, los productores ya le habían matado al final de la temporada.

Con los guiones sobre la mesa y el reparto preparado, era necesario centrarse a continuación en un aspecto fundamental de la serie: la recreación de época, concretamente los años sesenta. Hasta cierto punto, no es una tarea tan compleja como pudiera pensarse. Hollywood no anda corto de clubs de aficionados a los coches antiguos y hay muchos almacenes que conservan ropa y objetos cotidianos de entonces. Las localizaciones exteriores eran otro tema, porque no debían verse en pantalla edificios o fachadas modernos. La música fue escogida con gran cuidado, normalmente éxitos pop del mes concreto en el que el episodio transcurría. Sin duda, esta es la parte más interesante de la serie. Los productores y encargados del departamento artístico lograron dar una verdadera pátina de autenticidad a una proposición –JFK y OVNIS- ciertamente increíble. Los efectos visuales, en cambio, son escasos y pobres (bichos saliendo de la boca, algunos ovnis abductores ya muy vistos y unos alienígenas poco sugerentes), si bien esto no lastraba tanto la serie por cuanto las historias descansaban más sobre los dramas personales que sobre el mero artificio.

Cuando la serie comenzó a emitirse en el otoño de 1996, las reacciones no fueron todo lo buenas que se esperaba. En buena medida, las críticas provinieron de fans de “Expediente X” que opinaban que “Dark Skies” no era sino una copia oportunista de aquélla. En realidad, aparte de la agencia secreta y el que los protagonistas fueran una pareja hombre-mujer, había pocas similitudes. “Expediente X” tocaba multitud de temas mientras que “Dark Skies” se centraba exclusivamente en los ovnis, lo que le otorgaba mayor coherencia global, por no hablar de la conexión que en esta última se establecía entre ese fenómeno y los acontecimientos históricos de una época.

“Dark Skies” terminó su andadura tras tan sólo dieciocho episodios víctima de las despiadadas
políticas corporativas de las cadenas que vienen siendo la norma en los últimos años. La mayor parte de los intentos de esas empresas por obtener un gran éxito con series de televisión han acabado descarrilando sin llegar a atraer la suficiente audiencia. Aunque la serie supo escapar del rígido esquema de los primeros episodios, cambiar de protagonistas e introducir nuevos giros que prometían una segunda temporada más interesante, la NBC decidió cancelarla para sustituirla por series sobre las que tenía control completo y de las que obtenía, por tanto, la totalidad de los beneficios económicos que generaban.

En resumen, una serie prometedora que nunca llegó a despegar del todo pero cuyo planteamiento relativamente original –hacer viajar al espectador por la historia reciente norteamericana y sus principales protagonistas y ofrecerle una versión alternativa- probablemente le ofrece un seguro contra el envejecimiento del que carecen otros programas a priori más espectaculares.

2 comentarios:

  1. Yo vi esta serie hace años y si me parecía demasiado X-Files aun así estaba bien trabajada y con buena producción, creo recordar que queda inconclusa la trama en el ultimo capitulo cuando logran infiltrar a una persona en una de las naves de La Colmena creo recordar solo eso XD.

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  2. Pues sí Doctor, así terminaba. Quedaba la cosa muy en el aire -nunca mejor dicho- y no creo que ya jamás se continúe. Es el sino de tantas series...

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