viernes, 3 de octubre de 2014

1979- TRANSFIGURACIONES - Michael Bishop


Aparentemente, el tipo de novela de ciencia ficción con inclinación antropológica que cultiva Michael Bishop es engañosamente sencilla. Sólo aparentemente. En su primera y no adecuadamente valorada novela, “Un Funeral para los Ojos de Fuego” (1975), la premisa (trasladar a un pueblo alienígena fuera de su planeta) evoluciona hasta componer un gran y complejo tapiz antropológico lleno de historias dentro de historias. En “Caras Robadas” (1977), el misterio biológico tras una virulenta epidemia crece hasta convertirse en una exploración pesadillesca de la descomposición del cuerpo, la sociedad y la memoria.

La novela corta “Muerte y Dominación entre los Asadi” (1973), nominada a los premios Hugo y Nébula, sigue una pauta similar. Concebida como una serie de notas y transcripciones de observaciones reunidas y publicadas tras la desaparición de su autor, un xenólogo cultural llamado Egan Chaney, acabó formando el prólogo de lo que luego se ampliaría hasta ser la novela titulada “Transfiguraciones” (1979).



Chaney estaba llevando a cabo un estudio en el gran bosque del planeta Bosk Veld centrado en una extraña especie alienígena de aspecto simiesco, los Asadi, cuya cultura parece haber degenerado desde un nivel de compleja sofisticación tecnológica hasta una simplicidad primitiva en la que la única interacción social consiste en rituales cíclicos relacionados con la Naturaleza. Carentes de capacidades vocales, los Asadi se comunican mediante ondas lumínicas utilizando como emisores de señales sus ojos policromáticos. Su estructura social parece un rompecabezas incomprensible e impenetrable al entendimiento humano.

El propio Egan Chaney es un hombre atormentado. En la Tierra, tras un desastre que contaminó irremediablemente el continente africano, supervisó el traslado de los únicos pigmeos supervivientes, tan solo una docena, a América. No sirvió de nada porque, ya fuera debido a la nostalgia o a la desorientación, todos fueron muriendo poco a poco. La culpa y la confusión que se apoderaron del investigador a raíz de aquel episodio condiciona no sólo las ideas de Chaney acerca de los Asadi, sino su actitud hacia ellos. Se siente simultáneamente aterrorizado e intrigado por los alienígenas, que a menudo se abandonan a una violencia animal, dejando que se quemen sus ojos por sobreexposición al sol e incluso practicando canibalismo.

Chaney es incapaz de descifrar las claves de tal comportamiento. Cuanto más se acerca a la brecha intuitiva que le permitiría acceder a la comprensión de los Asadi, más se desliza hacia la locura y la disolución de su propia identidad humana. Sumido en una depresión, se niega a hablar de sus hallazgos con su principal colega y amigo, Thomas Benedict, y antes de desaparecer en el bosque, deja una nota: “Soy uno de ellos. Los quiero”.

Mucho después de que Chaney desapareciera en el bosque, su hija, Elegy Cather, llega a Bosk Veld para retomar los estudios sobre los Asadi desde el punto donde los dejó su padre. Con ella viaja un simio inteligente, Kretzoi, híbrido de babuino y chimpancé, adaptado quirúrgicamente para asemejarse a los alienígenas; y Thomas Benedict, el viejo socio de su padre. Conforme Kretzoi empieza a integrarse en los casi incomprensibles rituales de esos seres, Elegy empieza a desentrañar el misterio de los Asadi y, a través de sus ojos, el autor nos transmite lo que es una de las mejores descripciones de vida alienígena que se pueda encontrar en el género.

“Transfiguraciones” tiene mucho de reflexión sobre ciertas mentalidades postcoloniales. Así, el
planeta Bosk Veld está modelado de acuerdo a las extensiones salvajes del Bushveld sudafricano y parte de su inspiración proviene del polémico estudio etnográfico sobre los pigmeos del Congo Belga “El Pueblo de las Montañas” (1961), en el que el antropólogo Colin Turnbull describía lo que puede sucederle a una sociedad acosada por la dureza medioambiental. Por supuesto, el fantasma de “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad, acecha por las esquinas. Después de todo, ambas obras retratan el contacto de dos especies/razas de costumbres, mentalidades y nivel tecnológico muy dispar así como la presencia de dos figuras: un individuo torturado que es misteriosamente absorbido por el asfixiante entorno nativo y otro que sale en su busca, persiguiendo además la iluminación.

Los enigmas que rodean la cultura Asadi se abordan desde diferentes puntos de vista: Chaney y su sentimiento de culpabilidad, Elegy y su anhelo por encontrar al padre que la abandonó, Thomas y su esperanza por encontrar al amigo perdido… A pesar de que los misterios de los
alienígenas se revelan y sus rituales acaban en buena medida explicándose desde un plano biológico, aquéllos y éstos nunca dejan de parecernos totalmente ajenos a lo humano.

El único inconveniente que puede tener la novela para algunos lectores es algo común a la mayoría de los libros de ciencia ficción escritos por Bishop: se trata de una historia que no se apoya en el argumento, sino en el estudio de personajes y la descripción etnográfica, planteando y abandonando hipótesis de una forma científicamente interesante, pero emocionalmente distante. Esto lleva a que determinados segmentos del libro tengan un ritmo excesivamente lento que puede llegar a aburrir. No obstante, si se supera su mitad, la narración cobra bastante dinamismo hasta su conclusión final, cuando el relato antropológico se transforma en una historia de terror.

Ya he dicho más arriba que a Bishop no le interesan demasiado los personajes y por ello no
encontramos aquí protagonistas con los que poder identificarnos o que siquiera podamos encontrar agradables. Prueba de ello es el personaje de Elegy, quien en momentos de gran intensidad emocional se muestra clínicamente fría en sus observaciones. Y es que el espíritu analítico del escritor a la hora de describir el entorno, las costumbres alienígenas y el proceso científico seguido para estudiarlos degenera en cierta carencia de empatía emocional.

“Transfiguraciones” es, en resumen, una novela atmosférica, densa, oscura e inquietante que mezcla la ciencia ficción con el horror psicológico y tan fascinante como convincente en su retrato de una cultura alienígena que se puede estudiar y describir, pero no comprender.

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