martes, 28 de octubre de 2014

1961- THE STAR ROVERS




Ya hemos comentado extensamente en este blog la importancia para el género en su versión gráfica que tuvieron las colecciones de ciencia ficción que DC publicó en la década de los cincuenta y sesenta: “Strange Adventures” y “Mystery in Space”, ambas creadas por Julius Schwartz, uno de los mejores editores de la historia del medio. En sus respectivas entradas hemos ido analizando algunas de las series que fueron apareciendo en esos títulos: Star Hawkins, Adam Strange, el Museo del Espacio o los Caballeros Atómicos. El peculiar y no siempre bien avenido trío de personajes que ahora comentamos también nació y vivió su breve existencia en las páginas de esas dos míticas colecciones.



La serie debutó en Mystery in Space nº 66 (marzo 1961), con dibujos de Sid Greene y guiones de Gardner Fox, uno de los escritores veteranos de la casa y que trabajó de forma muy estrecha con Julius Schwartz. El título de la serie en cuestión –y nada más- fue tomado de la novela de Jack London del mismo nombre, publicada en 1915, y que ya comentamos en este blog. Ya fuera porque Gardner Fox era un ávido lector, o porque Schwartz había desempeñado en su juventud labores de editor de revistas de ciencia ficción y agente de escritores de ese género, el caso es que uno o ambos conocían la novela y decidieron que el título tenía gancho.

Sea como fuere, no había nada en aquella primera historia publicada que indicara su carácter de entrega inicial de una nueva serie. Quizá fuera que ni Schwartz ni Fox la contemplaran como material apto para una continuidad, pero lo cierto es que, tras reconsiderarlo, se dieron cuenta del potencial de la premisa de partida, premisa con la que ambos jugaron, retorciéndola y modificándola en las nueve historias que acabaron finalmente componiendo la trayectoria del trío protagonista.

El siguiente episodio, “¿Qué pasó en Sirio 4?”, apareció tres números después… pero cinco meses más tarde. En 1961, “Mystery In Space” tenía una cadencia de ocho números anuales, así que entra dentro de lo posible que Schwartz tuviera tiempo suficiente para recibir suficientes comentarios positivos de los lectores acerca de aquella primera entrega como para reconsiderar su continuidad. Después de un hiato de cinco números, la tercera entrega se publicó en “Mystery in Space” nº 74 (marzo 1962). Durante el siguiente año y medio, los Star Rovers irían apareciendo cada tres números antes de ser trasladados a su título gemelo, “Strange Adventures”, para sus dos últimas historias (nº 159 –diciembre 1963- y 163 –abril 1964-). Todas ellas fueron dibujadas por Sid Green en el estilo sencillo, clásico y al mismo tiempo elegante propio de muchos de los artistas de DC de la época.

Los Star Rovers son un trío de aventureros amateur: Rick Purvis, playboy y atleta; Karel
Sorensen, antigua Miss Sistema Solar y certera tiradora; y Homero Glint, explorador, novelista y deportista. Cada uno de ellos lo suficientemente rico como para poseer sus propias naves, juntos constituían la “jet-set” espacial de la galería de personajes futuristas de la casa, un equipo que se entretenía compitiendo por resolver misterios interplanetarios y enfrentarse a peligrosas especies alienígenas.

Todas sus historias estaban cortadas por un patrón similar: plantear un enigma, permitir que cada personaje aportara su posible solución y juntar las tres para llegar a la auténtica respuesta. Así, en su primera aventura, “¿Quién atrapó al langorilla?”, vemos como en el año 2160, Karel Sorensen regresa a la Tierra desde el planeta Zaddara para narrar a una muchedumbre cómo capturó a la criatura conocida como Langorilla (“¡llamada así porque tiene las características de una langosta y un gorila!”). Pero su rueda de prensa es interrumpida por Rick Purvis y Homero Glint, cada uno de los cuales afirma que ha sido él quien ha realizado la captura. Esta fue la premisa que se repetiría en las siguientes aventuras: tres amistosos competidores tratando de superar a los demás sólo para encontrarse con que la verdadera respuesta al enigma es una cuarta posibilidad. Curiosamente, el término Star Rovers no aparecería hasta la tercera entrega, en “Mystery In Space” nº 74 (marzo 1962).

En los siguientes episodios los lectores verían al trío protagonista tratar de resolver el misterio
de un planeta devastado, enfrentarse a desafíos individuales en una isla flotante paradisíaca, averiguar el origen de una espada mítica, discutir quién merece una medalla por salvar la Tierra, oponerse a duplicados exactos de ellos mismos, encontrar el paradero de nuestro planeta tras ser robado, superar enfermedades que les impiden volver a casa o derrotar a alienígenas hostiles.

En mayo de 1964, Julius Schwartz abandonó el cargo de editor de las colecciones de ciencia ficción para pasar a coordinar los títulos de Batman. Fue sustituido por Jack Schiff, una de cuyas primeras decisiones fue cancelar los Star Rovers. Según él mismo admitió, no comprendía su planteamiento.

En lugar de criticar su estrechez de miras, quizá habríamos de concederle a Schiff su capacidad para reconocer las propias limitaciones. Después de todo, sus esfuerzos por continuar series iniciadas por Schwartz como “Adam Strange” o “Star Hawkins” distaron mucho de ser memorables. Schiff fue un buen profesional, pero su talento nunca se distinguió por ser capaz de asumir series creadas por un editor anterior, especialmente uno con la personalidad de su predecesor.

Retomar a los Star Rovers ha sido siempre una tarea pendiente para DC. Como le pasó a Jack Schiff, los editores nunca supieron muy bien qué hacer con unos personajes que pasaban la mayor parte del tiempo pensando e intercambiando ideas en lugar de peleando y corriendo de aquí para allá. No parecían los mejores candidatos para un mercado del comic centrado en la acción a raudales y la espectacularidad.

Sin embargo, sus historias fueron reeditadas varias veces en la década de los setenta (en
colecciones como “Strange Adventures”, “From Beyond the Unknown” o “DC Super-Stars”). En 1990, Howard Chaykin los recuperó para su miniserie “Twilight”, de la que ya hablé en otra entrada. Baste decir que se trató de una revisión oscura y poco heroica de todo el panteón futurista de la editorial a la que los Star Rovers no escaparon. Rick Purvis siguió siendo un gran deportista, pero su personalidad era la de un idiota codicioso y pagado de sí mismo; Karel se transforma en una deidad frígida y vanidosa y Homero Glint en un cínico arribista. En épocas más recientes aparecieron en la colección “Starman” y en el reboot editorial “52”, si bien el que fueran transformados en contrabandistas indicaba claramente que, aparte del nombre, no quedaba ya en ellos nada del espíritu original.

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