miércoles, 17 de enero de 2018

2014- INTERESTELAR – Christopher Nolan (y 2)


(Viene de la entrada anterior)

El argumento tiene desde el comienzo múltiples capas y niveles de discusión. Por ejemplo y para empezar, la situación en la Tierra que se nos muestra desde el comienzo. Cuando se planteó qué tipo de situación extrema podría llevar a pensar en un auténtico fin del mundo, al menos en lo que al hombre se refiere, Jonathan Nolan decidió no imaginar el típico futuro distópico a base de ciudades superpobladas e hipercontaminadas, sino que optó por rescatar algo que ya había sucedido en nuestra historia reciente: el Dust Bowl, uno de los peores desastres ecológicos y humanitarios del siglo XX.



Durante toda la década de los años treinta de esa centuria, las llanuras y praderas de Estados Unidos localizadas entre el Golfo de Mëxico y Canadá se vieron sometidas a un verdadero desastre producto de las condiciones climatológicas y las malas prácticas agrícolas. El agotamiento del suelo debido a la deforestación y práctica de tierra quemada, la desaparición del ecosistema original, la elección de cultivos poco apropiados y la sobreexplotación se combinaron con un periodo de sequía y malas cosechas que convirtió al suelo, literalmente, en polvo que era arrastrado y levantado por el viento hasta ocultar el sol y sepultar cualquier cosa que encontrara en su camino. Millones de personas se convirtieron en refugiados, incapaces no ya de ganarse la vida, sino siquiera de sobrevivir.

Nolan vió el documental que sobre aquella catástrofe realizó Ken Burns en 2012, “The Dust
Bowl”, y que mostraba imágenes rodadas en la época y fotografías absolutamente terroríficas. Decidió trasladar ese escenario a “Interstellar”, pero en una dosis rebajada. Puede parecer exagerado, pero si hubiera recreado con fidelidad lo que fue el auténtico Dust Bowl, nadie lo habría creído. De hecho, este fenómeno, aunque a menor escala, sigue produciéndose en Estados Unidos en la actualidad, donde grandes ciudades se ven engullidas por nubes de polvo, con el agravante de que ahora ese polvo contiene trazas de sustancias peligrosas subproducto de los procesos fabriles y manufactureros.

“Interstellar” se sitúa al final de ese proceso suicida, quizá dentro de unas décadas. Y cuanto más se esfuerzan los granjeros en luchar contra el clima, las plagas y el agotamiento de las
tierras, más lejos se está de la salvación. Porque ésta pasa por abandonar la Tierra y sólo quien tiene la osadía de pensar a lo grande, de mirar hacia las estrellas en lugar de hacia abajo, al polvo (parafraseando al propio Cooper), puede entender la situación. La denodada lucha por la supervivencia impide a la mayoría de la gente ver más allá. No solamente se ha abandonado la exploración espacial, sino que desde las autoridades se desanima activamente a los niños en las escuelas para que sientan curiosidad por ese campo, favoreciendo en cambio todo lo relacionado con la agricultura. Se llega a afirmar oficialmente que nunca se llegó a la Luna, que todo fue una campaña publicitaria para obligar a los rusos a arruinarse invirtiendo en una quimera. Incluso la NASA ha tenido que pasar a la clandestinidad. “No puedes financiar la exploración espacial cuando no eres capaz de alimentar a tu pueblo”, le dice el doctor Brand a Cooper.

Nolan ha querido simplificar la situación contándonos que en una situación tan desesperada los gobiernos han acabado por desmantelar los ejércitos y que ahora todos los recursos se destinan
a cultivar alimentos. Es un escenario altamente improbable por cuanto la Historia nos dice que en una situación de escasez de recursos y elevada población, lo que se producen son guerras y conflictos de todo tipo. No obstante, esa licencia permite a la historia explicarnos por qué la NASA sigue en pie. Tras el fin de la carrera espacial a comienzos de los setenta y más adelante el fiasco de la Guerra de las Galaxias, la financiación del programa espacial siempre ha tenido dificultades. En una situación como la que nos describe la película, sin duda la NASA habría sido de las primeras fichas del dominó en caer. ¿Por qué no es así? Aunque no se explicita, se deja entrever que el descubrimiento décadas atrás de perturbaciones gravitatorias y el consiguiente agujero de gusano próximo a Saturno, ha permitido a esa agencia civil convencer al gobierno de que con el programa Lázaro (bautizado con el nombre del muerto al que Jesús devolvió la vida) podría salvarse a la humanidad evacuándola a otro mundo. Aunque públicamente las autoridades no pueden defender la financiación de la NASA, secretamente la dotan de los abundantes fondos que requieren las misiones que han estado enviando en esa dirección.

En fin, para alguien de mente inquieta, vivir en ese mundo es un infierno. Y es lo que le ocurre
a Cooper, quien ha de afrontar una difícil decisión. Sabe que es un buen piloto y que la misión tendrá mayores probabilidades de éxito con él abordo. No es feliz en la Tierra y se siente inútil. Pero aceptar ir en la Endurance significa separarse de lo que más quiere, su hija Murph. Como él, la niña es inquisitiva, exploradora, científica y contestataria. Ella le necesita a él pero él también la necesita a ella. Son dos personas inadaptadas que encuentran apoyo y consuelo en el otro. Al mismo tiempo, Cooper sabe muy bien que su hija no tendrá ningún futuro si no se encuentra un nuevo hogar para la especie humana. Si se marcha para salvarlo todo, puede perderlo todo.

Se plantean por tanto y de forma inteligente y emocionalmente devastadora cuestiones que van
desde la escala más amplia (salvar a la humanidad en su conjunto) a la más íntima (separarse de los seres queridos para quizá no verlos nunca más). Y la situación no mejora cuando la misión Lázaro deja la Tierra. Aunque el tiempo discurre a diferentes velocidades para quienes se quedan en nuestro planeta y quienes se van, en uno y otro lado, en uno y en otro tiempo, los personajes siguen enfrentándose a decisiones terribles, ya sea tratando de resolver un problema físico casi imposible, ocultar la gran mentira que se esconde tras él, decidir a qué planeta debe darse prioridad sin que intervengan los sentimientos personales –o sí lo hagan-, asumir el coste temporal de trayectos aparentemente breves…

Con todo esto y aunque el espacio se retrata como un “lugar” de serena y peligrosa belleza, hay
pocos momentos que permitan recrearse en ello, porque la película es verdaderamente estresante para el espectador. Tal y como se va desarrollando la historia, no hay garantías de que todo vaya a tener el clásico final feliz y satisfactorio. Ni siquiera se puede predecir el final, porque desconocemos de qué forma va a alterar la realidad de los principios físicos el universo ignoto e incognoscible en el que se adentran los astronautas.

Y no solo angustia la trama en sí y cómo está contada, sino los temas que ofrece para que su reflexión. Si las generaciones que nos precedieron se preocuparon por una posible invasión extraterrestre o el apocalipsis nuclear, la pesadilla actual consiste en el deterioro de nuestro medio ambiente y que nuestro planeta pueda algún día dejar de sustentarnos; que no hay plan B y que si alguien puede pensar en él será algo de una escala intimidante; que el universo es enorme más allá de lo que nuestra imaginación
pueda concebir y que para alcanzar otro punto del mismo habría que dejarse arrastrar por las leyes del espacio-tiempo y hacer enormes sacrificios….

Pero como decía más arriba y a pesar de su escala épica y el calado de los temas que plantea, el corazón de “Interstellar” es puramente emocional, son sus personajes y sus tribulaciones lo que engancha al espectador. Y en este apartado son fundamentales los actores. O, quizá habría que decir, el actor, porque es Matthew McConaughey sobre quien recae casi todo el peso sentimental de la historia. A pesar de rozar en algunos momentos su conocida sobreactuación, resulta
perfectamente creíble en su papel de padre devoto de su hija, de hombre inteligente aplastado por una vida que no desea y héroe de pies de barro al que le pesa inmensamente la responsabilidad que le ha sido encomendada y el peaje que debe pagar por ello. El personaje de Ann Hathaway es más plano. Sabemos poco de la doctora Amelia Brand aparte de que su personalidad es, sólo aparentemente, más fría y pro-ciencia que la de Cooper. A la hora de la verdad, sin embargo, no puede ocultar que también ella se rige por sus sentimientos personales tanto como por su ímpetu altruista. El resto de los actores, aunque no están a la misma altura, sí cumplen perfectamente su papel de secundarios: Michael Caine, Jessica Chastain, Wes Bentley; Matt Damon...

Nolan parece el director idóneo para una película en la que el tiempo es tan importante. El transcurso del tiempo, bien como recurso narrativo o como experiencia subjetiva, ha jugado un papel básico en títulos suyos como “Memento”, “Origen” o “Dunkerque” (2017). En “Interstellar”, el Tiempo, como cualidad física fundamental, adopta las dos formas antedichas. Al viajar a velocidades relativistas o en presencia de fenómenos gravitatorios que aquí nos son desconocidos, el tiempo discurre de
forma diferente que en la Tierra. Una hora en uno de los planetas que visitan equivale a siete años en la Tierra. Los personajes existen simultáneamente en ambas corrientes temporales y sus vidas (Murph, el doctor Brand y la familia de Cooper por una parte, y la tripulación de la Endurance por otro) transcurren a ritmos diferentes, lo que acentúa tanto para ellos como para el espectador el sentimiento de lejanía, de pérdida, de desconexión. También crea un sentimiento de urgencia: unos y otros deben completar sus respectivas misiones antes no ya de que la Tierra ya no pueda sostener a la humanidad, sino de que los seres queridos que han quedado atrás no mueran y, con ellos, el recuerdo de los que viajaron tan lejos para tratar de encontrar un nuevo mundo.

Este aspecto relativista del tiempo es uno de los aspectos más innovadores y conceptualmente atrevidos de la película. Irónicamente, para aquellos espectadores más avezados en el género y para los que la comprensión y asunción de estos principios físicos no suponga ningún problema, puede que lo que les resulte más indigesto sea otra cosa: el nexo inquebrantable que forma el amor, en este caso entre padre e hija, un nexo que adquiere, según los hermanos Nolan
y como ya he comentado, carácter de cualidad física real del universo, tanto como la gravedad, el tiempo o el espacio y que, de hecho, puede trascender todos ellos. Esta mezcla de ideas sorprendentes de altos vuelos entrelazadas con emociones genuinas e íntimas ha sido una de las características recurrentes del cine de Nolan.

Muchos comentaristas poco entendidos en el género de la CF han basado sus análisis sobre todo en el aspecto visual, ya que eso es lo que piensan que tiene más importancia en este tipo de películas. Pues bien, tampoco en este campo puede difícilmente nadie sentirse decepcionado con el resultado.

En unos tiempos como los actuales en los que los grandes éxitos de taquilla del género constan casi en su mayoría de superhéroes y espectáculos visuales de destrucción masiva sin demasiado peso intelectual, es un auténtico placer ver una película con sólidas raíces científicas y que se atreve a plantear conceptos complejos: teoría de la relatividad, gravitación y espacio-tiempo, fenómenos de dilatación temporal, agujeros de gusano, agujeros negros… ideas que ya se habían presentado desde hacía años en otras superproducciones pero que a menudo eran tratadas de forma torpe y como meras excusas
para el drama y la acción. Por ejemplo, en “El Abismo Negro” (1979), de Disney, el agujero negro central en la trama no era más que un vacío de agradables lucecitas que llevaban a la otra vida.

En “Interstellar”, todo el equipo, desde los guionistas hasta los especialistas en efectos visuales, trató de respetar lo máximo posible los postulados científicos conocidos –llegaron a crear, a partir de algoritmos aportados por Kip Thorne, un programa informático que recreaba una simulación detallada de cómo se comportarían los gases y la luz alrededor de un agujero negro. También se molestaron en desmontar la noción –postulada en “Star Trek: Espacio Profundo Nueve” (1992-99)-, de que un agujero de gusano es como una especie de torbellino-desaguadero en el espacio, y que es más probable que adopte la forma de una esfera dado que es multidimensional. Hay también
pequeños pero muy bienvenidos detalles como cuando, cerca ya del final, la imagen pasa de mostrar lo que sería un típico campo de béisbol del medio oeste a ir abriendo el plano para seguir la trayectoria ascendente de la pelota y revelar que todo transcurre en el interior de una Esfera de Bernal (un tipo de hábitat espacial propuesto en 1929 por el científico John Desmond Bernal y que desde dentro tendría el aspecto de un gran valle curvo), algo que no había aparecido en pantalla hasta ese momento y que nadie esperaba ver.

En el apartado de aciertos cabe reseñar el del diseño. Nolan optó por no distraer los esfuerzos
de su equipo tratando de imaginar cómo sería, por ejemplo, la moda del futuro. Se ciñe a lo actual, a lo que ya conocemos, y se centra en aspectos como el interior de las naves, totalmente, funcional; los trajes, muy parecidos a los actuales aunque con un toque futurista; o los dos robots, con los que se consiguió evitar el sobado cliché del robot humanoide. Su austero e inusual aspecto esconde una multifuncionalidad sorprendente, por no hablar de divertidos toques como los parámetros de humor o de sinceridad de sus respectivas inteligencias artificiales. Aunque siempre se les trata como herramientas, TARS y CASE tienen personalidades diferenciadas y, como le pasa a Cooper, ambos son productos de otra época que ya no tienen cabida en la Tierra, en su caso robots militares en un mundo que ha abolido los ejércitos.

“Interstellar” hace un esfuerzo sincero por representar el viaje espacial de forma realista –se rodaron todos los efectos especiales de antemano y luego se proyectaron frente a los actores en la cabina de la Endurance para darles un entorno verosímil-. Aunque “Gravity” (2013), que se estrenó trece meses antes, le robó a Nolan la novedad en lo que se refiere a plasmar con realismo la vida en el espacio, “Interstellar” ofrece un trabajo sobresaliente en esta línea. Algunas de las escenas cortan el aliento, como cuando el doctor Mann trata de acoplarse a la Endurance; o los esfuerzos de Cooper por recuperar la estación. También son sensacionales los momentos en los que los astronautas aterrizan en los planetas alienígenas, como cuando tratan de huir de las olas gigantes (que, por cierto, me recuerdan a las imaginadas por Robert L.Forward en “El Mundo de Roche” (1990)); o la pelea entre Cooper y Mann en el glaciar. Otras escenas memorables también producto de los efectos digitales son aquellas en las que la Endurance queda reducida a un diminuto punto de luz contra la inmensidad de los anillos de Saturno; o la de su sombra recorriendo el campo de escombros que rodea el horizonte de sucesos del agujero negro.

Aunque hay un claro trabajo de CGI, Nolan se esforzó por mantener una base visual real, por lo que los mundos alienígenas fueron recreados a partir de rodajes realizados en los espectaculares paisajes de Islandia con los que ya estaba familiarizado a raíz del rodaje de “Batman Begins”. Se llegó incluso a montar en un remoto glaciar de ese país dos de las naves de la película, con un peso superior a los 4.500 kg, todo para aportar un mayor grado de realismo y no depender de los efectos digitales más de lo necesario. La propia nave Endurance fue recreada con un notable realismo, construyendo sets a escala real, sin expansiones, cortes ni trucos para acomodar la cámara. Todo en el interior de los diferentes módulos estaba pensado para un largo viaje y se cuidó hasta el detalle de incluir elementos de tecnología obsoleta, producto de una construcción y ensamblaje que se había prolongado más de veinte años y para el que se había reciclado equipo antiguo debido a la falta de fondos de la NASA.

Papel clave en el apartado visual es el del director de fotografía, Hoyte Van Hoytema (“Déjame Entrar”, “El Topo”, “Her”), que sabe sacar partido y crear atmósfera en cada fotograma, como en el segmento inicial de la Tierra, donde puede mascarse el eterno polvo en suspensión que rodea a los personajes y esa iluminación moderada y colores apagados que transmiten una sensación melancólica y de fin de trayecto.

Mención obligada es de la de Hans Zimmer, el compositor de la banda sonora y colaborador de
Nolan en otros títulos (“Origen”, las películas de Batman). Intentando alejarse de sus anteriores trabajos en común, Nolan hizo algo nuevo que demuestra lo interesado que estaba en que la música recogiera sobre todo el núcleo emocional de la historia. Le pidió a Zimmer que compusiera algo para la película sin decirle nada sobre el género, título, personajes o argumento. Le proporcionó tan solo un sobre con una página en su interior en la que se describía someramente la esencia de la historia y algunas líneas de diálogo. Le dejó trabajar en ello un solo día y luego le pidió que le mostrara el resultado. Según dijo Nolan, el músico acertó de pleno. Tras 45 sesiones de grabación (tres veces más que, por ejemplo, “Origen”), el resultado fue una banda sonora nominada para múltiples premios y que mezclaba la épica con la religiosidad gracias al extensivo uso de un órgano grabado in situ en la Temple Church de Londres. Como otros de sus trabajos para el cine, hay una serie de temas asociados a personajes o grupos de personajes, momentos de acción, amor o sentido de la maravilla, repitiéndose en momentos puntuales de la película. Conforme la Endurance y su tripulación van adentrándose en el espacio, la música va variando, haciéndose más extraña. Y los instrumentos se utilizan como si fueran metrónomos que acentúan la urgencia de la situación ante el avance imparable del tiempo. Es, sin duda, una música en perfecta sincronía con el espíritu del guión y que, por tanto, realza su mensaje y emociones.

Chistopher Nolan ha dirigido en “Interstellar” una space opera majestuosa, inteligente, ambiciosa y emocionante que aborda temas de gran calado pero que no olvida que son los personajes y sus sentimientos los que conectan en último término con el espectador. Probablemente fue una suerte que el proyecto cayera en sus manos en lugar de en las de Steven Spielberg, quien casi con toda seguridad habría acentuado el sentimentalismo en el segmento inicial en la Tierra y enfatizado el tema de la vuelta al hogar y la reunión con la familia. Sí, Nolan comete algunos fallos, hay agujeros de guión e inconsistencias que han sido examinados, analizados y discutidos hasta el aburrimiento. Y sí, es una película compleja, larga (casi tres horas) y densa que puede no satisfacer a todo el mundo, especialmente si se espera otro tipo de cine. Pero eso no debería importar a ningún aficionado no sólo a la CF, sino a las buenas historias. Nolan y sus personajes nos llevan al futuro, a explorar el espacio y otros planetas, nos maravillan con lo que encuentran y experimentan, nos conmueven con lo que sienten… ¿Qué más se puede pedir?



7 comentarios:

  1. Fantástico análisis, como siempre. Un saludo de un admirador de tu blog.

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  2. Estupendas entradas. Ciertamente esta película tiene mucho contenido y hay que verla más de una vez para captar todo lo que ofrece.

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  3. Excelente análisis de la película, a mi me gustó mucho la película, creo que esta filmada de manera brillante. Felicidades por como escribes.

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  4. Excelente su análisis usted debería ser director productor ya que posee una visión descomunal al momento de analizar una película, un libro. Una película emotiva.

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  5. Antes que la película me leí el libro de Kip Thorne en el que supongo se inspira el tema científico, ese titulado "Agujeros negros y tiempo curvo", y lo gracioso es que a veces al no entender del todo de que hablaba me preguntaba como rayos me fuí comprar ese libro y otros similares, y siempre llegaba a la misma conclusión: la ciencia ficción tiene la culpa de todo, empiezas por Asimov pero acabas con Carl Sagan y creo que esta película empuja a eso, a comprar libros de divulgación científica, aunque sea solo por curiosidad,como en mi caso.

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  6. Excelente análisis. Me he leído las dos partes de un tirón y estoy de acuerdo con lo que expones y cómo lo haces. Interestellar es una película en la que las emociones son el vínculo común que unen a todos los personajes.

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