Cuando “Star Wars” llegó a la gran pantalla en 1977, revolucionó la ciencia ficción para siempre. A remolque de su rotundo éxito, los productores de televisión y cine de todos los estudios buscaron frenéticamente su propia space opera. En la pequeña pantalla, la más exitosa de ellas fue “Battlestar Galactica” (1978-1979), una serie creada por Glen A. Larson (quien ya tenía cierta experiencia en la CF como creador y productor de “El Hombre de los Seis Millones de Dólares”, 1974-1978).
Aunque no
serán muchos los fans modernos que hayan visto la “Battlestar Galactica”
original, la historia básica le resultará familiar a cualquiera que
haya visto o
conozca de oídas el remake que se hizo en 2004 para SyFy: tras un ataque
genocida de los Cylons, los pocos supervivientes de la humanidad huyen de las
Doce Colonias en una flota variopinta cuya única protección es la nave de
guerra o "battlestar" Galactica. Mientras son perseguidos por los infatigables
Cylon, viajan a través del espacio en busca de una decimotercera colonia
perdida mucho tiempo atrás. A diferencia del remake de SyFy, en el que la
semejanza de la última generación de Cylons con los humanos eran un elemento
esencial de la trama general, los Cylons originales eran robots humanoides
metálicos; sus armaduras voluminosas y relucientes y sus andares torpes no se
diferenciaban demasiado de los soldados de asalto imperiales de “Star Wars”.
Con una
duración de 148 minutos y un presupuesto de 7 millones de dólares, los valores
de producción del episodio piloto rivalizaban con los de un largometraje.
Narrativa y visualmente, los primer
os capítulos de la serie ofrecieron a los
fans una sensación equivalente a la que habían obtenido con “Star Wars”. Y ahí
residía el problema, porque hubo quien entendió que las similitudes eran
demasiado evidentes. Entre ellos estaban George Lucas y 20th Century Fox, que,
conjuntamente, interpusieron una demanda contra Universal meses antes de que la
serie siquiera se estrenara, basándose en el guion de cortesía que proporcionó ese
estudio y titulado, de forma un tanto provocadora, “Galactica: Saga of a Star
World”.
En su
demanda, Fox señaló "34 similitudes" entre la creación de Larson y la
de Lucas. Algunas son tan sumamente genéricas que pueden implicar a docenas -si
no cientos- de obras de ciencia ficción, sobre todo en las déc
adas
transcurridas desde el estreno de “Star Wars”. Considérense si no frases como
"El conflicto central de cada
historia es una guerra entre las fuerzas democráticas y totalitarias de la
galaxia" o "La heroína es
encarcelada por las fuerzas totalitarias". Otras quejas son un poco
más específicas y quizás más condenatorias: "Los vehículos espaciales, aunque futuristas, tienen un aspecto viejo y
usado, en contraposición a la estereotipada apariencia elegante y nueva de los
equipos de la era espacial" o "Hay una escena en una cantina (en “Star Wars”) o casino (en “Battlestar”),
en la que el entretenimiento musical es ofrecido por criaturas extrañas y no
humanas". (Aunque, para ser justos, los fans de la serie de cómics
francesa Valérian podrían argumentar que la escena de la cantina tampoco era
original de Star Wars).
Los
personajes clave también guardaban cierto parecido. Starbuck, un personaje
masculino en la versi
ón de 1978, es un piloto de caza cuyo carisma y arrogancia
rivalizan con los de Han Solo. Su amigo, más estirado, el apuesto y joven
capitán Apolo, carga con un pesado legado familiar como hijo del legendario
comandante Adama, mientras que su madre fue trágicamente asesinada por los
Cylons. En los primeros borradores del guion, el capitán Apolo se llamaba
Skyler, lo que delataba su conexión con Luke Skywalker de forma un tanto
evidente.
Pero el
parecido que más llamó la atención del espectador medio fue el aspecto visual.
Es imposible obviar lo mucho que la versión original de “Battlestar Galactica”
se parece a “Star Wars", desde la franja roja pintada en el fuselaje de
los Vipers, hasta el aspecto ajado de las naves espaciales, pasando por los
peinados de Starbuck y Apolo. Resulta que había una muy buena razón para estas
similitudes visuales, ya que los responsables creativos pasaron directamente del
set de Star Wars a trabajar para Glen Larson en “Battlestar Galactica”. Sus
nombres eran Ralph McQuarrie y John Dykstra.
Ralph
McQuarrie fue el artista conceptual que creó muchos de los personajes y
paisajes más icónicos de toda la saga de Star Wars. Sus pinturas, dibujos y bocetos
siguen influyendo en la franquicia a día de hoy. John Dykstra, por su parte,
era un virtuoso de la iluminación y los efectos especiales cuya compañía,
In
dustrial Light & Magic (ILM, fundada junto a George Lucas), utilizó una
nueva cámara controlada por movimiento, la Dykstraflex, que permitió realizar algunos
de los efectos especiales más innovadores del cine en aquel momento. Por su
trabajo en “Star Wars”, el equipo de Dykstra ganó premios Óscar a los mejores
efectos especiales y al logro técnico especial.
A pesar de
los elogios que recibiría Dykstra, George Lucas no estaba completamente
satisfecho con su trabajo. En su opinión, el departamento de efectos especiales
(que operaba en el almacén de Industrial Light & Magic en Van Nuys) se
retrasaba demasiado y gastaba en exceso en relación al volumen de trabajo que
entregaba. Tras un año de trabajo y un millón de dólares invertidos, apenas
había listas un puñado de tomas
de efectos utilizables, lo que generó una gran
tensión entre ambos hombres.
Parte del
problema era que el equipo liderado por Dykstra funcionaba de manera muy
independiente, con dinámicas casi universitarias o de comuna, trabajando muchas
veces en horarios nocturnos y priorizando la innovación técnica (como el
desarrollo de la cámara Dykstraflex) sobre los plazos de entrega. Lucas, bajo
una enorm
e presión por parte de 20th Century Fox y con la fecha de estreno acechando
en el horizonte, pensó que tenía que intervenir directamente y poner el orden y
la disciplina necesarios para asegurar que la película se terminara a tiempo. A
medida que el proceso avanzaba, también surgieron fricciones creativas sobre el
peso que debían tener los efectos en la película. A Lucas le preocupaba que el
despliegue técnico eclipsara la historia o que el departamento de Dykstra
terminara acaparando el foco central del proyecto.
La gota que
colmó el vaso llegó tras el estreno de la película. A pesar de haber ganado el
Óscar por su labor, Dykstra no recibió un porcentaje de los beneficios como
otros miembros clave del e
quipo y su contrato con Lucas no fue renovado para
las secuelas. Esto sin duda motivó su salto a la producción de “Battlestar
Galactica”. Con su nueva compañía, Apogee (que incluía a varios empleados de
ILM), creó los efectos visuales y especiales para el episodio piloto, los
cuales se siguieron utilizando una y otra vez a lo largo de toda la serie.
Por su parte, McQuarrie realizó para “Battlestar Galactica” el arte conceptual que definió el aspecto visual de la serie, incluyendo la propia Galactica, las naves Cylon y los centuriones, vagamente parecidos a los soldados de asalto.
Cuan
do la
ABC, el 17 de septiembre de 1978, emitió el piloto de “Battlestar Galactica”,
la demanda legal no solo seguía su curso sino que se había complicado, porque Universal
había presentado rápidamente una contrademanda contra Fox, alegando que este
estudio les había plagiado en “Star Wars” un serial de Buck Rogers de 1939, así
como la película “Naves Misteriosas” (1972).
A raíz del
estreno del piloto, los espectadores y los aficionados tomaron partido: ¿Era “Battlestar”
una copia descarada? Isaac Asimov opinó que sí: "Battlestar Galactica fue Star Wars otra vez", escribió en una
columna de periódico sindicada en septiembre de 1978. "No pude disfrutarla sin amnesia".
El siempre estridente Harlan Ellison también se alió con el bando pro-Star
Wars, colgando al creador de la serie, Glen Larson, el mote de "Glen
Larceny" (Glen el Ladrón). Otros, consideraron que las comparaciones eran
superficiales, especialmente a medida que la serie avanzaba y ampliaba sus
tramas, dándole más oportunidades a los guionistas de desarrollar a los
personajes y expandir sus líneas argumentales, adentrándose en nuevos
territorios.
La d
emanda
fue desestimada en 1980 por un tribunal que también consideró que los parecidos
eran superficiales, tras lo cual fue apelada. Universal acabó llegando a un
acuerdo extrajudicial con Fox por 225.000 dólares.
“Battlestar Galactica” solo duró una temporada, menos que la demanda judicial. Aunque al principio sus índices de audiencia fueron sólidos, cayeron a lo largo del año, lo que provocó su pronta cancelación. Tras una protesta masiva de los fans -incluido el suicidio de uno de ellos-, la serie regresó brevemente como “Galactica 1980”, una iteración que carecía de la mayor parte del reparto original y cuya calidad era muy inferior.
En 2003, la
franquicia regresó en el canal SyFy, primero como una
miniserie de tres horas y
luego como una serie que se emitió de 2004 a 2009, producida por Ronald D.
Moore y David Eick (además de un puñado de spin-offs como “El Plan” (2009) y “Caprica”
(2010-2011)). Este reinicio, más descarnado, violento y sensual, exploró
territorios muy alejados de sus orígenes de "Western espacial". En
este revival, las comparaciones con “Star Wars” parecen absurdas. Sin embargo,
ambas propiedades intelectuales siguen siendo un testimonio perdurable del talento
creador de Ralph McQuarrie, quien aportó los personajes, paisajes y vehículos
que definieron cada una de esas historias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario