(Viene de la entrada anterior)
El cuarto volumen de “Infinity 8”, “Guerrilla Simbólica” es uno de los episodios más singulares de la serie creada por Lewis Trondheim. En esta ocasión, el guion corre a cargo de Kris, mientras que el apartado gráfico recae en Martin Trystram, cuyo estilo de líneas redondeadas, colores intensos y diseño exuberante da forma a una space ópera psicodélica impregnada de estética setentera.
Como en las entregas anteriores, la inmensa
nave YSS Infinity continúa bloqu
eada por la gigantesca necrópolis alienígena
que impide su avance. El capitán vuelve a activar uno de los reinicios
temporales de ocho horas para enviar a un nuevo agente a investigar el
misterio. Tras cuatro intentos, las preguntas fundamentales permanecen sin
resolver: ¿quién construyó esa inmensa ciudad de los muertos?, ¿por qué se
encuentra allí?, ¿y qué relación guarda con el destino de la humanidad?
La protagonista de esta entrega es la
comandante Patty Zimmer, conocida durante su misión en los bajos fondos y
círculos artísticos como Patty Stardust. Tras pasar cinco años infiltrada en la
Guerrilla Simbólica, un movimiento subversivo político-artístico convertido en fenómeno
viral de las redes sociales, está a punto de culminar una operación de enorme
importancia cuando recibe la orden de abandonar inmediatamente su misión para
incorporarse al nuevo reinicio temporal. La decisión del capitán pone en
peligro años de trabajo, amenaza con descubrir su verdadera identidad y provoca
que Patty, protagonista de fuerte carácter, tan sexy como independiente y que
no teme decir lo q
ue piensa, afronte la investigación con un nada disimulado
enfado y una actitud desafiante a la autoridad. Para complicar aún más las
cosas, durante su peligrosa exploración de la necrópolis es seguida de cerca
por Moosh, un irritante y obsesivo bloguero-paparazzi dispuesto a todo con tal
de aumentar su número de seguidores.
La Guerrilla Simbólica constituye una de las ideas más originales de este volumen. Se trata de un colectivo revolucionario compuesto por artistas de performances, activistas y oportunistas cuya lucha política se articula a través del espectáculo, la provocación mediática y la búsqueda constante de notoriedad. Kris aprovecha este escenario para construir una sátira mordaz sobre el activismo convertido en espectáculo, la obsesión por la popularidad, la cultura de la imagen y el funcionamiento de las redes sociales, donde la relevancia parece medirse únicamente por el número de seguidores.
Esta crítica social se refleja especialmente
en personajes como Moosh, un blog
uero e influencer dispuesto a convertir
cualquier tragedia o acontecimiento en contenido viral para aumentar su
audiencia; o Ron Digger, un personaje tan ambiguo como manipulador. Todos ellos
habitan un universo donde la política, el arte, la fama y la comunicación se
mezclan hasta resultar prácticamente indistinguibles.
Kris, un guionista y director de cine francés nacido en 1972, suele dotar a sus obras de un componente de compromiso social y dimensión política. “La Guerrilla Simbólica” no es una excepción e integra en su trama claros trasuntos de movimientos contraculturales de finales de los años sesenta y principios de los setenta, así como organizaciones revolucionarias inspiradas en los Panteras Negras, aunque reinterpretadas desde el humor absurdo que caracteriza la serie. La propia Patty, con su imponente peinado afro y su poderosa presencia, evoca deliberadamente tanto la imagen de Angela Davis como la de las heroínas del movimiento blaxploitation, especialmente las interpretadas por Pam Grier.
El álbum despliega una ambientación inspirada
en la cultura popular de la década de los setenta. La música disco, el funk, el
rock psicodélico, la estética hippie, el movimiento New Age, la liberación
sexual y la contracultura impregnan prácticamente cada página. Martin Trystram
llena las viñetas de referencias visuales que van desde Jimi Hendrix hasta los
Jackson 5, pasando por Groucho Marx, sin olvidar numerosos guiños al denominado
Club de los 27, formado por legendarias estrellas del rock fallecidas
prematuramente a esa edad. Tampoco faltan las referencias cinematográficas: en
varios momentos aparecen vehículos y diseños que recuerdan claramente a Star
Wars o coloca “Aliens” de fondo, mientras que el tono desenfadado y la
imaginería psicodélica convierten el conjunto en una enloquecida mezcla.
Gráficamente, Martin Trystram firma uno de los
trabajos más llamativos de toda la colección, adoptando un estilo que encaja a
la perfección con la atmósfera de ciencia ficción retro y psicodélica que
define
el álbum. Sus personajes poseen formas suavemente redondeadas y
expresivas, mientras que los alienígenas son extravagantes, grotescos y
sorprendentemente imaginativos. La paleta de colores, dominada por colores vibrantes
y luminosos y contrastes muy marcados, potencia la sensación de estar
asistiendo a un viaje lisérgico donde todo resulta tan excesivo como
fascinante. La estética recuerda tanto al cómic underground de los setenta como
al cartelismo psicodélico de la época, reforzando constantemente la identidad
visual del volumen.
Pese a su tono desenfadado, “Guerrilla
Simbólica” no olvida los grandes misterios de “Infinity 8”. Cada nuevo reinicio
aporta pequeñas piezas del rompecabezas general, pero sin revelar todavía la
naturaleza de la gigantesca necrópolis, manteniendo de este modo intacta la
intriga que vertebra toda la serie. Lewis Trondheim vuelve a demostrar su
habilidad para coordinar distintos equipos creativos sin perder la coherencia
del co
njunto, permitiendo que cada volumen tenga una personalidad propia al
tiempo que integra una historia mucho más amplia.
Los diálogos, afilados y de un humor sardónico, apoyan el acelerado ritmo de una aventura que combina acción, ciencia ficción, sátira política y comedia. Si en anteriores entregas, siempre con desenfado y referencias pop, se había puesto el foco en los regímenes totalitarios o la religión, en esta los autores parodian el mundo del arte contemporáneo, el culto a la celebridad, los movimientos New Age y sus pretensiones artísticas y supuesta libertad sexual, la adoración a los líderes carismáticos, la mercantilización de la rebeldía, el mecenazgo interesado de empresarios turbios, el papel de los medios de comunicación y la superficialidad de las redes sociales, sin renunciar nunca al espíritu lúdico que caracteriza a la colección.
En conjunto, “Guerrilla Simbólica” mantiene el espíritu de la serie, combinando la aventura de CF, las referencias visuales y conceptuales a la cultura popular del pasado, el humor irreverente, la estética retro y la crítica social.
(Continúa en la siguiente entrada)

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