En 1985, el director Stuart Gordon (1947-2020) tuvo un éxito de culto con el clásico de comedia negra y gore “Re-Animator”. Sin embargo, desde entonces, su carrera se estancó y nunca consiguió alcanzar ya el mismo nivel. Y no sólo por la cantidad de proyectos que le cancelaron, fueron retrasados en su estreno o de los que fue directamente excluido, sino también porque todo lo que hizo de “Re-Animator” un éxito fue, con el tiempo, pareciendo cada vez más una feliz coincidencia, centrándose sus películas posteriores -“Resonator” (1986), “Dolls” (1987) y “El Péndulo de la Muerte” (1991)- en el gore sin sentido.
“Fortaleza Infernal”, al menos, invirtió la tendencia descendente de la carrera de Gordon -fue su película con mayor distribución y mejor recaudación-. Es su película más accesible para un público generalista, pero, en términos de calidad, también es la peor de su filmografía.
En 2017, Estados Unidos se ha convertido en un estado totalitario en
el que, en aras de control
ar la superpoblación y el consumo de recursos, es
ilegal que las parejas tengan más de un hijo. El excapitán de los Boinas
Negras, John Brennick (Christopher Lambert), resulta capturado en la frontera
cuando intenta escapar a México con su esposa Karen (Loryn Locklin), quien está
embarazada por segunda vez. Brennick es sentenciado a cumplir varias décadas de
confinamiento en La Fortaleza, una prisión subterránea de alta tecnología, máxima
seguridad y gestión privada localizada en mitad del desierto. Allí, los
prisioneros viven sometidos al terrible régimen impuesto por el director Poe
(Kurtwood Smith), que incluye implantes intestinales explosivos (que se activan
automáticamente al traspasar ciertas zonas designadas como prohibidas o bien
para generar dolor a voluntad del administrador) y dispositivos que “leen” y censuran
los sueños de los internos.
En la cárcel, Brennick soporta los típicos problemas de las películas
carcelarias: agresiones por parte de los matones residentes, borrado de memoria,
torturas del gobernador… Por suerte, cuenta con la ayuda de sus compañeros de celda:
Nino (Clifton Collins Jr.), el excéntrico genio de la tecnología D-Day (Jeffrey
Combs) y Abraham (Lincoln Kilpatrick), a quien Poe ha utilizado como asistente
personal durante años. Tras enamorarse Poe de la esposa de Brennick y elegirla
como concubina, éste planea fugarse.
La trama de “Fortaleza Infernal” no es más que una recopilación de
clichés de múltiples rincones de la CF: las distopías de superpoblación de
“Edicto Siglo XXI: Prohibido tener hijos” (1971) y el telefilm “El Día
que Requisaron a los Niños” (1971); villanos cib
orgs; los intentos de mediados
de los 90 por combinar el cine de acción de ciencia ficción con el subgénero
carcelario, como “Estación lunar 44” (1990), “Peligrosamente Unidos” (1991), “Planeta
Alfa” (1994) o “Escape de Absolom” (1994). En tono y estilo, recuerda a otros
films como “Perseguido” (1987). E incluso el implante intestinal en una
penitenciaría es una idea planteada por Thomas Disch en su novela “En Alas de la Canción” (1979).
Filmada en Australia, Gordon aprovecha al máximo un presupuesto
clarament
e magro, utilizando efectos especiales para ampliar la magnitud de los
decorados, que en manos de un director menos experimentado podrían parecer todavía
más cutres. Desafortunadamente, el guion, repleto de conceptos interesantes, no
logra presentarlas de forma lógica ni con fluidez narrativa. Cuatro guionistas
figuran como autores del libreto y la inconexa historia refleja la intervención
de demasiadas personas.
Así, las ideas van arrojándose sobre la trama sin mediar reflexión
alguna: Lambert y su esposa son enviados a prisión cuando se descubre que, efectivamente,
van a ser padres por segunda vez, pero dado que su primer hijo nació muerto y
el problema es la superpoblación, ¿por qué no pueden tener otro?; la prisión
censura los sueños eróticos, pero la homosexualidad campa a sus anchas; el
sistema informático es capaz de infiltrarse y grabar pensamientos, pero no determinar
quién es el culpable de una pelea para castigarlo; los carceleros ciborgs
pretenden ser muy peligrosos, pero a la hora de la verdad exhiben una torpeza
vergonzante y se les abate con facilidad…
A cada oportunidad que se le presenta, Gordon emula las películas de
ciencia ficción de Paul Verhoeven, “Robocop” (1987) y “Desafío Total” (1990), tanto
en su estética como en su violencia gráfica, salpicando muchas escenas con
vísceras gratuitas: cuerpos agujereados, ojos arrancados, mutilaciones
grotescas…. El resultado es una película que avanza a trompicones de una manera
que, frustrantemente, evita cualquier subtexto intelectual. El enfoque crudo y
visceral de un futuro ultraviolento y crítico con el fascismo psicótico y el
capitalismo desenfrenado, recuerda mucho a una mezcla de las mencionadas “Perseguido”,
“Robocop” y “Desafío Total” pero, mientras que el comentario social de las
cintas de Verhoeven es más complejo y desafiante, el de Gordon es notablemente
más simplista, empleando una historia y personajes del montón para abordar sin
sutileza ni gracia el tema de los derechos humanos
Originalmente, “Fortaleza Infernal” iba a ser protagonizada por el
mismísimo Arnold Schwarzenegger. Al parecer, su habitual doble de acción era el
gran zombi de “Re-Animator”, y le mostró el guion al exculturista austriaco, a
quien le encantó. Y como era el tipo de estrella que podía elegir director,
recomendó a Gordon y convenció a los productores para que lo mantuvieran en el
proyecto incluso después de que él mismo lo abandonara (probablemente porque
vio en “Desafío Total” una mejor opción). Obviamente, la mayor parte del
presupuesto potencial se fue con él, ya que Christopher Lambert no era
precisamente la gran estrella que sí era Schwarzenegger.
A finales de los ochenta y principios de los noventa, Christopher
Lambert ocupaba un lugar discreto en el panteón de los héroes de acción. En
taquilla,
sus películas nunca tuvieron un éxito rotundo en Norteamérica;
incluso la original de “Los Inmortales” (1986) sólo recaudó 5,9 millones de
dólares en Estados Unidos. Sin embargo, gracias a esas primeras cintas, consiguió
acumular un considerable número de seguidores en el mercado del vídeo
doméstico, además de consolidar cierto estatus de estrella en Europa. Así,
participó en películas como “Jaque al Asesino” (1992) o “Gunmen” (1993), que
tuvieron un estreno limitado en cines americanos pero que funcionaron bien en
Europa y los videoclubs. Por esta época, se hizo un esfuerzo para elevar a
Lambert a la élite del cine con títulos como “Fortaleza Infernal”, que tuvo un
amplio estreno de la mano de Dimension (entonces filial de Miramax) y recaudó
alrededor de 6 millones de dólares en Estados Unidos y 48 millones en el resto
del mundo, lo que la convirtió en su mejor jugada hasta la fecha.
Da igual como lo quieran vender. Como siempre, Lambert ofrece aquí una
actuación insípida, que oscila entre lo soso y lo sobreactuado. Y, desde luego,
como héroe de acción no está ni de lejos a la altura de otros actores de la
época. Al menos, los secundarios son razonablemente sólidos. Kurtwood Smith,
tendente al histrionismo, sorprende aquí por su contención, aunque su personaje
está muy desaprovechado y falto de carisma. Resulta más entretenido ver a
Jeffrey Combs imitando a un Dennis Hopper hastiado, y al fallecido Lincoln
Kilpatrick remedando a Morgan Freeman. Ninguno de esos personajes tiene un
trasfondo medianamente sólido y, al final, no son más que carne de cañón. Si
nos dicen que Brennick había abandonado el ejército, traumatizado por haber
perdido un pelotón, lo que le pasa aquí liderando a estos convictos en la fuga
previsiblemente no contribuirá a mejorar su condición psicológica.
Película de ciencia ficción violenta, con un guion flojo y una factur
a
del montón, “Fortaleza Infernal” quizá aspire a ser un producto desenfadado al
estilo de un cómic, pero es tan vulgar que ni siquiera lo consigue, como
tampoco despuntar respecto a las muchas propuestas del mismo estilo que
abundaban por la época. No es un clásico, ni mucho menos, pero para ciertos
espectadores amantes de la serie B y el cine de acción de los 80-90, puede
resultar moderadamente satisfactoria.
Su secuela, “Fortaleza Infernal 2” (2000) fue ligeramente mejor, con los mismos guionistas y, nuevamente, con Christopher Lambert aunque más envejecido. En esta ocasión y dirigida por Geoff Murphy, la premisa era tan simple como trasladar la misma historia a una prisión orbital.

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