martes, 17 de julio de 2018

1945-DESTINO POR TRES - Fritz Leiber



Hoy los autores y editores de literatura fantástica y de ciencia ficción nos tienen acostumbrados a larguísimas épicas que se desarrollan en múltiples volúmenes. Los lectores no somos conscientes de que esto es un lujo derivado de la época de abundancia en la que vivimos. Hubo un tiempo en el que las restricciones materiales condicionaron la edición de obras de género y, por tanto, la forma de escribirlas y la propia evolución de la ciencia ficción. Un ejemplo de ello fue la novela de Leiber “Destiny Times Three”, publicada originalmente en 1945 en la revista “Astounding Science Fiction”.



En su autobiografía, Leiber contaba que originalmente había concebido esta novela como una ambiciosa épica que se extendería alrededor de 100.000 palabras (cuando en aquella época una novela corta de las seriadas en “Astounding” ocupaba 30-40.000 palabras y una novela convencional estándar no iba más allá de las 60.000). Pero tras presentar el manuscrito a John W.Campbell, editor de “Astounding”, éste le obligó a recortar gran parte de la obra. Para empezar, en plena Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos sufría restricciones de papel; y, además, Campbell no quería incluir en la publicación obras cuya serialización se prolongara más allá de un par de entregas por miedo a cansar a los lectores y con el fin de dar mayor variedad y rotación al contenido. Así que Leiber, a su pesar, se vio obligado a mutilar seriamente la novela y dejarla casi en un esquema de la gran historia que tenía en la cabeza, eliminando todos los personajes femeninos y gran parte de la riqueza de los mundos que había imaginado.

Lo que quedó fue una novela bastante breve para los estándares actuales –poco más de cien páginas- pero sí interesante y muy densa en conceptos y acontecimientos. Se notan los recortes y se aprecian en los márgenes y recovecos de la historia destellos de un mundo mucho más complejo. Por desgracia y dado que las partes desechadas se han perdido, la que tenemos disponible es la única versión existente de la novela.

A finales del siglo XIX, un individuo que gusta de verse a sí mismo como un científico, encuentra un artefacto alienígena, un Motor de Probabilidad. Como el aparato requiere de más mentes para ser activado y funcionar, forma un grupo con otros siete individuos y se ponen manos a la obra para crear una utopía futurista. Actuando como una suerte de dioses benevolentes, estos aprendices de brujo usan el Motor para “desdoblar” las realidades en determinados puntos críticos de la historia humana, observando los resultados de esas alteraciones y dejando que sólo “los mejores mundos” continúen su desarrollo. El problema es que, aunque así lo creen, esos mundos “no deseables” no desaparecen sino que continúan existiendo como universos paralelos a los que no pueden acceder.

El Mundo 1 es la utopía resultante de los tejemanejes de aquellos individuos, un tiempo de
abundancia gracias al descubrimiento de la “subtrónica”, típica invención Campbelliana equivalente a la Teoría de Campos Unificados. Todo el mundo tiene acceso a energía ilimitada y, consecuentemente, a la libertad que ello conlleva. Existe un control total del medio ambiente y artefactos maravillosos como las capas antigravedad.

El sistema político es el de democracia estable y pacífica, lo que ha propiciado una sociedad lánguida en la que abundan los genios y pensadores. Dos de ellos, Thorn y Clawly (que recuerdan bastante a los más famosos personajes de Leiber, los espadachines Fahrd y el Ratonero Gris) están llevando a cabo una investigación sobre una posible crisis global provocada por el acceso a una fuente de energía muy poderosa y que puede interpretarse como un análogo de la energía nuclear. Cada vez más gente experimenta pesadillas pero sobre todo hay un número creciente de personas acusadas de impostores por parientes y amigos así como una cantidad inusual de casos de amnesia. Thorn, uno de los científicos, se encuentra de repente transportado a otro mundo que pronto comprende es un universo paralelo.

En esa Tierra 2, el poder está en manos de una clase dominante, los “Sirvientes del Pueblo”, que guardan la subtrónica en secreto y mantienen sojuzgada a la población de sufridos trabajadores, temerosos de que cualquier intento de rebelión les acarree desaparecer en mitad de la noche a manos de la policía secreta. Thorn descubre que la dictadura de esa realidad está preparando una invasión de su propio mundo. El intercambio de mentes con sus dobles del otro universo es sólo la primera fase de dicho plan de conquista.

Más tarde se descubre también la existencia de una Tierra 3, en la que se intentó eliminar el
descubrimiento de la subtrónica, provocando una guerra que aniquiló a la mayor parte de la especie humana y dañó tanto la corteza terrestre que movimientos geológicos catastróficos eliminaron buena parte del CO2 de la atmósfera y dieron paso a una nueva edad glacial. Puede que esta sea la primera vez en la ciencia ficción que se mencione el efecto invernadero.

Existen versiones de Thorn en los tres mundos y de Clawly en Tierra 1 y 2. Pero mientras que en Tierra 1 son buenos amigos, en la 2 son enconados adversarios debido a la diferente
trayectoria vital que han seguido ambos: Clawly es un miembro del Partido mientras que Thorn forma parte de la Resistencia.

A pesar de que los “experimentadores” (que ahora viven al margen del Tiempo) han cortado las conexiones entre ambos mundos, éstos no han quedado totalmente separados. Pervive cierto enlace entre los individuos que cuentan con contrapartida en cada uno de los mundos paralelos: cada uno sueña los sueños del otro. Las visiones oníricas de el mundo utópico son un tormento para aquellos desesperados que viven en la distopia totalitaria. Y como resultado de ese anhelo colectivo de millones de mentes, las barreras entre los mundos empiezan a diluirse. En algunas ocasiones, alguien se va a dormir en una Tierra y se despierta en otra, que es la explicación de los fenómenos que investigaban Thorn y Clawly en Tierra 1. A partir de aquí, el argumento empieza a desarrollarse.


No se puede decir que Leiber estuviera jamás demasiado interesado en la ciencia ficción dura y
“Destino por Tres” no es una excepción. La novela postula la existencia de universos paralelos, pero no como resultado de principios físicos universales sino por la incompetencia e insensatez científica de unos humanos que juegan a ser dios con la ayuda de tecnología extraterrestre. Leiber, además de utilizar algunos conceptos científicos que más podrían asociarse a, por ejemplo, su colega Alfred van Vogt, jugar con los mitos nórdicos (asemeja la red de mundos con la rama del mítico Yggrasil; los dos científicos replican la dinámica de Loki y Thor) y la poesía persa y homenajear a Wells, incluye algunos toques con inconfundible sabor a fantasía, como el talismán, que es en realidad un artefacto increíblemente avanzado que permite viajar entre universos; o la conexión onírica entre mundos. Al fin y al cabo, Leiber fue un autor que se movía cómodamente entre géneros (cultivó además de la CF la Fantasía y el Terror) y no era raro que sus novelas incluyeran elementos de lo más variado.

La novela no trata sobre ciencia ni tampoco sobre personajes. Es una alegoría política, una
interpretación –y proyección- de los acontecimientos históricos posteriores a la Segunda Guerra Mundial europea, eliminando eso sí el celo patriótico y obsesión tecnológica que impregnaba mucha de la CF de la época. Tenemos una utopía que resulta no serlo tanto; un planeta gemelo atrapado en el totalitarismo (básicamente la Europa de bloques de la posguerra) y un grupo de hombres que se sienten por encima del bien y del mal y que tienen el poder de dividir la corriente temporal a su antojo que sin duda representan a los líderes políticos occidentales desde la época del colonialismo, prestos a trazar fronteras en países ajenos según los intereses de sus naciones. La Conferencia de Yalta, en la que Estados Unidos y la Unión Soviética se repartieron el mundo en zonas de influencia, se celebró sólo un mes antes de la publicación de este relato.

No estoy seguro de si los lectores de “Astounding” en aquel momento entendieron el subtexto,
pero hay párrafos tan evidentes hoy en día como este: “¿Qué es esta invasión marciana? ¿Es real? ¿O un intento de suscitar en tu mundo un estado de alerta? ¿O una estrategia de desinformación diseñada para confundir y facilitar la invasión de los Sirvientes?”. En resumen, la política del miedo como forma de cegar los ojos de la sociedad, mantener un continuo apoyo al gobierno y sostener a los fabricantes de armas.

En esta línea de comentario social y político, probablemente uno de los mejores logros de Leiber en este relato sea la forma que tiene de retratar el terror inherente a cualquier
autoritarismo, aunque éste se disfrace de benevolente: “…Los Sirvientes del Pueblo no parecían de ningún modo malignos, villanos o perversos. Pero echándoles un segundo vistazo, Thorn empezó a preguntarse si no había algo peor. Una severidad puritana que no conocía el humor. Una asfixiante conciencia de responsabilidad, como si todos los problemas del mundo descansaran solo sobre sus hombros. Un aislamiento paternal, como si todos los demás fuesen un niño irresponsable. Un altruismo inflado a tal extremo que se convierte en supremo egoísmo. Un intolerable sentido de la propia importancia que sólo enfatizaban aún más sus pobres vestiduras y entorno”. Los Sirvientes son una proyección en el futuro de aquellos primitivos ladrones del Motor de Probabilidad: todo lo que hacen lo justifican con metas elevadas, se ven a sí mismos como seres cuasidivinos y benevolentes que sólo desean lo mejor para la especie humana. Esa es siempre la peor clase de tiranos.

Dada la corta extensión de la novela, el ritmo es muy rápido, sucediéndose ágilmente los
acontecimientos y los giros. A pesar de la velocidad que el autor imprime a la trama, consigue desarrollar razonablemente bien los personajes insertando pequeños detalles aquí y allá y abriendo al lector sus respectivas mentes. Con ello, Leiber logra diferenciar a los personajes y sus dobles de los universos paralelos. La prosa adolece de afectación sobre todo al principio –un defecto generalizado en la literatura pulp y que el propio escritor puliría en obras posteriores- y el final es un deux ex machina quizá inevitable teniendo en cuenta el tipo de historia de que se trata y la familiaridad de Leiber con el mundo del teatro –de la que ya hablé en otras entradas de obras suyas-.

“Destino por Tres” es mejor idea que novela. De partida, contaba con mucho a su favor, especialmente la imaginativa creación de mundos ficticios y la introducción de temas sociales y políticos. Sin embargo y debido al obligado recorte que hubo de realizar Leiber, el conjunto nunca llega a alcanzar su potencial. Justo cuando el lector está empezando a situarse en ese universo de mundos paralelos, la historia le bombardea con nuevas ideas y subtramas. Antes de que todo esto pueda ser convenientemente ordenado y explorado, llega el clímax.

“Destino por Tres” llegó quizá demasiado pronto en la carrera de Leiber. Un par de décadas más tarde, con un estilo más depurado, mayor experiencia y prestigio y un panorama editorial sin restricciones de papel y más abierto a la ciencia ficción y la fantasía, con toda seguridad podría haber publicado íntegramente la gran épica que había imaginado en lugar de someterse a un recorte mutilador por exigencias del editor. Por el motivo que fuese, Leiber decidió no ampliar y refinar el texto con ocasión de su publicación en formato de libro en 1957.

Con todo y tal y como la podemos leer hoy en día, tenemos un relato entretenido y recomendable. Tanto es así que en 1996 los aficionados la seleccionaron como finalista para el premio Retro Hugo de 1946.





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