viernes, 29 de marzo de 2024

2010- JACUZZI AL PASADO – Steve Pink

Adam (John Cusak) y Nick (Craig Robinson) visitan en el hospital a su amigo Lou (Rob Corddry) tras enterarse de que ha intentado suicidarse con el monóxido de carbono de su coche en su garaje, aunque él insiste en que fue sólo un accidente. Los tres fueron grandes amigos y camaradas de juergas durante su adolescencia, pero con el tiempo fueron distanciándose y ya apenas mantienen contacto. Es más, ninguno está satisfecho con su vida. Los tres se sienten infelices y fracasados tanto en el plano profesional como sentimental.

 

El doctor da de alta a Lou dejándole al cuidado de sus amigos y éstos, en un intento de levantarle el ánimo, deciden pasar un fin de semana en el Silver Peaks Lodge, en la estación de esquí del (ficticio) valle de Kodiak, que visitaron por ultima vez en 1986, cuando eran adolescentes. Nick se ve obligado a llevar a su sobrino Jacob (Clark Duke), a su cuidado desde que su madre –que también lleva una vida de lo más desordenada- se ha instalado con un nuevo novio. Pero al llegar, se encuentran el pueblo en un estado de profunda decadencia; tanto como el hotel, maloliente y descuidado. Se instalan en la misma habitación que ocuparon por última vez y se dan un baño en el jacuzzi de la terraza. Mientras están borrachos, derraman accidentalmente una bebida energética rusa ilegal sobre los controles del jacuzzi y empiezan a ocurrir cosas extrañas. 

 

Cuando se despiertan por la mañana, descubren que están en 1986, en el mismo fin de semana que fue el último que pasaron allí. Todavía más sorprendente: están ocupando sus cuerpos adolescentes. Un enigmático reparador de jacuzzis (Chevy Chase) les advierte de las nefastas consecuencias que tendría alterar el pasado, así que deciden hacer las mismas cosas que veinticinco años atrás, cosas que, aún no lo saben, alteraron el curso de sus vidas para siempre: Adam rompió con quien creía era la chica de sus sueños y ella le apuñaló en el ojo con un tenedor; Nick fracasó estrepitosamente en su debut musical al frente de su banda y abandonó el sueño de dedicarse a ese arte; y Lou fue apalizado por un grupo de matones sin que sus amigos acudieran a auxiliarle. Al fin y al cabo, la época gloriosa que ellos atesoraban en su memoria, no lo fue tanto. No es que se convirtieran en unos perdedores al madurar. Siempre lo fueron.

 

Sin embargo, ahora la perspectiva de todos ellos ha cambiado y ven esos acontecimientos de otra manera. Cuando comienzan a recrearlos, no pueden sofocar su deseo de hacerlo mejor en lugar de reincidir en sus respectivos fracasos. Sin embargo, cambiar el pasado puede alterar de formas imprededibles el futuro y, sobre todo, borrar de la existencia a un comprensiblemente nervioso Jacob.

 

En alguna parte leí alguna vez que la cultura popular acabaría devorándose a sí misma. Quizá quien lo escribió tenía una máquina del Tiempo, porque parece que, efectivamente, algo de esto sucede. En el caso del cine, cada vez son más las películas que se construyen a partir de títulos anteriores (precuelas, secuelas, derivados) o sobre un encadenamiento de ideas, homenajes, parodias, referencias y guiños a pasadas cintas que, independientemente de su calidad, fueron un éxito y dejaron su impronta en una generación.

 

Así, la premisa de “Jacuzzi al Pasado” parece una alocada colisión conceptual entre “Las Alucinantes Aventuras de Bill y Ted” (1989) y alguna de las vulgares películas para adolescentes que surgieron a raíz del éxito de “Porky´s” (1982). Por otra parte, la idea de unos viajeros del Tiempo que regresan a una parodia de la cultura pop de una época en particular ya se había visto anteriormente en “Verano del 76” (1990), cuyo protagonista acababa en la década de 1970; o en “Peggy Sue Se Casó” (1986), de Francis Ford Coppola, en la que una cuarentona moderna regresa a su adolescencia en los 50, ocupando su antiguo y joven cuerpo para tratar de tomar mejores decisiones que las que le llevaron a su mediocre vida.

 

Y, por supuesto, está la película por excelencia sobre viajes en el Tiempo cuya sombra se ha proyectado en todo este subgénero cinematográfico desde entonces: “Regreso al Futuro” (1985). “Jacuzzi al Pasado” no la referencia directamente, pero sus paralelismos son completamente deliberados, desde el uso accidental de una máquina del Tiempo a la participación del actor Crispin Glover (que interpretó a George McFly en “Regreso al Futuro” y que aquí da vida al botones manco) pasando por el pueblo con una torre del reloj.

 

(Aclaración: en realidad, el jacuzzi del título no es, estrictamente hablando, una máquina del tiempo, sino algún tipo de dispositivo que proyecta astralmente a sus usuarios hacia el pasado, de tal modo que pasan a ocupar los cuerpos de sus yoes más jóvenes. Sin embargo, en el caso de Jacob, que no había nacido en 1986, sí funciona como una máquina del tiempo “convencional” y lo transporta en cuerpo y alma. Mejor no darle demasiadas vueltas y asumir condescendientemente este tipo de incoherencias. Al fin y al cabo, se trata de una comedia).

 

Pero es que, además, “Jacuzzi al Pasado” sigue el mismo arco argumental que “Regreso al Futuro”: ambas películas son una similar fantasía acerca de unos perdedores apocados que consiguen enderezar sus vidas viajando en el Tiempo, regresando a su época adulta para encontrarse con las realidades que siempre soñaron. Las dos juegan con la cultura popular de sus respectivas épocas y hacen comentarios irónicos sobre el pasado: si en “Regreso al Futuro”, Michael J. Fox inspiró a Chuck Berry, en “Jacuzzi al Pasado”, Craig Robinson canta como propia una canción de “Black Eyed Peas”.

 

Mientras que la cinta de Robert Zemeckis contaba las divertidas complicaciones que generaba la atracción sexual de la madre del protagonista por él mismo y éste descubría que las imágenes de sus hermanos iban desvaneciéndose de una foto conforme sus acciones en el pasado alejaban a sus padres, “Jacuzzi al Pasado”, de forma mucho más soez, hace que Jacob acompañe a Lou mientras éste tiene relaciones sexuales con su madre aún adolescente para que así él pueda ser concebido esa noche y no deje de existir.

 

El departamento de publicidad de MGM comparó “Jacuzzi al Pasado” con “Resacón en las Vegas” (2009), que había cosechado un gran éxito el año anterior contando con obscena hilaridad las desventuras de cuatro amigos maduros que decidían pasar un último fin de semana de juerga y desenfreno. Por una vez, no se trató de la típica hipérbole publicitaria para aprovecharse de un éxito anterior, sino una comparación razonablemente precisa. De hecho, es fácil suponer que la película no habría entrado en producción tan fácilmente de no haber sido por la repercusión de la otra cinta. Ambas películas, a su vez, bebían de la entonces nueva moda del “bromance”: historias sobre la amistad varonil con el mensaje subyacente –pero nada sutil- de que la vida adulta y las responsabilidades que la acompañan (matrimonio, profesiones aburridas) nunca brindan la misma felicidad que los gloriosos días de adolescencia y fiesta continua; películas que reafirmaban el amor entre amigos al tiempo que incluían el grado necesario de humor homofóbico para asegurarse de que nadie entendiera que se trataba de “ese otro tipo de amor”.

 

“Jacuzzi al Pasado” es una película estridente y vulgar. Sus chistes derivan de cosas como vómitos a chorro, insultos sarcásticos, chistes políticamente incorrectos, manipulación de caca de perro o pacientes sacándose un catéter y rociando de orina a todos los presentes. Que esto resulte hilarante dependerá de la tolerancia que cada cual tenga hacia ese tipo material. Los chistes de los guionistas Sean Anders, Josh Heald y John Morris son a menudo irregulares, muchos de ellos quizá innecesariamente soeces… pero de vez en cuando, llega alguno genial, como ese en el que Nick busca un teléfono y llama al número de su esposa adúltera para decirle lo que piensa e ella… sin caer en la cuenta de que en 1986 ella sólo es una niña de nueve años. Otro momento hilarante es aquel en el que Lou hace una apuesta sobre un partido televisado de rugby (cuyo resultado conoce de antemano), comprometiéndose a hacerle una felación a Nick si pierde… cosa que sucede. De alguna forma, la película comparte el mismo estilo que el personaje de Lou, un fiestero grosero y bocazas que, por más que intentes odiar u ofenderte, tiene el torpe encanto de un perro grande y maloliente que solo quiere acercarse y lamerte la cara.

 

Gran parte de lo que ocurre en la historia le resultará familiar a cualquiera que haya visto unas cuantas películas sobre viajes en el Tiempo. Todos los clichés se sirven sin acompañamiento ni originalidad, haciendo énfasis sólo en la comicidad más cruda y estridente. Cuando mejor funciona la película es cuando Rob Borddry entra en alguna escena, desplegando un nivel de energía, ruido y grosería que parece arrastrarlo todo en su caótica estela. Llega incluso a eclipsar a la estrella titular y productor de la cinta, John Cusack, quien, aunque nunca ha sido un cómico de alto nivel (siempre ha sido más del tipo de humor sofisticado, que aquí brilla por su ausencia), en este papel parece inusualmente apacible. A destacar también Lizzy Caplan, aun cuando su personaje, la periodista April, pida a gritos más tiempo en pantalla del que tiene. Por su parte, Craig Robinson, como de costumbre, está sobresaliente, clavando cada línea de sus diálogos.

 

La sátira de los años 80 resulta algo irregular, y eso que hay muchísimas referencias a la cultura popular de esa época: Ronald Regan y “Alf” (1986-90) en la televisión, un concierto de Poison, camisetas de “Corrupción en Miami” (1984-9), calentadores de piernas, chándals de táctel, colores pastel, la Unión Soviética aún dando guerra, un cameo de Chevy Chase… por no hablar del soundtrack, abundante en temas de aquellos años. Diseminados por el argumento hay referencias a “El Resplandor” (1980), “Amanecer Rojo” (1984) o “Terminator” (1984).

 

Sin embargo y curiosamente, la película no apoya demasiado su humor en el contraste de unos personajes provenientes del siglo XXI con ese periodo. Hay algunos chistes sobre chicas que se sorprenden al oir la palabra “email”, los protagonistas pensando que deberían alterar el futuro para impedir el estrellato de Miley Cyrus… quizá el más divertido sea ese gag en el que un todavía confuso Nick le pregunta a una chica que pasa por ahí: “¿De qué color es Michael Jackson?” para determinar de una vez por todas en qué época se encuentran. Otros gags, como ese hacia el final en el que Nick agita frente a sí una lata de refresco diciendo que es una bomba y que él es un espía sovético, no consiguen el efecto buscado. Y dado que John Cusak fue uno de los iconos de los 80 y uno de los actores que mejor funcionaron en la taquilla de la época, resulta sorprendente que no se hagan más bromas y chistes a partir de ello.

 

Podría argumentarse que la película hubiera necesitado de unos cuantos gags adicionales que aprovecharan el choque cultural derivado de un viaje en el Tiempo. Pero, si se piensa bien, tal choque no existe. A diferencia de Marty McFly, que fue transportado a una época que nunca conoció, los protagonistas de “Jacuzzi al Pasado” regresan a una que sí vivieron (es más, a un fin de semana que recuerdan muy bien) y, tras el shock inicial, no tardan en moverse como peces en el agua.

 

Quizá los fallos de la película vengan dados por la relativa bisoñez de su director, Steve Pink, por entonces todavía un recién llegado tras una sola película “Admitido” (2006). Pink, no obstante, ya llevaba tiempo colaborando con John Cusak, escribiendo y produciendo tanto “Un Asesino Algo Especial” (1997) como “Alta Fidelidad” (2000), así como figurando en la producción de un western televisivo protagonizado por el actor, “Sin Piedad”.  

 

Al final, encontramos muy poca originalidad en “Jacuzzi al Pasado”. Da la sensación de que la película trata de llegar al corazón del espectador mediante la inserción de todo tipo de referencias a la cultura pop de los 80. No es que esto sea necesariamente malo y, después de todo, la historia proporciona no pocos momentos cómicos. No es una comedia para todo el mundo y, como digo, no ofrece conceptos nuevos o reformulaciones interesantes de otros ya clásicos. Pero como entretenimiento –y siempre y cuando se sintonice con el tipo de humor que ofrece-, es eficaz, razonablemente divertida y honesta en el sentido de que no engaña al espectador y ofrece exactamente lo que promete.

 

El director y casi todo el reparto (excepto John Cusak) regresarían para una segunda parte en 2015.

 

 

1 comentario:

  1. Eso es dedicación, invertir tiempo no solo de visionado sino encima de análisis para una película así. La clave principal es la que comentas, que es autoreferencial y, mientras que Regreso al Futuro estaba dirigida a los jóvenes que se preguntaban cómo habían sido sus padres, esta es un enorme ejercicio de nostalgia para los padres que anhelan volver a ser jóvenes. Solo logro recordar el chiste de “¿De qué color es Michael Jackson?” y el tono amargo que tiene la película en algunos momentos. Pero, sinceramente, para ver una comedia sobre adultos amargados ante la falta de los éxitos que se esperaban de jóvenes, prefiero la propia Regreso al Futuro o Bienvenidos al fin del mundo (The World's End).

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