martes, 16 de junio de 2026

2024- WONDLA (1)


Desde hace décadas, Pixar ha venido levantando un imperio en el ámbito del cine de animación y, aunque ya lleva tiempo mostrando signos de decadencia, el éxito constante del estudio y su capacidad para seguir creando grandes películas lo sitúan en una posición que muchos llevan años deseando emular. Entre los numerosos estudios que compiten por ese reconocimiento está Skydance Media, la productora de David Ellison, que en 2017 creó Skydance Animation y, además de regarla con millones, fichó para dirigirlo a uno de los fundadores de Pixar y artífice de su éxito temprano: John Lasseter (desacreditado por el movimiento #MeToo a finales de 2017 por conducta sexual inapropiada y abuso de poder laboral).

 

En febrero de 2021, Apple firmó un acuerdo multianual con Skydance Animation para producir contenido de animación para Apple TV+. Pero lo cierto es la oferta de esta plataforma en este campo, con o sin Skydance, ha sido muy irregular. Aparte de un puñado de series familiares e infantiles, ninguno de sus productos ha registrado un éxito rotundo. “Central Park” (2020-2022) fue cancelada tras tres temporadas; “Luck” (2022), ya con Skydance, fue su primera incursión en el formato de película original de animación, pero la ausencia de repercusión en público y crítica provocó que Apple rompiera relaciones con su socio antes de que éste se pasara a Netflix. En fin, que aparte de la película “Wolfwalkers” (2021) de Tomm Moore, no mucha gente habla de sus producciones de animación. Y es una pena porque, por ejemplo, la serie “Rana y Sapo” (2023-2024), basada en los populares libros infantiles de Arnold Lobel, es una pequeña joya de animación tradicional.

 

Apple ha demostrado tener la suficiente confianza en su trabajo como para no cancelar a diestra y siniestra en cuanto los números no le cuadran a la perfección, estrategia que sigue, por ejemplo, Netflix. Precisamente, como parte del salto de Skydance a esta última plataforma, proyectos que estaban en desarrollo conjunto con Apple, como la película “Hechizados” (2024), pasaron al catálogo de la empresa de Ted Salandos (en este caso, los de la manzana no perdieron demasiado). Así pues, tenemos un estudio que aún no ha creado nada que deje huella, y que trató de solucionar el problema con su serie “WondLa” sin caer en la cuenta de que cometía los mismos errores que en producciones pasadas.

 

Basada en la trilogía del mismo título firmada por Tony DiTerlizzi (2010-2014, editados en español sólo los dos primeros volúmenes), la historia comienza con el nacimiento de Eva Nueve, una niña criada sola en un complejo subterráneo de estilo aséptico que parece sacado de “THX 1138”. Durante la primera década y media de su vida, es educada y cuidada por Muthr (Teri Hatcher), una robot maternal que le da pequeñas pistas sobre el mundo exterior. Mediante hologramas instructivos muy censurados, se insinúa que, generaciones atrás, las cosas salieron mal en la superficie, lo que dio lugar a la creación de búnkeres subterráneos que, eventualmente, crearían y criarían a una generación de niños con la que repoblar la Tierra en un futuro lejano.

 

En el caso de Eva, algo también fue mal en el procedimiento de fertilización de óvulos en el búnker porque, en lugar de un grupo de niños, ella fue la única en prosperar, por lo que jamás ha conocido a un semejante. Tras completar un duro y completo adiestramiento en supervivencia, cuando se acerca a su decimosexto cumpleaños, un intruso monstruoso se infiltra en el asentamiento, obligándola a huir y descubrir el mundo exterior, donde las cosas son muy diferentes de lo que esperaba: la Tierra que estudió en la escuela virtual se ha transformado en un paisaje irreconocible, repleto de flora y fauna alienígenas, incluyendo formas de vida inteligentes que no parecen aceptar a los Homo sapiens. Desde allí, Eva parte en busca de un lugar llamado "WondLa", donde cree que encontrará a otros semejantes a ella. En su aventura la acompañará inicialmente su “madre” robótica” y otros dos aliados con los que se topa al principio del periplo, un gran tardígrado, Otto; y un gruñón alienígena explorador llamado Rovender.

 

Tras series como “Kipo y la Era de los Magnimales” (2020) en Netflix, y “Fallout” (2024-) en Amazon Prime, “WondLa” tenía mucho que demostrar, no solo por ser otra propuesta postapocalíptica, sino también como prueba de lo que Skydance Animation era capaz. Lamentablemente, lo que nos ofrece no es tan impresionante como podría haberse esperado.

 

Por un lado, la primera temporada cuenta una historia decente y un elenco de personajes en su mayoría agradables que establecen algunos elementos interesantes relativos al trasfondo y funcionamiento del mundo en que se desenvuelven aquéllos. El gran misterio no sólo consiste en descubrir si existen más humanos aparte de Eva, sino por qué y de qué forma la Tierra se ha transformado en un planeta que parece alienígena.

 

Por otra parte, la historia recuerda a otras en las que alguien criado y preparado para repoblar la superficie se ve involucrado prematuramente en la misión. De hecho, sigue al dedillo la fórmula del “Camino del Héroe”: la protagonista vive en un lugar aislado sin conocer el auténtico mundo exterior. Entonces llega la llamada a la aventura y el cruce del umbral hacia un mundo hostil. En su viaje, va encontrándose con compañeros de viaje que la guían y protegen y enemigos y pruebas que deberá superar mediante su entrenamiento físico, su inteligencia e ingenio o su generosidad y empatía. A medida que avanza en su búsqueda por encontrar a otros de su especie, Eva pasa por momentos muy duros donde se cuestiona su propia identidad y propósito, dejando atrás su ingenuidad infantil para convertirse en una superviviente y líder. También están presentes los predecibles temas de “la Naturaleza versus la Humanidad” y cómo los humanos maltratamos a nuestro planeta. Por supuesto, se han eliminado algunas de las aristas más desagradables de este subgénero apocalíptico para que el producto sea accesible a un público infantil y familiar.

 

¿Pero funciona? No del todo. “WondLa” es una aventura bastante tradicional y buenista, con giros argumentales predecibles y sorpresas y revelaciones que se ven venir de lejos. No puedo decir que sea aburrida –la duración de los capítulos, 20 minutos cada uno, imprime un ritmo firme que mantiene la atención- pero sí que todo resulta bastante familiar y demasiados personajes quedan sin desarrollar lo suficiente como para que importen.

 

La protagonista, Eva, se siente "más que preparada" para asumir su misión, pero todo su entrenamiento apenas puede compensar su ingenuidad e ignorancia respecto al mundo que descubre. Sus compañeros son básicamente clichés, empezando por el gruñón Rovender, que no tiene ningún deseo de ayudarla hasta que ella le ofrece algo de valor para él; un tardígrado gigante, Otto, el adorable compañero peludo que transporta a Eva, cumple el papel de mascota. Y, por último, el robot Muthr, tras haber criado a Eva desde que era un bebé, es lo único que se parece a un familiar que tiene ésta. En este caso, la relación entre ambas es genuinamente emotiva, conformando el corazón del principal tema de la serie: la importancia de la familia, de la comunidad, que irá expandiéndose conforme avance la historia hasta abarcar todo el planeta al final de la misma.

 

Como la primera temporada sólo consta de siete episodios, no queda demasiado margen para relajar algo la acción y que las revelaciones y sorpresas estén más trabajadas y, por tanto, se sientan más naturales. Este ha sido un gran problema con muchas series recientes de las plataformas, ya que éstas –y los estudios que las producen- apuestan cada vez menos por temporadas algo más largas o con capítulos de mayor duración, y la experiencia que acaba teniendo el espectador es algo fragmentada. Además, aparentemente, durante su producción, “Wondla” sufrió recortes presupuestarios y cambios en la dirección que no pudieron sino tener un efecto sobre el resultado final.

 

Pero sea cual sea la razón, condensar casi 500 páginas de material en una serie de 7 episodios de menos de media hora de duración, obliga a tomar decisiones que no sólo alejan el producto del material original, sino que afectan a la adaptación en sí. Todo se exprime al máximo, lo que hace que cualquier tipo de desarrollo de personajes sea apresurado y poco natural. El primer episodio, por ejemplo, es un montaje de entrenamiento acelerado que desemboca en la Eva adolescente que es la que interesa a los guionistas –en el libro tenía doce años cuando empieza su aventura-. El capítulo en el que los personajes llegan al dominio de la reina Ojo, en lugar de dejar que la historia se remanse un poco para hablar sobre la corrupción en el poder y el peso del legado paterno, todo se resuelve rápida y satisfactoriamente. En fin, que unos cuantos episodios más habrían ayudado a que la historia quedara más redonda y mejor desarrollada. Ni siquiera los giros y sorpresas dejan una huella duradera.

 

Estas prisas y compresión narrativa afectan también, claro está, a la caracterización de los personajes. Eva Nueve no deja de ser una princesa Disney tan adorablemente torpe e ingenua en el plano social como bondadosa y noble. Rovender, la figura paterna, está reducido a un solo rasgo de personalidad: es brusco, tiene un humor seco y, al principio, se comporta de forma arisca e incluso hostil hacia Eva y Muther durante la mayor parte de la temporada, hasta que nos hacen creer que la ausencia de la joven termina por fortalecer su cariño y, automáticamente, da un giro de 180 grados. Muthr es, simplemente, sobreprotectora, cuando habría sido interesante profundizar algo más en la lucha interna que experimenta entre obedecer su programación y adaptarse a las leyes del mundo natural. Y Otto es una especie de mascota cursi, un osito de peluche inofensivo y servilmente obediente.

 

Si bien este trío de compañeros está formado por un robot, un alienígena y una criatura terrestre mutada, son menos interesantes de lo que esa peculiar combinación podría dar a entender, limitándose a representar escenas demasiado predecibles: el “padre” triste diciéndole a la niña sustituta el equivalente a "no eres mi verdadera hija"; la mascota animal lastimándose de una manera triste y patética; la “madre” discutiendo con la adolescente rebelde en una explosión sobreprotectora… El resto de personajes secundarios con los que se cruza este grupo durante su viaje son aún más planos, como Besteel, un cazador gigante de seis brazos y terroríficos colmillos que los persigue hasta los confines de la Tierra; o los ridículos miembros de la realeza que conocen en la capital.

 

La historia se recupera un poco en el último acto, al evocar finalmente la dinámica de familia que venía desarrollando. No es nada revolucionario, pero el episodio culminante es sólido gracias a la combinación de melancolía, revelaciones y actos heroicos que reflejan la obsesión de Eva por encontrar a otros humanos sea cual sea el precio que tenga que pagar por ello. Aunque la primera temporada concluye igual que las novelas, el final incluye un pequeño giro que abre la puerta a una segunda temporada sobre nuevas bases: otro humano llega a bordo de una nave a la postapocalíptica y desierta Nueva York para recoger a Eva y llevarla “de vuelta a casa”. La sorpresa es que este humano es nada menos que Cadmus Pryde, el creador de los búnkeres del Santuario y el proyecto para repoblar la superficie. Como reveló la Reina Ojo, el planeta natal de su especie había sido destruido, y cuando llegaron a la Tierra, que había sido convertida por los humanos en inhabitable para ellos mismos, la transformaron con una semilla de energía vital, creando un nuevo ecosistema al que bautizaron como Orbona. Esto significa que Eva había estado equivocada desde el principio: no estaba en un planeta alienígena colonizado por los humanos, sino en la propia Tierra.

 

Sin embargo, a pesar del competente desenlace de temporada, ni siquiera este episodio final compensa las deficiencias de “WondLa” en su arranque. Soy consciente de que esta serie está dirigida principalmente a un público joven, así que no es razonable esperar una construcción de mundos tan meticulosa como la de “Dune”. Pero tener a cierto tipo de público en mente no hizo bajar el listón a los creadores de, por ejemplo, “El Castillo en el Cielo” (1986), “Wall-E” (2008), “El Gigante de Hierro” (1999) o, ya puestos, la saga “Star Wars”, en los que, sí, reciclaron conceptos familiares, pero añadiéndoles matices y creatividad con los que superaron las limitaciones de un producto infantil.

 

Aunque no he leído las novelas en las que se basa la serie, sí he revisado comentarios sobre las mismas y visto las preciosas ilustraciones que el propio autor realizó para ellas. Y, a decir de quienes sí conocen esos libros, la serie opta por alejarse de la sensación de extrañeza y vaga amenaza que desprenden esos dibujos. No solo todo luce impecable, limpio y accesible, sino que está tan disneyficado que pierde de vista la esencia de la historia: navegar por un mundo alienígena y forjar vínculos con seres que al principio resultan terroríficos o inspiran rechazo. Incluso en la supuestamente alienígena Orbona, todo es brillante, alegre y tan “blandito” que de casi todo ello podrían sacarse peluches sin cambiar prácticamente nada. Los alienígenas solo lo parecen por su coloración azulada o sus plumas. Todos los elementos humanos futuristas han perdido su encanto retro, ya sea la tecnología del Santuario 573 o el robot Muther, para que así parezca un lugar perfecto y acogedor para criar a una encantadora niña. En ningún momento este viaje parece una experiencia extraña, sino que se limitan a repetir una y otra vez que Eva piensa que todo es raro en el sentido de nuevo.

 

Y ese distanciamiento respecto a la visión del autor se traslada a la animación 3D, que no consigue que los diseños cobren la misma vida que en las ilustraciones originales de Diterlizzi. Por empezar con lo positivo, hay algunos detalles interesantes en la animación de los ojos y algunos de los diseños están muy conseguidos. A veces, resulta casi imposible fijarse en todos los detalles, habiendo tantos elementos moviéndose por la escena que evocan indefectiblemente lo conseguido por James Cameron en “Avatar”. Es un planeta repleto de criaturas fascinantes, tanto en la superficie como en las profundidades, que los protagonistas van contemplando –o defendiéndose de ellas- conforme atraviesan distintos entornos que van desde las selvas exuberantes a los desiertos pasando por ciudades lacustres o urbes humanas abandonadas. La variedad de escenarios a lo largo de la temporada es uno de sus puntos fuertes gracias al sentido de lo maravilloso que inspira.

 

No hay ningún problema –y, de hecho, parece lo más normal en el futuro de nuestra especie- en que hayan convertido a Eva Nueve en una mestiza, pero los diseñadores y animadores han conseguido que parezca una figura de Playmobil con expresiones faciales extremadamente rudimentarias. Otto tampoco se parece a la criatura que imaginó el escritor. Siendo no un alienígena sino la evolución de un tardígrado, ¿por qué es peludo? ¿Por qué su cola es tan bulbosa? En comparación, Rovender se ve decente. La Reina Ojo ahora tiene pestañas que desafían la gravedad, versiones muy tenues de su maquillaje característico, una tiara genérica de aspecto humano y, en general, un aspecto mucho más “cuqui”.

 

El trabajo de texturas recuerda el de los de los juegos de aventuras de los primeros tiempos de PlayStation 3. Y, en general, hay algo que no termina de encajar, quizá un intento tan bienintencionado como insatisfactoriamente culminado de recrear el estándar de Pixar. Le falta “magia” para alcanzar la excelencia y el resultado global se queda en una estética bastante genérica que, probablemente, habría mejorado si los artistas hubieran dispuesto de más tiempo para crear mundos y diseños más trabajados –o si el estudio no estuviera dirigido por alguien como Lasseter, que perdió su creatividad cuando pensó que “Cars 2” era una buena idea-.

 

“WondLa” apareció en un momento en que el género postapocalíptico había evolucionado y avanzado mucho más allá de lo que ofrece esta serie. Con el estado actual de la industria del entretenimiento, se estrenan tantas películas y series que quedarse en simplemente aceptable ya no es suficiente. Tampoco ayuda que algunos estudios y compañías dependan de un algoritmo completamente defectuoso para dar indicaciones a los creativos cuando deberían dejar que estos den rienda suelta a su imaginación para que su trabajo destaque y cobre auténtica personalidad.  

 

La primera temporada de “WondLa” tiene buenas intenciones, pero se queda en una versión descafeinada de cosas vistas anteriormente en otros productos. Se ha escrito, producido y pulido de la forma más segura posible, sin arriesgarse ni aprovechar oportunidades para generar interés en lo que podría haber sido algo más emocionante. Como teme hacer algo diferente, apenas ofrece algo nuevo, pero no puedo decir que sea un mal producto. Quizás no entusiasme a un espectador exigente o bregado en el género de la CF, pero sí puede entretener e incluso maravillar a un público más joven o con las expectativas más bajas. 

 

(Continúa en la siguiente entrada) 

 

 

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