Desde hace décadas, Pixar ha venido levantando un imperio en el ámbito del cine de animación y, aunque ya lleva tiempo mostrando signos de decadencia, el éxito constante del estudio y su capacidad para seguir creando grandes películas lo sitúan en una posición que muchos llevan años deseando emular. Entre los numerosos estudios que compiten por ese reconocimiento está Skydance Media, la productora de David Ellison, que en 2017 creó Skydance Animation y, además de regarla con millones, fichó para dirigirlo a uno de los fundadores de Pixar y artífice de su éxito temprano: John Lasseter (desacreditado por el movimiento #MeToo a finales de 2017 por conducta sexual inapropiada y abuso de poder laboral).
En febrero de 2021, Apple firmó un acuerdo multianual con
Skydance Animat
ion para producir contenido de animación para Apple TV+. Pero lo
cierto es la oferta de esta plataforma en este campo, con o sin Skydance, ha
sido muy irregular. Aparte de un puñado de series familiares e infantiles, ninguno
de sus productos ha registrado un éxito rotundo. “Central Park” (2020-2022) fue
cancelada tras tres temporadas; “Luck” (2022), ya con Skydance, fue su primera
incursión en el formato de película original de animación, pero la ausencia de
repercusión en público y crítica provocó que Apple rompiera relaciones con su
socio antes de que éste se pasara a Netflix. En fin, que aparte de la película
“Wolfwalkers” (2021) de Tomm Moore, no mucha gente habla de sus producciones de
animación. Y es una pena porque, por ejemplo, la serie “Rana y Sapo”
(2023-2024), basada en los populares libros infantiles de Arnold Lobel, es una
pequeña joya de animación tradicional.
Apple ha demostrado tener la suficiente confianza en su
trabajo como para no cancelar a diestra y siniestra en cuanto los números no le
c
uadran a la perfección, estrategia que sigue, por ejemplo, Netflix. Precisamente,
como parte del salto de Skydance a esta última plataforma, proyectos que
estaban en desarrollo conjunto con Apple, como la película “Hechizados” (2024),
pasaron al catálogo de la empresa de Ted Salandos (en este caso, los de la
manzana no perdieron demasiado). Así pues, tenemos un estudio que aún no ha
creado nada que deje huella, y que trató de solucionar el problema con su serie
“WondLa” sin caer en la cuenta de que cometía los mismos errores que en
producciones pasadas.
Basada en la trilogía del mismo título firmada por Tony
DiTerlizzi (2010-2014, editados en español sólo los dos primeros volúmenes), la
historia comienza con el nacimiento de Eva Nueve, una niña criada sola en un
complejo subterráneo de estilo aséptico que parece sacado de “THX 1138”.
Durante la primera década y media de su vida, es educada y cuidada por Muthr
(Teri Hatcher), una robot mate
rnal que le da pequeñas pistas sobre el mundo
exterior. Mediante hologramas instructivos muy censurados, se insinúa que,
generaciones atrás, las cosas salieron mal en la superficie, lo que dio lugar a
la creación de búnkeres subterráneos que, eventualmente, crearían y criarían a
una generación de niños con la que repoblar la Tierra en un futuro lejano.
En el caso de Eva, algo también fue mal en el procedimiento
de fertilización de óvulos en el búnker porque, en lugar de un grupo de niños,
ella fue la única en prosperar, por lo que jamás ha conocido a un semejante.
Tras completar un duro y completo adiestramiento en supervivencia, cuando se
acerca a su decimosexto cumpleaños, un intru
so monstruoso se infiltra en el asentamiento,
obligándola a huir y descubrir el mundo exterior, donde las cosas son muy
diferentes de lo que esperaba: la Tierra que estudió en la escuela virtual se
ha transformado en un paisaje irreconocible, repleto de flora y fauna
alienígenas, incluyendo formas de vida inteligentes que no parecen aceptar a
los Homo sapiens. Desde allí, Eva parte en busca de un lugar llamado
"WondLa", donde cree que encontrará a otros semejantes a ella. En su aventura
la acompañará inicialmente su “madre” robótica” y otros dos aliados con los que
se topa al principio del periplo, un gran tardígrado, Otto; y un gruñón alienígena
explorador llamado Rovender.
Tras series como “Kipo y la Era de los Magnimales” (2020)
en Netflix, y
“Fallout” (2024-) en Amazon Prime, “WondLa” tenía mucho que
demostrar, no solo por ser otra propuesta postapocalíptica, sino también como
prueba de lo que Skydance Animation era capaz. Lamentablemente, lo que nos
ofrece no es tan impresionante como podría haberse esperado.
Por un lado, la primera temporada cuenta una historia
decente y un elenco de personajes en su mayoría agradables que establecen algunos
elementos interesantes relativos al trasfondo y funcionamiento del mundo en que
se desenvuelven aquéllos. El gran misterio no sólo consiste en descubrir si
existen más humanos aparte de Eva, sin
o por qué y de qué forma la Tierra se ha
transformado en un planeta que parece alienígena.
Por otra parte, la historia recuerda a otras en las que alguien
criado y preparado para repoblar la superficie se ve involucrado prematuramente
en la misión. De hecho, sigue al dedillo la fórmula del “Camino del Héroe”: la
protagonista vive en un lugar aislado sin conocer el auténtico mundo exterior.
Entonces llega la llamada a la aventura y el cruce del umbral hacia un mundo
hostil. En su viaje, va encontrándose con compañeros de viaje que la guían y protegen
y enemigos y pruebas que deberá superar mediante su entrenamiento físico, su
inteligencia e ingenio o su generosidad y empatía. A medida que avanza en su
búsqueda por encontrar a
otros de su especie, Eva pasa por momentos muy duros
donde se cuestiona su propia identidad y propósito, dejando atrás su ingenuidad
infantil para convertirse en una superviviente y líder. También están presentes
los predecibles temas de “la Naturaleza versus la Humanidad” y cómo los humanos
maltratamos a nuestro planeta. Por supuesto, se han eliminado algunas de las
aristas más desagradables de este subgénero apocalíptico para que el producto sea
accesible a un público infantil y familiar.
¿Pero funciona? N
o del todo. “WondLa” es una aventura
bastante tradicional y buenista, con giros argumentales predecibles y sorpresas
y revelaciones que se ven venir de lejos. No puedo decir que sea aburrida –la
duración de los capítulos, 20 minutos cada uno, imprime un ritmo firme que
mantiene la atención- pero sí que todo resulta bastante familiar y demasiados
personajes quedan sin desarrollar lo suficiente como para que importen.
La protagonista, Eva, se siente "más que preparada"
para asumir su misión, pero todo su entrenamiento apenas puede compensar su
ingenuidad e ignorancia respecto al mundo que descubre. Sus compañeros son básicamente
clichés, empezando por el gruñón Rovender, que no tiene ningún deseo de
ayudarla hasta que ella le ofrece algo de valor para él; un tardígrado gigante,
Otto, el adorable compañero peludo que transporta a Eva, cumple el papel de
mascota. Y, por último, el robot Muthr, tras haber criado a Eva desde que era
un bebé, es lo único que se parece a un familiar que tiene ésta. En este caso, la
relación entre ambas es genuinamente emotiva, conformando el corazón del
principal tema de la serie: la importancia de la familia, de la comunidad, que
irá expandiéndose conforme avance la historia hasta abarcar todo el planeta al
final de la misma.
Como la primera temporada sólo consta de siete episodios,
no queda demasiado margen para relajar algo la acción y que las revelaciones y
sorpresas estén más trabajadas y
, por tanto, se sientan más naturales. Este ha
sido un gran problema con muchas series recientes de las plataformas, ya que
éstas –y los estudios que las producen- apuestan cada vez menos por temporadas
algo más largas o con capítulos de mayor duración, y la experiencia que acaba
teniendo el espectador es algo fragmentada. Además, aparentemente, durante su
producción, “Wondla” sufrió recortes presupuestarios y cambios en la dirección
que no pudieron sino tener un efecto sobre el resultado final.
Pero sea cual sea la razón, condensar casi 500 páginas de
material en una serie de 7 episodios de menos de media hora de duración, obliga
a tomar decisiones que no sólo alejan el producto del material original, sino
que afectan a la adaptación en sí. Todo se exprime al máximo, lo que hace que
cualquier tipo de desarrollo de personajes sea apresurado y poco natural. El
primer episodio, por ejemplo, es un montaje de entrenamiento acelerado que
desemboca en la Eva adolescente que es la que interesa a los guionistas –en el
libro tenía doce años cuando empieza su aventura-. El capítulo en el que los
personajes llegan al dominio de la reina Ojo, en lugar de dejar que la historia
se remanse un poco para hablar sobre la corrupción en el poder y el peso del
legado paterno, todo se resuelve rápida y satisfactoriamente. En fin, que unos
cuantos episodios más habrían ayudado a que la historia quedara más redonda y
mejor desarrollada. Ni siquiera los giros y sorpresas dejan una huella
duradera.
Estas prisas y compresión narrativa afectan también, claro
está, a la caracterización de los personajes. Eva Nueve no deja de ser una
princesa Disney tan adorablemente torpe e ingenua en el plano social como
bondadosa y noble. Rovender, la figura paterna, está reducido a un solo rasgo
de personalidad: es
brusco, tiene un humor seco y, al principio, se comporta de
forma arisca e incluso hostil hacia Eva y Muther durante la mayor parte de la
temporada, hasta que nos hacen creer que la ausencia de la joven termina por fortalecer
su cariño y, automáticamente, da un giro de 180 grados. Muthr es, simplemente,
sobreprotectora, cuando habría sido interesante profundizar algo más en la
lucha interna que experimenta entre obedecer su programación y adaptarse a las
leyes del mundo natural. Y Otto es una especie de mascota cursi, un osito de
peluche inofensivo y servilmente obediente.
Si bien este trío de compañeros está formado por un robot,
un alienígena y una criatura terrestre mutada, son menos interesantes de lo que
esa peculiar combinación podría dar a entender, limitándose a representar escenas
demasiado predecibles: el “padre” triste diciéndole a la niña sustituta el
equivalente a "no eres mi verd
adera hija"; la mascota animal
lastimándose de una manera triste y patética; la “madre” discutiendo con la
adolescente rebelde en una explosión sobreprotectora… El resto de personajes
secundarios con los que se cruza este grupo durante su viaje son aún más
planos, como Besteel, un cazador gigante de seis brazos y terroríficos
colmillos que los persigue hasta los confines de la Tierra; o los ridículos
miembros de la realeza que conocen en la capital.
La historia se recupera un poco en el último acto, al
evocar finalmente la dinámica de familia que venía desarrollando. No es nada
revolucionario, pero el episodio culminante es sólido gracias a la combinación
de melancolía, revelaciones y actos heroicos que reflejan la obsesión de Eva
por encontrar a otros humanos sea cual sea el precio que tenga que
pagar por
ello. Aunque la primera temporada concluye igual que las novelas, el final incluye
un pequeño giro que abre la puerta a una segunda temporada sobre nuevas bases: otro
humano llega a bordo de una nave a la postapocalíptica y desierta Nueva York
para recoger a Eva y llevarla “de vuelta a casa”. La sorpresa es que este
humano es nada menos que Cadmus Pryde, el creador de los búnkeres del Santuario
y el proyecto para repoblar la superficie. Como reveló la Reina Ojo, el planeta
natal de su especie había sido destruido, y cuando llegaron a la Tierra, que
había sido convertida por los humanos en inhabitable para ellos mismos, la
transformaron con una semilla de energía vital, creando un nuevo ecosistema al
que bautizaron como Orbona. Esto significa que Eva había estado equivocada
desde el principio: no estaba en un planeta alienígena colonizado por los
humanos, sino en la propia Tierra.
Sin embargo, a pesar del competente desenlace de temporada,
ni siquiera este episodio final compensa las deficiencias de “WondLa” en su
arranque
. Soy consciente de que esta serie está dirigida principalmente a un
público joven, así que no es razonable esperar una construcción de mundos tan
meticulosa como la de “Dune”. Pero tener a cierto tipo de público en mente no hizo
bajar el listón a los creadores de, por ejemplo, “El Castillo en el Cielo”
(1986), “Wall-E” (2008), “El Gigante de Hierro” (1999) o, ya puestos, la saga
“Star Wars”, en los que, sí, reciclaron conceptos familiares, pero añadiéndoles
matices y creatividad con los que superaron las limitaciones de un producto
infantil.
Aunque no he leído las novelas en las que se basa la serie,
sí he revisado comentarios sobre las mismas y visto las preciosas ilustraciones
que el propio autor realizó para ellas. Y, a decir de quienes sí conocen esos
libros, la serie opta por alejarse de la sensación de extrañeza y vaga amenaza
que desprenden esos dibujos. No solo todo luce impecable, limpio y accesible,
sino que está tan disneyficado que pierde de vista la esencia d
e la historia:
navegar por un mundo alienígena y forjar vínculos con seres que al principio
resultan terroríficos o inspiran rechazo. Incluso en la supuestamente
alienígena Orbona, todo es brillante, alegre y tan “blandito” que de casi todo
ello podrían sacarse peluches sin cambiar prácticamente nada. Los alienígenas
solo lo parecen por su coloración azulada o sus plumas. Todos los elementos
humanos futuristas han perdido su encanto retro, ya sea la tecnología del
Santuario 573 o el robot Muther, para que así parezca un lugar perfecto y
acogedor para criar a una encantadora niña. En ningún momento este viaje parece
una experiencia extraña, sino que se limitan a repetir una y otra vez que Eva
piensa que todo es raro en el sentido de nuevo.
Y ese distanciamiento respecto a la visión del autor se
traslada a la animación 3D, que no consigue que los diseños cobren la misma
vida que en las ilust
raciones originales de Diterlizzi. Por empezar con lo
positivo, hay algunos detalles interesantes en la animación de los ojos y
algunos de los diseños están muy conseguidos. A veces, resulta casi imposible fijarse
en todos los detalles, habiendo tantos elementos moviéndose por la escena que evocan
indefectiblemente lo conseguido por James Cameron en “Avatar”. Es un planeta
repleto de criaturas fascinantes, tanto en la superficie como en las
profundidades, que los protagonistas van contemplando –o defendiéndose de
ellas- conforme atraviesan distintos entornos que van desde las selvas exuberantes
a los desiertos pasando por ciudades lacustres o urbes humanas abandonadas. La
variedad de escenarios a lo largo de la temporada es uno de sus puntos fuertes
gracias al sentido de lo maravilloso que inspira.
No hay ningún problema –y, de hecho, parece lo más normal
en el futuro de nuestra especie- en que hayan convertido a Eva Nueve en una
mestiza, pero los diseñadores y animadores han
conseguido que parezca una
figura de Playmobil con expresiones faciales extremadamente rudimentarias. Otto
tampoco se parece a la criatura que imaginó el escritor. Siendo no un
alienígena sino la evolución de un tardígrado, ¿por qué es peludo? ¿Por qué su
cola es tan bulbosa? En comparación, Rovender se ve decente. La Reina Ojo ahora
tiene pestañas que desafían la gravedad, versiones muy tenues de su maquillaje
característico, una tiara genérica de aspecto humano y, en general, un aspecto
mucho más “cuqui”.
El trabajo de texturas recuerda el de los de los juegos de
avent
uras de los primeros tiempos de PlayStation 3. Y, en general, hay algo que
no termina de encajar, quizá un intento tan bienintencionado como
insatisfactoriamente culminado de recrear el estándar de Pixar. Le falta
“magia” para alcanzar la excelencia y el resultado global se queda en una
estética bastante genérica que, probablemente, habría mejorado si los artistas
hubieran dispuesto de más tiempo para crear mundos y diseños más trabajados –o
si el estudio no estuviera dirigido por alguien como Lasseter, que perdió su
creatividad cuando pensó que “Cars 2” era una buena idea-.
“WondLa” apareció en un momento en que el género postapocalíptico había evolucionado y avanzado mucho más allá de lo que ofrece esta serie. Con el estado actual de la industria del entretenimiento, se estrenan tantas películas y series que quedarse en simplemente aceptable ya no es suficiente. Tampoco ayuda que algunos estudios y compañías dependan de un algoritmo completamente defectuoso para dar indicaciones a los creativos cuando deberían dejar que estos den rienda suelta a su imaginación para que su trabajo destaque y cobre auténtica personalidad.
La primera temporada de “WondLa” tiene buenas intenciones,
pero se queda en una versión descafeinad
a de cosas vistas anteriormente en
otros productos. Se ha escrito, producido y pulido de la forma más segura
posible, sin arriesgarse ni aprovechar oportunidades para generar interés en lo
que podría haber sido algo más emocionante. Como teme hacer algo diferente, apenas
ofrece algo nuevo, pero no puedo decir que sea un mal producto. Quizás no
entusiasme a un espectador exigente o bregado en el género de la CF, pero sí
puede entretener e incluso maravillar a un público más joven o con las
expectativas más bajas.
(Continúa en la siguiente entrada)

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