sábado, 22 de diciembre de 2018

1994- STARGATE – Roland Emmerich


“Stargate” fue uno de los primeros éxitos del director alemán Roland Emmerich, cuya vocación inicial había sido la de diseñador de producción hasta que “Star Wars” se cruzó en su camino. A partir de ese momento centró todos sus esfuerzos en abrirse paso como realizador, cambiando su especialidad en la Universidad de Cine y Televisión de Munich por la de director. Como tesis final de sus estudios escribió y dirigió en 1981 “El Principio del Arca de Noé”, que consiguió colarse en el Festival de Cine de Berlín en 1984. A partir de ese punto y tras crear una productora, Centrópolis, junto con su hermana Ute, firmó otras películas de género en su país como “El Secreto de Joey” (1986), “El Secreto de los Fantasmas” (1987) o “Estación Lunar 44” (1990).



Desde el principio, Emmerich había rodado sus películas en inglés y adoptado un estilo netamente americano en su narrativa, tono y producción. Su intención era salir más fácilmente de las fronteras de su país y alcanzar un mercado más amplio. Y lo consiguió. Su trabajo llamó la atención de Mario Kassar (el cofundador de Carolco), que lo llevó a Estados Unidos para trabajar en un proyecto de ciencia ficción titulado “Isobar”. Para entonces, Emmerich ya estaba asociado con el guionista Dean Devlin (que había aparecido como actor en “Estación Lunar 44”) y cuando la reescritura del guión por parte de éste no fue aprobada, renunciaron a la película –que fue archivada- y el dúo saltó en cambio a “Soldado Universal” (1992), una descerebrada cinta de acción que funcionó muy bien en taquilla y que se convirtió en su verdadera carta de presentación internacional. Dos años después llegó “Stargate” para consolidarle como un director especializado en ciencia ficción de ambición épica rebosante de efectos especiales, línea que más tarde ampliaría en títulos como “Independence Day” (1996), “Godzilla” (1998), “El Día del Mañana” (2004) o “2012” (2009).

El egiptólogo Daniel Jackson (James Spader) está considerado por la comunidad arqueológica como un excéntrico paria que se empeña en defender que las pirámides no fueron edificadas por la civilización egipcia. Tras sufrir una nueva humillación en una conferencia, recibe y acepta una oferta de trabajo de un grupo militar secreto que quiere que descifre los signos encontrados en una antigua estructura desenterrada en Egipto en los años veinte del siglo pasado. Dichos signos revelan que ese objeto es en realidad una puerta estelar de origen extraterrestre que permite viajar entre mundos a través de agujeros de gusano.

Jackson se une a un grupo de comandos liderados por el coronel Jack O´Neill (Kurt Russell) cuya misión es la de atravesar el portal e investigar el mundo desértico que se extiende al otro lado. Allí encuentran un pueblo de humanos esclavizados por un ser alienígena muy avanzado tecnológicamente y que resultan ser descendientes de antiguos egipcios transportados milenios atrás a ese planeta. Ra (Jaye Davidson), como conocen al extraterrestre, gobierna ese mundo con puño de hierro y al encontrar que el grupo de O´Neill
ha abierto la Puerta, decide utilizarla para aniquilar la civilización humana en la Tierra.

Durante sus reuniones creativas para dar con el esbozo de una nueva película, Emmerich y Devlin pusieron sobre la mesa sus respectivas obsesiones. En el caso del primero era la fascinación por la mística del Antiguo Egipto; en cuanto a Devlin, soñaba con una película como “Lawrence de Arabia” (1962) ambientada en el espacio. El guión resultante fue “Stargate”, que consiguió interesar a varios estudios pero cuyo coste, el cual estimaban en más de 100 millones de dólares, les parecía inasumible. Al final, dos productoras, la americana Carolco y la francesa Le Studio Canal +, accedieron a financiar el film con una condición: el presupuesto se limitaría a 55 millones.

Aceptando el desafío, Emmerich sabía que tendría que controlar de cerca el gasto en efectos especiales si no quería sobrepasar ese límite, enfurecer a sus inversores y comprometer su todavía naciente carrera. Así que escogió a una empresa americana con base en Massachusetts, Kleiser-Walczak Construction Company (no dejarse engañar por la denominación social: se trata de una compañía de efectos especiales) para diseñar el imprescindible CGI que sustituiría a los más caros decorados tradicionales. Aún así, hubo dinero para construir algunos elementos de atrezzo bastante llamativos, como la propia Puerta Estelar. El veterano Kit West (que intervino en películas como “La Diosa del Fuego” (1965), “¿Qué Sucedió Entonces?“ (1968), “En Busca del Arca Perdida” (1981), “El Retorno del Jedi” (1983), “Dune” (1984) o “El Secreto de la Pirámide” (1985), diseñó un anillo metálico de seis metros recubierto de fibra de vidrio y al que se superponía otro anillo exterior motorizado que funcionaba como un gran candado de combinación. Lo que ocurría en el interior de los anillos se creó, a la vista está, con animación digital.

Patrick Tatopoulos, un especialista francés todoterreno que igual se encarga de maquillaje, diseño de producción o vestuario, aportó diseños clave, como los guerreros alienígenas y Ra combinando la estética egipcia con los atuendos samurái. De hecho, a Emmerich le gustó tanto el trabajo de Tatopoulos que amplió su
participación en la producción supervisando la elaboración de las criaturas, para las cuales contrató a más de cuarenta técnicos y artistas. Por ejemplo, para esa mezcla entre yak y camello que encuentran los protagonistas en el desierto, en lugar de optar por una figura completamente animatrónica o la animación stop-motion, construyó una cabeza mecánica que podía ajustarse a un auténtico caballo de tiro. Más adelante en su carrera, Tatopoulos participaría en películas tan famosas del género como “Independence Day” (1996), “Spawn” (1997”, “Godzilla” (1998), “Pitch Black” (2000), la saga de Underworld, “Yo, Robot” (2004)…

Lo que no se puede negar a Emmerich es que con un presupuesto reducido consiguió hacer una
película con un empaque visual de superproducción. Ahora bien, el problema que suele lastrar sus films es el desequilibrio entre forma y fondo: la desbordante exhibición visual no puede esconder la debilidad de la trama y el acartonamiento de los personajes. A menudo recurre a clichés de género o ramalazos patrióticos (estadounidenses, eso sí) para impulsar sus historias. Y por eso y si no se ha visto a estas alturas, es legítimo no albergar demasiadas esperanzas respecto a “Stargate”; película que se publicitó como un cruce entre las teorías de Erich Von Daniken y “Lawrence de Arabia”, unos referentes que hacían temer tanta grandilocuencia como estupidez. De hecho, encontrarse el nombre de Von Daniken asociado directa o indirectamente a cualquier guión es poco halagüeño. Sus implausibles y pretenciosas teorías (plasmadas, por ejemplo, en “Recuerdos del Futuro”, 1968; o “Carros de los Dioses”, 1969) queriendo explicar los “misterios” de la Antigüedad mediante la intervención extraterrestre le califican más como escritor de ciencia ficción que como antropólogo. Tanto es así que no han sido pocas las obras de ficción que han bebido de sus peregrinas ideas.

Por todo ello alivia el descubrir (o redescubrir) que “Stargate” es un film más sólido de lo que
podría pensarse, al menos en sus tres cuartas partes. El concepto de la Puerta Estelar y el descubrimiento y exploración del mundo alienígena probablemente habrían resultado demasiado sobados como base de un libro de ciencia ficción del siglo XX, pero Emmerich consigue hacer que sobre la pantalla esos rancios clichés tengan apariencia de frescos e intrigantes. Hay sin duda sentido de lo maravilloso en los momentos en que la Puerta se activa y los militares la cruzan y empiezan a investigar el mundo alienígena. A diferencia de las space operas al estilo “Star Trek” o “Star Wars”, aquí se hace el esfuerzo de plantear las dificultades de comunicación con los nativos de otros mundos.

Pero sobre todo, lo que más llama la atención es el desmesurado sentido de la escala de Emmerich, algo a lo que ayuda el cuidado trabajo de fotografía de Karl Walter Lindelaub. Así, encontramos escenas en las que los habitantes de una ciudad entera se reúnen para recibir a los visitantes alienígenas, contemplar una ejecución o levantarse en rebelión. Los efectos especiales y el diseño de producción utilizados aquí fueron de primer orden –la pantalla de energía líquida de la Puerta o la secuencia de viaje una vez se atravesaba ésta; el momento de la llegada de la enorme
pirámide-astronave durante una tormenta; los imponentes guardias con cabeza de Anubis y sus armaduras retraíbles; las naves-caza al estilo “Star Wars”; la gran detonación nuclear en el espacio….Es un estilo de cine-espectáculo grandilocuente y directamente inspirado en las producciones de Irwin Allen (“El Mundo Perdido”, “Viaje al Fondo del Mar”, “La Aventura del Poseidón”, “El Coloso en Llamas”) o la primera etapa de Spielberg (“Encuentros en la Tercera Fase”, “En Busca del Arca Perdida”).

Por desgracia, tras un arranque y desarrollo bastante sólidos en todos los aspectos, el último
cuarto de película se desploma en el terreno de los clichés. Tras haber planteado muy bien el suspense al comienzo (el descubrimiento de la Puerta, la entrada de Jackson en el proyecto, la revelación del propósito del artefacto y su activación) y pasar luego a la maravilla del descubrimiento del planeta, Emmerich y Devlin no parecen tener mucha idea acerca de qué hacer con Ra una vez lo muestran en pantalla. Como suele pasar con este tipo de alienígenas alrededor de los cuales se ha ido construido en la película un halo de peligro y poder, el misterio se diluye al verlo en carne y hueso y comprobar que no es más que una especie de niño malcriado, arrogante y caprichoso. A partir de ahí todo se reduce a un encadenamiento de tópicos extraídos de la ciencia ficción más pulp: los terrestres inspirando la rebelión en los alienígenas esclavizados y oprimidos por unos falsos dioses alienígenas; el añadido postizo de un interés romántico para Jackson; el inevitable sidekick humorístico; la cuenta atrás en el clímax; abundantes tiroteos y peleas sacadas –una vez más- de “Star Wars”… incluso una escena en la que la muchacha es asesinada sólo para resucitar en el último minuto.

Tampoco se puede decir mucho de los personajes. Los dos protagonistas responden a arquetipos bien conocidos y sus respectivos arcos argumentales no deparan sorpresas. O´Neill es el típico
militar duro hasta la médula atormentado por la muerte de su hijo; Jackson es otro alienado, un científico brillante pero con escasas habilidades sociales. Ambos encontrarán una nueva razón para continuar viviendo y luchando en el planeta desértico. O´Neill en la forma de un espabilado muchacho que responde a lo que a él le hubiera gustado que se convirtiera su difunto hijo; y Jackson se enamora –y es correspondido- de una hermosa joven que, esta sí, sabe reconocer su talento y sensibilidad. En línea con el tono melodramático de la historia, ni Kurt Russell ni James Spader construyen personajes particularmente memorables. El primero se limita a poner rostros de tipo duro y el segundo resulta demasiado excéntrico. Aunque ello no importe demasiado porque esta no es tanto una película de personajes como de aventuras épicas al estilo de las novelas de Edgar Rice Burroughs.

Como pequeño aparte, me llama la atención el enfoque de homosexualidad depravada que
Emmerich –por otra parte gay reconocido y sin complejos- le da a su alienígena villano. Esos guiños homosexuales ya estaban presentes en “Soldado Universal” y en esta ocasión encontramos al malvado y poderoso extraterrestre que resulta ser un muchacho andrógino de mirada libidinosa (encarnado por Jay Davidson, actor que se había hecho famoso interpretando a un transexual en “Juego de Lágrimas” (1992), de Neil Jordan) que deambula medio desnudo y rodeado de efebos. La corrupción que irradia contrasta con la pureza del amor que comparten el masculino coronel O´Neill y el muchacho nativo al que adopta como reemplazo temporal de su hijo. Unos años después, en “El Patriota” (2000), Emmerich volvería a introducir algo similar en la figura del oficial británico interpretado por Jason Isaacs, amanerado, decadente y perverso, con la camaradería tosca y varonil de los rebeldes.

La película fue un éxito comercial (sobre un presupuesto de 55 millones recaudó 196). Aunque la proyectada trilogía inicialmente pensada por Emmerich no pudo llevarse a cabo, su concepto sí fue luego expandido, ya sin la intervención del director, en una serie de televisión que se haría más popular aún que su antecedente cinematográfico: “Stargate SG-1”
(1997-2007), en la que Richard Dean Anderson encarnaba al personaje del coronel O´Neill y Michael Shanks el de Jackson. Allí la premisa básica de la película, en sí muy escasa, se estiraba a base de una serie de viajes a planetas alienígenas, con militares utilizando la Puerta para rescatar a diferentes especies esclavas de seres de poder divino. La serie tuvo tan buena aceptación y reunió en torno a sí una base tan amplia y fiel de fans que se produjeron dos programas más sitos en el mismo universo: “Stargate Atlantis” (2004-9) y “SGU: Stargate Universe” (2009-11), así como la serie de animación “Stargate Intinity” (2002).

“Stargate” es una película que mezcla la ciencia ficción y la aventura en sus vertientes más pulp, las teorías pseudocientíficas de Von Daniken, el género de los mundos perdidos y el romance planetario de Edgar Rice Burroughs. Se trata de un film muy disfrutable incluso hoy día siempre y cuando se vea como lo que realmente es y se haga el debido ejercicio de suspensión de incredulidad.




3 comentarios:

  1. Buena critica. La tengo en gran estima por una cuestión nostálgica, es de mis preferidas de mi adolescencia, pero es verdad que la segunda parte es muy cliche. Una pena que no se hicieran las continuaciones.

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  2. Je, me encanta la parte de las dificultades lingüísticas, cosa que los puñeteros inglish con su imperialismo lingüístico obvian siempre.

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  3. Ups, olvidé decirlo.
    Se hizo una saga de series con la evidente intención de usarlas como propaganda proinvasión de Oriente Medio. Las series van de invadir lejanas tierras exóticas descendientes de culturas del Creciente regidas por tiranos.
    La intención manipuladora es evidente.

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