lunes, 16 de abril de 2018

1998- GODZILLA - Roland Emmerich


Dado el momento y lugar de su concepción, el Japón de la posguerra, Godzilla no ha sido una franquicia multimedia más. Las historias de este monstruo han simbolizado desde su inicio el enfrentamiento del ingenio tecnológico del hombre contra la vengativa fuerza de una Naturaleza enfurecida. Además, claro, de servir de metáfora y continuo recordatorio de las bombas atómicas arrojadas sobre Japón por los americanos al final de la Segunda Guerra Mundial.



En marzo de 1954, los militares estadounidenses llevaron a cabo, bajo el nombre código Castillo Bravo, una prueba nuclear con una bomba de hidrógeno. Se detonó en el atolón de las Bikini, en las islas Marshall. Sus efectos alcanzaron a un pesquero nipón, el Daigo Fukuryu Maru, cuya tripulación, a pesar de hallarse lejos, enfermó de radiación y uno de sus miembros murió unos meses después. Aquel suceso quedó bien grabado en la memoria de Tomoyuki Tanaka, productor de los estudios Toho, y cuando se le encargó realizar una película que pudiera llenar un imprevisto hueco en el calendario de estrenos del otoño de aquel mismo año, recurrió a él, mezclándolo con películas norteamericanas de monstruos como “King Kong” (1933) o “El Monstruo de los Tiempos Remotos” (1953).

Tanaka añadió el elemento del miedo atómico, que estaba muy presente en la conciencia social japonesa pero que no había sido todavía dramatizada en el cine. Junto al diseñador de efectos especiales, Eiji Tsuburaya y el director Ishiro Honda, Tanaka desarrolló el concepto del monstruo Gojira, cuyo nombre era una combinación de la palabra inglesa “gorilla” y la japonesa “kujira”, “ballena”. Como alternativa a la animación stop-motion, costosa en tiempo y dinero, se introdujo a un actor en un traje de goma para interpretar a la criatura, un recurso de emergencia que acabaría siendo precisamente uno de los rasgos más queridos por los fans de la saga.

Estrenada en Japón el 3 de noviembre de 1954, la película fue un gran éxito. Dos años después,
en Estados Unidos, se estrenó una versión doblada y remontada para insertar pasajes con el actor norteamericano Raymond Burr y hacerla más accesible al público local. Aunque la siniestra metáfora que identificaba a Godzilla con el holocausto atómico se diluyó, la trama básica permaneció intacta.

El reptil gigante pronto alcanzó un lugar de honor en el panteón de los monstruos de la CF, llegando a protagonizar con el paso de las décadas una treintena de películas, casi todas japonesas, lo cual la convierte en una de las franquicias más longevas y exitosas de todos los tiempos. El estudio Toho dejó de hacer películas de Godzilla como salchichas a mediados de los noventa, en parte para no competir con el lanzamiento de un reboot norteamericano dirigido, coproducido y coescrito por Roland Emmerich, aún crecido tras el éxito de “Independence Day” (1996) y que tras años de desarrollo se estrenó finalmente en 1998 precedido por una fuerte campaña publicitaria en todos los medios.

El doctor Niko Tatopolous (Matthew Broderick), un biólogo de la Comisión de la Energía Atómica norteamericana y especialista en formas de vida mutadas por la radiación, llega al Pacífico Sur para investigar una serie de informes sobre un reptil gigante, transformado a resultas de un test nuclear francés y que está atacando los barcos. La criatura, bautizada “Gojira” por un superviviente japonés y mal trasladado al inglés como “Godzilla” por los medios de comunicación americanos, se dirige a los Estados Unidos por mar. Sale a la superficie en Manhattan, donde siembra el caos y la destrucción. Mientras los militares hacen lo que pueden para detenerlo, Niko les avisa de que en algún lugar de la ciudad el monstruo ha puesto un nido con huevos.

Algunas veces, uno no puede sino sentirse confuso acerca de los criterios que gobiernan el gusto del público y/o la opinión de los críticos. Dos años antes del estreno de esta película,
“Independence Day” pareció volver loco a todo el mundo, convirtiéndose no tanto en un simple film como en un auténtico acontecimiento generacional; y ello a pesar de que no era más que una sucesión de clichés, discursos patrioteros, heroísmo pomposo y personajes unidimensionales. Pues bien, cuando el mismo director vuelve a ofrecer poco después el mismo producto, público y crítica se movieron en la dirección opuesta. A pesar de la mencionada campaña publicitaria, en la que se anunciaba claramente que “Godzilla” venía firmada por el mismo equipo que “Independence Day” y que iba a ser incluso más épica, todo el mundo, fans y críticos por igual, se lanzaron a denostarla (a pesar de ello, fueron a verla, porque sobre un presupuesto de 125 millones de dólares recaudó en todo el mundo 376 millones).

¿Tan mala es esta versión de Godzilla? Pues depende de las expectativas que se depositen en ella. En primer lugar, los fans del monstruo tendrían que hacer examen de conciencia y tras un cuidadoso análisis de las decenas de películas que componen la saga, admitir cuántas de ellas podrían verdaderamente salvarse bajo los parámetros de lo que normalmente se considera buen cine. ¿Tan pésima es la película de Emmerich en comparación con esos productos de serie B?

Y, en segundo lugar, la clave es que no hay que esperar mucho del equipo formado por Roland
Emmerich y su coguionista, Dean Devlin, que, juntos o en solitario, han firmado películas de CF que en ningún caso pueden considerarse “intelectuales” o “sofisticadas”: “Soldado Universal” (1992), “Stargate” (1994), “Independence Day”, “El Día de Mañana” (2004), “10.000 BC” (2008) o “2012” (2009). En ninguno de estos títulos hay ideas verdaderamente originales o tratamientos innovadores de temas antiguos. La mencionada “Independence Day” es la que quizá mejor sintetiza sus defectos: efectos especiales apabullantes, trama minúscula, guión lleno de agujeros y mensajes altisonantes y patrioteros por encima del desarrollo dramático. El mejor de sus títulos, “Stargate”, consiguió por su parte equilibrar lo tópico de los guiones de Emmerich con su punto fuerte: su capacidad para conjurar el sentido de lo maravilloso a través de imágenes de talla épica.

La actualización que realizaron Emmerich y Devlin tiene toques inteligentes, como el que la
criatura tenga su origen en las entonces polémicas pruebas nucleares francesas en el Pacífico. Pero salvo esos breves destellos y siendo sincero, en general el guión es horrible, lleno de huecos del tamaño del propio Godzilla (¿Cómo puede desaparecer semejante monstruo en Manhattan y nadie ser capaz de encontrarlo?). Los personajes son meras caricaturas: los franceses tienen una actitud de snobs hacia la comida americana; el alcalde pomposo (que recibe el nombre de uno de los principales críticos cinematográficos estadounidenses, Roger Ebert) es una copia del de “Tiburón” (1975); el romance entre el doctor Tatopolous y la sosa Audrey (María Pitillo) no tiene chispa alguna… Eso sí, la película tiene un ritmo tan rápido y está tan centrada en la acción que todos esos patéticos personajes unidimensionales apenas tienen tiempo en pantalla.

“Godzilla” funciona cuando deja atrás cualquier pretensión dramática y se concentra exactamente en lo que todo el mundo espera: ser una película de monstruos gigantes en la que se derrocha presupuesto en efectos especiales. Y, a pesar de las críticas, este es un aspecto en el
que destaca de forma especial respecto a otros productos de la época. Hubo fans que se quejaron diciendo que el CGI utilizado traicionaba las representaciones tradicionales de la criatura; o incluso que no se parecía al “auténtico Godzilla” (¿¿??). No le veo sentido a esa crítica. Creo que, con todas las limitaciones de la época, los efectos digitales funcionan mejor que la stop-motion o el titubeante actor de turno con traje de goma a la hora de dotar de verosimilitud al monstruo. Además, los especialistas digitales se ocuparon de que la mayor parte de las escenas en las que aparece Godzilla sean o bien nocturnas o bien bajo una intensa lluvia, enmascarando así las deficiencias técnicas. Y, en cualquier caso, este monstruo resulta más rápido, esbelto y terrorífico que cualquiera de sus encarnaciones anteriores.

Cada vez que Godzilla aparece en pantalla, Roland Emmerich vuelca en la secuencia efectos especiales de última generación, normalmente destinados a representar la destrucción masiva de Manhattan, con el monstruo demoliendo sólo con su cola trozos enteros de rascacielos. Encontramos también una batalla reminiscente del ataque a la Estrella de la Muerte en “Star Wars” (1977) cuando los helicópteros militares se deslizan entre los cañones de cemento y cristal; o un emocionante clímax con la criatura atrapada en el puente. Emmerich va mostrando al monstruo paulatinamente y mantiene la cámara a nivel del suelo para intensificar la sensación de enormidad de Godzilla.

Transcurridos unos tres cuartos del metraje, la película parece detenerse abruptamente cuando
Godzilla, aparentemente, muere. Entonces, la trama toma otra dirección completamente distinta y bastante desconcertante, con los personajes principales rastreando el paradero de los huevos del monstruo y luego enfrentándose a un pequeño ejército de “bebés-Godzilla”. Se trata de una secuencia indudablemente “inspirada” por los pasajes de los velociraptores en “Parque Jurásico” (1993). ¿Era necesario esto? Sin duda no, pero aún así Emmerich le imprime el suficiente ritmo como para que tal plagio no pierda suspense.

A pesar de que internacionalmente la película obtuvo generosos beneficios, las compañías que intervinieron en la producción y en especial Sony Pictures (que se encargaría de la distribución
del VHS) no quedaron satisfechas con lo recaudado el primer fin de semana en Estados Unidos. Además, y a pesar de que a la postre el público sí acudió a verla, le llovieron críticas negativas y “premios” a la peor película, guión y director. Los ejecutivos, por tanto, decidieron no tentar a la suerte y cancelar el rodaje de la planificada secuela, optando en cambio por una serie animada infantil para la Fox que fue mucho mejor recibida que su antecesora en imagen real.

Al final, ¿fue “Godzilla” una película de acción, monstruos y destrucción masiva mucho peor que otros blockbuster en la misma línea que se estrenaron más o menos por entonces, como por ejemplo, la sosa “Deep Impact” (1998), la decepcionante “Parque Jurásico: El Mundo Perdido” (1997) o la ridícula “Anaconda” (1997)? Personalmente, creo que no. Es, simplemente, una película de Roland Emmerich y como tal hay que verla: un producto de puro entretenimiento y mínima profundidad y que no hay que tomarse más en serio de lo que lo hacen el propio director y el guionista.




6 comentarios:

  1. Solo entretenimiento pasajero, nada para recordar

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  2. hola, estimado blogero :)

    quisiera recomendar para analisis de vos cuando buenamente se pudiera claro,, xd estas pelis de sci-fi,

    https://www.filmaffinity.com/es/film976922.html

    y su secuela

    https://www.filmaffinity.com/es/film619464.html

    me parecen dos obras maestras, y al parecer tienen mu mala critica,

    me gusto mucho mas la secuela con muchos mensajes subliminales de actualidad mundial.

    saludos, y que la scifi siga adelante

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    1. La Llegada, de David Twohy. Intentaré traerla en el futuro. La primera trataba de capitalizar el éxito de "Expediente X", pero para entonces el tema de la invasión silenciosa alienígena estaba ya un poco gastado. No obstante, el director introducía algunos giros interesantes. Más recomendable, como película, que Independence Day, también del mismo año. Tenía más efectos especiales, sí, pero la historia era mucho peor. La secuela, fíjate, me pareció más sosa. Tiene un arranque decente, pero luego caía en la fórmula del cine de acción, mucha persecución y correteo, en lugar de la ambientación y la sensación de amenaza que lograba el director de la primera. Un saludete.

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  3. "... Agujeros argumentales del tamaño del propio godzilla" Tienes razon.
    El guión es una basofia. Recuerdo cuando el experto protagonista le hizo un test de embarazo al propio godzilla yo no podía creer lo que veia.
    O que godzi sea hermafrodita... Esos momentosrompen la credibilidad. No se tengo que admitir que filmaron bien las escenas de acción con mucha tensión y que los CGI se dejan ver. Pero eso es todo.

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    1. Es cierto. Creo que es una película que, a pesar de ser relativamente moderna y tener unos CGI avanzados, hay que ver con el mismo espíritu que aquellas producciones de serie B de los cincuenta, aquellas pelis con monstruo o con alienígenas chungos. Puro entretenimiento para no comerse la cabeza ni hacerse demasiadas preguntas.

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