domingo, 12 de agosto de 2018

2000- PITCH BLACK – David Twohy


David Twohy fue uno de los más prometedores cineastas de género de la década de los noventa. Mientras escribía los guiones de películas de acción como “El Fugitivo” (1993), “Velocidad Terminal” (1994) o “La Teniente O´Neil” (1996), visitaba también el terreno fantacientífico con los libretos de “Warlock, el Brujo” (1989), “Waterworld” (1995) o “Infiltrado” (2002). Más interesante aún fue su trabajo como director, empezando con la inteligente película de viajes temporales “Huida a Través del Tiempo” (1992), continuando con las invasiones alienígenas silenciosas en “¡Han Llegado!” (1996) y terminando el siglo con la cinta que ahora nos ocupa. Twohy escribió el guión junto a Jim y Ken Wheat como un compendio de influencias que van desde “2001: Una Odisea del Espacio” (1968) hasta “Alien: El 8º Pasajero” (1979) pasando por “1997: Rescate en Nueva York” (1981).



La tripulación de la nave mercante-colonizadora Hunter-Gratzner es despertada del hipersueño en el que viajan a bordo por el impacto de micrometeoritos. Con el capitán muerto, la segunda oficial Caroline Fry (Radha Mitchell), consigue hacer un aterrizaje de emergencia en un planeta cercano, pero no puede evitar que mueran veintinueve pasajeros. El puñado de variopintos supervivientes consiguen arreglárselas precariamente en la superficie de ese mundo abrasada por tres soles.

Entre ellos está Riddick (Vin Diesel), un letal asesino que estaba siendo transportado hacia su juicio escoltado por un oficial, Johns (Cole Hauser). Tras el impacto, Riddick desaparece y
mientras lo buscan, descubren la existencia de unas agresivas criaturas que viven bajo tierra y que masacraron tiempo atrás a los integrantes de un asentamiento científico apostados en el planeta. Aún peor, averiguan que cada veintidós años se produce un eclipse conjunto de los tres soles que sume al planeta en una completa oscuridad. Las criaturas, que no aguantan la luz, saldrán entonces en masa para devorar todo lo que encuentren. Ante semejante perspectiva, el grupo toma la incierta decisión de liberar a Riddick, no sólo porque tiene implantes artificiales en los ojos que le permiten ver en la oscuridad, sino porque parece el único con la resistencia y el ánimo combativo como para salvarles la vida a todos. Lo que no está tan claro es si el cínico Riddick aprovechará la oportunidad que le brinda su libertad para abandonarlos y escapar del planeta a bordo de la única nave de salvamento que quedó en el puesto científico.

David Twohy pertenece a esa rara categoría de directores que hacen películas modestas en ambición, medios y presupuesto, pero satisfactorias en su factura y capacidad de entretenimiento. Las suyas son cintas de serie B inteligentes y poco pretenciosas que no se
sostienen por el relumbrón de sus actores o los impactantes efectos especiales, sino por el pulso dramático y las tramas bien desarrolladas. Y precisamente por eso es un profesional que parece escapar del radar de muchos aficionados y sufrir de una infravaloración injusta (Otro director que sigue la misma línea de films de género discretos pero inteligentes es David Koepp (“El Efecto Dominó”, “El Último Escalón”). “Pitch Black” fue la última película producida por Polygram (se fusionó con Universal Pictures durante el rodaje) y sobre un presupuesto de 23 millones de dólares recaudó más del doble en todo el mundo, demostrando la capacidad de Twohy para hacer cintas rentables sin incurrir en grandes dispendios.

A primera vista, “Pitch Black” no se diferencia demasiado de tantísimos otros clones de “Alien, El 8º Pasajero” (1979). Así, tenemos a un pequeño grupo de individuos aislados que deben
sobrevivir a una horda de monstruos letales y que van muriendo uno a uno (aunque en su ambientación se asemeja más a “Asesinos Cibernéticos”, 1995). Sin embargo, en lo que se refiere a su ejecución, “Pitch Black” bien podría ser la mejor de todas esas réplicas de la franquicia Alien, dado que Twohy presta tanta o más atención a los personajes que a la amenaza que deben enfrentar. En lugar de reunir un conjunto de intercambiables víctimas, aquí nos encontramos a un asesino en serie, un cazador de recompensas adicto a las drogas, un sacerdote islámico y sus pupilos, una muchacha vagabunda que se hace pasar por chico o la cabecilla nominal, la primera oficial que empieza la película tratando de matar a todo el pasaje para sobrevivir ella misma –recuerdo que la atormenta constantemente- y a la que incomoda sobremanera la posición de liderazgo a la que le han empujado las circunstancias.

Quizá el personaje más próximo el cliché sea Owens (Simon Burke), el mezquino comerciante de antigüedades cuyo papel a menudo sirve como alivio cómico. Pero el resto de los supervivientes cuenta con sus propias y particulares virtudes, defectos y secretos, todo lo cual
acaba saliendo a la luz en virtud de la extrema situación en la que se encuentran. Es más, el reparto está compuesto por caras desconocidas, lo que hace mucho más difícil adivinar quién va a sobrevivir y quién va a perecer (de hecho, la identidad de algunos de los que salen con vida de la ordalía puede sorprender a más de uno). Radha Mitchell no era muy conocida allá por 2000 fuera del círculo del cine independiente y ésta fue su primera participación en películas de género de serie B, como “Silent Hill” (2006) o “Los Sustitutos” (2009), que le dio una mayor exposición pública. Cole Hauser consigue que su arrogante personaje sea más odioso que cualquier otro del grupo; y Keith David , un actor veterano ya familiarizado con las películas de ciencia ficción y terror (“La Cosa”, “Están Vivos”), cumple su papel a la perfección. Claudia Black, por todos recordada por su Aeryn Sun en la serie televisiva “Farscape” (1999-2003), tiene aquí por desgracia una intervención muy breve.

Naturalmente, el personaje que destaca con diferencia sobre los demás es Riddick. Su popularidad acabaría generando dos películas más protagonizadas por él. Los sobrios y
cortantes diálogos que le brinda Twohy y la interpretación de Diesel –cuyo único papel digno de mención anteriormente había sido en “Salvar al Soldado Ryan” y como una de las voces en la animada “El Gigante de Hierro”- convierten a Riddick en un individuo de personalidad magnética y moralidad ambigua, un asesino de tanta fuerza como sigilo. Modelado en la línea de otros antihéroes nihilistas como Serpiente Plissken (“1997: Rescate en Nueva York”) tan frecuentes en los comics y películas postapocalípticos, Riddick siempre es más astuto, duro y despiadado que cualquiera de los que le rodean. Por supuesto, no es tan nauseabundamente malvado como Johns insiste en hacer creer al resto y tiene su propio código de honor. Por eso, resulta absolutamente verosímil que el resto del grupo, desesperado, deposite en él su confianza.

“Pitch Black” es una de esas escasas películas de ciencia ficción que consigue crear un mundo alienígena razonablemente verosímil. Muchos guionistas son demasiado perezosos como para pensar en otra cosa que no sea recurrir a un entorno claramente deudor del terrestre. Twohy
no llega tan lejos como para plantear un medioambiente con una atmósfera irrespirable o una gravedad letal, por ejemplo, pero al elegir como localización de rodaje la ciudad minera de Coober Pedy, en el desierto australiano –donde también se filmaron “Mad Max: Más Allá de La Cúpula del Trueno” (1985) o “Planeta Rojo” (2000)- consigue lo que probablemente sea uno de los entornos menos terrícolas de los que se pueden encontrar sin salir de nuestro planeta. El director de fotografía, David Eggby, diluye el color de todos los planos para crear la sensación de aridez y desolación que dominaría una superficie expuesta a la radiación de tres soles. El departamento de efectos especiales creó una brillante toma de esas estrellas siendo ocultadas por los planetas en el momento del eclipse total.

Ciertamente, la originalidad y la coherencia flaquean cuando se trata del ecosistema del planeta. Resulta difícil imaginar cómo ninguna especie alienígena podría sobrevivir en semejante entorno, hibernar o medrar durante 22 años en el subsuelo, o por qué la evolución favorecería la supervivencia de una especie alérgica a la luz del sol en un planeta con tres de ellos y que sólo disfruta de oscuridad total cada dos décadas. Primero, las criaturas son presentadas como una especie de pulpos subterráneos con tentáculos tubulares que arrastran a sus presas; cuando llega el eclipse, salen de sus escondrijos en enjambres y si no consiguen atrapar a los humanos empiezan a devorarse entre ellas, un comportamiento que tampoco parece obedecer a lógica evolutiva alguna.

Twohy realiza un notable trabajo de realización. Cinco minutos después de empezar la película
ya tiene al espectador enganchado con la secuencia frenética del accidente en el espacio y el brutal aterrizaje. Las escenas de Riddick acechando al resto de supervivientes están rodadas con una mezcla de tensión y humor negro, como cuando acerca un cuchillo al cuello de Caroline sólo para cortarle un cabello sin que ella se dé cuenta; o cuando uno de los personajes mata a otro pensando que era Riddick, moviendo la cámara y alejando el foco para mostrar al burlón criminal sentado donde debería estar el vigía. De hecho, la película pierde algo de pulso cuando Riddick deja de esconderse y espiar al resto para unirse a ellos.

Otros cineastas no habrían esperado una hora para “apagar las luces” y empezar a matar personajes, pero Twohy se toma su tiempo para presentar a los personajes y dotarles de vida, consiguiendo de esa forma que sus desvelos tengan mayor impacto emocional sobre el espectador. La pesadillesca carrera nocturna entre los restos del mercante y la nave de socorro, con los personajes manteniendo apenas a las criaturas a raya sólo con unas débiles linternas, está asimismo muy bien resuelta. Twohy tiene esa habilidad de los buenos autores de CF que consiste en coger una situación muy básica y retorcerla con los máximos giros posibles: uno de los personajes persigue un objeto que se le cae, dándole un tirón a los cables de luz y sumiendo al grupo en la oscuridad mientras están rodeados de monstruos; la inesperada llegada de lluvia que apaga las antorchas… Al decreciente grupo de supervivientes no se le da un momento de respiro o alegría. Hay otros aspectos que están peor resueltos, imagino que en buena medida debido a la justeza presupuestaria. Por ejemplo, las imágenes subjetivas de las criaturas o la visión nocturna de Riddick, para las que se utiliza un CGI poco trabajado. Tampoco las criaturas tienen un diseño demasiado inspirado y los efectos especiales que las animan han envejecido algo mal.

No importa cuán evidentes sean las fuentes de las que beba “Pitch Black”, ni tampoco sus agujeros de guión o la previsibilidad de buena parte de su trama. Y ello porque no estamos ante una película de CF dura con pretensiones sino una cinta de serie B que mezcla ciencia ficción y terror, muy bien realizada, narrada con buen pulso, con personajes que tienen más vida de la habitual en estas producciones y que mantiene al espectador en suspenso de principio a fin. No, no es ciencia ficción profunda ni inteligente, jamás será considerado como obra maestra, pero sí uno de esos “placeres culpables” que permiten pasar un rato entretenido sin tener la sensación de que el director le ha tomado a uno el pelo.


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