jueves, 2 de agosto de 2018

2011- OTRA TIERRA – Mike Cahill


Rhoda Williams (Brit Marling) sale de prisión tras cumplir una condena de cuatro años por conducir borracha cuando tenía 17 años y estrellar su coche contra otro conducido por el profesor de música y compositor John Burroughs (William Mapother), matando a su esposa e hijo. Regresa con su familia en New Haven, Connecticut y acepta un trabajo como limpiadora en su antiguo instituto. Había sido una alumna sobresaliente que iba a entrar en el prestigioso MIT para estudiar astronomía, pero ahora todo eso ha quedado atrás y se ha convertido en una joven con el alma rota, alienada de su familia y antiguos amigos y carente de aspiraciones para el futuro.



Un día, después de terminar su jornada, Rhoda va hasta el hogar de Burroughs con intención de pedirle perdón, pero el coraje le falla en el último momento y le cuenta una mentira haciéndose pasar por una limpiadora que ofrece sus servicios gratis como parte de la promoción de la empresa para la que trabaja. Burroughs, incapaz ya de componer o enseñar y sumido en el alcoholismo, va paulatinamente, día tras día, acostumbrándose a su compañía y sobreponiéndose a su pena. Entre ellos se forma un vínculo y surge una inesperada intimidad, incluso en el plano físico, pero a Rhoda le atormenta no reunir el valor necesario para contarle la verdad: que fue ella la responsable de la muerte de su mujer e hijo (al ser menor cuando el accidente ocurrió, su expediente permaneció secreto y John nunca la llegó a conocer).

Mientras tanto y desde la noche en que ocurrió el accidente, un nuevo planeta cuelga en el cielo
de la Tierra, un mundo que parece ser un duplicado exacto del nuestro. Se establece comunicación con él y se descubre que sus habitantes son duplicados exactos de los de nuestra Tierra. Rhoda no tiene motivos para permanecer en este mundo y la posibilidad de encontrar otra versión de sí misma y ver qué tipo de vida ha llevado, la obsesiona. Así, envía una solicitud para ocupar una de las plazas en la nave comercial que está fletando una compañía privada con destino a esa Tierra 2. Y resulta elegida.

“Otra Tierra” fue una película que funcionó muy bien en el circuito de cine independiente gracias al boca-oído. Tras su exitoso y premiado estreno en el Festival de Sundance de 2011, fue comprada por la Fox Searchlight Pictures y presentada a otros certámenes. Supuso el debut
como realizador de Mike Cahill, que previamente había sido editor de documentales, dirigiendo uno en 2004, “Boxers and Ballerinas”. Un bagaje ciertamente escaso antes de saltar a coescribir y coproducir “Otra Tierra” con la actriz principal, Brit Marling. Ésta había trabajado en banca de inversión en Wall Street antes de escribir y dirigir con Cahill el mencionado documental. “Otra Tierra” la puso sobre el mapa como una actriz interesante a la que seguir la pista (aunque su carrera posterior quizá no ha estado a la altura de las expectativas). Ambos, según afirmaron, no buscaron financiación externa para no comprometer futuras decisiones creativas, lo que a la postre les dio más de un dolor de cabeza en lo que se refiere a los apartados técnicos.

La película recibió muy buenos comentarios por parte de la crítica generalista, aunque si la
abordamos desde el punto de vista de la CF, creo que la apreciación no puede ser tan positiva. Y es que es más fácil disfrutar de este film como un drama cotidiano producido de forma muy personal que como historia de CF. El precedente que más puede aproximársele es la producción de Gerry Anderson, “Más Allá del Sol” (1969), sobre unos astronautas que reciben la misión de explorar un planeta en nuestra misma órbita y que termina siendo una versión espejo de la Tierra. Es como si “Otra Tierra” hubiera cogido ese planteamiento y lo hubiera reformulado como un drama indie en el que los personajes sufren y padecen mientras pasean y murmuran entre dientes. También podría hallarse un sorprendente número de coincidencias con “Melancolía” (2011), de Lars von Trier, que se estrenó unos cuantos meses después, una película que incluía un misterioso planeta idéntico al nuestro, escondido tras el Sol y ahora en rumbo de colisión con la Tierra.

La idea de un planeta duplicado al nuestro era tan implausible en “Más Allá del Sol” como en “Otra Tierra”, pero fue precisamente ese el punto de arranque que utilizaron Cahill y Marling
a la hora de escribir el guión. Se preguntaron cómo reaccionaría la gente si se encontrara con duplicados de sí mismos, y de ahí imaginar el concepto de esta Tierra 2. Esto es, el elemento de ciencia ficción se usa para justificar lo que en realidad quieren explorar. No les importó en absoluto la verosimilitud del mismo ni, obviamente, investigaron acerca de qué ocurriría si otro planeta del tamaño del nuestro apareciera de repente en la misma órbita. La masa de la Luna, por ejemplo, controla las mareas así que la llegada de otro cuerpo celeste con su correspondiente gravedad provocaría catastróficas mareas y alteraciones meteorológicas por no hablar de fracturas en la corteza terrestre.

Otra cosa que Cahill y Marling parecen asumir con total normalidad es que la Tierra 2 se
quedaría suspendida en el cielo, escondida por el Sol e indetectable para todos hasta que un día decidiera espontáneamente revelarse. Desde luego, no es así como funciona la astronomía. Aunque el planeta hubiera permanecido oculto a la observación directa, su influencia gravitatoria sobre otros cuerpos celestes sí habría sido detectada (así es como los astrónomos descubren por ejemplo nuevas lunas en planetas de otros sistemas estelares muy lejanos, demasiado distantes como para verlas mediante telescopios). Y eso por no hablar de lo que les habría ocurrido a los habitantes de esa Tierra 2 cuando empezara a modificar su órbita….

Aparte de esto, me resulta frustrante el rechazo de “Otra Tierra” a comprometerse con su propia premisa. De hecho, podrías eliminar completamente de la historia la idea de la Tierra 2 y no cambiaría nada en lo que se refiere a los personajes y sus sentimientos, que es de lo que verdaderamente le interesa el guión. Una auténtica película de CF habría desarrollado con mayor profundidad momentos como ese en el que la científica contacta por radio con su
duplicado en Tierra 2; o la aceptación de Rhoda como miembro de la tripulación, pasando luego a introducir los pormenores de la misión y contar lo que sucedía cuando alguien se encuentra a sí mismo en otro planeta. Por mucho que Cahill y Marling declararan que su intención era precisamente esa, mostrar la reacción de la gente en tan insólita situación, lo cierto es que no se aborda en ningún momento (ALERTA SPOILER). Esto resulta dolorosamente obvio justo en el giro final, cuando Rhoda regresa a casa para encontrar a su otra yo esperándola. Ésa es la idea que podría haber alimentado la película, pero de forma totalmente abrupta e insatisfactoria, “Otra Tierra” se termina en ese punto, como si los guionistas no supieran qué hacer a continuación. (FIN SPOILER).

Decía Cahill que se había molestado en investigar a fondo la física que pudiera sostener la
aparición de ese mundo e incluso había consultado con varios astrónomos. Parece ser que la explicación tenía algo que ver con que, de algún modo, una Tierra alternativa del multiverso se habría colado a nuestro plano de existencia a través de un agujero de gusano. No es lo estúpido que suena esto –al menos para una cinta que quiere mantener un tono realista- lo que disuadió al director de incluirlo en la película, sino que los largos pasajes expositivos necesarios podrían hacerse aburridos. De hecho, el primer montaje se alargó hasta unas innecesarias dos horas y cuarenta minutos. Por supuesto, también el ajustadísimo presupuesto tuvo algo de responsabilidad en eludir un acercamiento más verosímil. Se hicieron intentos de recrear un efecto gravitacional inusual en una escena, pero llevó demasiado tiempo y los resultados fueron decepcionantes.

Así que, como la zorra que no podía alcanzar las uvas, Cahill decide que, después de todo, la fría ciencia podría acabar diluyendo el contenido emocional de la cinta y lo que al fin y al cabo había sido su intención original, esto es, que Tierra 2 sirviera sólo como una metáfora.
Metáfora, en mi opinión, algo cogida por los pelos (según él, sería una externalización del estado emocional de Rhoda y su deseo de visitarla como astronauta respondería a la necesidad de explorarse a sí misma ¿¿??), además de un recurso algo facilón para dar salida más o menos feliz a los dos protagonistas. Porque Tierra 2 es, se supone, un lugar idéntico al nuestro…hasta el momento en que apareció en nuestro cielo. A partir de ese punto, los duplicados de uno y otro mundo siguieron caminos distintos, de ahí que cabe pensar que Rhoda quizá no matara a la familia de John y éste, también quizá, pueda volverse a reunir con ella. Un final abierto y con bastantes agujeros, eso sí (¿qué espera John que pase con su doble de Tierra 2 cuando él aparezca? ¿En base a qué la plaza de Rhoda en la nave, concedida, según se dice, por su peculiar experiencia personal, es transferida a John?).

Así que la forma de abordar “Otra Tierra” no es probablemente como película de CF sino
como la producción sencilla e independiente que siempre fue. Es una historia sobre la soledad y la búsqueda de redención. Cahill establece el marco y el escenario y deja que todo el peso de la trama recaiga sobre los dos actores. Como suele ser frecuente en las producciones indies cortas de presupuesto, Cahill (que también hace aquí labores de director de fotografía y montador) utiliza una cámara digital de mano, con los temblores y movimientos característicos de esa técnica. Tanto los interiores de las casas como los exteriores invernales sirven como austero escenario para lo que esencialmente es una historia de personas normales y corrientes rodada con un naturalismo sencillo, espontáneo y verosímil.

El tono visual y emocional de la película es bastante deprimente. Rhoda se siente
permanentemente triste y John, al menos durante buena parte de la historia, es una ruina humana consumida por la ira y la desesperación. Lo que en otras manos quizá habría sido un drama algo más digerible y con final razonablemente reconfortante, aquí se convierte en una tragedia oscura, desoladora (el destino de Purdeep, el bedel compañero de Rhoda en el instituto) e incluso sórdida por momentos (no se me ocurre otra manera de calificar el que un hombre tenga relaciones sexuales con la mujer que asesinó a su mujer y su hijo). En este sentido, se parece mucho a otras películas presentadas año tras año en Sundance y que giran alrededor de personas atrapadas en relaciones problemáticas.

“Otra Tierra” es, por tanto, una película muy personal, íntima incluso, tanto en la forma como en el concepto y que probablemente no dejará indiferente al espectador. Está hecha con poco
dinero, hay pocos diálogos y tiene un ritmo lento que aburrirá a muchos y fascinará a otros. En este sentido, no es una película destinada a un público generalista y puede resultar difícil de ver. Como he referido, más vale no engañarse pensando que se va a encontrar ciencia ficción aquí. Más allá de la nada explorada y bastante gratuita premisa inicial (que, eso sí, sirve para montar algunos planos visualmente muy bellos y poéticos), lo único que encontrará el espectador es un drama introspectivo sobre el perdón, el duelo, la aceptación de los propios errores y de uno mismo.

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