miércoles, 18 de junio de 2014

1958-UN CASO DE CONCIENCIA - James Blish



"Existen innumerables soles; innumerables Tierras giran alrededor de esos soles de forma similar a la de nuestros planetas moviéndose alrededor de nuestro Sol. Seres vivos habitan esos mundos". Estas palabras las escribió el místico italiano Giordano Bruno en su obra “Del Universo Infinito y los Mundos”, (1584). Bruno, un seguidor del nuevo modelo del Cosmos descrito por Copérnico fue arrestado por la Inquisición en Venecia en 1591 y quemado en la hoguera en 1600 por creer en alienígenas y otras supuestas herejías

Bruno era un pluralista apasionado y visionario. Su crimen fue pensar y exponer que el universo era infinito y que en su interior albergaba incontables mundos. Poblaba de seres los planetas y las estrellas, les atribuía almas individuales e incluso dotaba de conciencia al Universo entero ¿Qué había de escandaloso en las ideas de Bruno? ¿Por qué se consideraba herético proclamar la existencia de mundos habitados diferentes de la Tierra? Al fin y al cabo, Dante, por ejemplo, había incluido en la "Divina Comedia" habitantes en varios mundos de su cosmos imaginario (aunque contemplaba un sistema solar ptolemaico, no copernicano) y la obra fue considerada pía y recomendable por la Iglesia.

martes, 10 de junio de 2014

1981- MAD MAX 2: EL GUERRERO DE LA CARRETERA - George Miller




Si se tuviera que escoger la película más influyente en el moderno boom de la ciencia ficción, “Star Wars” (1977) tendría muchas posibilidades de ser la elegida. Sin embargo, si nos limitáramos a films que hayan inspirado copias más o menos exactas de sí mismos, la lista se reduciría considerablemente: probablemente incluiría a “Alien” (1979), “Blade Runner” (1982) o “Terminator” (1984); pero quizá la ganadora, con clara diferencia respecto al resto, sería “Mad Max 2”.

miércoles, 4 de junio de 2014

1942- GRAN CAÑÓN - Vita Sackville-West

Imaginar líneas temporales en las que Alemania emergía victoriosa de la Segunda Guerra Mundial ha sido una idea tan recurrente entre los autores de ciencia ficción que casi se puede hablar de subgénero propio. Pero lo cierto es que el miedo a los ejércitos alemanes ha sido algo que se remonta más atrás aún, quizá hasta la guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Ingleses y franceses se recrearon desde entonces, con una mezcla morbosa de temor y fascinación, (Julio Verne incluido, en su recomendable “Los Quinientos Millones de la Begún”) en fantasear con relatos en los que o bien las tropas teutonas invadían sin resistencia sus territorios, o bien era la propia sociedad alemana la que se convertía en centro de una distopia mecanicista al estilo de lo que acabaría plasmando en imágenes –curiosamente- un alemán, Fritz Lang, en “Metrópolis”.
Sin embargo, lo que hoy es un ejercicio lúdico propio de lo que se ha dado en llamar Historia Alternativa, en los años treinta y cuarenta era algo mucho más angustioso. De los avisos cada vez más explícitos de algunas novelas escritas antes del estallido de la guerra (como “La Noche de la Esvástica”, de Katherin Burdekin) se pasó al temor fundado en cuanto el conflicto comenzó. Los autores de entonces no pensaban en términos de “¿qué hubiera pasado si…?”, sino en “¿qué pasará si…?”


sábado, 31 de mayo de 2014

1949- 1984 - George Orwell (y 2)







(Viene de la entrada anterior)
 
Este deseo de controlar los pensamientos de sus ciudadanos ha llevado al Partido a manipular incluso el lenguaje. Uno de sus principales proyectos es el desarrollo de la Neolengua, un idioma oficial basado en el inglés pero modificado para limitar las ideas que puede formular: si uno no puede vehicular verbalmente una idea, no se puede pensar en ella. Así, su meta es clara: privar a la población de un vocabulario y una gramática con los que poder disentir. Por supuesto, equipos de traductores se ocupan de modificar los clásicos de la literatura adaptándolos a la Neolengua, suprimiendo por el camino las pasiones y pensamientos que el Partido considera poco acordes con sus principios.

jueves, 29 de mayo de 2014

1949- 1984 - George Orwell (1)




Mientras que la Ciencia Ficción norteamericana apostó en la primera mitad del siglo XX por un tono optimista, orientado hacia el espacio y con vocación escapista (entiéndase esto no como algo necesariamente peyorativo), en Europa y particularmente en Gran Bretaña, las visiones futuristas siguieron un camino muy diferente, dominado por el pesimismo. No se podía esperar otra cosa. Durante los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, Norteamérica experimentó un continuo crecimiento económico y político; Inglaterra, por el contrario, se plegó sobre sí misma.


martes, 20 de mayo de 2014

1986- XENOZOIC - Mark Schultz




Admitámoslo: ¿A quién no le encantan los dinosaurios? Esas criaturas que una vez dominaron la Tierra han sido fuente de fascinación para generaciones enteras desde que fueran descritos por primera vez a comienzos del siglo XIX. Medio siglo después, escritores como Julio Verne, Arthur Conan Doyle o Edgar Rice Burroughs ya los estaban resucitando en sus obras de ficción para emplazarlos en lugares recónditos en los que ser “descubiertos” por intrépidos exploradores de Reinos Perdidos. Desde entonces, nunca han dejado de estar presentes en la cultura popular. La gente sigue contemplando sus esqueletos con admiración en los Museos de Historia Natural al tiempo que disfrutan de su imponente presencia en libros, películas, documentales y comics.

martes, 6 de mayo de 2014

1979 - MAD MAX - George Miller






Hasta comienzos de los años setenta, nadie relacionaba las palabras “Australia” y “Cine”. El que el noveno arte de las antípodas experimentara entonces una especie de eclosión –siempre modesta, pero eclosión al fin y al cabo- vino dado tanto por la modernización general que estaba experimentando el país, como por la aparición de un panorama cultural y artístico cada vez más pujante, así como de un apoyo decidido al cine por parte del gobierno, tanto mediante exenciones fiscales y subvenciones como estableciendo una escuela nacional de cine en la que formar a una nueva generación de profesionales. Esa coyuntura, a su vez, atrajo a empresarios que ahora sí veían posible obtener un beneficio a partir de la financiación de películas.

Amparada por esa favorable coyuntura surgió lo que se dio en llamar la Nueva Ola Australiana, en la que se desarrollaron dos vertientes cinematográficas. Por un lado, producciones elegantes de temática costumbrista, social o histórica firmadas por realizadores como Gillian Armstrong, Peter Weir o Fred Schepisi; por otro, cintas de serie B que desplegaban una frescura y energía narrativas cada vez más inusuales en las películas norteamericanas.

En esta última división debutó el realizador George Miller con “Mad Max”, una historia de acción futurista que cosechó un gran éxito en su país, y aunque en Estados Unidos sólo obtuvo una tibia acogida, no impidió que se convirtiera allí en un film de culto para un creciente número de aficionados. Pero, sobre todo, fue la primera película independiente que se aprovechó de la nueva fascinación de Hollywood por las trilogías.