(Viene de la entrada anterior)
Tras enterrar al final de la temporada anterior a su “madre” robótica entre los restos de la derruida Nueva York, Eva y sus amigos, Rovender y Otto, viajan a bordo de la nave de Cadmus Pryde hasta el último refugio de los humanos, Nueva Ática. Esta ciudad, oculta en el interior de un afloramiento rocoso en mitad del desierto, se presenta ante los ojos de Eva como el hogar que tanto ha buscado. Y eso que se aleja radicalmente de la naturaleza exterior a la que ella había empezado a adaptarse y apreciar.
Nueva Ática, de la cual es líder supremo Cadmus Pryde,
parece un
centro comercial futurista con toques de arquitectura brutalista y
"solarpunk" distorsionado. Todo transmite la sensación de que sus
habitantes se aferran desesperadamente a una sensación de orden y control que
en el exterior ya no existe: predominan las líneas rectas y las estructuras
angulares, los materiales pulidos, el acero y el hormigón y una iluminación
artificial que baña todo en colores fríos: azules, grises y neones amarillos o
blancos…
La ciudad está construida con una verticalidad que recuerda
constantemente la jerarquía social existente (los líderes arriba y los técnicos
abajo) y que está rematada por un domo que separa físicamente todo el entorno
del exterior, un aislamiento que se complementa con diversos campos de fuerza
que sirven de accesos y salidas. Además, por todas partes brillan monitores,
interfaces holográficas, paneles de control y anuncios, con los que se transmite
la impresión de que Nueva Ática es una especie de ser vivo artificial que
continuamente analiza y procesa información. Hay otros elementos que refuerzan
esa idea, como la vestimenta de los habitantes o el entorno ultra-higienizado y
estéril.
Desde muy pronto y una vez separada de sus amigos –que no
tienen lugar allí, Eva se siente primero incómoda no ya por desconocer las
costumbres local
es, sino al darse cuenta de que la ignorancia respecto a Orbona
ha dado lugar a prejuicios muy ofensivos para ella, como videojuegos
holográficos que consisten en matar criaturas como las que la propia Eva
conoció y cuidó en Orbona. La gran sorpresa llega cuando descubre que no es
única. Eva 8 es una clon algo más mayor que ella, más endurecida y escéptica,
única superviviente de su propio refugio y que ha organizado una especie de
pequeño grupo de resistentes en los niveles inferiores de Nueva Ática. Y es que
8 conoce los oscuros secretos de Cadmus Pryde, los experimentos que hace con
alienígenas y el objetivo que persigue con ellos: extinguir cualquier forma de
vida que no encaje en la estricta taxonomía de "humano" de Nueva
Ática y reconquistar la superficie.
Si la primera temporada había sido la de la búsqueda de Eva
de los últimos humanos, esta se centra en su m
ayor parte en la supervivencia. Habiendo
vivido de primera mano experiencias positivas con diversos alienígenas, la
joven se encuentra ante un dilema moral: decidir entre la lealtad a su propia
especie o defender el equilibrio y la convivencia con los habitantes nativos de
Orbona. Negándose a que Pryde la utilice para explotar los recursos naturales
del exterior para salvar de la inanición a los humanos de Nueva Attica, con
ayuda de Eva 8 y sus aliados, libera a Otto y Rovender del laboratorio de
Cadmus y escapa a través de los túneles subterráneos.
A partir de ahí, los protagonistas tendrán que huir, esquivar
los robots que Pryde manda en su persecución, reagruparse, buscar aliados y
encontrar la forma de proteger el llamado Corazón del Bosque, la semilla
original que transformó la Tierra en Orbona y que es a la vez tanto su poderosa
fuente de vida y con
exión para el planeta como su mayor vulnerabilidad, ya que,
si es destruida o corrompida, todo el ecosistema que en su día creó, morirá. La
temporada culmina con una crisis que pone en riesgo toda la estabilidad
ecológica y geopolítica de Orbona. Intentando mediar entre ambos mundos, el
humano y el no humano, Eva se ve obligada a arriesgar su propia vida para
proteger el Corazón del Bosque. El desenlace deja el destino del planeta en el
aire, preparando el terreno para la resolución final de la historia en la tercera
temporada.
Esta segunda temporada supone una mejora considerable
respecto a la primera, con diseños y animaciones más detallados y temas más
complejos que son una extensión natural de lo planteado en la temp
orada
anterior, como la necesidad de superar el tribalismo para sobrevivir, ya que los
prejuicios y la división solo conducen a la autodestrucción mutua. Eva buscaba
en la primera temporada una “familia” humana en la que integrarse, descubriendo
al final que quienes realmente le importaban eran tanto el robot Muther que
había cuidado de ella como Rovender y Otto, ya más famila que amigos. En esta
segunda, esa idea de comunidad se amplía y fusiona con la ecología: los humanos
y su tecnología, deben aprender a coexistir con los “alienígenas” (que ya no lo
son tanto, puesto que son tan nacidos en la Tierra como aquéllos) y su entorno
natural. El mensaje puede resumirse en la frase: "No son ellos, somos
nosotros".
Y, en relacion con esto, claro, está el tema de la
identidad, lo que significa ser humano. Eva reconoce que los valores asociados
a la humanidad no están necesariamente limitados a una especie. Y no sólo eso,
porque al descubrir que es un clon y encontrarse con Eva 9, debe formularse la
pregunta de
si la identidad está determinada por la genética o por las
experiencias vividas. Sus dudas, no obstante y habida cuenta del rápido ritmo
que tiene la serie, no se dilatan demasiado y pronto decide definirse a sí
misma no tanto como un conjunto de genes o experiencias, sino por los vínculos
de amistad que ha formado con seres que ni siquiera son de su especie. La serie
sugiere de esta forma que nuestra familia es la que elegimos, no necesariamente
la que nos fue impuesta por la genética. Y en este sentido, en un mundo en el
que la supervivencia a menudo exige el egoísmo, la relación entre Eva, Otto y Rovender
se erige como el ancla emocional de toda la historia, una amistad que trasciende
las barreras biológicas y culturales y que demuestra que la empatía es una
herramienta de supervivencia más poderosa que la tecnología por muy avanzada
que sea.
Los personajes principales experimentan en esta segunda
temporada una importante evolución empujados por acontecimientos muy
dramáticos, tanto a nivel colectivo como personal. En el caso de Eva, el viaje
que había comenzado como niña criada en aislamiento por un robot, con una
visión optimista e inocente del mundo, se torna aquí muy oscuro. Había
comenzado deseando con todas sus fuerzas y arriesgando su vida por encontrar
otros humanos para ser “normal”, y ahora se encuentra con que esa “normalidad”
es una amenaza, que sus congéneres son –o, al menos, pueden serlo- los villanos
de la historia. Esta comprensión la obliga a desobedecer a figuras de autoridad
–como Cadmus Pryde- para hacer lo que ella considera correcto, marcando su transición
de joven aventurera a líder carismática.
En cuanto a Rovender, que se había presentado inicialmente como
un superviviente cínico y pragmático marcado por la muerte de su esposa e hijo,
a estas alturas ya ha desarrollado un vínculo paternal con Eva. Sus
experiencias en Nueva Ática ponen a prueba la capacidad para perdo
nar que había
empezado a brotar gracias a la joven, al sufrir en sus propias carnes cómo los
humanos tratan a los alienígenas. También en estos capítulos reconstruye la
relación con su tribu, los Cerúleos, y el líder de éstos, su padre. Cuando Eva
lo lleva a su asentamiento para que lo curen de unas graves heridas, aquéllos
se muestran hostiles dado que lo ven como alguien que los abandonó en el
momento en el que más lo necesitaban, perdiendo el honor por ello, una virtud
esencial en esa cultura. Los acontecimientos le llevarán a aceptar su pasado,
conseguir la comprensión de su padre –de nuevo, la empatía y mediación de Eva
resulta trascendental en el proceso- y reconstruir su vida.
En cuanto a Otto, poco se puede decir de él respecto a la
primera temporada. Sigue sie
ndo la mascota fiel y entregada de Eva. Más
interesantes son Eva 8 y Cadmus Pryde. La primera funciona como un espejo que
muestra a Eva 9 lo que podría haber sido de haber creído ciegamente en la
propaganda de Nueva Ática. Aunque genéticamente ambas son idénticas, Ocho ha
ido influenciada por la visión de Cadmus Pryde y marcada por la muerte de todos
sus compañeros en el exterior de su bunker. Es por ello que se muestra reacia a
la postura empática y globalmente solidaria de su “hermana”. Realmente intenta
cambiar y acompaña a Nueve fuera de Nueva Ática, pero su miedo y desconfianza
hacia el resto de las especies acaban imponiéndose. Hacia el final de la
temporada, experimenta un salto importante, dejando de ser un simple
"peón" involuntario de Pryde para erigirse en dictadora implacable
del asentamiento humano y empezar a preparar la reconquista de la Tierra.
En cuanto a Cadmus, se presenta inicialmente como un
salvador, un líder visionario que ha mantenido a la humanidad a salvo en un
mundo hostil, pero cualquiera que haya visto algo de cine ya tendrá claro que
su fachada amable y bondadosa esconde objetivos más siniestros. En realidad, es
un dictador que ha hecho de Nueva Ática una jaula de oro para sus habitantes. Su
negativa a entender a Orbona lo ciega, convirtiéndolo en un reflejo oscuro de
lo que los humanos deberían ser. Su incapacidad para escuchar y cambiar lo
señala como el principal obstáculo de Eva para la creación de una comunidad
planetaria.
Dicho esto, los problemas de la temporada anterior no
desaparecen en la segunda. El diseño de los person
ajes y entornos ha mejorado y
ganado en complejidad, pero no hasta el punto de marcar una auténtica
diferencia. La historia sigue siendo bastante básica, incluso para una serie
infantil; y, aunque es interesante dedicar algo de tiempo a profundizar en la
historia y cultura de la que procede Rovender para contrastarlas con las de los
humanos, el apresurado ritmo no ayuda a que ese fragmento llegue a cuajar.
Además, la historia se pierde, ralentiza y divaga en la parte central de la
temporada. Por el contrario, los guionistas logran equilibrar mejor las escenas
de acción con los momentos de introspección, permitiendo que las tensiones
políticas de Nueva Ática se cocinen a fuego lento antes de estallar en el
desenlace. Algunos personajes nuevos aparecen prometiendo desempeñar un papel
relevante, pero luego se limitan a desaparecer, como si tuvieran otra serie e
n
la que participar.
Una vez más, como no he leído los libros en que se basa este material, no puedo juzgar su fidelidad a los mismos, pero sí dejar apuntado que este es un aspecto que ha merecido bastantes críticas relativas a ciertos cambios en la cronología y personalidad de algunos secundarios así como a la fusión o aceleración de algunos elementos de las novelas.
Siend
o una temporada “puente” que se centra sobre todo en
encauzar acción y personajes hacia la tercera y última, también es superior a la
primera en cuanto a ambición visual y sofisticación de los temas introducidos,
así como por el giro hacia la ambigüedad de personajes como Eva 8 o la traición
de otros secundarios. Si la primera temporada, aunque no particularmente
original, te resultó un producto agradable y entretenido que poder disfrutar en
familia, la segunda sigue desempeñando el mismo papel.
(Finaliza en la siguiente entrada)

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