"Invasión” fue la cuarta adaptación cinematográfica de la novela clásica de Jack Finney, “Los Ladrones de Cuerpos” (1954). La versión original, “La Invasión de los Ladronesde Cuerpos” (1956), es una de las películas más importantes del cine de CF, no sólo porque definió con maestría el tema de las invasiones silenciosas, sino porque es uno de los films que mejor transmite la sensación de paranoia gracias a una atmósfera pesadillesca que nadie puede olvidar tras haberlo visto. Philip Kaufman realizó una nueva versión, también excelente, “La Invasión de los Ultracuerpos” (1978), que trasladó la historia al San Francisco de los años 70 y la convirtió en una alegoría de la alienación urbana en la era del individualismo. Abel Ferrara hizo posteriormente otra infravalorada adaptación en “Secuestradores de Cuerpos” (1993), emplazándola en una base militar y articulando con ella una alegoría del declive del sueño americano.
La versión que ahora
nos ocupa viene dirigida por el alemán Oliver Hir
schbiegel, que anteriormente había
dirigido “El Experimento” (2001), una adaptación ficcionalizada del famoso
experimento de Stanford de 1971, en el que un psicólogo colocó a voluntarios en
un entorno carcelario artificial; y, sobre todo, la magnífica “El Hundimiento”
(2004), sobre los últimos días de Adolf Hitler. Gracias al éxito de esta última
cinta, Hirschbiegel obtuvo el pase para debutar en Hollywood con “Invasión”.
Sin embargo, las
cosas no salieron como hubiera sido deseable. El productor Joel Silver no quedó
satisfecho con el guion final que Hirschbiegel le entregó en 2005, por lo que
volvió a empezar de cero, co
ntratando a los hermanos Wachowski, por entonces
archifamosos gracias a “Matrix” (1999), para que lo revisaran y añadieran
acción y efectos especiales. Y en 2006, con un coste de 17 millones de dólares,
James McTeigue (colaborador de los Wachowski y director de “V de Vendetta”), volvió
a rodar gran parte de varias escenas, incluyendo la ampliación de la segunda
mitad de la película para añadir más acción. Este frankenstein cinematográfico
fue un desastre anunciado y en su estreno, en agosto de 2007, no sólo recibió
críticas casi unánimemente negativas, sino que le causó a Warner, tras sumar
gastos de promoción, pérdidas de unos 60 millones de dólares.
El transbordador
espacial Patriot se estrella al aterrizar dejando sus restos esparcidos por una
amplia superficie de Estados Unidos. Entre los mism
os, se encuentran extrañas
muestras biológicas de las que informan a uno de los investigadores del CDC
(Centro de Control de Enfermedades), Tucker Kaufman (Jeremy Northam). Mientras
tanto, su exesposa, Carol Bennell (Nicole Kidman), trabaja como psiquiatra en
Washington D.C y queda desconcertada al atender a algunos pacientes que,
repentinamente, se quejan de que sus familiares ya no son los mismos. Aún peor,
una búsqueda por internet le confirma que hay mucha gente que está atravesando
la misma situación.
Carol comienza a
sentir que, en su entorno e incluido Tucker, hay gente comportándose de forma
extraña, distante. Junto a su aspirante a novio, Ben Driscoll (Daniel Craig),
médico epidemió
logo, descubren que la gente está siendo infectada por un
organismo biológico que toma el control de sus cuerpos mientras duermen,
convirtiéndolos en seres sin emociones y mente alienígena. También se dan
cuenta de que el hijo de Carol, Oliver (Jackson Bond), que está pasando unos
días con su padre, podría tener inmunidad natural a la infección. Pero cuando
Carol acude a recogerlo a casa de su exmarido, éste se revela como infectado y
la contagia. Perseguida por los cada vez más numerosos ladrones de cuerpos,
Carol lucha por alcanzar con Oliver una base militar donde estarán a salvo, pero
para ello debe mantenerse despierta so pena de caer víctima del organismo que
circula por su cuerpo.
De todas las
adaptaciones que se han hecho de “Los Ladrones de Cuerpos”, “Invasión” es la
que introduce cambios más radicales en los que hasta entonces habían sido los
elementos básicos. El héroe original, el médico de pueblo Miles Bennell, es
interpretado ahora por una mujer que ejerce de psiquiat
ra en la capital. Esta
variación de género, profesión y localización geográfica, no suponen demasiado
problema y, de hecho, funcionan sorprendentemente bien. Pero eso no sucede con otros
cambios conceptuales mucho más fundamentales, como la eliminación de las vainas,
uno de los elementos cruciales de las películas anteriores que brindaron la
oportunidad de crear efectos de transformación bastante desagradables. Lo que
tenemos ahora es una infección biológica que se transmite de persona a persona
y que se activa durante la fase REM del sueño. Si bien, desde el punto de vista
biológico, es más convincente que las vainas, también es un concepto mucho
menos emocionante (aunque sí da pie a un ingenioso y siniestro plan en el que
los alienígenas diseminan la infección mediante un falso programa nacional de
vacunación).
Junto a esos
cambios, también hay homenajes a las anteriores adaptaciones, como el cameo de
Veronica Cartwright, quien interpretó a Nancy Belicec en la versión de 1978,
mientras que Nicole Kidman recrea la famosa escena de Kevin McCarthy corriendo
por la autopista gritando "¡Ayúdenme!" y siendo ignorada por los
coches que pasan junto a ella; la huida en helicóptero a punto está de terminar
como la película de 1993.
Puede decirse que
“Invasión” es una película bien hecha y que resulta
entretenida… para quienes
desconozcan las versiones anteriores, porque es fácil ver la distancia que las
separa de ellas. Como los alienígenas invasores, es un film frío que no
consigue recrear, como sí hicieron sus predecesoras, la sensación de pesadilla
que acecha al protagonista. La mayoría de las escenas se enfocan de una forma
convencional que no logra evocar la atmósfera paranoica del libro y los films
anteriores.
Por ejemplo, en las
versiones de 1956 y 1978, Bennell y Becky acuden a casa de los Belicec y
observan durante toda la noche cómo un cuerpo informe se va transformando en
algo con apariencia humana.
En la de 2007, los protagonistas también acuden a
casa de los Belicec y descubren a Yorish (Roger Rees) sumido en un proceso de
metamorfosis; cuando lo despiertan, baja enloquecido por las escaleras
sorprendiendo a todo el mundo. Pero la escena no funciona y, sobre todo, carece
de la sensación de desasosiego contenido de las películas anteriores. Asimismo,
en la adaptación de 1956, hay un momento en el que Miles abraza a Becky solo
para darse cuenta, al no corresponderle ella, de que ha sido reemplazada. Esta
escena ha sido sustituida ahora por otra en la que Carol se percata de que Ben
ha sido poseído, pero carece de cualquier atisbo de sorpresa, desconcierto o
pavor.
En lugar de los potentes
clímax de las otras tres versiones, “Invasión” opta por las persecuciones de
coches y la desesperada lucha de Carol por
salvar a su hijo, una elección
decepcionantemente convencional. Curiosamente, el guion respeta el “falso” final
que el estudio impuso a la versión de 1956, en el que el psiquiatra termina de
escuchar la historia de Bennell y decide alertar al FBI. “Invasión” es la única
adaptación del libro que concluye con un final tan optimista como
tradicionalmente rancio, recuperando el papel del ejército como salvadores de
la Humanidad. Es irónico que, respetando el desenlace de la novela de Finney,
se obtenga un resultado mucho más desleído.
Hay que admitir que
la segunda mitad de la película ofrece un giro interesante respecto a las
anteriores (respetan
do también en esto al libro): la protagonista se infecta
con el virus alienígena y debe encontrar la forma de mantenerse despierta para
no convertirse. Sin embargo, esta idea descarrila por una escena absurda en la
que su hijo la despierta inyectándole adrenalina en el corazón. Cabe mencionar
también que Carol luce un aspecto notablemente bueno para alguien que ha
permanecido sin dormir durante varios días; en circunstancias médicas normales,
esto suele ocasionar graves problemas de salud, como alucinaciones, deterioro
de las facultades mentales e incapacidad para controlar las funciones
corporales.
Aparte de manejar
con maestría el suspense, las dos primeras películas consiguen inspirar en el
espectador empatía con los protagonistas, quie
nes, poco a poco, se hunden en
una justificada paranoia. Al principio se burlan de lo que estiman un fenómeno
pintoresco, investigan, dudan, escuchan y llegan a la conclusión de que,
efectivamente, todos conspiran contra ellos. “Invasión” limita gran parte de
este desarrollo a un montaje forzado, repleto de flashbacks con los que se le
explica la trama al espectador. ¿Quién necesita intuición cuando se cuenta con
editores? Personajes secundarios sin el menor carisma le proporcionan a Carol los
detalles pertinentes y, tan pronto como satisfacen su misión, caen víctimas del
virus.
Gran pa
rte de la
película adolece de un montaje discordante. A veces, esto parece intencional,
como durante la persecución en el metro: los cortes bruscos hacia adelante y
hacia atrás en el tiempo sugieren con acierto una mente dividida. Pero durante
el resto de la trama, el montaje deja entrever los antedichos problemas de
producción de la película.
Todas las demás
versiones anteriores de la novela ofrecen algún tipo de alegoría
político-social. La original de 1956, se interpretó equivocadamente dura
nte
mucho tiempo como un reflejo del miedo a la infiltración comunista (cuando en
realidad era una crítica a la homogeneización que se estaba viviendo en la
sociedad burguesa y suburbana de los Estados Unidos). Las demás adaptaciones
modernizaron sus mensajes de otras formas e “Invasión” intenta hacer lo propio.
Por ejemplo, los noticieros de fondo hacen constantes referencias a la guerra
de Irak, Corea del Norte y la crisis humanitaria en Darfur. Una vez que los ladrones
de cuerpos toman el control, vemos un reportaje televisivo en el que se muestra
que se ha alcanzado la paz en Oriente Medio y Darfur; que Corea del Norte ha
renunciado a sus ambiciones nucleares; George W. Bush ha accedido a la sanidad
pública universal y firmado un tratado con el presidente venezolano Hugo Chávez
para que el petróleo sea gratuito; se distribuyen vacunas contra el SIDA en
África, y Estados Unidos anuncia su retirada de Irak porque todas las facciones
de ese país han resuelto sus diferencias. No sólo es todo un poco forzado, sino
que, al no tratarse de una alegoría general de tipo social o político (por
ejemplo, la pérdida de individualismo, la alienación, la homogeneización, la
dicotomía razón-emoción, la importancia o maldición de los sentimientos…) sino
referencias muy concretas a la geopolítica del momento, sin duda quedará
obsoleto ante nuevas generaciones desconectadas de esos eventos de
actualidad.
Otro aspec
to que
llama la atención es que, al terminar la película, queda sin aclarar cuáles son
sus verdaderas inclinaciones políticas. Los alienígenas son representados de
forma negativa pero los titulares de los telediarios evidencian que han
alcanzado la paz mundial. ¿Cuál es entonces el mensaje? ¿Qué la utopía sólo se
conseguirá al precio de nuestra humanidad? ¿Qué el mundo está mejor sumido en
la guerra, la violencia y la injusticia?
Por otro lado, “Invasión”
sí parece posicionarse sobre la amenaza que su
pone el conformismo generalizado
y la instauración de un estado policial, estableciendo paralelismos con la
pérdida de libertades civiles en la América moderna. (No hay que olvidar que
varias de estas escenas se realizaron bajo la dirección de James McTeigue y los
Wachowski, responsables de “V de Vendetta”). Con tantas manos participando en
el guion, el rodaje y el montaje, no hay forma de saber con certeza qué se
pretende transmitir más allá de la conservadora visión de que nuestra salvación
reside en la fuerza de la nación y el ejército estadounidenses.
La idea más
interesante de “Invasión”, aunque se limita sólo a insinuarla, es que la
capital del país ya está
repleta de individuos idénticos, que se comportan y
piensan de la misma forma e imponen su punto de vista a los demás. Así, todos visten
igual: color negro y estilo funcional, sin ningún destello de personalidad. Los
primeros indicios de esta uniformidad afloran en la cena donde los ricos y
poderosos conversan sobre la naturaleza humana. La única nota discordante de la
velada la da el diplomático ruso, en cuya opinión la sociedad se basa en la
falsa apariencia de civilización, una capa muy fina que oculta nuestra
violencia animal.
En el apartado actoral, tampoco nadie sale bien parado. Nicole Kidman tiene problemas encarnando un híbrido de personajes de las versiones anteriores, y un Daniel Craig anterior a James Bond ni resulta creíble como amante ni como médico. Jeffrey Wright solo aparece para hacer de representante del campo científico y en cuanto al plantel de secundarios, nadie destaca un ápice.
Aunque en este caso concreto pueda ser un recurso fácil dado que trata de “ladrones de cuerpos”, pocos adjetivos mejor que “sin alma” se ajustan mejor a la convencional ejecución de ideas, por lo demás prometedoras, de “Invasión”. La película está tan ocupada intentando encontrar un ritmo y tono propios a partir de las aportaciones de guionistas y directores tan dispares, que no halla tiempo ni manera de establecer una base emocional. Incluso antes de la extensión de los virus alienígenas, las escenas resultan predecibles y los diálogos suenan forzados. Una película, en fin, que funciona con la fría vacuidad de sus dobles infectados.

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