sábado, 11 de abril de 2026

2007- INVASIÓN – Oliver Hirschbiegel


 "Invasión” fue la cuarta adaptación cinematográfica de la novela clásica de Jack Finney, “Los Ladrones de Cuerpos” (1954). La versión original, “La Invasión de los Ladronesde Cuerpos” (1956), es una de las películas más importantes del cine de CF, no sólo porque definió con maestría el tema de las invasiones silenciosas, sino porque es uno de los films que mejor transmite la sensación de paranoia gracias a una atmósfera pesadillesca que nadie puede olvidar tras haberlo visto. Philip Kaufman realizó una nueva versión, también excelente, “La Invasión de los Ultracuerpos” (1978), que trasladó la historia al San Francisco de los años 70 y la convirtió en una alegoría de la alienación urbana en la era del individualismo. Abel Ferrara hizo posteriormente otra infravalorada adaptación en “Secuestradores de Cuerpos” (1993), emplazándola en una base militar y articulando con ella una alegoría del declive del sueño americano.

 

La versión que ahora nos ocupa viene dirigida por el alemán Oliver Hirschbiegel, que anteriormente había dirigido “El Experimento” (2001), una adaptación ficcionalizada del famoso experimento de Stanford de 1971, en el que un psicólogo colocó a voluntarios en un entorno carcelario artificial; y, sobre todo, la magnífica “El Hundimiento” (2004), sobre los últimos días de Adolf Hitler. Gracias al éxito de esta última cinta, Hirschbiegel obtuvo el pase para debutar en Hollywood con “Invasión”.

 

Sin embargo, las cosas no salieron como hubiera sido deseable. El productor Joel Silver no quedó satisfecho con el guion final que Hirschbiegel le entregó en 2005, por lo que volvió a empezar de cero, contratando a los hermanos Wachowski, por entonces archifamosos gracias a “Matrix” (1999), para que lo revisaran y añadieran acción y efectos especiales. Y en 2006, con un coste de 17 millones de dólares, James McTeigue (colaborador de los Wachowski y director de “V de Vendetta”), volvió a rodar gran parte de varias escenas, incluyendo la ampliación de la segunda mitad de la película para añadir más acción. Este frankenstein cinematográfico fue un desastre anunciado y en su estreno, en agosto de 2007, no sólo recibió críticas casi unánimemente negativas, sino que le causó a Warner, tras sumar gastos de promoción, pérdidas de unos 60 millones de dólares.

 

El transbordador espacial Patriot se estrella al aterrizar dejando sus restos esparcidos por una amplia superficie de Estados Unidos. Entre los mismos, se encuentran extrañas muestras biológicas de las que informan a uno de los investigadores del CDC (Centro de Control de Enfermedades), Tucker Kaufman (Jeremy Northam). Mientras tanto, su exesposa, Carol Bennell (Nicole Kidman), trabaja como psiquiatra en Washington D.C y queda desconcertada al atender a algunos pacientes que, repentinamente, se quejan de que sus familiares ya no son los mismos. Aún peor, una búsqueda por internet le confirma que hay mucha gente que está atravesando la misma situación.

 

Carol comienza a sentir que, en su entorno e incluido Tucker, hay gente comportándose de forma extraña, distante. Junto a su aspirante a novio, Ben Driscoll (Daniel Craig), médico epidemiólogo, descubren que la gente está siendo infectada por un organismo biológico que toma el control de sus cuerpos mientras duermen, convirtiéndolos en seres sin emociones y mente alienígena. También se dan cuenta de que el hijo de Carol, Oliver (Jackson Bond), que está pasando unos días con su padre, podría tener inmunidad natural a la infección. Pero cuando Carol acude a recogerlo a casa de su exmarido, éste se revela como infectado y la contagia. Perseguida por los cada vez más numerosos ladrones de cuerpos, Carol lucha por alcanzar con Oliver una base militar donde estarán a salvo, pero para ello debe mantenerse despierta so pena de caer víctima del organismo que circula por su cuerpo.

 

De todas las adaptaciones que se han hecho de “Los Ladrones de Cuerpos”, “Invasión” es la que introduce cambios más radicales en los que hasta entonces habían sido los elementos básicos. El héroe original, el médico de pueblo Miles Bennell, es interpretado ahora por una mujer que ejerce de psiquiatra en la capital. Esta variación de género, profesión y localización geográfica, no suponen demasiado problema y, de hecho, funcionan sorprendentemente bien. Pero eso no sucede con otros cambios conceptuales mucho más fundamentales, como la eliminación de las vainas, uno de los elementos cruciales de las películas anteriores que brindaron la oportunidad de crear efectos de transformación bastante desagradables. Lo que tenemos ahora es una infección biológica que se transmite de persona a persona y que se activa durante la fase REM del sueño. Si bien, desde el punto de vista biológico, es más convincente que las vainas, también es un concepto mucho menos emocionante (aunque sí da pie a un ingenioso y siniestro plan en el que los alienígenas diseminan la infección mediante un falso programa nacional de vacunación).

 

Junto a esos cambios, también hay homenajes a las anteriores adaptaciones, como el cameo de Veronica Cartwright, quien interpretó a Nancy Belicec en la versión de 1978, mientras que Nicole Kidman recrea la famosa escena de Kevin McCarthy corriendo por la autopista gritando "¡Ayúdenme!" y siendo ignorada por los coches que pasan junto a ella; la huida en helicóptero a punto está de terminar como la película de 1993.

 

Puede decirse que “Invasión” es una película bien hecha y que resulta entretenida… para quienes desconozcan las versiones anteriores, porque es fácil ver la distancia que las separa de ellas. Como los alienígenas invasores, es un film frío que no consigue recrear, como sí hicieron sus predecesoras, la sensación de pesadilla que acecha al protagonista. La mayoría de las escenas se enfocan de una forma convencional que no logra evocar la atmósfera paranoica del libro y los films anteriores.

 

Por ejemplo, en las versiones de 1956 y 1978, Bennell y Becky acuden a casa de los Belicec y observan durante toda la noche cómo un cuerpo informe se va transformando en algo con apariencia humana. En la de 2007, los protagonistas también acuden a casa de los Belicec y descubren a Yorish (Roger Rees) sumido en un proceso de metamorfosis; cuando lo despiertan, baja enloquecido por las escaleras sorprendiendo a todo el mundo. Pero la escena no funciona y, sobre todo, carece de la sensación de desasosiego contenido de las películas anteriores. Asimismo, en la adaptación de 1956, hay un momento en el que Miles abraza a Becky solo para darse cuenta, al no corresponderle ella, de que ha sido reemplazada. Esta escena ha sido sustituida ahora por otra en la que Carol se percata de que Ben ha sido poseído, pero carece de cualquier atisbo de sorpresa, desconcierto o pavor.

 

En lugar de los potentes clímax de las otras tres versiones, “Invasión” opta por las persecuciones de coches y la desesperada lucha de Carol por salvar a su hijo, una elección decepcionantemente convencional. Curiosamente, el guion respeta el “falso” final que el estudio impuso a la versión de 1956, en el que el psiquiatra termina de escuchar la historia de Bennell y decide alertar al FBI. “Invasión” es la única adaptación del libro que concluye con un final tan optimista como tradicionalmente rancio, recuperando el papel del ejército como salvadores de la Humanidad. Es irónico que, respetando el desenlace de la novela de Finney, se obtenga un resultado mucho más desleído.

 

Hay que admitir que la segunda mitad de la película ofrece un giro interesante respecto a las anteriores (respetando también en esto al libro): la protagonista se infecta con el virus alienígena y debe encontrar la forma de mantenerse despierta para no convertirse. Sin embargo, esta idea descarrila por una escena absurda en la que su hijo la despierta inyectándole adrenalina en el corazón. Cabe mencionar también que Carol luce un aspecto notablemente bueno para alguien que ha permanecido sin dormir durante varios días; en circunstancias médicas normales, esto suele ocasionar graves problemas de salud, como alucinaciones, deterioro de las facultades mentales e incapacidad para controlar las funciones corporales.

 

Aparte de manejar con maestría el suspense, las dos primeras películas consiguen inspirar en el espectador empatía con los protagonistas, quienes, poco a poco, se hunden en una justificada paranoia. Al principio se burlan de lo que estiman un fenómeno pintoresco, investigan, dudan, escuchan y llegan a la conclusión de que, efectivamente, todos conspiran contra ellos. “Invasión” limita gran parte de este desarrollo a un montaje forzado, repleto de flashbacks con los que se le explica la trama al espectador. ¿Quién necesita intuición cuando se cuenta con editores? Personajes secundarios sin el menor carisma le proporcionan a Carol los detalles pertinentes y, tan pronto como satisfacen su misión, caen víctimas del virus.

 

Gran parte de la película adolece de un montaje discordante. A veces, esto parece intencional, como durante la persecución en el metro: los cortes bruscos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo sugieren con acierto una mente dividida. Pero durante el resto de la trama, el montaje deja entrever los antedichos problemas de producción de la película.

 

Todas las demás versiones anteriores de la novela ofrecen algún tipo de alegoría político-social. La original de 1956, se interpretó equivocadamente durante mucho tiempo como un reflejo del miedo a la infiltración comunista (cuando en realidad era una crítica a la homogeneización que se estaba viviendo en la sociedad burguesa y suburbana de los Estados Unidos). Las demás adaptaciones modernizaron sus mensajes de otras formas e “Invasión” intenta hacer lo propio. Por ejemplo, los noticieros de fondo hacen constantes referencias a la guerra de Irak, Corea del Norte y la crisis humanitaria en Darfur. Una vez que los ladrones de cuerpos toman el control, vemos un reportaje televisivo en el que se muestra que se ha alcanzado la paz en Oriente Medio y Darfur; que Corea del Norte ha renunciado a sus ambiciones nucleares; George W. Bush ha accedido a la sanidad pública universal y firmado un tratado con el presidente venezolano Hugo Chávez para que el petróleo sea gratuito; se distribuyen vacunas contra el SIDA en África, y Estados Unidos anuncia su retirada de Irak porque todas las facciones de ese país han resuelto sus diferencias. No sólo es todo un poco forzado, sino que, al no tratarse de una alegoría general de tipo social o político (por ejemplo, la pérdida de individualismo, la alienación, la homogeneización, la dicotomía razón-emoción, la importancia o maldición de los sentimientos…) sino referencias muy concretas a la geopolítica del momento, sin duda quedará obsoleto ante nuevas generaciones desconectadas de esos eventos de actualidad. 

 

Otro aspecto que llama la atención es que, al terminar la película, queda sin aclarar cuáles son sus verdaderas inclinaciones políticas. Los alienígenas son representados de forma negativa pero los titulares de los telediarios evidencian que han alcanzado la paz mundial. ¿Cuál es entonces el mensaje? ¿Qué la utopía sólo se conseguirá al precio de nuestra humanidad? ¿Qué el mundo está mejor sumido en la guerra, la violencia y la injusticia?

 

Por otro lado, “Invasión” sí parece posicionarse sobre la amenaza que supone el conformismo generalizado y la instauración de un estado policial, estableciendo paralelismos con la pérdida de libertades civiles en la América moderna. (No hay que olvidar que varias de estas escenas se realizaron bajo la dirección de James McTeigue y los Wachowski, responsables de “V de Vendetta”). Con tantas manos participando en el guion, el rodaje y el montaje, no hay forma de saber con certeza qué se pretende transmitir más allá de la conservadora visión de que nuestra salvación reside en la fuerza de la nación y el ejército estadounidenses.

 

La idea más interesante de “Invasión”, aunque se limita sólo a insinuarla, es que la capital del país ya está repleta de individuos idénticos, que se comportan y piensan de la misma forma e imponen su punto de vista a los demás. Así, todos visten igual: color negro y estilo funcional, sin ningún destello de personalidad. Los primeros indicios de esta uniformidad afloran en la cena donde los ricos y poderosos conversan sobre la naturaleza humana. La única nota discordante de la velada la da el diplomático ruso, en cuya opinión la sociedad se basa en la falsa apariencia de civilización, una capa muy fina que oculta nuestra violencia animal.

 

En el apartado actoral, tampoco nadie sale bien parado. Nicole Kidman tiene problemas encarnando un híbrido de personajes de las versiones anteriores, y un Daniel Craig anterior a James Bond ni resulta creíble como amante ni como médico. Jeffrey Wright solo aparece para hacer de representante del campo científico y en cuanto al plantel de secundarios, nadie destaca un ápice.

 

Aunque en este caso concreto pueda ser un recurso fácil dado que trata de “ladrones de cuerpos”, pocos adjetivos mejor que “sin alma” se ajustan mejor a la convencional ejecución de ideas, por lo demás prometedoras, de “Invasión”. La película está tan ocupada intentando encontrar un ritmo y tono propios a partir de las aportaciones de guionistas y directores tan dispares, que no halla tiempo ni manera de establecer una base emocional. Incluso antes de la extensión de los virus alienígenas, las escenas resultan predecibles y los diálogos suenan forzados. Una película, en fin, que funciona con la fría vacuidad de sus dobles infectados.

 


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