lunes, 18 de mayo de 2026

2023- RESTORE POINT - Robert Hloz


A medida que la brecha entre Ciencia y Ciencia Ficción va reduciéndose año tras año, a muchos creadores les basta ya solo con escoger algunos elementos reconocibles de nuestra vida cotidiana y darles un pequeño empujón o inversión para que nosotros, espectadores, cuestionemos la cambiante y engañosa normalidad sobre la que cabalgan a toda velocidad nuestras vidas. Esto es precisamente lo que hace la coproducción polaco- checa-eslovaca-serbia, “Restore Point”, aunque su premisa principal gira en torno a algo mucho más profundo y, por el momento, inalcanzable.

 

En la Europa Central de 2041, la desigualdad no es cosa del pasado. Todo lo contrario. Los problemas sociales se han agravado hasta el punto de convertir en endémica la delincuencia violenta. Eliminar esas desigualdades parece más complicado para el gobierno que desarrollar una tecnología revolucionaria con la que puede resucitarse a personas fallecidas prematuramente por causas violentas. La inventora de este procedimiento en dos fases es una organización filantrópica llamada Instituto Rohan. La primera fase es la reanimación del cuerpo, realizada mediante la inmersión en una especie de gel reparador. La segunda es la reinstauración de los recuerdos en el cerebro resucitado.

 

Esta última parte es la más crítica, dado que, para que no se produzca una disonancia fatal entre la edad percibida por el cerebro y la real del cuerpo, no deben haber pasado más de 48 horas entre la muerte y la “recarga” de la última memoria. Ese es el Punto de Reanimación del título. Esto obliga a los ciudadanos a hacer copias de seguridad diarias en pequeños dispositivos portátiles que, en caso de muerte violenta, serían utilizados para alimentar el cerebro reanimado.

 

Sin embargo, no toda la sociedad está conforme con la nueva tecnología y el cambio de mentalidad –una ilusión de inmortalidad- que la ha acompañado y que las autoridades fomentan. Una organización terrorista llamada Río de la Vida está llevando a cabo una sangrienta campaña de atentados. Y uno de esos asesinatos múltiples es lo que trata de impedir al comienzo de la película la detective Emma Trochinowska (Andrea Mohylová). Ha seguido la pista de un secuestrador que ha estado ejecutando sistemáticamente a sus víctimas –una vez han traspasado su punto de reanimación- en un lugar blindado a los escaneos externos. Haciendo caso omiso de las órdenes de esperar refuerzos, intenta salvar las vidas que pueda, pero el asesino la elude y se suicida arrojándose al vacío –en su caso, obviamente y dada la ideología del grupo terrorista en el que milita, sin posibilidad de resurrección-.

 

Em tiene razones muy personales para perseguir al Río de la Vida. Y éstos, a su vez y obviamente, tienen un interés especial en el Instituto, a uno de cuyos empleados de alto nivel, el informático jefe David Kurlstat (Matej Hádek) asesinan junto a su esposa. Esto se produce justo cuando el Instituto se está preparando para privatizar sus servicios alegando la necesidad de mejorarlos con servidores capaces de hacer copias de seguridad continuas e instantáneas, almacenando las memorias en servidores centrales en lugar de dispositivos individuales que pueden dañarse o perderse –o su propietario olvidar hacer el volcado periódico-. Obviamente, hay quien sospecha que ese movimiento va dirigido a modelar un sistema de reanimación a dos niveles, obteniendo mejores servicios quienes estén dispuestos a pagar más (por ejemplo, incluyendo en la reanimación nuevas habilidades anexas a los recuerdos, como tocar un instrumento musical).

 

La situación se complica aún más cuando David, a quien se creía muerto y sin un punto de restauración actualizado –su esposa, inexplicablemente, no había hecho copia de seguridad en cuatro meses- reaparece vivo aunque enfermo. En realidad, es una copia imperfecta de aquél, reanimado ilegalmente a partir de una versión desactualizada, lo que le está provocando severos desequilibrios que con toda seguridad acabarán con su muerte. Antes de que eso ocurra, sin embargo, le suplica a la detective que le ayude a destapar una conspiración en el corazón del Instituto. La investigación les conducirá a comunas rurales aisladas que existen fuera del sistema de reanimación y revelará un extraño triángulo amoroso que une al asesino y la víctima. Emma, además, debe colaborar a regañadientes con un detective de Europol, Martin (Václav Neužil), aunque ninguno de los dos confía demasiado en el otro.

 

A la vista del resumen de la trama, muchos pensarán que esta película no aporta nada demasiado novedoso. El cine y la literatura nos han acostumbrado a la figura del detective solitario y decidido que se ve envueltos en luchas de poder y corrupción protagonizadas por corporaciones y gobiernos, y que para resolver el problema tenga que lidiar con dilemas éticos. Este convencionalismo junto a otros del género negro están bien encajados en “Restore Point”: un suspense in crescendo, una protagonista plausible (eficaz, fría pero con un trauma que la corroe por dentro, solitaria, con un punto de rebeldía ante la autoridad y unos valores morales claros), el veterano y gruñón jefe de policía, el prepotente directivo con credenciales de villano estampadas en la cara, el elegante detective que huele a doble juego….

 

Que todo esto resulte tan familiar ayuda a asimilarlo y comprenderlo sin problemas para concentrarse en las ideas más ambiciosas que plantea la película. Los dispositivos portátiles de almacenamiento de memoria y la descarga de la misma en un cuerpo nuevo no son nuevos (ya aparecían en la interesante novela “Carbono Alterado”, 2002), pero las cuestiones relacionadas sobre la vida, la muerte, la presencia, la ausencia y la tecnología que las relaciona, las conecta y las invierte, siguen siendo relevantes. Los avances tecnológicos han puesto del revés certezas con las que las sociedades humanas habían convivido desde que existe memoria.

 

En ese futuro, todo se torna incierto. Los Kurlstat, por ejemplo, ya han sido trasladados a la morgue cuando Em llega al lugar del crimen, pero donde estaban sus cuerpos se han colocado hologramas para que la policía investigue la escena del crimen tal y como estaba. La gente está ahí y no está; nada es seguro. Si alguien mata a otra persona, pero ésta resucita sin mayores problemas, ¿es asesinato o una simple agresión? ¿Puede ser condenado alguien por un crimen si, tras ser reanimado, la memoria que se le implanta no contiene el recuerdo de ese acto? Si el cuerpo de alguien es destruido, por ejemplo, en una explosión, pero su memoria pervive almacenada en un dispositivo, ¿puede considerársele muerto? ¿El volcado de unos recuerdos, de una personalidad, da como resultado alguien exactamente igual que el original?

 

Ahora bien, la película no aspira a ser una meditación intelectual y filosófica sobre la vida, la muerte, la identidad y la memoria, sino un thriller de acción, así que el guion opta por no explorar, por ejemplo, el impacto físico y psicológico que tendría sobre alguien una reanimación tal. En cierto modo, esto supone una oportunidad perdida, aunque tonalmente, la película es clara y coherente.

 

Los efectos visuales de “Restore Point” son de primera categoría, sumergiendo al espectador en una Europa plausible de un futuro cercano donde los coches autónomos, las videollamadas holográficas y las lápidas funerarias con imágenes digitales son de uso corriente. Cabe destacar el trabajo del diseñador de producción Ondrej Lipenský por los paisajes urbanos que combinan la arquitectura real de Praga con rascacielos tecno-brutalistas magníficamente imaginados, muy similares a los megaproyectos de construcción de China o los países del Golfo.

 

Como suele ser habitual en este subgénero de thrillers distópicos, por un lado se presenta visualmente un mundo pulcro, austero y aséptico. Por otro, los rincones más sórdidos y poco deseables que sostienen la fachada. El guion dosifica hábilmente la información, ofreciendo lo justo para pintar un futuro convincente sin caer en excesos expositivos ni estancarse en los detalles. Los personajes se sirven de la tecnología como lo hacemos nosotros: realizar llamadas, pedir comida a domicilio o usar una aplicación para arrancar el coche a distancia. Estando la acción ambientada a menos de veinte años en el futuro, parecen haberse superado los miedos al uso de la IA y esa y otras tecnologías avanzadas se contemplan como meras herramientas, tan útiles como inocuas en sí mismas.

 

Hay un aspecto, no obstante, en el que esa fluida construcción de mundos tropieza: el procedimiento mediante el que un cuerpo, quizás herido de bala en la cabeza o mutilado de alguna otra manera, puede ser revivido y restaurado rápidamente a su estado original. Esta decisión de permanecer deliberadamente oscuro al respecto, tiene la peculiaridad de ser a la vez inteligente y tremendamente frustrante. Inteligente porque cualquier intento de justificarlo mediante tecnocháchara estaría destinado a sonar falso. Y frustrante porque es un tema clave de la historia que no recibe una explicación adecuada.

 

Hay una escena en la que unos médicos le devuelven la consciencia al cuerpo de un niño muerto en un atentado. Sirve para resaltar los beneficios y el atractivo de dicha tecnología; ya no hay muertes innecesarias e injustas. Ahora bien, en estos casos, tanto el cuerpo como el cerebro pueden sufrir una amplia variedad de daños: mutilaciones, infecciones, heridas internas, afecciones en diferentes sistemas u órganos… que requerirían intervenciones de diferente tipo. Y, sin embargo, mágicamente, el procedimiento del Instituto Rohan repara el organismo dejándolo en su estado original. Pero, ¿y si ese cuerpo tuviera problemas de salud previos, como un cáncer o una enfermedad crónica? ¿Los curaría también esa piscina milagrosa que vemos hacia el final de la película? Es un vacío difícil de explicar, sí, pero, como digo, crea en el espectador la sensación de que la historia queda incompleta.

 

Relacionado con esto y trascendiendo la mera tecnología, salvo unas pocas frases al comienzo, tampoco se profundiza en los factores que llevaron al desarrollo del Punto de Reanimación. Desconocemos cuál fue el conflicto original, quiénes estuvieron involucrados o por qué la reanimación pareció ser la única solución viable. ¿Por qué la sociedad ha asumido sin rechistar que la resurrección de muertos por actos violentos es más deseable que afrontar y resolver la problemática que ha generado esa violencia? Obviamente, podemos estar de acuerdo en que casi cualquier muerte es trágica, pero ¿por qué la solución debe ser revertirla? Y, si esa es la única respuesta posible, ¿por qué debe privatizarse? ¿Acaso todos creen que una empresa siempre y en cualquier circunstancia velará por nuestros intereses?

 

Afortunadamente, el guion de Tomislav Čečka, Zdeněk Jecelín y Robert Hloz sí aborda este último tema, así como la responsabilidad de la sociedad y sus instituciones, no solo por crear las condiciones para semejante negocio, sino también por mantenerlo en funcionamiento. Una expresión que se repite con frecuencia es la de “el bien común”, que siempre se utiliza como excusa, una especie de ambigua declaración general que justifica de alguna manera cualquier acto criminal en defensa de ciertos intereses privados.

 

En última instancia, lo que perjudica principalmente al resultado final es el empeño del guion por resultar impredecible. Al forzar giros constantes, reduce el abanico de sus propias posibilidades, lo que, paradójicamente, disminuye el grado de sorpresa final y resta impacto a un desenlace que se va viendo venir. Y es una lástima, porque la premisa suscita cuestiones profundas sobre la ética de resucitar el propio cuerpo. Dado que la finitud de la vida es precisamente lo que le otorga sentido, la posibilidad de un “reinicio” diluye la trascendencia de ciertas decisiones a priori dramáticas.

 

Pese a estas flaquezas, hay que admitir que Andrea Mohylová sostiene la película de principio a fin. Su interpretación de Emma Trochinowska es muy sólida y sirve como ancla para el público. La actriz logra que aceptemos su entorno con total naturalidad y que se perciba como plausible un mundo en el que la resurrección es posible. Pero, sobre todo, da vida a una mujer que se desvía más de lo esperable del estereotipo de policía impulsiva que dispara primero y pregunta después. De hecho, es todo lo contrario. Sí, desenfunda su arma y desafía con la mirada como es mandatario, pero a menudo duda y deja escapar a demasiados sospechosos. Sin el trabajo de Mohylová, la cinta se habría diluido definitivamente en lo convencional.

 

“Restore Point” es un neo-noir sólido y de factura elegante que combina una idea intrigante, un misterio enrevesado y una fascinante construcción de un futuro cercano. No innova ni tampoco responde a las fascinantes preguntas implícitas a su premisa, pero aún así ofrece una historia ágil, cautivadora y que va directa al grano, cumpliendo su cometido de forma satisfactoria. Además, está lo suficientemente conectada con nuestro presente como para que incluso el público no particularmente amante de la CF pueda entrar en ella sin demasiados problemas.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario