Hay proyectos que parecen condenados al fracaso desde su mismo comienzo. Ese fue el caso de “Supernova”, un thriller de ciencia ficción de MGM con un presupuesto de 65 millones de dólares que comenzó como un libreto que el guionista William Malone escribió por su cuenta bajo el título "Dead Star". Con cinco guionistas (tres acreditados), al menos la misma cantidad de directores (ninguno acreditado), numerosas demandas potenciales y una historia de producción más misteriosa e intrigante que cualquier cosa que se vea en la propia película, "Supernova" podría ser la producción más problemática de la historia del cine de CF.
Estrenada
en enero de 2000, fue acreditada al director "Thomas Lee", el
eq
uivalente del siglo XXI al Alan Smithee de tiempos anteriores (aquel mismo
año el Sindicato de Directores anunció la retirada de ese veterano seudónimo),
esto es, el alias ficticio que aparece en los créditos de decenas de películas
y series de televisión de las que el verdadero director reniega y de las que
exige la retirada de su nombre. En realidad, el realizador acreditado debería
haber sido Walter Hill, coproductor de la saga "Alien" y director de
películas como "Límite: 48 Horas" (1982) o “El Último Hombre” (1996).
Pero cuando "Supernova" desapareció engullida por un agujero negro de
polémicas y disputas, Hill abandonó el proyecto, y, tras la incorporación de
dos directores más (entre ellos Francis Ford Coppola, miembro de la junta
directiva de MGM), se decidió endosarle el muerto al inexistente Thomas Lee.
A pesar
de la afirmación de Malone de que la película "ya comenzó con problemas", su concepción fue, en realidad,
mucho menos dolorosa que su producción. En 1990, el guionista presentó el proyecto
al productor independiente Ash R. Sha ("Doble Dragón", 1994) de
Imperial Entertainment. Entonces titulada "Dead Star", el film fue
concebido como una historia futurista de rescate, de bajo presupuesto y
conducida por el equi
po responsable de la anterior película que había escrito y
dirigido Malone, un híbrido de ciencia ficción y terror de perfil bajo titulada
“Creature” (1985). "Tuve la idea de
convertir la película “Calma Total” en una de ciencia ficción". El
guion original trataba sobre la primera nave espacial equipada con propulsión
bidimensional, que descubría artefactos de una civilización alienígena y se
disponía a traerlos a la Tierra cuando ocurren una serie de sucesos. Entre las
cosas que la tripulación encuentra, hay un portal a la Muerte, un lugar físico.
Este portal, situado en un mundo distante llamado Daveros, es en realidad una
sofisticada máquina alienígena conocida como el "Thanatron". "Era capaz de reanimar a los vivos y abrir
una puerta al mundo de los muertos, específicamente al Infierno",
explicó Malone. "Unos
astronautas
demasiado entusiastas ponen en marcha la corrosiva máquina -corrosiva para la
mente- y, sin saberlo, liberan a Satanás a bordo de su nave".
A Shah le gustó "Dead Star" y le dio luz verde a Malone para que contratara a H.R. Giger, el artista conceptual suizo ganador del Oscar gracias a "Alien" (1979), para producir una serie de ilustraciones de preproducción con las que esperaban generar expectación y asegurar la financiación del proyecto, cuyo presupuesto oscilaba entre cinco y seis millones de dólares. Como Giger escribió más tarde en su libro "H.R. Giger's Film Design" (1996): "(Malone) había escrito la historia él mismo, una especie de "Hellraiser" en el espacio, cuya premisa era que la humanidad se encontraba con una máquina alienígena capaz de llevarla, literalmente, al infierno. Ya había hecho algunos diseños para ella, pero me dejó a mí el auténtico "príncipe de las tinieblas del cosmos". Por su parte, Malone recordaría: "(Giger) iba a diseñar al Diablo, y se le ocurrieron algunos bocetos brillantes. Pasé diez días trabajando con él en Suiza, y fue simplemente increíble. Fue genial trabajar con él.
Malone
admite que le resultó difícil contener la imaginación del artista mientras
trabajaba con él en su
casa. “Entre la
multitud de cuadros apilados contra paredes negras, criaturas alienígenas de
fibra de vidrio y muebles extraños, las ideas fluían a toda velocidad. A
menudo, a Giger se le ocurrían tantas ideas geniales que yo tenía que frenarlo
para que algunas no se perdieran en el momento”. Al regresar a Los Ángeles,
Malone siguió recibiendo por fax una gran cantidad y variedad de dibujos. “Entre los diseños que creó se encontraba el
"Fragmento", el dispositivo clave del Thanatrón, capaz de resucitar a
los muertos; el Thanatrón en sí, con la apariencia de un manojo de tubos de
órgano en descomposición, y, sobre todo, un Satanás de múltiples caras con su
manto de almas vivientes”. Giger también realizó dos pinturas a todo color
que acabaron utilizándose en anuncios publicitarios.
De hecho,
aunque Giger cobró por su trabajo la suma de 10.000 francos suizos, no volvió a
saber nada del asunto hasta mayo de 1995, cuando la reproducción de una de sus
pinturas conceptuales, “Dead Star”, apareció en un folleto promocional de
Imperial Entertainment para una película titulada "Supernova". L
a
imagen iba acompañada de una sinopsis de la historia que, según Giger, sugería
"una versión mucho más simplificada
del guion que me había atraído al proyecto", sin los "fuertes elementos sobrenaturales"
del original. Si bien Giger figuraba como "diseñador conceptual", el
nombre de Malone no aparecía en los créditos, y cuando el artista publicó
algunas de sus ilustraciones de "Dead Star" al año siguiente, se
preguntó qué rumbo tomaría la película. "Si finalmente se realiza”, escribió, "tendré curiosidad por ver si
se ha conservado algo más que mi nombre. ¿Se convertirá la película en una
supernova?". ¿O llegará a ser una "Estrella Muerta"? ¿Seré yo el
afortunado, o será Bill Malone?”
Tal y
como fueron las cosas, ninguno de ellos fue el afortunado. “Había mucha expectación en torno al gu
ion”,
dijo Malone, “pero nadie se animaba a
producirlo. Después, le perdí la pista hasta que supe que United Artists lo
había comprado. Contrataron a otros guionistas para trabajar en la película”,
añade, refiriéndose a David Campbell Wilson (“El Mañana Nunca Muere”, 1996) y
Daniel Chuba, y a los colaboradores no acreditados Cathy Rabin y Thomas
Wheeler, “y entonces la película fue
evolucionando hasta convertirse en algo diferente”. Como explicó Chuba, “Bill Malone es un excelente guionista e hizo
un trabajo magnífico. Nos gustó la dirección que había tomado y sugerimos
algunos cambios importantes”. Él mismo escribió cuatro borradores sucesivos
del guion, que entonces se contemplaba como vehículo para el posible debut como
director de Jami Dixon, uno de los socios de Chuba en Hammerhead Films, una
compañía de efectos especiales cuyos créditos incluían “Batman Returns” (1992),
“Spawn” (1997) y “Titanic” (1997).
Sin
embargo, para el cuarto borrador, el presupuesto que exigía el guion hacía que la
participación de Dixon como director ya no se consideraba factible. "Lo miráramos como lo miráramos, estábamos
claramente por encima de la marca de los
20 millones de dólares",
explicó Chuba. "Esa era la zona en
la que Jamie podía dirigir la película. No tenía sentido presionarlo y que su
carrera dependiera de este proyecto. Podría convertirse en la historia de un
director novato al que se le dio demasiada libertad. Así que pasó a ser
productor conmigo". Según Chuba, la absorción de United Artists por
MGM podría haber dejado en el limbo durante varios meses a la película
anteriormente conocida como "Dead Star" si la presidenta de UA,
Lindsay Doran, no la hubiera apoyado. "Ella
nunca vio esto como otro "Armagedón" o "Perdidos en el
espacio". Se inspiró en la ciencia ficción clásica, la ciencia ficción
inteligente como "El Planeta de los Simios", "Rumbo a lo
Desconocido" o "La Dimensión Desconocida".
Sin
embargo, Doran sí consideró que el guion seguía necesitando mejoras y contrató
a David Campbell Wilson para escribir una nueva versión. "Es difícil que te rechacen",
admitió Chuba posteriormente. "Tienes
dos opciones: discutir con ellos y evaluar su decisión: ¿saben lo que quieren o
simpl
emente están improvisando? O, siendo nuevo en esto, podrías decir: 'Es su
dinero, su película. Ya lo han hecho antes. Han presentado buenos argumentos.
Veamos qué sucede'". Finalmente, Chuba optó por la prudencia y se
mantuvo como productor mientras Wilson reescribía el guion una vez más. "No sentimos que estuviéramos haciendo
concesiones artísticas", afirmó Chuba. En cierto modo, buscaban facilitar el reparto de la película. Era una cinta
de terror bastante concisa, pero no se centraba en los personajes. Querían que
éstos estuvieran más desarrollados, y David Wilson llegó y lo consiguió.
Tras
considerar como posible director al ex ejecutivo de MGM Joe Mimzicki, el estudio
encontró un candidato más adecuado en Geoffrey Wright, cuya película
"Romper Stomper" (1992) había recibido excelentes críticas e
impulsado la carrera de Russell Crowe en Hollywood. A principios de 1997, la
revista "Dreamwatch" informó que la película comenzaría a producirse
en verano, y afirmó que "Supernova" “s
e centraba en Jack Conner y la Dra. Erin Rider, comandante y jefa
médica de la nave de rescate espacial Nova 17, básicamente una sala de
emergencias en el espacio. Cuando la nave recibe una llamada de socorro emitida
a muchos años luz de distancia, la única forma de intentar un rescate efectivo
es atravesar el espacio bidimensional, aplanando la nave y su tripulación y
cortando el espacio tridimensional como una navaja. Al aparecer al otro lado de
la galaxia, encuentran el casco agonizante del "Imperion", una vieja
nave de carga a punto de ser absorbida por un agujero negro formado por el
colapso de una estrella. El único superviviente de la nave, Anton Mason, sube a
bordo de la Nova 17 con una historia aterradora sobre lo que ha ocurrido. Pero,
¿se puede confiar en Mason, o esconde un secreto aún más horrible que el
infernal relato que cuenta?”
A
finales de 1997 y principios de 1998, conforme avanzaba la preproducción, la
historia y los personajes experimentaron tantas mutaciones como la sustancia
grimosa hallada a
bordo del Imperion -renombrado Nightingale 229 en la versión
filmada-. Tantos cambios, en fin, como directores acabaron pasando por el
proyecto.
Apenas cinco semanas antes de que comenzara el rodaje principal y a causa de una diferencia sobre algún punto del guion, Wright abandonó la producción dejando la película en el aire. "Nos gustó su sensibilidad", comentó un diplomático Dan Chuba en una entrevista, "pero baste decir que, al final, su visión de la película no era la versión que el estudio quería hacer. Era muy agresivo en la forma en que quería filmarla", agregó, señalando que una de las sugerencias más extravagantes de Wright había sido la de rodar toda la película en gravedad cero.
A pocas
semanas de que una posible huelga del Sindicato de Actore
s amenazara con
paralizar la producción, el ejecutivo de MGM, Jeff Kleeman, animado por el
actor James Spader, ya elegido para el papel principal, contrató a Walter Hill
para que se hiciera cargo de este tren en rumbo de descarrilamiento. Hill comentaría
más adelante: "Fue un poco inusual.
Simplemente me llamaron y leí el guion. Obviamente, no lo habría hecho si no me
hubiera gustado la historia, pero, al mismo tiempo, creía que podía contarse de
otra forma. Así que les presenté mi versión y les dije que, si podíamos hacerlo
a mi manera, estaría dispuesto".
Aunque
el aumento del presupuesto pudo haber llevado a MGM a exigir que la película
tuviera una clasificación para todos los públicos, quienes trabajaban en ella
consideraron que la motivación de Hill para cambiar el tono, pasando de una
película de terror para mayores de 18 años a un thriller psicológico para
mayores de 13, parecía ser el distanciarse de su anterior producción,
"Alien". A pesar de haber descrito la historia de
"Supernova"
como "una nave
espacial recibe una llamada de emergencia por una circunstancia misteriosa y,
en el proceso de investigarla, se ve envuelta en una situación desesperada de
vida o muerte", insistió en que era "algo así como lo opuesto a Alien" debido a la
inteligencia de su principal antagonista. "El monstruo Alien era increíblemente aterrador porque era la forma de
vida más primitiva posible. Solo quería comer y reproducirse; no tenía otras
ambiciones". En "Supernova", sin embargo, "el extraño a bordo de la nave se encuentra
en el extremo opuesto del espectro, porque se trata de una inteligencia que
probablemente está muy por encima de las capacidades humanas".
Hill
también buscó traer la historia al presente, de modo que los eventos que el
público descubre durante el transcurso del film en los primeros borradores fueran
vividos en primera persona por la tripulación del Nightingale 229. "En cierto
modo, la historia habría estado
bien para otra persona, pero no era la forma en que yo elegiría contarla. Tal
como la habían planteado, la mayoría de los actores principales conocían la
historia previa y, por lo tanto, se la explicaban al público. Me pareció que lo
único que hacían era sentarse a hablar de ello. En una de las reuniones dije:
'No quiero hacer una película sobre lo que pasó hace diez años'". Con
este fin, Hill y Chuba trabajaron juntos en otra versión de la historia,
entregando páginas de notas a David Wilson, quien, según Chuba, "adoptó incansablemente y con entusiasmo
nuestra nueva dirección y escribió otro borrador del guion a cinco semanas del
inicio del rodaje". Cathy Rabin se incorporó al equipo para
desarrollar los personajes.
Sin
embargo, con los decorados ya construidos y casi todo el reparto confirmado,
estos ajustes de última hora pusieron al equipo -incluidos el diseñador de
producción Marek Dobrowolski, el dise
ñador de criaturas Patrick Tatopoulos y el
supervisor de efectos visuales de Digital Domain, Mark Stetson- bajo una
presión adicional. Como explicó Tatopoulos: "Llegué con mis conceptos preparados para Geoffrey Wright, entré en la
sala y enseguida me di cuenta de que lo que había hecho antes no encajaría con
Walter Hill... Geoffrey es un joven rebelde, de pelo largo. Walter tiene mucha
experiencia en el sector. Es un tipo completamente diferente, y parte de mi
trabajo como diseñador consiste en comprender al director".
Y,
efectivamente, a pesar de la inminente fecha de estreno, Hill ordenó que se
rediseñaran y reconstruyeran los decorados para tener más espacio para desarrollar
la historia. A tal efecto, rechazó casi todos los storyboards, lo qu
e llevó al
supervisor de efectos visuales Mark Stetson a recurrir al ilustrador conceptual
de "El Quinto Elemento", Sylvain Despretz. Este recordaría: "Me llamaron y me dijeron: "Tenemos un
problema. Esta película es un completo desastre". Me pidieron unirme y
tratar de unificar el diseño con el apartado de efectos visuales. Estaban en un
estado de tal confusión y desperación que aceptaron cualquier cosa, así que en
ese momento Mark Stetson mantuvo a algunos de los artistas que quería
conservar, contrató a su propio grupo y, básicamente, se hizo cargo de todo el
departamento".
La
producción dio finalmente comienzo el 13 de abril de 1998, con Angela Bassett,
Robert Forster, Lou Diamond Phllips, Peter Facinelli y Robin Tunney completando
el reparto junto al menci
onado James Spader. El estudio, sin embargo, siguió
protestando ante el número de planos de efectos especiales exigidos por Hill y
acabó recortando casi la mitad de ellos. Troy, el personaje interpretado por Facinelli,
por ejemplo, estaba originalmente previsto que se transformara en una criatura
grotesca e inhumana de ojos rojos y prominentes venas azules. Empezaron a rodar
esas escenas, pero el estudio les dijo que al actor no podía reconocérsele tras
tanto maquillaje y que lo eliminaran, por mucho que todos los involucrados
creyeran que tal supresión privaba de sentido al final.
Para
gran frustración del director y su equipo, resultó que MGM ap
enas había
comenzado a rehacer la película a su antojo. Se eliminó una compleja secuencia
de efectos especiales en la que Spader realizaba un emocionante rescate en
gravedad cero dentro de una burbuja gigante de agua. También se eliminó un
sofisticado robot médico operado a distancia, introduciendo a cambio un
ridículo androide humanoide vestido con un traje de aviador y al que un crítico
describió como "una mezcla entre
Kryten en “Enano Rojo” y Woody Allen en 'El Dormilón'". Finalmente, tras
pasar catorce semanas en la sala de montaje y diez supervisando los efectos
especiales, Hill fue despedido tras otra disputa con el estudio.
Tras la
partida de Hill, se realizó una proyección de prueba que acabó siendo un
desastre y a raíz de la cual MGM, intentando salvar la película, llamó al
director Jack Sholder ("Hidden") para que reeditara el material de su
predecesor. Según declaró éste en una entrevista: "Me dijeron que mucho d
e lo que yo hice se quedó en el montaje final. No
creo que pasara lo mismo con el de Walter. Volvimos a montar prácticamente todas
las escenas de la película". Sholder también reinstauró metraje
inicialmente descartado en el que se mostraba al personaje de Robert Forster
siendo grotescamente deformado durante el hiperimpulso. Tatopoulos explicó:
"Su cuerpo estaba extendido en todas
direcciones. Sabíamos que se mejoraría con el CGI". Hill había cortado
casi toda la secuencia, evidentemente pensando que no funcionaba. "No estuve de acuerdo con él",
agregó Sholder. "Hill también dijo
que no había manera de que el personaje de Forster pudiera sobrevivir al
accidente, algo en lo que tampoco coincidía con él".
Sholder
también alteró otras dos escenas significativas, incluido el final, en el que
el personaje de Peter Facinelli vuelve a la vida después de una enorme explosión.
"Eso siempre me pareció ridículo, y
planeé volver a filmarlo. Sin embargo, nunca pareció molestar a ninguno de
nuestros espectadores de prueba”. También intentó rescatar al ridículo
robot, añadiendo algunos diálogos en la postproducción qu
e ayudaran a explicar
su extraña apariencia y su andar arrastrando los pies: "Al capitán le encantan los objetos del siglo
XX, así que lo vestimos como un piloto de combate de la Primera Guerra Mundial.
Lo llamamos 'Fly Boy'. La historia es que se estrelló y se quemó, y de ahí
viene su cojera". Como explicó Sholder, "Tenía un aspecto y se movía de forma tan estúpida que lo presenté con
una frase que insinuaba que la tripulación lo hacía parecer ridículo para
proporcionar alivio cómico a bordo. De esta manera, esperaba dar a entender que
los cineastas estaban al tanto de la broma".
Cuando
la versión de Sholder obtuvo los mismos pésimos resultados en las proyec
ciones
de prueba, MGM supuestamente se reunió con Hill para discutir su propuesta de
regrabar ciertas escenas, invirtiendo otros 5 millones de dólares. Sin embargo,
reacio a seguir malgastando dinero, el estudio se negó, y Hill abandonó el
proyecto definitivamente. Una tras otra, las posibles fechas de estreno fueron
pasando en el calendario hasta que se recurrió a Francis Ford Coppola, miembro
de la junta directiva de MGM, para que empleara un millón de dólares
adicionales en su propio remontaje. "Espero
que mi experiencia en la industria cinematográfica haya ayudado a mejorar la
película y a solucionar algunos de los problemas causados por la pérdida del
director", declaró. Una de las principales contribuciones de Coppola
fue un extraño intento de acentuar la relación romántica entre James Spader y
Angela Bassett colocando digitalmente sus cabezas sobre los cuerpos desnudos de
Peter Facinelli y Robin Tunney en su escena de amor en gravedad cero… ignorando
el “detalle” de que Bassett es negra y Tunney blanca.
Al
final, el montaje de Coppola no tuvo mejor acogida que los de Hill y Sholder.
Tampoco logró la esperada clasificación PG-13, y la película fue reeditada una
vez más. Finalmente, sin proyecciones previas al estreno y con escasa
publicidad, "Supernova" se estrenó en Estados Unidos el 17 de enero
de 2000, casi dos años después de lo originalmente anunciado. Con una
decepcionante recaudación en el estreno de 6,7 millones de dólares, la película
ganó apenas 14 millones en
total, menos de una cuarta parte de su presupuesto,
y eso sin contemplar el coste de las copias y promoción. La crítica tampoco
quedó impresionada. "Entertainment Weekly" la describió como "una frustrante mezcla de saltos lógicos,
jerga tecnológica impenetrable, acción rutinaria y ni un solo efecto especial
destacable". Este último comentario resulta particularmente
sorprendente, dado que a los periodistas que asistieron a una rueda de prensa
de Digital Domain en febrero de 1999 se les mostraron casi cuarenta minutos de
lo que uno de los asistentes describió como "planos con efectos de cámara en movimiento absolutamente vanguardistas".
Por su parte, el portavoz de Digital Domain, Bob Hoffmann, declaró a
"Premiere": "Entregamos
nuestro trabajo en “Supernova” a tiempo y dentro del presupuesto. Y lo que es
más importante, estamos muy orgullosos de lo que hicimos”.
Con un
director acreditado, Thomas Lee, tan ficticio como la premisa de la película, y
el elocuente silencio de Walter Hill
garantizado como parte de su acuerdo de
rescisión de contrato con MGM, la historia completa tras la producción de
"Supernova" quizás nunca llegue a conocerse. Sin embargo, aunque,
obviamente, el DVD no contiene un comentario del director, las escenas
eliminadas que se incluyen como extras sí arrojan algo de luz sobre lo que se
perdió durante los distintos montajes.
Y, al final de todo este accidentado recorrido, ¿qué es lo que nos encontramos en la película?
La nave
médica de rescate Nightingale recibe una llamada de a
uxilio de la colonia
minera Titán 37. Allí, la tripulación encuentra a un único superviviente, Troy
Larson (Peter Facinelli), hijo de la antigua amante del jefe médico de la nave.
Sin embargo, Larson ha sufrido una misteriosa transformación a causa de un
artefacto alienígena que él mismo lleva a bordo. Este objeto contiene sustancia
proveniente de la novena dimensión, capaz de transformar la materia ordinaria
de maneras absolutamente extrañas e incluso de aniquilar el universo entero.
Una vez a bordo, Larson logra dejar varado al piloto en la superficie del
planeta y comienza a asesinar al resto de la tripulación uno por uno.
A
veces, los críticos son como los paparazzi: les encanta abalanzarse sobre el
hedor de un desastre como si fuera carroña y destrozarlo. Lo mismo ocurrió con
la problemática “La Isla del Dr. Moreau” (1996). Cuando se estrenó, esta
película jamás llegó a tener la oportunidad de ser analizada y criticada
independien
temente de los problemas que lastraron su producción. Algo parecido
ocurre, a la postre, con “Supernova”: no es tan horrenda como podría inferirse
de la historia que he narrado sobre su producción y las críticas que le
llovieron.
Ciertamente, la trama “se inspira” demasiado en “Alien”, con la que tiene excesivos puntos en común: secuencias de hibernación; una llamada de auxilio de un planetoide que no es lo que parece inicialmente; un huevo encontrado en ese lugar que, al abrirse, comienza a infectar a la gente y causar la muerte de la tripulación; una IA con personalidad femenina cuya incapacidad para superar parámetros de programación estrictamente definidos provoca graves problemas durante las emergencias… Si bien la premisa es poco original, como puntos a favor pueden citarse un presupuesto de primera división y un director al mando tan competente como es Walter Hill. De hecho, si se mirara con mayor objetividad, “Supernova” bien podría calificarse como más ambiciosa que la mayoría de los clones de “Alien”.
El
comienzo, al menos hasta la llegada del huevo, es absorbente. Las primeras
escenas a bordo de la nave rebosan de una autenticidad asombrosa. Se puso mucho
cuidado en hacer que el lenguaje cie
ntífico pareciera creíble. Algunas de las
secuencias de efectos especiales -la caída en el pozo gravitatorio del
planetoide, el aterrizaje de Nick Vanazant (James Spader) en la superficie y la
incursión en el complejo minero- están ejecutadas con gran verosimilitud. Walter
Hill se mueve con tanta facilidad dentro y alrededor de la deslumbrante maqueta
de la nave espacial como si estuviera allí mismo, en el espacio. Hill también
filma la mayoría de las escenas de diálogo en primeros planos ajustados al
estilo televisivo, y todos los personajes hablan en susurros deliberadamente
bajos, lo que contribuye a crear una atmósfera de tensión. Y cuando la historia
comienza a introducir giros tan inesperados como la transformación del capitán Marley
(Robert Forster) en una deformidad viviente mutada, parece que, por fin, la
trama empieza a tomar direcciones extrañas, nuevas y fascinantes.
Por
desgracia, esto nunca llega a materializarse. Poco después de que Troy Larson llegue
a bordo de la nav
e de rescate, “Supernova” degenera en un encadenamiento de
clichés extraídos de “Alien” y “Calma Total”. Peter Facinelli tiene incluso el
mismo aspecto de pómulos prominentes y ojos entrecerrados que Billy Zane, el
psicópata de la segunda cinta. La atmósfera inicialmente absorbente nunca llega
a cuajar del todo; se insinúa que Marley entró deliberadamente en la cámara de
hipersueño a sabiendas de que estaba dañada, pero nunca se descubre nada más al
respecto.
Aunque la ciencia es verosímil, se utiliza como débil apoyo para justificar una trama de película de serie B, en lugar de una historia que se atreva a emplear algunas de las ideas alucinantes que ofrece la auténtica ciencia de vanguardia. El huevo, a pesar de hablarse de materia de novena dimensión matemáticamente plausible, sigue siendo el equivalente en ciencia ficción a un MacGuffin hitchcockiano: una pequeña caja negra cuyo único propósito es desatar al monstruo y amenazar con destruir el universo.
Lo más decepcionante es que las escenas de persecución, otra vez copiando el estilo “Alien”, no llegan a nada. Walter Hill, capaz de crear secuencias de acción de primer nivel, desaprovecha al máximo su potencial. Por eso, uno tiende a pensar que si Hill hubiera dirigido “Alien” en vez de “solo” producirla y coguionizarla, nunca se habría convertido en el clásico que es
Así que, al final, “Supernova”, habida cuenta del perfil de los involucrados tanto en el apartado técnico como artístico, resulta una decepción, una versión mediocre de lo que podría haber sido una buena película pero que se quedó en una serie B con pretensiones.

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