Pocas personas han influido tanto en nuestra visión del futuro como Syd Mead. Desde el diseño de automóviles, hoteles y aviones de lujo hasta sus ilustraciones conceptuales para películas seminales de la Ciencia Ficción, el trabajo de Mead definió, prácticamente en solitario, la estética futurista en el cine para toda una generación.
Siendo
el padre un pastor baptista, la familia Mead se mudó con
frecuencia durante la
infancia de Syd antes de establecerse en Colorado. Su primer trabajo tras
graduarse en el instituto fue en Alexander Film Co. como entintador de “cells”
de animación, creador de personajes e ilustrador de fondos. Poco después, se
unió al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, donde sirvió
dos años en Okinawa, Japón. Allí tuvo la ocasión de estudiar la cultura y arte
nipones, en especial la geometría decorativa y la representación estilizada de
los paisajes. Tras dejar el ejército, pasó un mes en Hong Kong,
familiarizándose todavía más con la cultura oriental.
A su
regreso a la vida c
ivil, Meade presentó su portafolio en el Art Center School
de Los Ángeles, donde fue aceptado sin problemas como estudiante.
Simultáneamente, aceptó un puesto diseñando escaparates en Lerner Shoppe, una
cadena de tiendas de ropa femenina. Tras graduarse con honores en 1959, comenzó
a trabajar para el Estudio de Diseño Avanzado de Ford Motor Company en Dearborn,
Michigan, donde permaneció poco más de dos años. Su siguiente oportunidad
laboral fue en Hansen Co., en Chicago, donde recibió el encargo de ilustrar escenarios
y vehículos futuristas para diversos clientes corporativos.
Su
renombre como artista conceptual creció rápidamente y en 1970
, fundó su propia
empresa, Syd Mead, Inc, cuyo cliente más destacado –además de otros como
Chrysler o Raymond Loewy- fue Philips Electronics, para la que durante doce
años creó inspiradoras visiones del futuro: salas de estar con televisores
gigantes (un concepto muy propio de la ciencia ficción de la época), hospitales
con puestos de autoayuda, cocinas de alta tecnología repletas de dispositivos o
centros de aprendizaje que anticipaban las actuales aulas conectadas a
internet.
A pesar
de su impresionante trabajo en el ámbito empresarial, Mead es probablemente más
conocido por su arte conceptual para muchas de las películas de ciencia ficción
más importantes de los años 80. E
n 1975, se mudó a California, donde además de
seguir trabajando para sus antiguos clientes, se abrió camino en el mundo del
cine. Su entrada en Hollywood vino de la mano de “Star Trek: la Película” (1979),
para la que diseñó la sonda espacial inteligente V'Ger. Al año siguiente,
Ridley Scott lo contrató como "futurista visual" (así le dijo a su
agente que quería ser acreditado) para diseñar los vehículos, coches voladores
y opresivo horizonte urbano de las contaminadas calles repletas de luz de neón
de “Blade Runner”. Sus diseños estuvieron muy influidos por lo que había visto
y aprendido durante su estancia en Japón y Hong Kong.
Mead trabajó
también en "Tron" (1982), para la cual diseñó muchos de los elementos
más memorables de esta vanguardista película, incluyendo las elegantes
y
aerodinámicas motos de luz, los tanques, los trajes luminosos, las distintivas
naves "Reconocedoras" o la nave de Sark así como varios decorados y
elementos gráficos, como el título y la tipografía alfanumérica. Para “Aliens"
(1986), creó la nave espacial Sulaco, las lanzaderas de descenso y los
vehículos terrestres, así como el famoso exoesqueleto con el que Ripley lucha
contra la Reina Alien en el climax. Mead también trabajó en
"Cortocircuito" (1986), "Timecop" (1994), "Johnny Mnemonic" (1995) y "Misión Imposible III" (2006).
El
trabajo d
e Mead para varias de estas películas llamó poderosamente la atención
del público, especialmente, “Blade Runner”, a partir de la cual fue considerado
un referente del diseño de CF al nivel del suizo H.R.Giger, que también se
había dado a conocer por su arte conceptual para otra película de Scott,
“Alien” (1979). Pero mientras este último se labró su reputación gracias a sus
representaciones pesadillescas de inspiración gótica en las que fundía lo
orgánico y lo tecnológico, los sueños futuristas de Mead rezuman optimismo y
son producto del fordismo estadounidense (en este caso, literalmente, ya que,
como hemos dicho, trabajó como diseñador para la compañía Ford).
A
diferencia de otros artistas de ciencia ficción cuyo principal propósit
o es
hacer algo llamativo y que se fijan sobre todo en la estética, Mead era, en
primer lugar, un diseñador industrial. Esto se traducía en que, cuando diseñaba,
por ejemplo, un vehículo, pensaba primero en el motor, el chasis, la ergonomía
y la ingeniería. Sus naves transmiten realidad porque, en su mente, funcionaban
mecánicamente. Para él, y tal y como afirmó en una ocasión, la Ciencia Ficción
era “realidad anticipada”. La belleza de sus diseños es un subproducto de su propia
funcionalidad.
Por
otra parte, si hoy asociamos el futuro con urbes densas, luces de neón
reflejadas en el asf
alto mojado y tecnología "sucia" pero avanzada,
es gracias a su trabajo en “Blade Runner”. Mead inventó el concepto de
"Retrofitting", esto es, la idea de que en el futuro no será todo
nuevo, sino tecnología de última generación instalada en edificios viejos y
decrépitos. Pero incluso imaginando distopías su estilo personal siempre
mantuvo una elegancia clásica que evoca un futuro limpio, aerodinámico y lujoso.
Y es que en los mundos de Mead no hay pobreza, enfermedad ni tristeza; solo una
élite que parece disfrutar de las mejoras que la tecnología les brinda; lo cual
no debería sorprender dado que muchas de sus ilustraciones fueron encargadas
por corporaciones que pretendían seducir visualmente a sus compradores
potenciales.
Resulta
curioso lo difícil que resulta datar, con un simple vistazo, muchas de
las
ilustraciones de Mead. Algunas de las que creó en los 70 parecen haber sido
realizadas la semana pasada, mientras que otras del siglo XXI se dirían impregnadas
de una visión del futuro propia de los años 80. Esta confusión no parece tener
tanto que ver con detalles de moda o estilo como con visiones contrapuestas del
lujo que cada década proyecta sobre los consumidores.
A lo
largo de las décadas que abarcó su labor profesional, Mead acumuló un extenso conocimiento
del negocio creativo: “Primero, comprende
el contexto, los detalles y la lógica que hace que el diseño y la creación de
imágenes sean valiosos para ti y, com
ercialmente, para los demás. Intenta no
convertirte en un profesional “lineal”. Aprende diversas técnicas, metodologías
de pensamiento y, sobre todo, no seas conformista. Sinceramente, me aterra cada
vez que empiezo un nuevo proyecto importante. Leo, recopilo información y
presiono al cliente para que me diga qué quiere. (A veces, realmente no lo
saben, ¡y esos proyectos suelen ser una pesadilla!). Recuerda los detalles,
observa cómo se mueve la gente, cómo la luz del sol incide sobre los objetos en
movimiento, por qué el follaje tiene el aspecto que tiene (es la magia fractal
de la naturaleza) y por qué el terciopelo tiene prácticamente el mismo rango de
valor que las superficies metálicas, pero uno es suave y el otro quebradizo.
Por último, no des por sentado que la técnica por sí sola te salvará. Sigue
siendo la idea la que triunfa, siempre. Recuerda que una técnica elaborada
aplicada a una historia simplona da como resultado una “demo reel”, no una
narrativa.”
Directores
de la talla de Ridley Scott o James Cameron aseguraron que el éxito de sus
películas debía mucho a los diseños de Mead. Pero es que su influencia fue más allá
del cine. Muchos diseñadores industriales admiten haber estudiado a Mea
d para
crear productos reales. Elon Musk ha mencionado explícitamente que el diseño
brutalista y geométrico del Cybertruck es un homenaje directo a Blade Runner y los
bocetos de Mead. Su técnica de iluminación y reflejos en superficies cromadas
es el estándar que se sigue enseñando hoy en las escuelas de diseño automotriz.
Sin él, la estética de los videojuegos, desde “Cyberpunk 2077” a “Wipeout”
pasando por “Mass Effect” o “Halo”, sería muy diferente. Y sus dibujos de
edificios que se pierden en las nubes y ciudades conectadas por niveles
influyeron en arquitectos de la corriente del Metabolismo japonés y en el
diseño de ciudades modernas en Asia, como Dubái o Singapur, donde se busca
integrar transporte y edificios en una sola estructura urbana.
Syd
siguió trabajando hasta septiembre de 2019, participando en proyectos de gran
envergadura, como “Blade Runner 2049” (2017), para la que su director, Denis
Villeneuve, le pidió que imagi
nara un Las Vegas postapocalíptico. Falleció el
30 de diciembre de 2019, a los 86 años, debido a complicaciones derivadas de un
linfoma que padecía desde hacía tiempo. Su muerte ocurrió apenas unas semanas
antes de que fuera a ser homenajeado en los premios de la Art Directors Guild
(Gremio de Directores de Arte) con el premio William Cameron Menzies, un
galardón que reconoce a personas cuyo trabajo ha tenido un impacto visual
extraordinario en el cine. Como detalle curioso y algo poético, su deceso tuvo lugar
el mismo año en el que se situaba la acción de la película original de Blade
Runner (que transcurre en noviembre de 2019). Fue como si, tras alcanzar
finalmente el futuro que él mismo había ayudado a diseñar décadas atrás,
hubiera decidido que su trabajo entre nosotros había llegado a su fin.
Syd Mead no imaginó el futuro; lo anticipó para nosotros con la precisión de un ingeniero y el alma de un artista. Fue el hombre que dibujó el mañana antes de que llegáramos a él.

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