viernes, 2 de enero de 2026

1895- LA CHARCUTERÍA MECÁNICA – Hermanos Lumiere


Aunque no fueron sino el último eslabón de una larga cadena de inventores y descubrimientos, a los hermanos Lumière, Auguste y Louis, se les atribuye el nacimiento del cine gracias a que fueron ellos quienes realizaron la primera proyección pública de una de sus filmaciones. Sin embargo, en el caso de este cortometraje, “La Charcutería Mecánica”, de 44 segundos (una película de un solo rollo en aquella época) del que a menudo se dice que fue el primero de la CF, Auguste no tuvo nada que ver.

 

Las imágenes nos muestran una gran caja de madera con dos tapas abatibles en la parte superior y un gran texto en el lateral que dice: “La Charcutería Mecánica”. Detrás de la caja y presumiblemente unido a ella, hay algo que podría ser una rueda o una sierra circular. Un hombre entra en escena con un cerdo, se levanta una de las tapas y se introduce al animal. Otro hombre empieza a girar la rueda/sierra, y abriendo la otra tapa, un tercero empieza a sacar productos derivados del cerdo, como jamón y salchichas. Se nos hace creer que la máquina está creando comida rápida instantánea a partir de un cerdo aparentemente vivo.

 

Lo más probable es que un espectador moderno encuentre difícil calificar esto como Ciencia Ficción. De hecho, ni siquiera existía tal término en 1895. El propio director, Louis Lumière, lo clasificó como un "tema humorístico". Pero, aun así, posee todas las características del género. Para empezar, presenta una tecnología que no existía en la época de la creación de la película (de hecho, sigue sin haberse inventado), aunque resulta lo suficientemente familiar como para entender su propósito.

 

Además de la anécdota humorística, podría también considerarse una sátira del principio de la producción en cadena que por entonces aún estaba ensayándose de forma parcial y que culminaría pocos años después con el desarrollo y patente de la primera línea de montaje por parte del norteamericano Ransom Eli Olds, que la utilizó para producir en masa, en Detroit, su automóvil Oldsmobile Curved Dash desde 1901 hasta 1907. Como sabemos, gran parte de la ciencia ficción, tanto en el cine como en la literatura, se ha utilizado para comentar fenómenos contemporáneos, presentando una imagen exagerada o deformada de los mismos. En este caso, podría tratarse de la obsesión por la eficiencia que trajo la Revolución Industrial y el sistema capitalista. Por otra parte, y por si el título del corto no lo dejara claro, la sierra/rueda circular nos indica que ese gran cajón no es un artilugio mágico sino una máquina.

 

En el futuro, los hermanos Lumière tendrían muy poco que ver con la ciencia ficción y, ya puestos, con el desarrollo del cine como forma de arte. En este sentido, resulta bastante irónico que estos dos ingenieros sean tan universalmente aclamados hoy como los padres del cine. Si bien pocos pioneros tuvieron tanta influencia en el desarrollo inicial del medio, a menudo tiende a sobreestimarse su importancia.

 

En las escuelas e institutos suele enseñarse que Thomas Edison creó la primera cámara de cine, mientras que Auguste y Louis Lumière organizaron la primera proyección pública de películas. Pero ninguna de estas afirmaciones es cierta. Edison, el gran inventor y empresario, más conocido quizás por crear la bombilla eléctrica y librar despiadadas guerras de patentes contra Nikola Tesla, era un hombre de negocios astuto y sin escrúpulos que a menudo se atribuyó el mérito del trabajo ajeno y robó descaradamente ideas de otros inventores por el simple procedimiento de introducir pequeños cambios en sus diseños y luego patentarlos. También viajaba por todo el mundo para ver nuevos inventos, estaba al tanto de los últimos avances científicos y leía todo lo posible sobre nuevas tecnologías (él mismo aseguraba dormir solo entre 3 y 4 horas por noche, aunque la realidad era un poco más compleja). Tenía la asombrosa habilidad de combinar todas esas ideas y proyectarlas hacia el futuro, viendo posibilidades que pocos eran capaces de imaginar. A continuación, ponía a sus mejores hombres a trabajar para hacerlas realidad.

 

La cuestión de quién inventó la primera cámara de cine depende de lo que se entienda por tal. La idea básica estaba bastante clara para cualquiera que entendiera el funcionamiento de una cámara fija: si se pudiera diseñar una cámara que tomara múltiples fotos por segundo y luego encontrara una forma de mostrarlas en rápida sucesión, como un flipbook o un zootropo, se generaría la ilusión de movimiento. De hecho, el fotógrafo, artista, intérprete, asesino (del amante de su esposa) y loco (por un accidente de diligencia) Eadweard Muybridge ideó un sistema de cámara similar en 1872. Rodó un caballo al galope, mostró las imágenes en un zootropo y posteriormente las proyectó con lo que llamó un zoopraxiscopio. Pero para su experimento utilizó múltiples cámaras y sus "películas" eran, en realidad, animaciones pintadas basadas en sus fotos, ya que el zoopraxiscopio distorsionaba las fotos reales. Por lo tanto, las imágenes debían pintarse con la distorsión inversa para que se parecieran a las originales.

 

En la década de 1880, pasó dos años en la Universidad de Pensilvania, donde creó más de 100 000 imágenes de cuerpos humanos en movimiento, a menudo sobre un fondo de cuadrículas, para ayudar a los científicos a medir con precisión el movimiento humano. Estas series fotográficas, con un aire extraño y clínico, tuvieron un gran impacto tanto en pioneros del cine como en artistas posteriores, como Degas, Bacon y Warhol. Se pueden ver ecos de estas singulares fotos en muchas películas de ciencia ficción que en décadas venideras representaban entornos estériles y distópicos contra los que se enfrentaban los frágiles cuerpos humanos.

 

En otras fotografías tomadas en la Universidad de Pensilvania, instaló un semicírculo de cámaras, todas preparadas para tomar fotos simultáneamente, captando una fracción de segundo de movimiento desde múltiples ángulos. Esta fue la misma técnica que emplearon 125 años después los hermanos Wachowski para crear las tan comentadas tomas “bullet time” para Matrix (1999).

 

Por otra parte, Albert Londe y Etienne Jules-Marey crearon cámaras capaces de tomar doce fotografías en rápida sucesión; Jules-Marey en concreto, fue el primero en capturarlas en una fina película de celuloide, en una época en la que las fotografías todavía se impresionaban en placas de vidrio. El resultado fueron largas tiras de película con doce imágenes expuestas una al lado de la otra, creando una especie de panorama de movimiento. Hoy en día, quizás se le recuerde más por sus icónicas fotografías de atletas en los Juegos Olímpicos de París de 1900. Sin embargo, las fotografías de Jules-Marey eran fijas, aunque su llamada pistola cronofotográfica sí inspiró a los creadores de la cámara de cine.

 

En 1887, el inventor británico William Friese-Greene inventó un método para capturar imágenes en tiras de papel aceitado, y poco después, George Eastman y Thomas Henry Blair idearon, de forma independiente entre sí, la primera película de celuloide comercial. En 1890, Friese-Greene tuvo la idea de perforar la tira de película para que pudiera avanzar mediante ruedas dentadas en la cámara. Posteriormente, construyó y patentó dicha cámara, asegurando que podía tomar hasta diez fotos por segundo. Su invento fue ampliamente publicitado en el mundo de la fotografía, pero, en realidad, nunca estuvo a la altura de su reputación. Se conservan algunos fragmentos de película grabados con ella, y su aspecto se asemeja más a una secuencia de fotos rápidas que a una película. Sin embargo, el principio básico de la cámara, con su película perforada y ruedas dentadas, fue el que inspiró a Thomas Edison, quien envió rápidamente los dibujos a su empleado William K. Dickson, con la orden de crear una versión mejorada y patentarla, creando así lo que probablemente fue la primera cámara de cine funcional. También fue Dickson quien produjo el kinetoscopio, el proyector con mirilla, que fue el primer sistema para ver películas, en 1891.

 

Cabe señalar que Friese-Greene falleció dramáticamente en 1921 durante un seminario convocado para debatir la crisis del cine británico. Acababa de pronunciar un breve discurso pidiendo la reconciliación entre las facciones en pugna, cuando se desplomó y falleció en el acto. Quizá sintiéndose culpable por haber olvidado al entonces pobre y solitario pionero durante tantos años, la comunidad cinematográfica se unió para organizar un funeral por todo lo alto, honrándolo con una placa que lo nombraba "el padre de la cinematografía". Durante décadas, Friese-Greene fue aclamado como "el inventor olvidado de las imágenes en movimiento", ya que tanto los académicos como el público se sintieron engañados por sus propias afirmaciones sobre la funcionalidad de su fallida cámara. En vida, aseguró haber filmado "las primeras imágenes en movimiento", antes que Lumière y Dickson, y los británicos, naturalmente, estaban encantados de tener a un compatriota como pionero en ese campo. También se dijo que había desarrollado un sistema con el que, cinco años antes del cinematógrafo de los Lumiere, había proyectado sus primeras películas, que mostraban personas y tráfico en las calles de Londres. Investigaciones posteriores no han encontrado fundamentos para tal aseveración. Además, los avances técnicos en este ámbito alrededor del año 1900 se encontraban todavía en una etapa en la que resulta inconcebible la invención de un proyector así. En 1951 se estrenó una película muy idealizada sobre él, “The Magic Box”, que Martin Scorsese ha calificado como una gran influencia.

 

Es a los hermanos Lumière a quienes se atribuye la invención del cinematógrafo, una cámara de cine que también funcionaba como proyector, superando al kinetoscopio de Edison al convertir las películas en un evento público y social en lugar de una experiencia privada. Pero los Lumière tampoco trabajaron en una burbuja. Durante décadas se habían utilizado diferentes proyectores para producir la ilusión de imágenes en movimiento e incluso existían proyectores para películas de celuloide antes de su famosa "primera" demostración pública en París, en diciembre de 1895. Kazimierz Prószyński inventó el llamado Pleógrafo en 1894; y varios meses antes de la proyección pública de los Lumière, otros hermanos, Max y Emil Skladanowksy, realizaron su propia proyección en Berlín con lo que llamaron un Bioscopio. En Estados Unidos, Woodville Latham y Eugene Lauste desarrollaron el Panóptico y realizaron una proyección pública en mayo de 1895.

 

Aunque solemos pensar que la historia del cine comienza con aquella legendaria proyección de 1895, IMDb registra alrededor de 150 películas realizadas antes de finales de 1894. Muchas de ellas difícilmente podrían considerarse películas en el sentido moderno de la palabra, pero, aún así, hay bastantes que, rodadas tras la introducción de los rollos de celuloide Eastman o Blair, incluían un argumento rudimentario.

 

Entonces, ¿por qué se ha ensalzado tanto a los Lumière en los anales de la Historia del Cine? Bueno, en parte se debe a que fueron importantes innovadores en ese campo. Ya en 1892, dos años después de que William K. Dickson, de la Compañía Edison, rodara su primer clip, “Monkeyshines”, fueron los primeros franceses en fabricar una cámara cinematográfica moderna con la que rodaron sus primeras películas. También celebraron una de las primeras proyecciones privadas, en marzo de 1895. Pero es que, además, eran ingenieros y químicos expertos y con talento para los negocios. Auguste y Louis heredaron la fábrica familiar en la que se producían placas fotográficas, y para la década de 1880, la habían convertido en un negocio boyante. Aquella famosa proyección que ha pasado a la Historia no pretendía ser la gran atracción, sino más bien un evento secundario en una conferencia que habían convocado para 200 ingenieros y empresarios que conformaban la flor y nata del mundo de la fotografía parisina. El propósito de aquella ponencia era mostrar sus últimos avances en la fotografía a color, y les sorprendió bastante que sus imágenes en movimiento se convirtieran en el centro de atención.

 

Con el paso de los años, los Lumière reunieron una cinemateca de más de 1000 películas, filmadas tanto por Louis como por diversos contratistas y profesionales independientes. Los Lumière cubrieron tanto eventos importantes como la vida cotidiana de París y del resto del mundo; y, cuando el cine se popularizó, también imágenes de todos los rincones del planeta. Se les atribuye la creación de la primera película francesa, la primera histórica, la primera de Ciencia Ficción y muchas otras primicias… aun cuando nunca fueron lo que hoy podríamos calificar como grandes cineastas.

 

Los Lumière no estaban muy interesados ​​en las posibilidades narrativas del cine. Todas esas primicias las lograron, probablemente, gracias a que fueron los primeros en disponer de cámaras realmente funcionales. “La Charcutería Mecánica” no incluye técnicas cinematográficas avanzadas y bien podría haber sido un simple espectáculo callejero o un truco de magia en un teatro. Sea como fuere, fue muy imitada por otros cineastas.

 

Lo que realmente se les daba bien y en lo que destacaron los Lumière fue en el campo documental. Y, sobre todo, convirtieron las imágenes en movimiento en un espectáculo de masas y ganaron mucho dinero con sus giras de proyección por todo el mundo. Pero en 1905, los hermanos decidieron abandonar el negocio del cine y centrarse en el desarrollo de la fotografía en color, una labor que se había visto interrumpida en cierta medida por su repentina fama cinematográfica. Parece existir consenso en que veían el cine como una moda pasajera, y, por lo tanto, no tenían interés real en impulsar el medio.

 

También es posible que su decisión de abandonar el cine viniera influenciada por los grandes avances que este campo experimentó a principios del siglo XX. A medida que las películas de ficción ganaban popularidad, su producción se volvía cada vez más sofisticada y, consecuentemente, costosa. Empezaron a surgir estudios cinematográficos por todo el mundo, la gente imaginaba viajes por el espacio y hacia planetas, narraba la vida de Cristo en presentaciones de una hora, creaba enormes dramas de época y traía a la pantalla la magia de los cuentos de hadas. Para poder competir a cualquier nivel en este nuevo mundo en constante evolución, los Lumière habrían tenido que apostar a lo grande, ya que competían con gigantes en pleno crecimiento como Edison, Pathé y Gaumont. Es muy posible que Louis y Auguste, ante la disyuntiva de arriesgarlo todo o retirarse de la carrera, se decidieran por lo segundo.

 

Evaluar una filmación de 40 segundos como esta de “La Charcutería Mecánica” desde un punto de vista artístico es, obviamente, complicado por no decir imposible o inútil. Como mínimo, es evidente que hay cierto nivel de preparación y reflexión en la película. La dirección es bastante descuidada, como lo demuestra que los actores pasen demasiado tiempo de espaldas a la cámara. También lo que se muestra tiene un aire demasiado apresurado, probablemente debido a que toda la escena debía grabarse en menos de 50 segundos, el equivalente a la duración de un rollo de película. Para el espectador moderno, su interés es estrictamente de carácter histórico.

 

 

 

 

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