Los Estados Unidos de los años 30 del siglo XX no han pasado a la historia por sus autómatas, pero en el periodo que medió entre el desplome bursátil de 1929 y el final del New Deal (el programa de medidas estatales contra la crisis económica instaurado por el presidente F.D.Roosevelt entre 1933 y 1938), cuatro robots humanoides hicieron giras recorriendo el país y convirtiéndose en el equivalente de la Gran Depresión a nuestras estrellas del rock.
El primero en subir al escenario fue el británico Eric the
Robot, que se presentó en 1929 en una muestra de la Society of Model Engineers
de Londres como orador sustituto del Duque de York. Fabricado por el capitán
William Richards y Alan Refell, el aspecto de Eric era similar al de un
caballero con armadura y, activado mediante control de voz, se levantaba de su asiento,
hacía una reverencia al público y pronunciaba un discurso de cuatro minutos
mientras giraba la cabeza, gesticulaba con las manos y lanzaba chispas azules
de sus dientes.
Tras esta sorprendente premiere, Eric llevó su cortesía
caballeresca a los Estados Unidos, donde, misteriosamente, desapareció.
Richards lo reemplazó con una segunda versión mejorada en 1930: George, cuyo
programa multilingüe le granjeó la reputación en la prensa de ser un “educado
caballero” comparado con “su torpe y tosco hermano”. A pesar de tal estatus y
las mejoras en su ingeniería, George, también, se desvaneció al poco tiempo de
las noticias.
En 1934, el público pedía un “hombre” más corriente, y es
lo que recibió con Alpha, todo un chico malo. También nacido en Gran Bretaña,
no se sabe mucho de este autómata rufián de largos rizos metálicos, aparte de
que disparaba revólveres con balas de fogueo y bromeaba con las damas que lo
miraban asombradas. Antes de llegar a EE.UU., su reputación era la de una
criatura parecida a la de Frankenstein, que había matado a su creador, Harry
May, nada más activarse. Seguramente, este falso rumor benefició la venta de
entradas a su show.
A finales de los años 30, los Estados Unidos ya estaban
familiarizados con los robots extranjeros, pero ninguno fascinó tanto a aquella
generación como Elektro el Moto Man. Fabricado por la Westinghouse Electric
Corporation en Mansfield, Ohio, fue el primer humanoide genuinamente americano.
Con un cuerpo de aluminio dorado de dos metros de altura y ojos fotoeléctricos de
colores diferenciados, la presencia escénica de Elektro fue como magia para los
visitantes de la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Millones de personas
esperaron hasta tres horas en la cola para ver las actuaciones de 20 minutos de
Elektro, durante las cuales se paseaba por el escenario, se burlaba del público
con respuestas provocadoras como “Mi cerebro es más grande que el tuyo”,
contaba con los dedos y hacía bromas sobre los errores de los operadores. Lo
que más gustaba al público era el momento en que fumaba cigarrillos e inflaba globos.
Pero en aquel espectáculo, por supuesto, no había brujería
alguna, ni siquiera trucos de magia, tan solo una combinación de algunas de las
tecnologías más avanzadas del momento. Bajo su piel de aluminio dorado se
escondía un esqueleto metálico que contenía árboles de levas, engranajes,
motores y un sistema de fuelles para los pulmones. Su vocabulario de 700
palabras lo proporcionaba un tocadiscos de 78 rpm conectado a 48 relés eléctricos
que controlaban los once motores con los que articulaba el discurso realizando 26
movimientos diferentes –todos, a su vez, controlados por la voz de un operador transmitida
por un relé telefónico.
Mientras que sus predecesores acabaron sus días desguazados para aprovechar el metal en el esfuerzo bélico de la Segunda Guerra Mundial o simplemente desaparecieron sin dejar rastro, la popularidad de Elektro sobrevivió bastante más tiempo del esperado aunque, inevitablemente, fue disminuyendo con el paso del tiempo. En los años 50, el robot se utilizó para animar las promociones de los departamentos que Westinghouse tenía en grandes almacenes pero aún tuvo tiempo de hacer sus pinitos en el cine, interviniendo como Sam Thinko en la película de serie B “Sex Kittens Go To College”, disfrutando de sendos striptease de Vampira y Mamie Van Doren.
Al final, Elektro se retiró en Palisades Park, en Oceanside
California y el fervor y entusiasmo que en su día disfrutó como “El primer
robot famoso de América” sólo puede encontrarse ya en las hojas amarillentas de
los viejos periódicos y los archivos de los museos. Para aquellos que quieran
revivir sus días de gloria, pueden peregrinar hasta el Mansfield Memorial Museum,
en Ohio, donde se han conservado su cabeza y su torso.
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