lunes, 6 de julio de 2020

1959- LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA (y 3)


(Viene de la entrada anterior)

Buena parte de la diversión que aportaba “La Dimensión Desconocida” derivaba de su habilidad para reformular muchas de las ansiedades que atormentaban la psique americana de comienzos de los sesenta, y al mismo tiempo invertir tales temores mediante la ironía, haciéndolos parecer menos amenazadores. Es sorprendente que Serling, que en el fondo era un liberal optimista, se mostrara tan pesimista en los giros finales de muchos capítulos, especialmente en lo que se refiere al potencial deshumanizador de la tecnología. De hecho y aunque pueden hallarse rastros de su idealismo en las cinco temporadas de la serie, lo que siempre ha dejado una huella más profunda en los espectadores es el amargo pesimismo de algunos giros finales, como fue el caso de “Por Fin un Poco de Tiempo”, “Disparé una Flecha al Aire” o “Es Una Buena Vida” entre otros muchos. Esa visión poco esperanzadora respecto de la tecnología, ciertamente comprensible en el contexto de la Guerra Fría, se prolongaría bajo diferentes formas dominando la ciencia ficción televisiva durante los siguientes cuarenta años.


Lo que no fue impedimento para que algunas de las más queridas series del género, como “Star
Trek”, adoptaran un enfoque completamente opuesto presentando un futuro en el que los avances científicos y tecnológicos darían lugar a un mundo pacífico y material y psicológicamente pleno. De hecho, Gene Roddenberry utilizó el mismo truco probado con éxito por Rod Serling: abordar los problemas contemporáneos con el disfraz de la ciencia ficción.

El equipo de producción recurría, según el episodio, al rodaje en interiores, con decorados claustrofóbicos y poco convincentes; o en exteriores, concretamente en el terreno que el estudio tenía habilitado para ello, bautizado “40 Acres” y originalmente comprado por la RKO antes de caer en posesión de Desilu Productions de 1957 a 1967. Era esta una solución que permitía aportar algo
de variedad respetando el ajustado presupuesto, calendarios de rodaje y limitaciones en el diseño. Aunque se ofrecía muy poco en términos de espectáculo visual ni se trataba de imaginar un ecosistema extraterrestre coherente, estos exteriores facilitaron la inclusión en distintos capítulos de variados alienígenas con los que los protagonistas podían interactuar en un entorno “realista”.

Por supuesto, esto es una mera continuación de una tradición forjada en el ámbito de la producción cinematográfica en serie. Por ejemplo, el rancho de la Universal en Culver City, California, había servido para ambientar los seriales de Flash Gordon protagonizados por Buster Crabbe en los años cuarenta. En Iverson Ranch, también en California, se rodaron productos menores de la Republic, como “Las
Aventuras del Capitán Marvel” (1941) o “King of the Rocket Men” (1949). Muchas películas de ciencia ficción de serie B de los años cincuenta sobre monstruos gigantes o invasiones alienígenas, tuvieron también de fondo panoramas desérticos que resultaban baratos, cercanos geográficamente y al mismo tiempo suficientemente alejados de la experiencia cotidiana del norteamericano urbano medio. Después de “La Dimensión Desconocida”, otros programas seguirían beneficiándose del mismo sistema mixto, como “Rumbo a lo Desconocido” (1963-65), “Perdidos en el Espacio” (1965-68), “El Túnel del Tiempo” (1966) o “Star Trek” (1966-69).

Serling supo sacar el máximo provecho de los progresivamente más magros presupuestos y su equipo de producción pudo permitirse extravagancias visuales que hicieron de “La Dimensión Desconocida” un producto diferente. Su intención siempre fue –independientemente de que los ejecutivos y los presupuestos se lo permitieran en todos los episodios de cada temporada- el de mantener un nivel de calidad visual tan alto como fuera posible, objetivo compartido por el director de fotografía, George T.Clemens, famoso por su perfeccionismo. Guionistas y creativos utilizaban los momentos de justeza presupuestaria que obligaban a reducir el grado de detalle en decorados y atrezzo, para mover las historias al plano poético, jugando con los espacios para mantener la coherencia visual.

La utilización de parajes desérticos –o decorados interiores que recreaban tales paisajes- era
recurrente, pero su significado variaba de episodio en episodio. A veces se trataba simplemente de representar el desierto, como en “Usted Conduce”; en otras ocasiones evocaban momentos históricos determinados o la nostalgia por tiempos más sencillos e inocentes, como en “Caminando Largas Distancias”. El desierto servía también para conectar explícitamente ciertas historias con el western, como en “El Señor Denton en el Fin del Mundo” o “El Señor Garrity y las Tumbas”.

Por supuesto, el desierto servía también para representar bien el mundo del futuro, bien otros planetas en historias que funcionaban como
alegorías. Fue el caso de “Elegía”, “Las Personas son Iguales en Todas Partes”, “Sonda 7, Corto y Cambio”, “La Nave Muerta”, “Gente Pequeña” o “Dos”. En un registro más siniestro están el ya mencionado “Por Fin un Poco de Tiempo” y “El Refugio”, cuyos entornos devastados por la guerra nuclear se construyeron en estudio.

Uno de los ejemplos más potentes de cómo “La Dimensión Desconocida” contribuyó a aportar una nueva visión del paisaje desértico fue el antes comentado episodio “El Solitario”, de la primera temporada. Escrito por Serling y dirigido por Jack Smight, fue el primero de varios capítulos de la serie que se rodarían en el Valle de la Muerte, Nevada. Fueron dos días de rodaje agotador en junio de 1959, durante los cuales el equipo sufrió de deshidratación e insolaciones e incluso el director de fotografía,
George T.Clemens, se desmayó, cayendo de la grúa desde la que filmaba. Fue aquel el inicio de la apropiación por parte de la serie de paisajes fronterizos (formaciones rocosas, planicies vacías, horizontes lejanos, sol inmisericorde) que no solamente aportaban atmósfera y se alejaban estéticamente del rancho de Desilu Productions sino que a nivel simbólico conectaban bien con las historias que narraban.

Rod Serling, en definitiva, refinó una fórmula ya existente y la supo sintonizar con el espíritu de los tiempos. Cada episodio era un ejemplo de cómo narrar una historia más compleja de lo que
parecía a simple vista en tan solo media hora, en el curso de cual se planteaba la trama, se presentaban los personajes, se desarrollaba aquélla y se ofrecía una conclusión que dejaba al espectador sorprendido y dispuesto a volver la semana siguiente a por más. Pero el éxito de la serie y la enorme carga de trabajo que suponía acabó haciendo notar su peso sobre Serling.

Para empezar, las interferencias de la cadena eran una continua fuente de frustraciones. En la segunda temporada, el empeño del nuevo presidente de la CBS, James Aubrey, en reducir costes, hizo más difícil la labor del equipo de producción. Y no sólo desde el punto de vista creativo sino también técnico, puesto que se impuso el más barato formato de vídeo, lo que hacía casi imposible la edición y muy difícil el rodaje en exteriores. Cuando empezó la tercera
temporada, Serling estaba agotado. Había escrito la friolera de 48 episodios y aunque ese año recibió más apoyo del equipo de guionistas y la serie siguió acumulando nominaciones y premios (llegó a ganar tres premios Hugo a la “Mejor Presentación Dramática” y varios Emmy), Serling decidió aceptar un puesto docente en una facultad de Artes y apartarse algo del programa, aunque seguiría figurando como productor ejecutivo en sus dos últimas temporadas.

Para colmo, hubo en la CBS una extraña confusión respecto a la renovación de la serie que llevó a que “La Dimensión Desconocida” fuera sustituida en su franja horaria por otro programa, una sitcom titulada “Fair Exchange”. Finalmente, se contrató una cuarta temporada para reemplazar, en enero de 1963, a esta última, pero con la condición de llenar el
mismo hueco, esto es, una hora. Ese metraje nunca fue del agrado ni de Serling ni de su equipo. Los veinticinco minutos que habían servido de formato estándar durante tres temporadas habían demostrado ser los ideales. No hacía falta más. La nueva imposición obligó a engordar innecesariamente las historias y, por tanto, a diluir la intensidad de la atmósfera y el suspense. Al menos, se tuvo el buen sentido de reconocer el error y en la quinta y última temporada se recuperó la duración original.

En su quinto año, Serling ya estaba demasiado cansado como para mantener el ritmo necesario. Había escrito 92 guiones en cinco años, ocupándose de buena parte de los aspectos de la producción. Además, la entrada de un nuevo productor creó un mal ambiente
entre los guionistas. Así y todo y a pesar de no recibir ya nominaciones para ningún Emmy, el episodio “Lo que pasó en el puente de Owl Creek” ganó el Oscar al mejor corto en 1963.

A finales de enero de 1964, CBS anunció la cancelación de “La Dimensión Desconocida”. James Aubrey estaba harto de los excesos de presupuesto y los decrecientes niveles de audiencia. Pero quizá más importante aún, Serling ya no deseaba seguir al frente. La ABC le ofreció comprar el programa bajo un nuevo título y orientarlo más abiertamente hacia el terror, pero el productor y guionista no estaba de acuerdo y acabó vendiendo su participación del 40% en el programa a la CBS.

El éxito de series como “La Dimensión Desconocida” o “Rumbo a lo Desconocido” (“Outer Limits”, 1963-65) a finales de los cincuenta y primeros sesenta demostró que tanto el público como las cadenas de televisión estaban dispuestas a experimentar con historias adultas que movían a la reflexión tanto o más que las producciones cinematográficas. La ciencia ficción televisiva supo madurar trasladando el énfasis narrativo de las pistolas de rayos y los cohetes de los seriales a la alegoría política y las lecciones morales de “La Dimensión Desconocida”.

Las cadenas supieron ver el potencial financiero del género, ya que a más público más dinero estaban dispuestos a pagar los patrocinadores de los programas; pero también atrajo a
guionistas y productores que creían que la ciencia ficción podía estimular el interés de espectadores cansados del cansino batido compuesto de concursos, sitcoms y entrevistas. Es cierto que las cadenas estaban dispuestas a utilizar cualquier cosa disponible para rellenar su parrilla de programación en un momento de expansión en el que cada vez más gente compraba aparatos de televisión, lo que llevó al estreno de multitud de series tan mediocres como efímeras. Con todo, el espacio disponible para la ciencia ficción en el medio fue aumentando, dándole a productores como Rod Serling o, más adelante, Gene Roddenberry, la oportunidad de explorar sus límites y ofrecer productos de marcado sesgo intelectual. Una corriente que alcanzó su cénit en los sesenta con “Star Trek” pero cuyos contemporáneos no deberían caer en el olvido simplemente porque no obtuvieran el mismo nivel de calidad o atención por parte de aficionados. De hecho, sin el éxito y la influencia de, por ejemplo, las aventuras juveniles producidas por Irwin Allen (“Perdidos en el Espacio”, “Viaje al Fondo del Mar”) o series camp como “El Agente de C.I.P.O.L.” (1964-68), quizá nunca hubiera existido una audiencia dispuesta a abrazar “Star Trek”.

Con toda la influencia que tuvo sobre autores y obras posteriores y el puesto que acabaría ocupando en la cultura popular (su tonadilla de entrada, por ejemplo, ha quedado como representación sonora de cualquier cosa misteriosa o extraña), “La Dimensión Desconocida" no estuvo en su momento entre los programas más vistos de la televisión y dejó de emitirse en 1964. Serling se dedicó a otras cosas, como el desarrollo de “Galería Nocturna” (1969-73), una serie televisiva más inclinada hacia el terror sobrenatural que a la ciencia ficción, utilizando algunas veces un extraño tono cómico.

En 1982, siete años después de la muerte de Rod Serling, Steven Spielberg decidió que era el momento de regresar a la Dimensión Desconocida, pero esta vez en la pantalla grande. Para
“En Los Límites de la Realidad” (1983, que en inglés se tituló “Twilight Zone: The Movie”, mucho más claro para el público anglosajón), Spielberg, como productor, reunió a un equipo de directores de primera división: George Miller, Joe Dante, John Landis… y él mismo. Decidió estructurar la película como una antología de cuatro historias, tres de las cuales eran reinterpretaciones de episodios clásicos: “Pesadilla a 20.000 Pies”, “Es Una Buena Vida” (en el original, un joven Billy Mumy aterrorizaba a todo el mundo con su poder de alterar la realidad), “Patear la Lata” (en la que unos ancianos recuperaban la juventud) y un nuevo segmento guionizado y dirigido por John Landis en el que se recuperaba un tema habitual de la serie clásica: el villano que es mágicamente obligado a ponerse en el lugar de aquellos a los que odia. Ese segmento de la película fue el que más se acercó al espíritu del programa original, aunque su duración hubo de recortarse debido a la muerte en el set del actor protagonista, Vic Morrow, a causa de un accidente. Esa tragedia, que también se cobró la vida de dos niños, oscureció en lo sucesivo cualquier logro que la película hubiera podido alcanzar.

“La Dimensión Desconocida” regresó a la televisión que la vio nacer, la CBS, dos años después, primero como una antología de episodios de una hora primero y de media más adelante. Se contrató a una plantilla de guionistas difícilmente superable y entre cuyas filas podemos hallar nombres como Harlan Ellison, Ray Bradbury, J.M.Straczynski, George R.R.Martin, Theodore Sturgeon, Arthur C.Clarke, Joe Haldeman, Greg Bear, Richard Matheson, Robert Silverberg o Stephen King; y entre los directores se encontraban figuras como William Friedkin, Joe Dante o John Milius. Pero en general, esta nueva encarnación de la serie, titulada en España como “Más Allá de los Límites de la Realidad” y que totalizó tres temporadas, parecía más fascinada por los efectos especiales y el maquillaje que por el corazón de las historias. Otra versión moderna se estrenó con la mejor de las intenciones en 2002 para la entonces aún joven cadena UPN (United Paramount Network). Se centró en los temas sociales y humanos que siempre fueron los favoritos de Serling pero a esas alturas el público ya no parecía demasiado interesado y desapareció tras solo una temporada.

Poco antes de su muerte en 1975, a la edad de cincuenta años, Serling hizo una sorprendente confesión durante una entrevista: “Dios sabe que cuando miro atrás, a treinta años de carrera como guionista profesional, me cuesta encontrar algo importante. Algunas cosas son cultas, algunas son interesantes, algunas tienen clase, pero bien poco es relevante”. Como la belleza, la importancia está en el ojo de quien observa. Pero si
Serling hubiera tenido el tipo de máquina del tiempo sobre la que alguna vez escribió y pudiera haber viajado hasta el presente, podría ver por sí mismo lo profundamente que “La Dimensión Desconocida” ha quedado imbricada en la cultura popular y la consciencia colectiva.

Desde su emisión inicial, “La Dimensión Desconocida” ha sido reverenciada como un producto seminal del género fantacientífico, un papel que ha venido revalidando generación tras generación de críticos y aficionados. No solamente muchas de sus tramas, personajes y conceptos pasaron a formar parte de la cultura popular norteamericana, sino que a través de la sindicación internacional y los continuos homenajes y parodias en películas, libros y otros formatos, la serie se ha convertido en un continuo proveedor de arquetipos e imágenes icónicas. Rod Serling, creador y alma de la serie, fue el responsable de ese prestigio que ha ido cosechando con el paso de los años no sólo gracias a su habilidad para contar historias en el formato televisivo sino por su reinterpretación de las fábulas y mitos integrando en ellos un agudo análisis de la psicología humana y las estructuras socioculturales de su tiempo.




1 comentario:

  1. Una serie para ver y volver a ver. A pesar de depender tanto del giro final, irónico, cruel o simplemente sorprendente, resiste enormemente el revisionado. Como ejemplo de su vigencia, hace bien poco (esta última semana) leía una columna de opinión acerca del rendimiento de algunos políticos ante la pandemia, y el cronista sacaba el capítulo de Por Fin un Poco de Tiempo. Sesenta años después, sigue vigente. Una de mis series favoritas y de las pocas que tengo en DVD

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