viernes, 8 de abril de 2016

2004-C.S.A. LOS ESTADOS CONFEDERADOS DE AMERICA – Kevin Willmott


Aunque en el ámbito literario ha obtenido popularidad y se situado como un subgénero por derecho propio, en el cine y la televisión la Historia Alternativa sólo ha cosechado éxito muy esporádicamente. Excluyendo a aquellos films que exploran líneas temporales alternativas de forma muy leve y limitada –como “Regreso al Futuro II”- o aquellos que técnicamente son Historia Alternativa pero que no prestan demasiada atención al tema –como “Distrito 9”- lo cierto es que el número de películas centradas en una verdadera cronología alternativa, son pocos.

Cabe mencionar como ejemplos “It Happened Here” (1965, los nazis invaden Gran Bretaña), “Quest for Love” (1971, la Segunda Guerra Mundial y el viaje al espacio nunca existieron), “Patria” (1994, los alemanes ganan la Segunda Guerra Mundial), “Atrapado” (1995, los negros dominan en Estados Unidos) o la serie televisiva “Salto al infinito” (1995-2000, un grupo de personajes viajando entre universos paralelos). Y, desde luego, la que ahora revisamos aquí: “CSA: Los Estados Confederados de América”, que se aventura en un tema especialmente querido por los aficionados estadounidenses a la Historia Alternativa: ¿cómo sería su país si el Sur hubiera ganado la Guerra Civil?



Una cadena de televisión de San Francisco emite como parte de su programación “C.S.A.Los Estados Confederados de América”, un documental realizado por la BBC británica en el que se narra la historia de la esclavitud en los CSA. Tras la Proclamación de la Emancipación por parte del presidente Abraham Lincoln en 1861 y la revuelta de los estados esclavistas del Sur, el Norte resultó derrotado en la batalla de Gettysburg gracias a la intervención de potencias extranjeras que acudieron en auxilio del Sur. Lincoln fue arrestado cuando trataba de huir disfrazado de esclavo y obligado a marchar al exilio, al que le acompañan voluntariamente algunas de las lumbreras intelectuales de su tiempo, como Emerson, Thoreau o Susan B.Anthony.

Ambos bandos fueron reunificados por el presidente Jefferson Davis, quien ofreció una reducción fiscal para aquellos ciudadanos –blancos, claro- que poseyeran esclavos, lo que acabó animando a los empresarios del Norte a sustituir a sus trabajadores asalariados por mano de obra esclava. La esclavitud se convirtió así en una institución firmemente arraigada en todo el territorio conforme los CSA expandían su imperio más allá de sus fronteras, conquistando América del Centro y del Sur y tratando de exportar la esclavitud y la idea de la supremacía blanca a esas tierras, si bien a costa de sangrientas guerras y no siempre con éxito. En el caso de México, por ejemplo, se instituyó un sistema de apartheid. Canadá, en cambio, no sólo conservó su independencia, sino que ofreció refugio a los negros que consiguieran escapar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Confederación se mantuvo neutral. Aunque Adolf Hitler fue recibido calurosamente en Washington, los americanos no le apoyaron en su propuesta de la Solución Final, prefiriendo mantener a las razas “inferiores” como esclavas en lugar de exterminarlas. En cambio, sí se declaró la guerra a Japón en base a que la política expansionista nipona amenazaba la de los propios C.S.A. Para luchar en el frente se reclutaron esclavos prometiéndoles a cambio su libertad, promesa a la que el gobierno nunca hizo honor.

En la década de los cincuenta, las tensiones con Canadá a cuenta de la esclavitud empeoraron y se formó lo que se dio en llamar el Telón de Algodón. Una guerra política y diplomática fue la consecuencia de la filtración de los movimientos abolicionistas desde Canadá hasta los Estados
Confederados. Se construyó un muro de cinco mil kilómetros separando ambos países y el gobierno de los C.S.A alistó la ayuda de Hollywood para lanzar toda una serie de films propagandistas que alertaban sobre los peligros de la penetración abolicionista. Cuando el presidente John F.Kennedy trató de iniciar una política favorable a la emancipación de los negros, fue asesinado. Las mujeres nunca recibieron el derecho a voto, las revueltas raciales de Watts se convierten en rebeliones de esclavos, etc…

¿Por qué, como hemos dicho al comienzo, hay tan pocos films de Historia Alternativa? Sin duda buena parte de la explicación reside en la complejidad de este tipo de ficciones. Mucha de la fascinación que ejerce este subgénero deriva de la relación que se establece entre nuestra
Historia y la línea temporal alternativa. Pero, naturalmente, ello requiere un buen conocimiento de la primera que vaya más allá de los tópicos e hitos más populares. Si el escritor o el guionista no tienen cuidado, la ficción se deslizará hacia algo que el lector o espectador medios pueden encontrar demasiado especializado. Mientras que todo el mundo puede sentir curiosidad por lo que –quizá- habría pasado si los nazis ganaran la Segunda Guerra Mundial, es mucho más difícil vender una película de Historia Alternativa sobre las guerras franco-indias del Canadá en el siglo XVIII.

A ello se añade el factor coste. Cualquier película de ambientación histórica, ya sea ésta verdadera o imaginaria, requiere vestuario, decorados, atrezzo, vehículos, armamento, etc… acordes con la época y, si fuera el caso, adecuadamente modificados, lo cual supone un considerable desembolso que sólo viene justificado si la idea central resulta fácil de vender a una audiencia masiva.

Pero no solamente hay que culpar de la escasez de películas sobre Historia Alternativa a la
cobardía de la industria o a la pereza intelectual de los espectadores. Muchas de esas narraciones son, sencillamente, imposibles de trasladar a la pantalla como películas con una estructura tradicional. A menudo, estas historias –como la propia Historia- incluyen multitud de personajes y siguen sus vidas y las de sus descendientes a lo largo de dilatados periodos de tiempo, mientras que la película “estándar” se centra en un personaje –o un reducido grupo de ellos, como mucho- embarcado en una peripecia concreta que comienza y finaliza con el metraje.

Existe, eso sí, un formato que puede ajustarse a las exigencias del subgénero: el documental.

Se diría que los falsos documentales nunca andan muy lejos de la ciencia ficción. Solo tenemos que recordar la adaptación de “La Guerra de los Mundos” que Orson Welles realizó para la radio en 1938; o las abundantes películas de terror “found footage”, desde “El Proyecto de la Bruja de Blair” a “Paranormal Activity”. Incluso series de televisión como “Battlestar Galactica” han tenido episodios escritos como si de reportajes se tratara. Y este es precisamente el formato que eligió Kevin Willmott para narrar su historia alternativa de los Estados Unidos.

Guionista y director, Willmott es un americano de raza negra muy activo en la lucha por los derechos civiles que ejerce como profesor de Estudios sobre el Cine en la Universidad de Kansas.
Debutó como realizador en 1999 con “Ninth Street”, un film sobre un distrito de Kansas conocido como Junk City y escribió el guión del telefilm “Los 70” (2000) para la NBC. “C.S.A.” fue el siguiente largo que escribió y dirigió, utilizando para ello un reparto y equipo técnico compuesto principalmente por sus colegas de la Univeridad de Kansas. Su interés sobre la esclavitud viene de lejos y tiene mucho que ver con el lugar donde nació y se crió. En la década de los cincuenta del siglo XIX, Kansas sufrió un sangriento conflicto entre partidarios y detractores del abolicionismo, conflicto del cual emergió el radical John Brown y que sentó las bases de lo que acabaría siendo la Guerra de Secesión. Pero cuando Willmott empezó a enviar a los principales estudios sus guiones sobre este tema, se encontró con que Hollywood no lo consideraba suficientemente “comercial”.

Así que decidió sacar adelante su proyecto en forma de documental rodado según las directrices que el influyente Ken Burns había instituido como canónicas para los documentales históricos: banda sonora compuesta por música de la época en cuestión, utilización de viejas fotografías, expertos dando su opinión…a lo que añadió extractos de películas imaginarias que recreaban
periodos y estilos concretos de la historia del cine (las épicas de D.W.Griffith, el Technicolor, los films propagandísticos de los cincuenta…) y anuncios publicitarios ficticios allá donde habitualmente las emisiones televisivas realizan los cortes a tal efecto.

Como he mencionado al principio, el marco de una Norteamérica en la que el Sur se alzó como ganador de la Guerra Civil ha gozado de una gran popularidad en la literatura de ficción, como lo demuestra el éxito de “Lo que el tiempo se llevó” (1952) de Ward Moore, “If The South Had Won The Civil War” (1961) de McKinlay Kantor, varios libros escritos por Harry Turtledove o incluso “Gettysburgh: A Novel of the Civil War” (2003), firmada por el autor y político republicano Newt Gingrich. Como en todas estas narraciones, Kevin Willmott establece el punto de divergencia histórica (o punto jonbar) en la Batalla de Gettysburg. En este caso, el Sur convence a Inglaterra y Francia para que le envíen ayuda financiera y militar, lo que permite a los estados esclavistas derrotar a Lincoln y anular su Proclamación de Emancipación.

La narración contiene las chocantes inversiones de la vida cotidiana tan corrientes en este
subgénero: por ejemplo, la película se abre con un montaje de épicas imágenes con la bandera confederada ondeando sobre la Casa Blanca, siendo levantada por los marines en Iwo Jima o de fondo en las imágenes de la llegada a la Luna. Algunos de estos giros son bastante ingeniosos: cómo el movimiento sufragista se ha reconvertido al de esposas quejosas porque sus maridos tengan relaciones sexuales –e hijos-con mujeres negras; cómo Elvis Presley fue obligado a exiliarse en Canadá por la influencia en su música de los ritmos negros. Hay otros más descartables por novelescos, como el del popular candidato presidencial (que no tiene reparos en calificar a Hitler de “querido amigo de la familia”) cuya carrera política se estrella al ser acusado de tener antepasados mestizos.

El guión tiene momentos devastadores conforme va avanzando en la nueva línea temporal. Kevin Willmott cuenta con una respetable dosis de astucia política y está más que dispuesto a socavar ese romanticismo “buenista” que recubre la percepción popular sobre la historia de su nación. Así, relaciona el pensamiento sudista con la santurronería y fariseísmo de los cristianos de esa región, dando como resultado un movimiento radical que expulsa a los americanos de otras razas y confina a los judíos a reservas. También hay algunas escenas muy desagradables, como aquélla en la que un líder negro se levanta durante una conferencia para defender la esclavización de su propia gente; o la visita de Adolf Hitler (interpretado por un no muy convincente sosias) a Estados Unidos en loor de multitudes y cómo el espíritu mercantilista norteamericano decide no apoyar su Solución Final al considerar el exterminio de otras razas como un derroche económico.

La mayoría de películas sobre Historia Alternativa se contentan con colocar un par de detalles de fondo como los descritos, que sacudan lo que damos por sentado en nuestro mundo. Pero el mérito de Kevin Willmott reside en imaginar toda una línea cronológica para esos Estados Confederados que se extiende desde mediados del siglo XIX hasta finales del XX (la página web oficial aporta incluso más detalles y acontecimientos que no aparecen en la película).

Algunos de los momentos más cáusticos del film se insertan bajo la forma de metraje imaginario
de películas de época. Podemos ver, por ejemplo, una falsa cinta burlesca de los comienzos del cine –en esa realidad alternativa- titulada “La captura del deshonesto Abe”, dirigida por el pionero del medio D.W.Griffith (que en el mundo que conocemos dirigió “El Nacimiento de una Nación” (1916), en la que se retrataba al Ku Klux Klan como una institución heroica), en la que se muestra a Abraham Lincoln tratando de huir disfrazado de esclavo; la escena está rodada como una comedia bufa, muda y en blanco y negro, en la que los subtítulos que corresponden a los diálogos de Lincoln remedan las tópicas expresiones y vocabulario atribuidos a los negros.

Por supuesto, estamos ante una película que no se puede examinar con rigor académico en sus supuestos históricos. Conforme se aleja más y más del punto Jonbar (la batalla de Gettysburgh) la historia que plantea asume cierta evolución de las cosas que no se sostiene si nos paramos a
pensar en ello. Por ejemplo, el uso de mano de obra esclava probablemente habría desincentivado la inversión en investigación tecnológica -¿para qué fabricar y comprar máquinas caras cuando un esclavo lo puede hacer gratis?- y, por tanto, difícilmente podrían haberse convertido los C.S.A. en una superpotencia militar ni mucho menos llegar a la Luna. La música negra jamás habría podido emitirse por la radio o editarse en forma de discos y Elvis Presley no habría existido –al menos como el ídolo que fue, quizá sí como un cantante country- por lo que probablemente la música rock jamás habría nacido. La amistad germano-americana durante la Segunda Guerra Mundial habría significado la no entrada de los C.S.A. en la guerra europea y, aunque la película nos dice que la Unión Soviética acabó derrotando a los nazis –aunque con muchas más pérdidas humanas- la situación geopolítica, no sólo europea, sino mundial, habría sido completamente diferente…

Willmott, sin embargo, no está interesado en las sutilezas académicas. Está claro que nadie puede decir cómo habrían resultado las cosas de haber sido diferente esto o lo otro. “C.S.A.” es, en el fondo, un acto de provocación, una llamada a la reflexión sobre la fragilidad de nuestra Historia. Tendemos a pensar que nuestro presente es el resultado de una cadena de acontecimientos que de ningún modo podrían haber sucedido de otra manera, pero ficciones como esta nos descubren que no es así. Y lo hace mezclando la sátira con el horror, ligando acontecimientos y personajes relevantes de nuestra línea temporal con la imaginaria para que su mensaje resulte más cercano al espectador.

En el caso concreto de los espectadores americanos, además, el falso documental es un zarandeo
a su conciencia y un toque de atención respecto a algunos iconos de su Historia. Por ejemplo, Lincoln no aparece retratado como un santo cuya cruzada era liberar a los esclavos, sino un pragmático motivado por la realidad económica y política de su tiempo. Sólo gracias al persistente discurso de algunos de sus colegas fue que Lincoln acabó simpatizando con los abolicionistas sin llegar nunca, eso sí, a ser uno de ellos de pleno corazón. Para él, la emancipación era una necesidad política más que un acto de humanidad. No es de extrañar que el film levantara polémica y ofendiera a bastante gente, desde estudiosos de la Historia a sureños, pasando por la propia gente de color.

Wllmott reserva la sátira más dura para los anuncios comerciales que van interrumpiendo esta
supuesta emisión de un documental. La película se abre con uno de una compañía de seguros, la Confederate Family Insurance, en la que vemos a una familia blanca feliz con un fondo de suave música de bajo y un joven y sonriente esclavo negro cuidando del jardín. Hay uno de un aceite para motor que hace una divertida pulla a la serie televisiva de ambientación sureña “El Sheriff Chiflado” (“The Dukes of Hazzard”, 1979-85) en la que se apunta a las actitudes racistas inherentes al programa; otro anuncio de “Casa y Plantación” sobre la buena etiqueta en el trato a los esclavos, presentado por una mujer claramente inspirada en Martha Stewart; otro sobre cigarrillos “Niggerhair” (algo así como “pelo de negrata”), en la que se muestra un varonil hombretón a lo “Marlboro”… Hay incluso uno de la universidad animando a aquellos que han abandonado sus estudios a emprender la carrera de capataz, monitor, vigilante, criador de esclavos o incluso algo a lo que llaman contabilidad electrónica de esclavos. Hay también un anuncio de un “reality” llamado “Fugitivos” en la que un equipo de la televisión sigue a los cazadores de esclavos huidos… Aunque en varios de estos anuncios se critica de forma más o menos directa la actitud racista del Sur, la película deja bien claro que en último término todo el país fue cómplice de la extensión del esclavismo.

Puede que parezca que a Willmott se le ha ido la mano con los anuncios. Y, sin embargo y para sorpresa de todos, al llegar a los créditos finales de la película nos enteramos de que muchos de ellos están basados en productos que existieron de verdad: por ejemplo, el tabaco Niggerhair o la pasta de dientes Darkie fueron nombres de marcas auténticas, y existía una cadena de venta de pollo frito denominada “Coon Chicken Inn” (Coon puede traducirse como “conguito”, una forma peyorativa de referirse a la gente de color). Es inquietante comprobar cómo en nuestro mundo muchos de los productos continuaron existiendo cuando su imagen de marca y nombre ya resultaban inaceptables; sus propietarios simplemente diluyeron la terminología, pero mantuvieron el concepto básico. Tal y como constatan esos créditos finales: “Hoy, el uso de imaginería esclavista en la promoción de productos a menudo pasa desapercibido. Tan sólo
pregunta a Tía Jemima y Tío Ben” (el primero es el nombre de un sirope, el segundo de un tipo de arroz). Incluso el médico Samuel Cartwright y su teoría de la Drapetomanía (una enfermedad que, supuestamente, causaba descontento y deseos de huir entre los esclavos), por muy irrisorio e increíble que nos pueda parecer hoy, no es una invención de Willmott para la película, sino que existió realmente.

“C.S.A.: Los Estados Confederados de América” es un film de ciencia ficción con un guión muy interesante y cuidado y que constituye uno de los mejores ejemplos de Historia Alternativa en el ámbito cinematográfico. Los únicos defectos –menores- que se le pueden encontrar residen en ciertas inexactitudes en las recreaciones en forma de film. Hay, por ejemplo, una entrevista con un anciano Abraham Lincoln en 1905; sin embargo, la sincronización de sonido e imagen no se consiguió hasta 1920. Otras recreaciones, como la película de 1940 “The Jackson Brown Story” no está evidentemente rodada en Technicolor tal y como anuncian, sino en video.

Kevin Willmott demuestra con este film que en el cine, para reescribir la Historia a gran escala basta con el más humilde de los presupuestos. A ratos intelectual y a ratos cómico, unas veces dramático y otras polémico, puede que “C.S.A.: Los Estados Confederados de América” “solo” se trate de un falso documental y que haya pasado desapercibido para mucha gente, pero el impacto que causa en aquellos que la vean será muy real.



4 comentarios:

  1. Esta la vi en el cine cuando se estrenó y no me gustó. Me pareció floja y disparatada, una sociedad esclavista no podría sobrevivir a la Revolución Industrial, y por eso sólo recuerdo eso. Pero viendo lo que cuentas creo que no la entendí. En realidad es una peli hecha para criticar el racismo inconsciente de los blancos estadounidenses, que estos últimos años hemos descubierto que no son exageraciones de los negros.

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  2. Tienes razón. La dinámica de la Historia es complejísima. Hay tendencias generales que llevan hacia determinados lugares y, al mismo tiempo, eventos fortuitos o intervención de individuos particulares (ya sea un Osama Bin Laden o un Thomas Alva Edison), que pueden cambiar esas tendencias. Dada esa complejidad, es muy difícil tejer algo coherente en todos sus aspectos y creo que no hay que ser muy muy severo con estas ficciones. Además, en este caso y como bien dices, la intencionalidad es otra: una crítica a la sociedad estadounidense y la afirmación de que el país no estaba necesariamente abocado a abolir la esclavitud gracias a, qué se yo, su idolatrada Constitución o la intervención divina, sino que esa nefasta institución hubiera podido continuar si tan sólo una batalla hubiera seguido un curso diferente. Y, además, plantea que el esclavismo habría sido visto con total normalidad -como lo son otras aberraciones sociales, desde la violencia a la droga-. Un saludo

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  3. Uno de mis temas favoritos viene a ser justamente el de las ucronías y justamente hace un par de semanas escribí algo al respecto a raíz de que me vi la primera temporada de "El Hombre en el Castillo", que me gustó harto ¿Le has dado tu tiempecito? Por esta razón me ha hecho feliz encontrarme con este post tuyo y en estos momentos estoy bajando la película que solo gracias a ti he sabido que existía.

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  4. Hola Elwin. Pues no, aún no he tenido ocasión de ver esa serie, aunque me pregunto cómo demonios se las habrán arreglado para adaptar una historia tan extraña y deslabazada como la que Dick cuenta allí...

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