lunes, 7 de noviembre de 2011

1956-PLANETA PROHIBIDO – Fred McLeod Wilcox


Sí, Leslie Nielsen es uno de los protagonistas de la película. Y no, no es una comedia. El actor es mundialmente famoso hoy gracias a sus films paródicos como “Aterriza Como Puedas” o “Agárralo como puedas”, pero en sus inicios fue considerado como un intérprete de películas “serias”. En “Planeta Prohibido” es, de hecho, el héroe de la historia: salva la situación y se queda con la chica sin hacer ni una broma.

Hay otras películas que han conseguido sobrevivir a los años cincuenta, como “Ultimátum a la Tierra” o la “Invasión de los Ultracuerpos”, pero “Planeta Prohibido” es el film de CF de la década por excelencia, la historia que viene a la mente de todo el mundo cuando piensa en los iconos de aquella época, tanto si la ha visto como si no. Hay, por supuesto, otras que han marcado un antes y un después, como “Destination: Moon” o “La Guerra de los Mundos”. Sin embargo, “Planeta Prohibido” forma parte de esa breve lista –junto a films posteriores como “2001: Una Odisea del Espacio”, “Star Wars” o “Blade Runner”- que se pueden considerar leyendas de la cultura popular de sus respectivas épocas. Y, lo que es más importante, serviría de fuente de inspiración para muchos otros iconos del género, como Star Trek, cuyo creador, Gene Roddenberry, la citó como una de sus principales influencias.

Para empezar, se trató de una producción de la Metro Goldwyn-Mayer en un momento en que ese estudio estaba considerado como el más prestigioso de entre los grandes de Hollywood. Aunque los ejecutivos de la MGM no tenían a “Planeta Prohibido” como un film de primera línea, simplemente el hecho de que fuera ese estudio el que lo produjera ya significaba que tendría una calidad superior a la media. Quizá fue eso lo que llevó a Allan Adler e Irving Block, propietarios de una empresa de efectos especiales, a presentarles la idea de una película cuyo título original era “Fatal Planet”.

Walter Pidgeon, que interpretó al misterioso doctor Morbius, no era la estrella que había sido en los años cuarenta (en películas como “Qué verde era mi valle” o “Mrs.Miniver”) y aunque al envejecer se había visto relegado a papeles de actor de reparto y no se prodigaba mucho, el contar con su nombre en la película ya la dotaba de cierto peso.

Teniendo un nombre conocido a bordo, los productores completaron el reparto con una serie de jóvenes actores recién llegados. Aunque sus nombres y caras –con la excepción de Leslie Nielsen, que interpretaba a John Adams, el comandante de la expedición- no son familiares para el espectador no anglosajón, para muchos de ellos esta película supuso el inicio de una satisfactoria carrera: la inocente y sexy hija de Morbius fue encarnada por Anne Francis, más tarde conocida actriz en series de TV. Warren Stevens, que interpretaba al doctor, aún está en activo en la pequeña pantalla. Jack Kelly, en el papel de Jerry, entraría en los anales de la TV interpretando a Bart Maverick, personaje que encarnaría repetidas veces hasta su muerte en 1992…
MGM, cuya especialidad eran los opulentos y coloristas musicales, trasladó a la CF el tipo de producción que sólo podían soñar el resto de cineastas del género en aquellos años. La realización de Fred Wilcox, un artesano del montón cuya principal película había sido protagonizada por la perra Lassie, descansaba totalmente en la fuerza del guión. En lo que quizá fue un intento de demostrar que cuando la CF plagia, lo hace de los mejores, el guionista Cyril Hume se “inspiró” en “La Tempestad” de Shakespeare. Las similitudes pueden parecer superficiales, pero están ahí. En lugar de unos marinos naufragados llegando a una isla gobernada por el brujo Prospero y su hija Miranda, un crucero de los Planetas Unidos aterriza en Altair IV, donde una colonia de terrestres ha desaparecido. Los únicos supervivientes parecen ser el doctor Morbius –cuyas similitudes con el capitán Nemo verniano merecerían un comentario más extenso-y su hija Altaira; en lugar del duende Sprite de la obra de Shakespeare tenemos al sirviente robótico de Morbius, Robby –con voz de Marvin Miller-; el deforme Caliban se transforma en la película en el “monstruo del Id”, que casi los aniquila a todos. Con esto ya contamos con todos los elementos clásicos: un grupo de exploradores espaciales, un científico cuyas investigaciones han ido demasiado lejos, una bella joven en peligro, una misteriosa civilización alienígena y un robot chistoso.

A partir de ahí, el guionista desarrolló su propia historia sobre la civilización desaparecida de los
Krell y cómo el genio de Morbius, ayudado por un artefacto que aumentaba el coeficiente intelectual, estaba consiguiendo reconstruir la tecnología alienígena. Mientras Adams corteja a la atractiva Altaira, sus hombres montan un campamento que es atacado por una poderosa e invisible criatura resistente al armamento convencional. El doctor descubre que las máquinas alienígenas amplifican y hacen reales los deseos subconscientes de la mente de Morbius. Su búsqueda de conocimiento ha liberado sus demonios (de los que hablaré en un momento), matando al resto de colonos de la misma forma que los Krell se autodestruyeron en su día. “Todos somos en parte monstruos en nuestro subconsciente; es por eso que tenemos leyes y religión”, le dice Adams a Altaira. El planeta acabará destruido, como solía pasar en las películas de la época.
Es uno de los tópicos de la CF: hay cosas que el Hombre – o los Krell- no deben conocer. Y, sin embargo, al mismo tiempo, “Planeta Prohibido” alaba la tecnología, aprovechando cualquier oportunidad para mostrarnos no sólo la métodos y maquinarias alienígenas, sino también lo que la humanidad ha conseguido hasta ese momento: es un futuro de viajes interplanetarios, donde los Planetas Unidos constituyen una fuerza pacificadora –como años más tarde lo sería la Federación de “Star Trek”-. Cuando Morbius enseña al capitán Adams y al doctor Ostrow las instalaciones de los Krell, todo está diseñado para impresionarnos con su tamaño y poder. Robby, cuya tecnología se nos dice que es un “juego de niños”, puede fabricar componentes para el crucero espacial así como bourbon para el cocinero, por el “sencillo” procedimiento de recoger y recombinar las moléculas que haya disponibles. Una aparente contradicción: ¿debería haber límites al conocimiento humano, como Morbius argumenta cuando dice que revelará lo que sabe de la tecnología Krell cuando considere que la humanidad esté preparada para ello? ¿o deberíamos embarcarnos en un futuro fantástico y sorprendente, pleno de ciencia y tecnología sin límites, tal y como el tono general de la película parece sugerir?

En realidad, lo que tenemos aquí es la expresión, en clave de CF, de una de las principales
preocupaciones de la Norteamérica de los años cincuenta: necesitamos a los intelectuales, pero al mismo tiempo les tememos. La misión de la ciencia es esclarecer los grandes enigmas del universo. Incluso aunque no siempre haya conseguido su objetivo, no hay motivos para detener el proceso. Ahora bien, “Planeta Prohibido” va más allá de esa premisa evidente: Morbius es el sabio científico en poder de un enorme y delicado conocimiento, pero en realidad no se conoce a sí mismo y ello le lleva a la locura y a convertirse en un peligro para los que le rodean. La ciencia puede ser peligrosa. En cambio, la tecnología, en las nobles y competentes manos del equipo de rescate derrota al enemigo. Los ingenieros son de fiar; los científicos no, por mucho que los unos dependan de los otros.
Puede que Planeta Prohibido tenga un rancio sabor camp para el espectador de hoy, acostumbrado a unos efectos especiales que dejan sin aliento, pero su secreto para haber pasado a formar parte de los clásicos es que la historia es sorprendentemente sólida -los elementos shakespirianos, sin ser ridículamente obvios, aguantan bastante bien- y plantea un misterio que atrapa el interés del espectador: ¿qué es lo que destruyó a la civilización Krell del planeta Altair IV?¿tiene algo que ver con lo que aniquiló a los miembros de la expedición del Belerofón que llegaron al planeta, dejando sólo al Dr..Morbius y su hija vivos? ¿Está el equipo de rescate también en peligro? La película plantea los principales puntos del argumento de forma eficiente, eso sí, deteniéndose con demasiada frecuencia para desarrollar alguna torpe escena cómica que aligera tanto la tensión como la densidad conceptual de la historia.
Aunque los rayos que disparan las pistolas nos parezcan hoy en día un tanto cutres, si somos justos hemos de decir que, en términos generales, el aspecto visual de la película ha conseguido aguantar bastante bien y hay escenas que todavía producen impresión. Los decorados de la tecnología Krell (reminiscentes de la ciencia nuclear tan en boga entonces) y el crucero espacial son bastante espectaculares, así como la recreación en estudio del planeta. El mérito se le debe atribuir al veterano director artístico de la MGM Cedric Gibbons y su equipo, que prefirieron construir llamativos decorados de 360º alrededor de la nave en lugar de ir al desierto y confiar en un paisaje exótico y unos cuantos filtros fotográficos. Robby, con su aspecto de hombre de Michelin relleno de circuitos que le impiden dañar a humanos, es aún hoy uno de los iconos robóticos de la CF sólo superado por C3PO y R2D2. Fue reutilizado en una película menor, “The Invisible Boy”, al año siguiente.
Los efectos especiales no eran uno de los departamentos que los estudios apoyaran en aquella época, por lo que MGM decidió contratar a un experto a otro estudio para que se encargara de lo más difícil desde un punto de vista técnico. El animador Joshua Meador, proveniente de Walt Disney Pictures, fue el responsable de dar vida al “monstruo de Id”. La mayor parte de los efectos especiales, como la desintegración del tigre que ataca a Altaira, o las chispas que surgen cuando Robby se cortocircuita, fueron obra del talento de Meador.

Mención especial merece el apartado musical. Ya se habían hecho interesantes experimentos musicales anteriormente dentro de la CF cinematográfica: Bernard Herrmann había utilizado el theremin en “Ultimátum a la Tierra” (1951) para resaltar con éxito lo alienígena. Pero “Planeta Prohibido” fue un paso más allá. El matrimonio Louis y Bebe Barron, descubiertos por un ejecutivo de la Metro en un club neoyorquino, crearon una inquietante e innovadora banda sonora basada totalmente en sonidos electrónicos sin arreglo orquestal. Para evitar conflictos con la Federación Americana de Músicos, sus vanguardistas composiciones fueron denominadas “tonalidades electrónicas” en lugar de “música”. Con todo, ningún otro film de CF de los cincuenta se acercó tanto como esta a la hora de convertir a la música en una parte integral de la experiencia cinematográfica.
“Planeta Prohibido” fue la primera película de CF de Hollywood con un gran presupuesto en los años cincuenta. ¿Fue solo cuestión de dinero? Para la MGM, después de todo, no era más que una película de serie B. Tan solo un año antes, Universal había producido un caro film titulado “This Island Earth”, llamativo, pero insípido. En cambio, lo que hace de “Planeta Prohibido” una película que se aparta de la CF cinematográfica de la Guerra Fría es que, en lugar de darle vueltas por enésima vez al peligro comunista, utilizó los tópicos del género para plantear cuestiones básicas no sólo sobre el impulso humano de matar y destruir o los límites del conocimiento, sino sobre la sexualidad humana: ¿por qué Morbius se muestra tan celoso de los hombres que su hija atrae? Nótese que cuando Altaira aparece en los pensamientos de Morbius, lo hace ataviada con un modelito muy sugerente (anticipó las minifaldas casi diez años antes de que se reinventaran como prenda de uso cotidiano por Mary Quant); también es evidente que tras revelar que a ella le gusta atraer la atención de los hombres aunque no entienda por qué, el tigre que hasta ese momento había sido una mascota se transforma en una bestia salvaje. El “monstruo de id” se manifiesta para destruir a los miembros de la tripulación cuando el romance entre Altaira y el capitán Adams parece prosperar, despertando los celos de su padre. “Planeta Prohibido” se cuenta entre los pocos films de los cincuenta que tienen un interesante subtexto freudiano. La tecnología de los Krell no es lo único reprimido en Altair IV.

El presupuesto inicial de la película fue de un millón de dólares, pero cuando comenzó la
producción, sólo la construcción de los lujosos decorados ya costó esa cifra, así que la factura final se acercó a los dos millones. Una película de serie B en cuanto a planteamiento y reparto, acabó ascendiendo de división si se tiene en cuenta el presupuesto y el aspecto final de la misma. El problema fue que la recaudación tras su estreno no pasó del millón, por lo que, lejos todavía de tener la perspectiva que da el tiempo, el estudio no quedó contento. El costo y los resultados del film fueron una buena razón para relegar en los años venideros el género de CF a películas marginales de escaso presupuesto o productoras independientes con pocos recursos.

Pero su peso dentro de la historia de la CF no tiene que ver con el dinero gastado. De hecho, “Planeta Prohibido” marcaría el camino para otros muchos films y series televisivas. Desde las numerosas apariciones de Robby el Robot en otras películas y programas de TV hasta los efectos especiales, de “Star Trek” a “Star Wars”, esta película continua ejerciendo su influencia, prueba de que hace más de cincuenta años una película de CF podía triunfar gracias al ingenio y la inteligencia… incluso con un Leslie Nielsen actuando sin hacer muecas.

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