viernes, 2 de octubre de 2026

1994-STAR WARS: EL CORTEJO DE LA PRINCESA LEIA – Dave Wolverton


A principios de los años 90, la editorial Bantam Spectra buscaba ampliar el Universo Expandido de Star Wars a través de novelas originales que explorasen el periodo posterior a la trilogía cinematográfica clásica, conocido como “Era de la Nueva República. Entre febrero y mayo de 1994, Bantam mantuvo un ritmo frenético de publicación, lanzando una novela prácticamente cada mes para alimentar el apetito de los lectores.

 

La séptima novela de esa serie se encargó a Dave Wolverton, quien ya se había labrado una reputación en la industria gracias al reconocimiento de la crítica y varios galardones, como el Writers of the Future, en 1987, para nuevos talentos. Su novela de debut, “On My Way to Paradise” (1989), expansión de un cuento premiado, la publicó Bantam Spectra y fue un éxito de crítica, obteniendo el Premio Locus al Mejor Debut y siendo nominada tanto al Philip K. Dick como al Nebula. Antes de fichar por Star Wars, publicó la bilogía de ciencia ficción “Serpent Catch” (1991-1993), consolidando un estilo centrado en la antropología alienígena y los dilemas políticos. Gracias a este currículo de solvencia en la ciencia ficción y la creación de mundos complejos, Bantam volvió a confiar en él para dar forma a la que aspiraba a ser una de las aventuras más románticas de la galaxia creada por George Lucas.

 

Y es que el encargo que recibió Wolverton fue el de explicar y oficializar de manera definitiva el matrimonio entre Han Solo y la princesa Leia, resolviendo las tensiones románticas acumuladas en las películas.

 

La trama de esta novela trascurre cuatro años después de la derrota del Imperio en “El Retorno del Jedi”. Los antiguos rebeldes trabajan incansablemente para afianzar la Nueva República. Han Solo, ahora general, acaba de ganar una batalla decisiva contra el señor de la guerra Zsinj, quien se oponía ferozmente a la República. Tras varios meses sin ver a Leia y necesitado de descanso, vuelve a Coruscant encontrándose en su órbita con una flota de naves hapanianas.

 

Leia le explica que, tres meses atrás, visitó el planeta Hapes, cabecera de un imperio cerrado a los forasteros, para solicitarles ayuda con la que derrotar a Zsinj; al parecer, los hapanos acaban de llegar para ofrecer dicha asistencia. Su fuerza militar y los recursos que manejan supondrían una invalorable contribución a los esfuerzos por derrotar a los antiguos comandantes imperiales devenidos señores de la guerra. El regalo final de los 63 entregados a Leia en una larga y ostentosa ceremonia, es la propuesta de matrimonio con Isolder, el hijo de la Reina de Hapes. Si ella acepta, la Nueva República ganará un poderoso aliado y, dado que el imperio es un matriarcado, algún día ella gobernará sobre millones de almas de 63 planetas. Pero también deberá renunciar a Han. Si, por el contrario, rechaza la oferta, la Nueva República podría verse enfrentada a la ira de la poderosa Reina. Mientras tanto, Luke Skywalker busca registros sobre los Jedi de la era anterior al Imperio y sus investigaciones lo llevan a descubrir inquietantes referencias a un planeta poco conocido llamado Dathomir.

 

Este planteamiento inicial da pie a una historia interesante. ¿Cómo afecta esa propuesta a Han? ¿Y a Leia? ¿Prevalecerán sus sentimientos sobre su responsabilidad hacia la República? ¿Qué hay del príncipe Isolder? ¿Por qué su madre eligió a Leia como candidata para su hijo (algo que, como descubrimos más adelante, no es del todo cierto)? ¿No habría habido una forma más sencilla de ganarse el favor de la Nueva República y unirse a ella? No son sólo los fans de Star Wars quienes se quedan atónitos ante la decisión de Wolverton de que un príncipe alienígena le proponga matrimonio a Leia; los propios personajes también se sorprenden ante este extraño giro de los acontecimientos. De eso trata la historia.

 

Desde luego, es un arranque peculiar. Wolverton empieza con política y diplomacia. La forma en que Leia habla de las dificultades para encontrar un nuevo planeta donde ella y otros refugiados de Alderaan puedan establecerse resulta interesante y está bien planteada, aunque quizás peque de cierta simplicidad para un universo tan complejo y poblado como el de Star Wars. La comprensión de la estructura política de la saga aporta verosimilitud a la situación de Han y Leia.

 

Pero, acto seguido, Wolverton encaja una trama romántica muy forzada que choca de frente contra la caracterización ya establecida de Han y Leia. Como era de esperar, la relación entre el antiguo contrabandista e Isolder se torna rápidamente en rivalidad hostil por el afecto de Leia. A ello no es ajeno las presiones que Han sufre por los numerosos diplomáticos que desean que el matrimonio se lleve a cabo. Deseoso de impresionar a Leia, pone al Halcón Milenario como aval y participa -y gana- en una partida de cartas con apuestas muy altas, obteniendo como premio la propiedad de un planeta. Su intención es ofrecérselo a Leia como futuro hogar para los alderaanos supervivientes tras la destrucción de su planeta en “Una Nueva Esperanza”. Pero también descubre que ese planeta se encuentra en lo más profundo del territorio controlado por el señor de la guerra Zsinj. El nombre del lugar es Dathomir.

 

Al ver que el tiempo se agota, Han somete la voluntad de Leia con un dispositivo hapaniano y luego la secuestra para llevársela a su nuevo planeta, donde espera convencerla de que él es el candidato ideal. Pero el Halcón resulta derribado por las fuerzas de Zsinj que protegen allí un astillero orbital y mantienen un bloqueo completo sobre Dathomir establecido ya en tiempos del Imperio por los motivos que más adelante se explican. De esta forma, ninguna nave puede aterrizar ni despegar, lo que aisla a Dathomir de toda comunicación con el espacio. Isolder los sigue en su propia nave y, con la ayuda de Luke, llega apenas unos minutos después que ellos solo para ser también derribados sobre la superficie. Luke le salva la vida a Isolder mediante la Fuerza, una proeza que transforma la visión que del mundo tenía el príncipe y que le lleva a considerar convertirse en discípulo de las enseñanzas Jedi (a pesar de carecer de sensibilidad a la Fuerza).

 

Luke descubre una nave Jedi centenaria estrellada y que resulta ser una academia de entrenamiento llamada “Chu’unthor”. Poco después, tanto él como Isolder son capturados por una mujer poderosa en la Fuerza llamada Teneniel Djo. Tras reunirse, nuestros héroes -Han, Leia, Luke, Isolder, C-3PO y R2-D2- se ven envueltos en una guerra entre la tribu de “brujas” sensibles a la Fuerza y sus malvadas contrapartes, las Hermanas de la Noche. Estas últimas, una suerte de Sith, buscan la manera de abandonar el planeta para extender su dominio. Descubriendo la existencia del “Halcón Milenario”, que está dañado pero puede repararse, deciden apoderarse de él a toda costa, añadiendo al botín a Han Solo para entregárselo a Zsinj como peaje para salir del sistema.

 

(SPOILERS): Después de una trama frenética y a menudo absurda, al final se logran varios objetivos. Las Hermanas de la Noche son derrotadas; Han cede la propiedad del planeta a la tribu de “brujas”; el “Halcón” es reparado; Han mata por fin a Zsinj y destruye su nave, el “Puño de Hierro”; Luke se hace con los extensos archivos Jedi del “Chu’unthor”; Isolder se casa con Teneniel Djo y compromete al sistema de Hapes a unirse a la República; y, por supuesto, Han y Leia contraen matrimonio. Una transición, en fin, hacia la siguiente fase del Universo Expandido.

 

Es cierto que la prosa de Wolverton es meramente funcional, pero el autor tiene el acierto de, en vez de limitarse a la trama romántica con asegurado desenlace matrimonial, aprovechar la enorme libertad creativa que se le concedió para enriquecer el lore galáctico. De su imaginación nacieron elementos importantes del Universo Expandido que perduraron durante décadas, como el Cúmulo de Hapes y sus costumbres, el planeta Dathomir y las temibles usuarias del Lado Oscuro conocidas como las Hermanas de la Noche, además del trasfondo de los rancors domesticados.

 

Cuando apareció esta novela, fue la única mención existente de Dathomir. En aquel entonces parecía, simplemente, otro planeta más para la saga: fascinante, sin duda, pero, probablemente, escenario de un solo uso. Poco sospechaban entonces los aficionados que Star Wars acabaría por padecer ese defecto que aqueja a las franquicias, a saber, la incapacidad de dejar algo atrás. Este problema es más grave en Star Wars que en otras sagas debido a la supuesta inmensidad de su universo… en el que se reciclan continaumente los mismos lugares y personajes. Por ejemplo, un mundo remoto e insignificante como Tatooine no debería ser tan crucial ni aparecer con tanta frecuencia; sin embargo, todo personaje relevante de la saga ha pasado por allí.

 

Algo similar sucede con Dathomir, tanto en el Universo Expandido como en el canon actual: un planeta que era tan desconocido que ninguno de nuestros héroes había oído hablar de él ni del que podía encontrarse información alguna, acaba adquiriendo una importancia inmensa. Ahora bien, para ser justos, es comprensible que cobre relevancia a partir de este momento, puesto que Teneniel Djo se convierte en la dirigente suprema de Hapes, y su hija llegará a ser tanto Reina Madre como una Jedi destacada. Pero, al margen de esto, los futuros autores harán que Dathomir tenga una gran relevancia, tanto en el futuro como en el pasado, por razones mucho menos justificables (como ser el mundo de origen de Darth Maul).

 

Las “Brujas” de Dathomir no son tales, sino, como he dicho, seres casi humanos sensibles a la Fuerza, descendientes de una Jedi exiliada. A lo largo de los siglos, su limitado adiestramiento en la Fuerza les ha llevado a olvidar los verdaderos orígenes de su “magia” y la forma correcta de utilizarla. Por lo general, los hombres son incapaces de manejarla, aunque existen excepciones. Las mujeres son las principales usuarias y solo pueden emplearla mediante el canturreo de “hechizos” o pronunciación de palabras específicas. Sus poderes en la Fuerza son tan limitados como su conocimiento de la misma, pero dependen de ella a diario y constituye la base de su sociedad.

 

Las Hermanas de la Noche son un clan escindido de las Brujas de Dathomir. Mientras que otras tribus nativas de Dathomir mantienen un equilibrio más tradicional con la Fuerza, las Hermanas de la Noche cayeron completamente en el Lado Oscuro. En esta novela, a diferencia de su representación posterior en las series de animación, no son una especie alienígena distinta (ni pálidas de piel grisácea), sino mujeres humanas. Debido al uso intensivo del Lado Oscuro y a los efectos del clima y las toxinas del planeta, tienen la piel agrietada y marcas oscuras o roturas en los vasos sanguíneos del rostro.

 

Las Hermanas de la Noche resultan un concepto demasiado irresistible como para olvidarlo, y escritores posteriores las convirtieron en una familia adoptiva para Darth Maul, complicando bastante su historia respecto a la sencillez que encontramos en esta novela. Puede que sea inevitable, pero no por ello es decepcionante. Me resulta mucho más interesante el Dathomir virgen y enigmático que vemos aquí, así como el origen y tragedia que envuelve a las Hermanas de la Noche, tan poderosas como dignas de compasión.

 

Todo lo contrario ocurre con el “Chu’unthor”, la accidentada nave Jedi que encuentra Luke en Dathomir y de la que no se sacó provecho en novelas posteriores. Esto pudo deberse al delicado equilibrio que debían mantener los autores que trabajaban en esta franquicia: la historia general del Universo Expandido debía avanzar –de acuerdo con lo que parecía un plan-, pero nadie podía acelerar demasiado el ritmo. Por tanto, un descubrimiento como el del “Chu’unthor” y sus archivos debería haber sido trascendental, un poderoso activo para la incipiente Orden Jedi. Sin embargo, que yo recuerde, apenas se vuelve a mencionar después de esto. Es un caso en el que, sin duda, habría estado justificado profundizar más (de hecho, se ampliaría la información sobre su trasfondo, aunque principalmente a través de materiales complementarios como manuales de referencia).

 

Cabe destacar que el momento en el que aparece “El Cortejo de la Princesa Leia” es la primera etapa de algo que cobraría gran relevancia en los años venideros. Aquí es donde realmente comienzan los intentos de Luke por restablecer la Orden Jedi, aunque ya había habido referencias al respecto en historias anteriores. Hay que recordar que todo esto sucede antes de la producción de la trilogía de precuelas, por lo que existen grandes diferencias respecto a cómo Lucas presentaría finalmente a los Jedi en esa segunda tanda de películas. Por ejemplo, Luke concluye aquí que los Jedi nunca tuvieron un centro de entrenamiento fijo en un planeta, sino que utilizaban el “Chu’unthor” como academia itinerante. Obviamente, el Templo Jedi de Coruscant aún no existía; faltaban cinco años para que lo estableciera “La Amenaza Fantasma” (1999). Afortunadamente, el Universo Expandido demostró ser lo suficientemente flexible como para incorporar esos cambios cuando llegaron. En este caso, presentando al Imperio como una fuerza realmente eficaz a la hora de borrar el recuerdo de los Jedi. No obstante, a lo largo de la existencia del Universo Expandido, siempre existió cierta tensión entre la representación de los Jedi en las precuelas -rígidos, sujetos a normas estrictas, reglamentados y centralizados- y la enorme diversidad que exhibían en los inicios de dicho universo.

 

Los dathomirianos son una de las dos sociedades matriarcales que Wolverton presenta en “El Cortejo de la Princesa Leia”. La otra es la de los hapanos. La Reina de Hapes gobierna una sociedad que minimiza la importancia y papel del hombre. Tan solo el heredero varón desempeña un rol relevante: el de elegir a su esposa y, por consiguiente, futura reina. Ambas sociedades presentan diferencias; de hecho, apenas existen similitudes más allá de que sus órganos de gobierno están compuestos por mujeres. Los hapanos son una cultura opulenta, tecnológicamente avanzada y obsesionada con la belleza física y la estética palaciega. Viven rodeados de un lujo barroco que contrasta con la austeridad de la Alianza Rebelde o la crudeza de los planetas fronterizos. Cuentan con una armada estelar temible y una guardia real femenina de élite.

 

Pasemos ahora a los personajes, empezando por los nuevos. El romance entre Isolder y Teneniel Djo es en exceso repentino, por no decir abrupto, aunque podría explicarse considerando que ambos son gente de acción, impulsivos y propensos a tomar decisiones trascendentales de forma rápida. Teneniel Djo incluso le dice directamente a Isolder que, en su sociedad, las mujeres suelen elegir a sus maridos muy deprisa, sin apenas tiempo para reflexionar. Muy conveniente. Demasiado, porque su matrimonio se convierte así en una burda herramienta para satisfacer los fines del Universo Expandido, dado que apenas se vuelve a hablar de él en el futuro de la saga, quedando eclipsado por su destacada hija, Tenel Ka. En cuanto a su reino, Hapes, el grado y sofisticación de las intrigas y conspiraciones que se sugieren, hubiera dado material suficiente para todo un spin-off.

 

Timothy Zahn ya había establecido en la trilogía de “Heredero del Imperio” (1991-93) que, en algún momento tras “El Retorno del Jedi”, Han y Leia se habían casado. Y, como resulta impensable que un acontecimiento tan destacado para dos de los tres personajes principales quedara sin documentar, se le encargó a Wolverton hacerlo. Irónicamente, la boda propiamente dicha se describe breve y superficialmente (apenas un par de páginas) desde el punto de vista de Luke, quien llega tarde a la ceremonia. Al fin y al cabo, el título es “El Cortejo de la Princesa Leia”, no “La Boda…”. Y, sin embargo, esta sencilla escena sienta las bases para dos décadas de historias posteriores porque el matrimonio de Han y Leia es uno de los pilares del Universo Expandido que nadie se atrevió más adelante a cuestionar.

 

Como dato curioso, no es la única versión del acontecimiento. La serie juvenil “Jedi Prince” (1992-93) abordó el matrimonio de Han y Leia cuatro años antes (dentro de la cronología de la saga) en su última entrega, “Prophets of the Dark Side”. En ese libro, Leia planeaba su boda y tenía una visión de Han y dos niños (aparentemente sus gemelos, Jacen y Jaina, ya establecidos en la Trilogía de Thrawn). El plan era que la boda se viera interrumpida y que el asunto se retomara en el siguiente y último libro, que nunca llegó a publicarse.

 

Como era de esperar, Wolverton también dedica tiempo a escribir sobre el amor y las relaciones. Consciente de que son temas complejos que, en novelas como estas, pueden ralentizar la acción y aburrir al lector, intenta simplificarlos pero sin dejar de incorporar matices multiculturales. Para las dathomirianas, por ejemplo, el amor es casi un juego: cazan, capturan, compran y roban hombres fuertes para engendrar hijas fuertes. Para Isolder, el amor tiene un cariz más político: sopesa qué puede ganar él -y, lo que es más importante, su pueblo- con el matrimonio con la mujer que elija como esposa.

 

Lamentablemente, ese aspecto romántico deja mucho que desear. En una buena novela, la relación de la pareja protagonista evoluciona y el momento en que se dan cuenta de que realmente se aman y deciden estar juntos es la conclusión satisfactoria para ese desarrollo previo. La atmósfera de la obra puede ser ligera y cómica, o estar cargada de angustia, pero el final feliz debe ganarse a pulso. El lector tiene que creer que esa pareja está enamorada, se respeta, se complementa y está comprometida el uno con el otro. Por desgracia da la impresión de que la única razón por la que los romances de “El Cortejo de la Princesa Leia” llegan a buen puerto es que al autor se le acababan las páginas y necesitaba cerrar la historia. En un momentod dado y en una sola página, dos de los personajes pasan de no mostrar ningún interés romántico significativo a profesarse un amor eterno. No me refiero a una situación en la que se sobreentiende que siempre hubo una atracción mutua de la que ellos no eran conscientes, sino a que el libro estaba a punto de terminar y no quedaban más candidatos disponibles, así que el escritor hizo que estos personajes cambiaran radicalmente de actitud para que pudieran acabar juntos.

 

Las secuencias de acción y combate están bien ejecutadas y mantienen el suspense aun sabiendo que los protagonistas principales sobrevivirán. Las malvadas Hermanas de la Noche no tienen ningún interés en mantenerlos con vida por lo que sus agresiones carecen de restricciones de ningún tipo. Nadie perdonará a Han o Leia para tenderle una trampa a Luke. Y, a diferencia de Vader o el Emperador, ningún antagonista considera aquí a Luke alguien especial ni se molesta en jugar con él.

 

Como ya he mencionado, el libro también contiene muchas situaciones disparatadas, como cuando Han recurre a la ayuda de C3PO para cortejar a Leia. El androide investiga el pasado del contrabandista y descubre que es descendiente de un antiguo rey de Corellia y, por tanto, aristócrata con posibilidades de aspirar al matrimonio con la Princesa. Durante todo el libro, C3PO se refiere a él como “Rey Solo” hasta que descubre, el día de la boda, que ese antepasado fue un usurpador y un farsante depuesto con toda razón. Ese hallazgo horroriza al androide, mientras que a Luke le hace gracia y lo encierra en un armario para evitar que interrumpa la boda con semejante noticia. Es una anécdota disparatada que adelanta el tema, bastante más importante, del verdadero linaje de Han y que se explora a fondo en la “Trilogía de Han Solo” (1997-98) y la “Trilogía Corelliana” (1994-95). Hay otros momentos llamativos, como cuando Leia se queja del coste de una videollamada intergaláctica con Luke; o ella y Han mencionan a los tiburones (la Tierra no existe en el universo de Star Wars).

 

Lamentablemente, también hay muchos aspectos negativos en “El Cortejo de la Princesa Leia”. Ya he apuntado que la prosa de Wolverton es aceptable en su mayor parte, pero la narración es entrecortada y los sucesos se precipitan sin mucha preparación previa. También escribe pasajes extraños y, a veces, francamente pésimos. En ocasiones, sobre todo al principio, no parece comprender a los personajes de Han y Leia. El primero, que acaba de dejar el cargo de general condecorado de la República, se emborracha y dice o hace cosas que resultan chocantes viniendo de él. En parte, semejante conducta podría atribuirse a que el amor vuelve a la gente desesperada y les impulsa a hacer locuras, pero la situación resulta excesiva: literalmente, dispara a Leia con un arma que equivale a una droga de sumisión quimica y luego la secuestra. Cualquiera puede ver que esta historia no se habría escrito igual hoy en día.

 

Otro aspecto desconcertante es la facilidad con la que Leia se deja influir por el apuesto príncipe Isolder. Quizás interpreté mal la situación, pero la relación entre Han y Leia parecía bastante sólida al final de “El Retorno del Jedi”. ¿Quién iba a decir que bastaría con un par de citas con un príncipe rico para que Leia cuestionara su amor por Solo? Esperaba una explicación más convincente para este desconcertante giro (como que Isolder poseyera algún tipo de habilidad en la Fuerza capaz de alterar las emociones o cierto dispositivo o químico), pero lo cierto es que Leia queda realmente prendada de un tipo atractivo y adinerado. Del mismo modo, Han Solo se muestra desconcertado por el nuevo interés amoroso de Leia, algo impropio de él; yo esperaba ver esa actitud audaz y desafiante que conquistó a Leia en un principio, pero, aunque finalmente recupera ese espíritu, se pasa la mayor parte de la novela comportándose como un perrito apaleado y con el rabo entre las piernas.

 

Tampoco hace Wolverton un buen trabajo con Luke, quien a menudo suena innecesariamente sermoneador. Por alguna razón, toda persona con la que se cruza es sensible a la Fuerza; él se dedica a hablar -casi sin parar, como un comercial de productos Jedi- sobre la Fuerza y ​​su conexión con todos los seres vivos, para luego aconsejar a su interlocutor sobre cómo debe actuar para llevar una vida mejor. Todo esto hace que parezca un predicador pelmazo y convierte la lectura de algunas de sus escenas en una tarea aburrida.

 

Las opiniones sobre “El Cortejo de la Princesa Leia” han ido variando con el paso de los años, pero la novela recibe hoy bastantes críticas negativas, muchas de ellas justificadas, y está lejos de considerarse una de las obras imprescindibles del Universo Expandido de Star Wars. Sus problemas son evidentes y ya los he repasado: resulta en algunos momentos bastante sexista, varios de sus personajes actúan de manera poco coherente con la personalidad que se les había atribuido hasta entonces y, especialmente durante su primer tercio, la trama resulta excesivamente artificiosa y forzada. Algunas decisiones narrativas parecen concebidas más para conducir a los personajes hacia la aventura que porque respondan de manera natural a su evolución.

 

Sin embargo, reducir la novela a sus defectos tampoco haría justicia a lo que ofrece y debemos esperar de ella. A pesar de sus irregularidades, “El Cortejo de la Princesa Leia” es, sobre todo, una novela muy divertida. Presenta personajes nuevos con considerable atractivo y proporciona también momentos memorables a algunos de los protagonistas clásicos. Incluso cuando éstos se comportan de forma cuestionable o poco reconocible, la novela encuentra ocasiones para recuperar aquello que hacía atractivos a Han, Leia, Luke y compañía. Su imaginación, su sentido de la aventura y su voluntad de ampliar la mitología de Star Wars explican en buena medida que haya conservado una cierta capacidad de fascinación entre los lectores.

 

Personalmente, y aun reconociendo todos estos defectos, considero que la novela tiene hasta cierto punto un carácter esencial para cualquier aficionado a la saga de George Lucas. No tanto por sus cualidades literarias intrínsecas como por el momento de la cronología que aborda y la importancia de algunos de los acontecimientos que narra. La obra se ocupa de un periodo especialmente significativo en la vida de los héroes y desarrolla una situación que, con el tiempo, adquiriría un carácter casi icónico dentro de la historia del Universo Expandido.

 

También resulta interesante valorar la novela desde la perspectiva posterior a la creación del canon oficial de Disney. Al haber quedado fuera de la continuidad canónica, el lector puede aproximarse a “El Cortejo de la Princesa Leia” con una cierta libertad: lo que sucede en sus páginas puede considerarse parte de una versión posible de la historia sin necesidad de asumir que cada una de sus decisiones narrativas deba encajar con la caracterización posterior de los personajes. Incluso elementos tan particulares como las brujas de Dathomir o la utilización que la novela hace de la Fuerza pueden conservarse como aportaciones imaginativas al Universo Expandido, mientras que otros aspectos, como el comportamiento de Han, pueden contemplarse como elementos prescindibles de aquella continuidad.

 

En definitiva, “El Cortejo de la Princesa Leia” es una novela irregular, envejecida en determinados aspectos y claramente inferior a algunas de las mejores obras del antiguo Universo Expandido. Pero también es una novela imaginativa, dinámica y, sobre todo, entretenida, que se atrevió a ampliar la mitología de Star Wars con conceptos y personajes que dejaron huella. Quizá no sea una obra imprescindible, pero sí constituye una pieza significativa para comprender cómo se construyó el antiguo Universo Expandido y cómo se desarrollaron algunos de los personajes fundamentales de la saga. Sus defectos aconsejan leerla con espíritu crítico; su imaginación y su importancia histórica dentro de la franquicia justifican que, pese a todo, siga despertando interés entre los aficionados.

 


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