(Viene de la entrada anterior)
Uno de los muchos aspectos interesantes de “For All Mankind” es que, de una temporada a otra, la acción da un salto temporal de una década aproximadamente. Así, aunque la serie comenzó en 1969, en la cuarta temporada nos encontramos ya en 2003.
En
la escena inicial, que hace un rápido recorrido por los eventos histór
icos
transcurridos en esa elipsis, vemos a la presidenta Ellen Wilson (Jodi Balfour)
pronunciando un discurso ante la Convención Nacional Republicana de 1996: “El deseo de ir más allá ha sido parte del
sueño americano desde la fundación de nuestra gran nación. Vimos lo imposible y
lo hicimos posible”. También descubrimos que en esta línea temporal
alternativa Michael Jordan juega para los Seattle Mariners; grandes corporaciones
se han instalado en la Luna; Helios desarrolló tecnología de motores de energía
limpia y, en su segundo mandato como primer presidente abiertamente gay del
país, Wilson promulgó la Ley de Inclusión Matrimonial.
Pero
también sigue siendo una sociedad de la que la nuestra no está tan alejada en
muchos otros aspectos. “Moon Miner” es el reality show más popular de Estados
Unidos. Clint Eastwood interpretó al legendario astronauta de la NASA Ed
Baldwin en una película de gran éxito. El expresidente Bill Clinton se está
divorciando. Y bajo las iniciativas de la Perestroika de Mijaíl Gorbachov, la
economía y la sociedad rusas se han transformado. Al Gore es ahora presidente
de E
stados Unidos y ha nombrado al exejecutivo de la industria automovilística
Eli Hobson para dirigir el programa espacial del país, que actualmente opera
desde una instalación que lleva el nombre de la pionera astronauta Molly Cobb, como
vimos en la temporada anterior, fallecida en el atentado terrorista contra la
NASA en 1995.
Gran
parte de la acción de la temporada transcurre en Marte, que ahora albe
rga una
extensa base llamada "Happy Valley", habitada por astronautas de la
NASA y Roscosmos (la agencia espacial rusa), trabajadores civiles
norteamericanos y soviéticos, así como empleados de la empresa privada Helios.
Una sección de la base está ocupada por Corea del Norte, cuyos ocupantes ni
salen de la misma ni dejan entrar en ella.
Durante
esta temporada se desarrollan varias historias que exploran el delicado equilibrio
entre política y ciencia sobre el que descansa el siempre inestable
funcionamiento de esa instalación multinacional, especialmente considerando que
las antedichas naciones distan mucho de ser amigas (ATENCIÓN: SPOILERS A PARTIR
DE AQUÍ).
La
principal trama gira en torno al descubrimiento de un asteroide, bautizado
Ricitos de Oro, que va a atravesar nuestro sistema solar y que está repleto de
minerales raros y valiosos. Rápidamente se organiza una misión para capturar
el
asteroide y colocarlo en la órbita de Marte. Pero este inmenso pedazo de roca
también representa diferentes futuros posibles para distintos grupos de
personas, tanto en Marte como en la Tierra. Si se queda en Marte, garantizará
la supervivencia de la colonia puesto que será allí donde se estacionará el
personal necesario para minarlo; si, como presionan desde la Tierra, se acerca
a ésta, se ahorrará mucho dinero en equipamiento que habría que trasladar al
Planeta Rojo, pero los “marcianos” piensan que eso conllevará el paulatino e
inevitable abandono de la protocolonia por el que tanto han luchado.
Varios
de los personajes de temporadas anteriores regresan, maquillados para parecer
ancianos. Ed Baldwin (Joel Kinnaman), a pesar de su avanzada edad, sigue siendo
astronauta. Aunqu
e ya lo podamos calificar como un anciano, es el comandante en
Happy Valley. Es una leyenda viva, pero el tiempo no pasa en vano y él continúa
siendo un auténtico cretino. Tras años de vuelo y ausencia de gravedad,
experimenta temblores en las manos que intenta ocultar para que no lo aparten
del servicio, lo que es una flagrante imprudencia que pone en peligro a la
gente bajo su mando. Habiendo renunciado a la Tierra, se establece
permanentemente en Happy Valley y empieza a acumular un profundo resentimiento contra
las directrices corporativas y gubernamentales. Su frustración lo lleva a
aislarse emocionalmente, cultivar marihuana de forma clandestina para tratar de
aliviar su enfermedad y entablar una cuestionable relación con una cosmonauta
mucho más joven.
Durante
la maniobra de anclaje de la nave al asteroide, uno de los amarres revienta y
el veterano cosmonauta Grigory Kuznetzov (Lev Gorn), amigo de Ed, muere. Tras
ese grave accidente y descontenta con la situación, la NASA convence a Danielle
Poole (Krys Marshall) para que salga de de su retiro y vaya a Marte a e
nderezar
la situación. Y no lo tiene fácil porque se encuentra atrapada entre las altas
esferas, que buscan exprimir económicamente a Marte, y los trabajadores
locales, descontentos por las condiciones de trabajo y la flagrante desigualdad
en la calidad de vida respecto a los astronautas de la base. Por otra parte,
Danielle y Ed, a pesar de su larga amistad y lo mucho que han pasado juntos,
terminan chocando debido a sus respectivos temperamentos. Dani continúa siendo
una líder noble y valiente, además de inteligente y fuerte, pero la actitud reacia,
irresponsable y egoísta de su viejo amigo le pone las cosas muy difíciles.
Buena parte del peso dramático de la temporada se apoya en esta lucha de
voluntades sobre cómo debería dirigirse Happy Valley.
Hacia
el final, cegado por el deseo de que Marte sea independiente, Ed, saltando del
heroísmo al activismo radical, se alía con Dev Ayesi para ejecutar un
arriesgado plan de sabotaje: el secuestro de Ricitos de Oro para colocarlo en
órbita marciana. Al descubrir el complot, Danielle se ve obligada a intervenir
y, durante la lucha resultante entre ambos bandos, es herida por un disparo.
Este suceso sirve, paradójicamente, para detener la violencia y obligar a ambas
facciones a reconsiderar lo que están haciendo. Al final de la temporada, Danielle
regresa a la Tierra para reunirse con su familia.
Todavía
sin salir de Marte, el nuevo personaje de importancia en esta temporada
es Miles
Dale (Toby Kebbell), un operario especializado en perforaciones petrolíferas que
se inscribe para trabajar en Happy Valley, no porque sueñe con ser astronauta,
sino porque está en paro y necesita el dinero para mantener a una familia que
se está desintegrando. Aunque se le presenta como alguien bastante estúpido e
incluso tóxico (irrumpe en la casa donde viven su exesposa, de quien se está
separado, y sus hijos, como si aún viviera allí y rechazando con desdén las
súplicas de ella para que firme los papeles del divorcio), los guionistas
consiguen redimirlo hasta cierto punto. Es interesante la idea de introducir
por primera vez un protagonista que no es científico ni astronauta, aunque creo
que no acabaron de encontrar el foco para él una vez está en Marte.
Al
llegar a Happy Valley, Miles descubre que la realidad es muy distinta a como se
lo habían vendido: los salarios son bajos, las condiciones duras y la
corporación Helios los ahoga en deudas
. Para sobrevivir y enviar dinero a casa,
se asocia con un turbio ruso para traer de contrabando bienes diversos en las
naves de abastecimiento de la Tierra y, más tarde, se hace en solitario con el
mercado negro dentro de la base. Su creciente hartazgo lo convierte, casi sin
buscarlo, en el catalizador y líder sindical de las protestas obreras que
derivan en una revuelta. En fin, que primero es contrabandista, luego sindicalista
y después está a punto de iniciar la Tercera Guerra Mundial al infiltrarse en
el complejo norcoreano. Cada una de esas etapas funciona bien por separado,
pero todas juntas en una misma temporada acaban dando la sensación de que los
guionistas no sabían muy bien qué hacer con él. Es un
personaje que
no para de tomar malas decisiones y es tan obvio desde el principio que va directo
al fracaso que resulta difícil sentir compasión cuando finalmente se estrella.
Al
final de la tercera temporada, descubrimos que Margo Madison (Wrenn Schmidt)
sobrevivió al atentado terrorista que destruyó el Centro Espacial J
ohnson de la
NASA. Tras desertar a la Unión Soviética, vive casi en la pobreza, en absoluto
aislamiento, vigilada de cerca por la KGB y lidiando con el tormento
psicológico de haber tenido que abandonar su país, sus amigos y, quizá lo más
importante, su trabajo. Esta vida rutinaria y gris se interrumpe cuando, tras
un golpe de Estado, Irina Morozova (Svetlana Efremova), directora del programa
Roscosmos, la reincorpora al tablero espacial con ocasión de la colaboración de
la Unión Soviética y Estados Unidos en la misión del asteroide Ricitos de Oro. Esto
la lleva a regresar a Washington, donde se la tiene por traidora, como parte
del equipo técnico ruso.
La
suya es una trama muy dramática y uno de los puntos fuertes de la temporada
cuyo pu
nto álgido llega cuando el KGB asesina a Sergei Nikulov, su gran amor y
por quien había traicionado a su país. Desolada y buscando venganza contra el
sistema soviético, Margo decide colaborar secretamente en el sabotaje del plan
de la Tierra para el asteroide, favoreciendo a Marte. Para proteger a su
antigua pupila, Aleida, de las consecuencias legales que se derivan del hackeo
de los sistemas, Margo asume toda la culpa, permitiendo que la arresten y cerrando
su arco con un acto de expiación.
Hablando
de Aleida Rosales (Coral Peña), ésta no ha conseguido superar el trastorno de
estrés postraumático que sufrió a raíz del atentado del final de la tercera
temporada y la traición y “muerte” de Margo, su mentora. Le cuesta avanzar en
la NASA debido a su desconfianza en los sistemas automatizados y la pérdida de
autoconfianza. Abandona la agencia y, en un giro inesperado, deja la NASA y termina
trabajando para Helios junto a la hija de Ed, Kelly Baldwin (Cynthy Wu), quien
está desarrollando un proyecto para buscar indicios de vida en Marte. La NASA
dejó de lado esa iniciativa, pero ella y Aleida se unen al destituido jefe de
Helios, Dev Ayesa (Edi Gathegi), y los tres conspiran para hacerse con esa
empresa. Cuando descubre que Margo sigue viva y operando desde Moscú,
experimenta una mezcla de alivio, furia e inmensa frustración. A pesar de las
tensiones geopolíticas, su antiguo vínculo resucita y, juntas y como he
apuntado, determinan el futuro de Marte.
Aleida
es uno de los personajes más sólidos e interesantes de la serie. Es terca, impulsiva,
antipática y p
oco colaboradora, pero también inteligente, valiente y honesta. En
cambio, Kelly sigue siendo un personaje infrautilizado. Al principio de la
temporada pareció que los guionistas tenían ideas interesantes para su arco (su
proyecto científico, su traslado a Marte con su hijo, el reencuentro con su
padre), pero, al final, ninguna de sus tramas llega a concretarse del todo. Kelly
no tiene mucho que hacer en esta temporada, y la asociación entre ella y Aleida
parece forzada puesto que apenas habían interactuado previamente.
Dev,
por otro lado, es un personaje interesante. Pasa los primeros episodios de la
temporada autoconfinado en su mansión en la playa, apático y desconectado de
Helios. Reanimado por Aleida y Kelly, regresa a la industria espacial
privada
tratando de encontrar un nuevo propósito vital. Se traslada a Marte sin
intencion de regresar pero, cuando ve que los gobiernos de la Tierra planean
saquear los recursos de Ricitos de Oro y relegar a la irrelevancia económica a
los colonos de Marte, Dev cambia de bando. Utiliza su inmensa fortuna, su
tecnología y su astucia para orquestar junto a Ed el desvío del asteroide hacia
la órbita de Marte. En muchos sentidos, Dev es un villano o, como mínimo, un
antagonista para muchos personajes; pero tampoco se lo presenta como malvado. Su
punto de vista es comprensible y lógico en su tránsito de frío tecnooligarca a
mecenas comprometido en la independencia marciana.
También
digna de
destacar es la incorporación de Eli Hobson (Daniel Stern), como el
nuevo director de la NASA. Este personaje podría haber resultado alguien
acartonado, burocrático y aburrido, pero el actor sabe aportarle un toque de
energía optimista aun cuando se ve obligado a navegar en aguas muy difíciles
junto a su homóloga de la URSS, Irina Morozova. También fue una sorpresa
agradable recuperar al astronauta norcoreano Lee (C. S. Lee) y, además, con un
papel importante en una de las subtramas.
Tras
tres temporadas desempeñando un papel importante en la serie, se echa de menos
a Ellen (Jodi Balfour), la astronauta y luego directora de la NASA
y primera
presidenta gay de los Estados Unidos. No obstante, es preferible así dado que
la lógica dicta que los personajes principales vayan quedando en segundo plano
a medida que la historia avanza a través de las décadas, en lugar de intentar
encontrar una forma forzada de incluirlos en la trama. (consecuentemente, también
salió del reparto el marido de Ellen, Larry, interpretado magistralmente por
Nate Corddry).
En
cuanto a los puntos negativos, o al menos mejorables, de la temporada está el
final, lo cual es una lástim
a tratándose de una serie que siempre ha terminado
por todo lo alto en años anteriores. Cada una de las tres temporadas previos concluyó
en unos episodios de gran carga dramática y suspense, desembocando en un final
emocionante. En esta cuarta temporada, pareció que iba a ocurrir lo mismo
cuando se reveló el plan para robar el asteroide. Desafortunadamente, encontré el
remate un poco decepcionante dado que varias tramas potencialmente interesantes
no obtuvieron un cierre, a mi juicio, adecuado.
Empecemos
con Ed Baldwin. Muchos seguidores de la serie llevamos
años esperando que este
cretino arrogante reciba su merecido y, mientras seguía tomando decisiones
increíblemente egocéntricas a lo largo de la temporada, llegué a pensar que por
fin lo vería recibir su merecido. Pero no, parece que vuelve a salirse con la
suya sin sufrir castigo. Es más, es Dani, cuyo comportamiento, si no perfecto,
sí ha sido mucho más profesional y ejemplar, quien recibe un disparo y casi muere.
Respecto
a Dani, durante la segunda mitad de la temporada, se muestra demasiado pasiva y
desorientada. Baldwin y Ayesa le llevan la delantera en todo momento. Pero,
incluso si éstos hubieran conseguido robar el ast
eroide o tomar la base, ¿nunca
se plantearon afrontar las consecuencias? La serie nunca responde a esa
pregunta, lo que para mí los rebaja mucho en inteligencia. Para colmo, llegado
el final no se nos dice qué les sucedió a ninguno de los conspiradores. En
buena ley, la quinta temporada necesitaría un reparto completamente nuevo, porque
después de todo lo que hacen aquí, ninguno de los principales debería salvarse
de la cárcel.
Por
otra parte y saltando a otros personajes, la temporada comienza mostrándonos el
sufrimiento de Aleida por su TEPT, un problema que luego nunca vuelve a
mencionarse ni a resurgir. No la llegamos a ver obligada a enfrentarse a ese
trauma de ninguna manera. También es inexplicable que los guionistas marginaran
por completo a Kelly Baldwin en los últimos episodios. Ed utiliza a su nieto
para que le ayude a robar unos componentes que necesitan los conspiradores,
pero esa manipulación, que podría haber llevado a una confrontación con Kelly,
no se desarrolla. Es reconfortante que Lee tenga un final feliz reuniéndose con
su esposa, pero, ¿cómo escapó del castigo por su traición, incluyendo el casi
asesinato de un oficial superior? Y, además, ¿cómo lograron sacar a su mujer de
Corea del Norte y enviarla a Marte? En cuanto a Danny Stevens, me alegró que la
serie lo dejara de lado habida cuenta de lo odioso que se había vuelto en la
anterior temporada, pero las pocas referencias a su destino resultan confusas.
¿Por qué se sorprendió nadie de que se suicidara después de haber permanecido
aislado durante meses? ¿No habría sido más humano ejecutarlo en lugar de
dejarlo abandonado en una caja de metal diminuta en mitad del desierto marciano?
En
el campo visual, la cuarta temporada exigió un mayor esfuerzo de dise
ño y especulación
tecnológica en comparación con las anteriores. El asentamiento humano en Marte ha
crecido exponencialmente por lo que los supervisores de efectos visuales
tuvieron que crear entornos digitales masivos, integrando vastos paisajes
áridos con complejos hábitats, vehículos y las dinámicas del polvo marciano.
Uno de los mayores retos fue la secuencia del primer episodio relacionada con
el transporte y minería de asteroides, la cual exigió simulaciones por
ordenador hiperrealistas de rocas masivas desplazándose en el espacio,
expulsando escombros y generando efectos de partículas de polvo en gravedad
reducida.
Las
escenas de riesgo, como las peleas en el exterior de las naves o en la
superficie del asteroide, se rodaron combinando dobles digitales, actores
suspendidos por cables y el reempla
zo digital de fondos. Además, se añadió
manualmente el comportamiento de la microgravedad en los trajes, amarres y
partículas para mantener la coherencia física. Y, dado que Apple TV+ produce y emite en resolución 4K, el nivel de
detalle exigido en las texturas de las naves espaciales, los visores de los
cascos (para evitar reflejos indeseados de las cámaras del set) y las
extensiones de decorados digitales tuvo que ser extremadamente preciso para
soportar el escrutinio de las pantallas modernas.
Si
bien las primeras temporadas de “For All Mankind” podían recordar a una versión
expandida del clásico “Elegidos para la Gloria” (1983), a medida que la serie
avanza y la sociedad humana va diseminándose primero por la Luna y luego por
Marte, ha ido pareciéndose más a “The Expanse”, que se emitió durante seis
temporadas en SyFy y Amazon Prime Video.
Desde
el principio, la serie ha demostrado ser capaz de entrelazar y conectar su
línea temporal alternativa con rostros, hechos e insensateces de nuestra propia
sociedad. En sus tramas alterna los grandes acontecimientos que marcan la
salida y progresivo alejamiento de la Tierra por parte de la especie humana,
con los dramas personales de quienes participan en esa aventura. Y al hacerlo,
nos plantea preguntas inquietantes. Por ejemplo, si alguna vez llegamos a Marte
y nos establecemos allí, ¿qué sucederá cuando ese planeta se convierta en una
fuente de empleo para la gente común, y no solo para los ingenieros,
astronautas y otros profesionales de alto nivel a sueldo de la NASA y las
agencias espaciales internacionales? Como nos muestra la serie, la única razón
por la que Miles consigue trabajo en Marte es porque la Luna ya está llena. En
el primer episodio, el gráfico que superpone los logotipos de Exxon, Shell y
Haliburton sobre la superficie lunar crea una turbadora imagen especular de
cómo podría evolucionar nuestra propia sociedad.
Así,
mientras que en las primeras temporadas, cada lanzamiento o paso en la Luna era
un evento épico lleno de emoción y sentido de la maravilla, en la cuart
a el
foco se desplaza hacia la logística, la escasez de recursos, la burocracia
corporativa y la fatiga psicológica de vivir en colonias cerradas durante años.
Este cambio demuestra la madurez (y a veces el cinismo) con la que la serie
aborda su propia premisa de historia alternativa: la exploración espacial no
escapa a los defectos del capitalismo moderno, sino que los amplifica a escala
interplanetaria.
Esa
expansión y alejamiento de las raíces de la exploración espacial se refleja
también en el conflicto entre la vieja guardia y la nueva generación de
trabajadores. Los veteranos como Ed Baldwin y Danielle Poole representan el
sueño espacial original. Para ellos, pisar otro
planeta era una vocación, un
sacrificio heroico y un propósito existencial. Pero para quienes han sido
contratados como trabajadores y mineros en Marte, ésta ya no es una frontera
mítica, sino un lugar de trabajo remoto y peligroso. Trabajan por turnos bajo
contratos despiadados y alejados de sus familias en la Tierra. Su descontento
no nace de la falta de valor, sino de la explotación económica y de sentir que
son simples "recursos" en un entorno hostil. Así, la aparición del
asteroide Ricitos de Oro, no sólo margina la exploración espacial y la
investigación científica sino que sirve de catalizador para los mismos
conflictos que tradicionalmente se han dado en la Tierra entre los patronos y
los obreros: huelgas, salarios injustos, desigualdad de clases, diferencias
entre personal de élite y subalterno…
Por
tanto, la cuarta temporada de “For All Mankind” propone un giro importante en
tanto que deja al margen la aventura y exploración espaciales para ce
ntrarse en
el drama sociopolítico e industrial a escala interplanetaria generado por la
aparición del asteroide Goldilocks. El diseño de producción y los efectos
siguen siendo de primer orden. Pero, como sucedió también en temporadas
anteriores, nos encontramos con algunas tramas (especialmente el retorcido plan
del robo del asteroide en el tramo final) que exigen demasiada suspensión de la
incredulidad por parte del espectador. Además, algunas dinámicas personales
entre los protagonistas principales empiezan a repetirse, como las tensiones
familiares o los desacuerdos de liderazgo.
En fin, que el gran mérito de “For All Mankind” es que no es una serie para todo el mundo; exige un pacto muy particular con el espectador. Al apostar por saltos temporales tan drásticos de una temporada a otra, se arriesga a perder a quienes buscaban el tono inicial de pura aventura espacial de la Guerra Fría, pero a cambio ofrece una ambición narrativa de la que carece la gran mayoría de la ciencia ficción televisiva actual. Aunque a veces tropiece con subtramas estiradas o giros al límite de la credibilidad, pocas series se atreven a explorar con tanta consistencia las consecuencias a largo plazo de sus propias premisas: cómo la tecnología evoluciona, cómo envejecen los héroes y cómo los defectos humanos viajan inevitablemente a las estrellas. Frente a productos intercambiables de usar y tirar, “For All Mankind” mantiene una solidez de producción y una complejidad temática estimulantes.

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