“Avril y el Mundo Alterado” es una película de animación, de coproducción francesa, belga y canadiense, de la que a menudo, incluso en SU publicidad, se ha dicho o dado a entender incorrectamente que está basada en un comic del gran autor Jacques Tardi, especialista en la época de principios del siglo XX, donde ha ambientado buena parte de sus obras, incluyendo la más famosa: las aventuras de su joven heroína Adele Blanc-Sec. En realidad, los directores (ambos debutantes) no tomaron como referencia ningún comic específico de Tardi, pero sí lo contrataron para diseñar todo el universo estético y conceptual del film. Cada personaje, cada edificio y cada máquina de vapor fueron dibujados por él. Por eso, ver la película es exactamente lo mismo que ver un cómic de Tardi en movimiento; y también porque la historia bebe directamente de los temas y personajes que éste ha explorado durante décadas en sus cómics.
Christian Desmares venía de participar en
otras grandes películas de animació
n, como “Corto Maltés” (2002) y “Persépolis”
(2007). Y en cuanto al guion, fue escrito por el codirector Franck Ekinci y
Benjamin Legrand, un profesional experimentado que no sólo había trabajado con
Tardi (en “El Exterminador de Cucarachas”, 1984), sino que había firmado el
comic book en el que se basó la película “Snowpiercer” (2013).
E
n 1870, el inventor Gustave Franklin intenta hallar
la fórmula del Suero Definitivo con el que crear soldados mejorados para
Napoleón III en su guerra contra Prusia. Sin embargo, el emperador francés, horrorizado
por las aberraciones que le presenta, dispara a las criaturas –inteligentes y
capaces de hablar- sobre las que el científico estaba probando su suero,
provocando una explosión que destruye el laboratorio y en la que mueren todos
los allí presentes excepto las criaturas, que consiguen escapar.
A raíz de la muerte del emperador, se producen
una serie de eventos que separan drásticamente la línea histórica de la que
nosotros conocemos. Para 19
31, la guerra se ha extendido y perpetuado y los
científicos o bien son obligados a ponerse al servicio de sus respectivos
gobiernos (básicamente para desarrollar armas) o bien desaparecen misteriosamente.
El resultado es que nadie con los conocimientos necesarios inventa la gasolina
y el motor de combustión o descubre el uso práctico de la electricidad. Esto, a
su vez, ha desembocado en un mundo que cubre sus necesidades con el carbón. Su
uso extensivo e intensivo genera una tóxica contaminación y lo cubre todo con
una capa de hollín que apaga los colores.
En esa nueva Edad Oscura, el ya anciano hijo
de Gustave, Pops, el hijo de este, Prosper, y su esposa, Annette, intentan
completar en secreto el Suero Definitivo, capaz de curar cualquier enfer
medad y
detener el envejecimiento. Con ello, esperan detener la guerra y salvar a la
especie humana. Sin embargo, la gendarmería del Imperio los busca para
reclutarlos y su laboratorio es finalmente hallado y asaltado por la
gendarmería, bajo el mando del torpe inspector Gaspard Pizzoni. Su huida termina
en su muerte por la explosión de un teleférico que une París con Berlín, pero
no sin que antes Annette consiga introducir el Suero en la bola de nieve de su
pequeña hija Avril, que sobrevive huyendo en una aerolancha de salvamento.
Diez años después, en 1941, Avril ha crecido
en compañía de su gato pa
rlante Darwin (producto de otro experimento de sus
padres), y habiéndose autoeducado en química, intenta desesperadamente
encontrar la fórmula del Suero para curar y rejuvenecer a su moribundo amigo
felino. El ahora rebajado Pizzoni quiere encontrar la ubicación de su escondite
y envía al exladrón Julius para seducirla. Antes de tener que huir de nuevo
para evitar a los gendarmes, una rata parlante que dice haber sido enviada por
su padre, les indica que busquen a su abuelo. A todo esto, la bola de nieve deja
escapar accidentalmente p
arte de su líquido y éste revive a Darwin. Obligada a
abandonar su refugio, perseguida por las autoridades que quieren apoderarse del
suero para utilizarlo como arma, y con la ayuda de Julius y su abuelo Pops, Avril
descubre que sus padres siguen vivos, pero retenidos en un lugar secreto por
lagartos inteligentes que, junto a otros científicos ilustres secuestrados
durante décadas, los obligan a completar un plan que cambiará el mundo.
En una primera impresión, pudiera parecer que
la animación en 2D de “Avril y el Mundo Alterado” es plana y minimalista. Es
una ilusión derivada del estilo realista y ultradetallista al que desde hace ya
tiempo nos han acostumbrad
o estudios norteamericanos como Disney, Pixar o
Dreamworks, haciendo que nuestras expectativas discurran por otro camino y que
cuando vemos un producto como el que ahora nos ocupa nos de la impresión de que
hemos retrocedido en cuanto a calidad. Los rostros de los personajes tienen una
expresividad limitada y buena parte de las primeras escenas parecen estar
dedicadas a las payasadas de un grupo de gendarmes que se dirían sacados de una
película de Hayao Miyazaki.
Esas escenas iniciales podrían también hacer
creer que estamos ante una aventura ligera
al estilo de las de Adèle Blanc-Sec,
o quizás una versión femenina de Tintín. Pero cualquier reparo desaparece en
cuanto la historia llega a 1931. La sensación de un París alternativo, vivo y
asfixiante, se transmite con una textura y detalle extraordinarios. Es un mundo
gris, violento y desesperado en el que la mayor parte de Europa no ha
experimentado ninguna de las revoluciones tecnológicas modernas que trajeron la
gasolina y la electricidad, y donde vemos la forma lógica en que tales
carencias habrían cambiado la Historia y la vida cotidiana tal y como la
conocemos.
“Avril y el Mundo Alterado” ofrece no sólo un
excelente trabajo de crea
ción de mundos sino que cuenta su historia con un
estilo que no suele verse en el cine de animación. Es refrescante ver un
producto que no está realizado a base de modelos CGI con texturas realistas. La
mayoría de los personajes y sus movimientos fueron dibujados a mano. Aunque hoy
en día se suelen usar tabletas gráficas en lugar de papel y tinta, el proceso
sigue siendo manual, realizando fotograma a fotograma. Esto es lo que le da esa
fluidez orgánica y ese "calor" humano que la distingue de las
películas de grandes estudios comerciales. A continuación, se integran los
personajes en escenarios 3D, estos sí, realizados por or
denador para ahorrar el
coste de dibujar a mano y repetitivamente elementos muy complejos, como
engranajes, maquinaria, edificios o vehículos, así como el humo omnipresente,
la lluvia o las luces de la ciudad. Pero más importante incluso que la técnica
y las herramientas utilizadas fue el respeto al diseño original. Los animadores
imitaron la línea negra gruesa y las texturas sombreadas características de
Tardi, alejándose mucho tanto de sus homólogos norteamericanos como japoneses.
El meticuloso diseño y la cantidad de detalles
que muestra cada escena -desde la enorme estatua de bronce de Napoleón en cuyo
interior se esconde Avril hasta sus visitas a la feria, pasando por el
escondite de Pops o la guarida
de los villanos- son sobresalientes. Mención
especial merecen los extravagantes vehículos e inventos que van sucediéndose
ininterrumpidamente: ratas a control remoto, la aeronave accidentada que Pops
consigue poner en funcionamiento, la tecnología que han desarrollado los
lagartos para su base secreta, el lanzamiento de un cohete cubierto de plantas
mutantes… El más loco y divertido de estos ingenios es la casa móvil de Pops,
capaz incluso de convertirse en submarino y perforadora, y las fantásticas
imágenes en las que el edificio con patas recorre las calles o navega por el
fondo del Sena.
Más a
llá del aspecto gráfico, Avril es una
heroína muy interesante. Y no sólo porque sea una joven inteligente que depende
más de su coraje y su cerebro que de sus habilidades físicas. Como huérfana y
ya adulta, privada de la calidez humana que brinda la familia en unos tiempos
tan oscuros, mantiene una actitud distante con todo lo que le rodea, una
frialdad necesaria para protegerse emocionalmente, ya sea para evitar atormentarse
por los robos que comete para sobrevivir (ya que carece de un trabajo que le
genere ingresos), como para mantener a distancia posibles amistades que
pudieran decepcionarla o, peor aún, traicionarla. Solitaria, independiente y
desconfiada, sólo hace una excepción con su fiel gato Darwin e incluso suele
camuflar el afecto que le dispensa con comentarios falsamente gruñones. A su
pretendiente e involuntario compañero en esta aventura, Julius, lo trata con
absoluta desconfianza y hostilidad (aunque justificadas habida cuenta de cómo
se conocen).
Es refrescante ver a una protagonista femenina
de carácter tan
arisco y cuya personalidad, aunque la historia de algunos giros
predecibles, no se ve alterada esencialmente al final. Incluso cuando le dan un
vestido rosa con volantes, conserva su carácter firme y decidido. La mayoría de
las películas habrían optado por suavizar sus rasgos andróginos para que su
recién descubierta feminidad sirviera como indicativo visual de su evolución.
Avril lima algunas de sus aristas, sí, pero lo hace de forma consistente con su
personaje y el contexto de la historia.
Y precisamente esa historia es otra de las
virtudes a destacar de la película. A pesar de beber de múltiples fuentes y
estar impregnada de nostalgia, transmite sensación de frescura y originalidad.
Algunos de los acontecimientos, sobre todo en el clímax, son casi fantásticos;
y, sin embargo, tienen sentido y encajan sin fisuras con el tema principal, a
saber, la responsabilidad que tienen los científicos de utilizar sus conocimientos
en aras del bien y el progreso y no permitir que los gobiernos los malgasten en
crear o perpetuar guerras. Es un mensaje relevante y siempre de actualidad que
ya existe
al comienzo de la historia, en el segmento ambiebntado a finales del
siglo XIX, y se prolonga hasta comienzos de los años 40 del XX, en un periodo
que, en nuestra línea histórica, se estaba desarrollando la bomba atómica. Y
hoy, en una época en que los políticos siguen estando más preocupados por el
gasto militar que por la exploración espacial o la investigación para curar
enfermedades, este sigue siendo un tema desgraciadamente a la orden del día.
Ahora bien, incluso con estos subtextos sociopolíticos,
la película no pierde dinamismo,
ritmo, humor, suspense, diversión y sentido de
lo maravilloso con los que mantener atento al espectador. Por eso, “Avril y el
Mundo Alterado” es una de las películas de animación más disfrutables que se
han visto en mucho tiempo y si no ha tenido más predicamento es porque la
maquinaria de promoción francesa no puede competir con la apisonadora de los
estudios norteamericanos, capaces de vender con éxito productos muy inferiores
a esta propuesta. Mezcla la ciencia ficción de Julio Verne, la personalidad
gráfica de Tardi, el steampunk y la ucronía, para ofrecer una historia profundamente
humanista que remite a aquellos tiempos en los que la Ciencia se entendía
universalmente como la llave para un mundo mejor, en lugar de una herramienta
para la destrucción y el abuso.
"Avril y el Mundo Alterado” es una
película muy interesante que, sin sermonear, aborda diversos temas de calado: el
papel de la Ciencia y la
Tecnología, el agujero negro de la Guerra, la
estupidez y avaricia humanas, las trampas y necesidad del progreso, las
complejidades de las relaciones humanas o el peso del legado familiar. Los
personajes son entrañables y la historia cautivadora. Si bien pierde algo de
ritmo en algunos segmentos, tiene una decente duración de poco más de hora y
media, por lo que la trama se mantiene en movimiento sin hacerse aburrida. Eso
sí, a veces puede ser oscura y cruda en su retrato de la vida tal y como es,
por lo que quizá no sea la opción más apropiada para niños pequeños. Una
propuesta, en fin, singular tanto en el mundo que construye como en su
plasmación gráfica y que merece un visionado por parte de cualquier aficionado
a los subgéneros del steampunk y las ucronías.

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