miércoles, 14 de febrero de 2018

2002- EQUILIBRIUM – Kurt Wimmer



En el siglo XXI, con la fundación del estado de Libria tras la Tercera Guerra Mundial, se ha decidido acabar con los conflictos bélicos y la violencia social por el expeditivo método de suprimir los sentimientos y, consecuentemente, todo aquello que pueda suscitarlos, como las obras de arte, la literatura o la música. Así, la población se mantiene drogada con Prozium, un medicamento que debe tomarse dos veces al día y que suprime las emociones y el lado más sensual –en su sentido más amplio- de los ciudadanos. Por supuesto, ello los convierte en dóciles y apáticos peones controlados por los líderes.



Como toda dictadura, la de Libria necesita su propia policía secreta. Los formidables clérigos-agentes del Tetragrammaton están adiestrados en una técnica marcial que mezcla el combate sin armas y las pistolas y su misión consiste no sólo en localizar y arrestar a los descontentos (por ejemplo, quien se niegue a tomar el Prozium) sino en encontrar y destruir libros, cuadros y en general cualquier reliquia del pasado que atesoren los ciudadanos y, en especial, los miembros de un movimiento de resistencia clandestino que han dejado de drogarse.

John Preston (Christian Bale) es el mejor de esos agentes pero su conciencia empieza a revolverse cuando se ve obligado a ejecutar a su compañero Partridge (Sean Bean) al descubrir que estaba en posesión de un libro de poesía, libro que él mismo oculta bajo el pretexto de
estudiarlo. Cuando pierde accidentalmente una de las dosis de Prozium que regularmente debe administrarse, empieza a experimentar emociones por primera vez. Descubre en su interior sentimientos hacia Mary O´Brien (Emily Watson), una de las criminales clandestinas a las que ha arrestado. Mientras su nuevo compañero, Brandt (Taye Diggs) comienza a sospechar de su comportamiento, contacta con el movimiento de rebeldes, quienes le instan a que elimine al Padre, el líder de Libria, para que toda esa odiosa sociedad se desmorone.

“Equilibrium” es una coproducción germano-americana que obtuvo sólo –y ello siendo generosos- una modesta acogida. Fue la segunda película dirigida por Kurt Wimmer, quien
llevaba desde principios de los noventa firmando guiones para algunas películas como “Esfera” (1988) o “El Secreto de Thomas Crown” (1999). “Equilibrium” funcionó mucho mejor en el mercado europeo que en el norteamericano (donde apenas recaudó 1,2 mm de dólares), pero aún así resultó un fracaso de taquilla que a duras penas consiguió recuperar una cuarta parte de sus 20 millones de presupuesto. Desde entonces, no obstante, parece haber ganado cierto estatus de película de culto (en España ni siquiera se estrenó en cine), quizá gracias a la intensa actividad en las redes sociales de espectadores con poco recorrido en esto de la ciencia ficción o bien no muy exigentes con el material que cae en sus manos.

Se ha alabado a esta película calificándola de ciencia ficción inteligente pero lo cierto es que no
parece ofrecer nada verdaderamente original, limitándose a hilvanar una serie de clichés extraídos de múltiples películas y novelas de carácter distópico: la población drogada y la supresión de emociones ya lo habíamos visto en “THX 1138” (1971); el cuerpo de élite encargado de destruir libros remite inmediatamente a “Fahrenheit 451” (1953); el policía al que tientan los rebeldes contra los que lucha procede de la misma novela, pero también de “La Fuga de Logan” (1976); el rostro paternalista del líder supremo, la desinformación, manipulación psicológica y el romance prohibido se han extraído de “1984” (1949). En una escena, incluso, vemos algo muy parecido al test de empatía Voigt-Kampf de “Blade Runner” (1982).

Incluso las escenas que narran cómo Preston va adentrándose paulatinamente en ese mundo del
goce sensorial hasta entonces prohibido no son más que estereotipos sentimentales: la destrucción de su dosis de droga en mitad de un mitin, la apertura de simbólica de sus ventanas para que entre la luz y la lluvia, la turbadora muerte en sus brazos de una de sus víctimas, el hallazgo de una de esas esferas decorativas de nieve y agua… La peor es aquella en la que el protagonista, de repente, empieza a sentir cariño por un cachorrito; lo cual no tendría en sí mismo que resultar chirriante si no fuera porque segundos después entra en acción y liquida a toda una unidad de soldados fuertemente armados sin pensárselo dos veces. La doble traición final está asimismo muy forzada.

Pero el desfile de clichés no termina ahí. el vestuario es claramente deudor de la aún muy
reciente “Matrix” (1999), como lo es también la coreografía de sus peleas. Wimmer se inventa un inverosímil arte marcial que permite a los clérigos disparar pistolas a enorme velocidad al tiempo que se mueven con una precisión matemáticamente estudiada con la que evitan las balas del oponente, una “disciplina” de combate que Wimmer bautizó como Gun Kata y que más tarde ha podido verse en otras películas como “El Monje” (2003) o la saga de Lara Croft. Hay varias peleas de este tipo en la película, construidas a base de juegos de luces, sonidos y un montaje muy rápido quizá pensado para el creciente público con síndrome de déficit de atención, pero ninguna de ellas resulta mínimamente plausible, al menos tanto como la sociedad distópica que intenta retratarnos.

¿No hay realmente nada en esta película que pueda salvarse? A pesar de que nada suena a nuevo, “Equilibrium” nunca llega a aburrir, tiene buen pulso narrativo y no se alarga más de la cuenta (su metraje es de 102 minutos). Aunque en algunos momentos rayan lo ridículo, no parecen encajar bien con el tono general de esa sociedad y con toda seguridad van a envejecer mal, las secuencias de acción irradian dinamismo y energía, sobre todo en un primer visionado (con el mérito añadido de que, pese a lo que uno pueda pensar, no se utilizaron cables de ningún tipo). Además, resulta una buena idea que estas escenas vayan aumentando progresivamente su agresividad visual, con mayor
presencia de la sangre conforme el protagonista –y el espectador con él- vaya tomando conciencia de sus propias emociones y aumente su sensibilidad hacia la violencia. La mezcla de planos reales de la arquitectura berlinesa de la época nazi y los edificios monumentales diseñados por CGI constituye una buena ambientación para esa sociedad distópica del futuro aun cuando se note la falta de presupuesto en este apartado.

Y, quizá más importante, plantea cuestiones que, aunque no son nuevas, tampoco han perdido actualidad: la importancia del arte, el placer sensual y los sentimientos a nivel individual y
como factor de cambio social; el lavado de cerebro y el secuestro de información con el que las tiranías controlan a sus ciudadanos; la supresión del libre pensamiento y su sustitución por consignas que sumen en la ceguera y la apatía a las sociedades … Nada de ello es, como digo, novedoso, ni tampoco se aborda con demasiada profundidad, pero al menos añade una capa de reflexión a lo que de otro modo habría sido un simple film de acción futurista. Y aunque este sustrato más intelectual pueda parecer sepultado por el más vacío entretenimiento, estoy seguro de que esta película sería considerada peligrosa y subversiva por un buen puñado de gobiernos totalitarios modernos.

No sé si se puede decir que “Equilibrium” sea una película fallida, porque ello implicaría que aspiraba a unas metas que no pudo ni supo alcanzar. Y aquí, sinceramente, no veo que el director-guionista pretendiera hacer nada mínimamente original. Ni siquiera el gun kata, que no deja de ser una evolución de lo que ya había podido verse en las películas de John Woo. De hecho, no oculta su condición de hijo bastardo de otras obras; en este sentido, por ejemplo, que la rebelde se apellide O´Brien, como uno de los personajes claves de “1984”, quizá sea una forma de bordear la acusación de plagio reconvirtiéndolo en homenaje. Es una película insípida y fría que, no obstante, puede gustar a los amantes de esa vertiente de la CF inclinada principalmente hacia la acción y las distopías oscuras.


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