miércoles, 21 de diciembre de 2016

1953- UN ANILLO ALREDEDOR DEL SOL -Clifford D.Simak




Hubo un tiempo en el que Clifford Donald Simak fue considerado uno de los escritores más importantes de la ciencia ficción. Su carrera se extendió nada menos que cincuenta y cinco años y aunque no fue tan prolífico como Isaac Asimov o Robert Silverberg, en ese periodo publicó veintiocho novelas y más de ciento veinte cuentos de ciencia ficción y fantasía. Se mantuvo en un segundo plano respecto a algunos de sus más célebres compañeros, pero su obra siempre gozó de una gran apreciación, como lo demuestra que la Asociación de Escritores Americanos de Ciencia Ficción lo nombrara, en 1977 - un año después de que se jubilara como periodista, que siempre fue su ocupación principal-, Gran Maestro del género, habiéndole precedido en tal honor solamente Robert A.Heinlein y Jack Williamson.

Simak murió en 1988 y desde entonces su figura y obra ha ido sumiéndose progresivamente en el olvido. Ello quizá haya sucedido porque Simak era un escritor amable que escribía novelas discretas, sin pretensiones, tranquilas en cuanto a ritmo pero muy humanas y emotivas al tiempo que dotadas de un sutil humor. Sus personajes eran hombres corrientes que trataban de desenvolverse lo mejor posible en situaciones extraordinarias. Hoy, la ciencia ficción y la fantasía más populares están dominadas por la acción, la violencia, la espectacularidad, los efectos especiales apabullantes, la cámara inquieta y héroes casi indestructibles; en resumen, todo lo que no interesaba a Simak. Para él, las naves espaciales o los robots no eran más que herramientas cuyos detalles técnicos no consideraba importantes y cuyo propósito se reducía a algo muy simple: mantener vivo el sentido de lo maravilloso mientras se contaba una buena historia. Hoy sólo se recuerdan un puñado de sus libros. “Un Anillo Alrededor del Sol” es uno de ellos.



En 1987, el mundo todavía se halla bajo el yugo de la Guerra Fría, cuya tensión es ya tan insoportable que los rumores de un conflicto inminente parecen, ahora sí, ciertos. La vida moderna ha provocado alienaciones no sólo económicas, sino también psicológicas: los clubes de Fingidores sirven para que los entusiastas de la Historia se sumerjan en juegos de rol a través de los cuales viajan a pasados imaginarios en lo que es básicamente un rechazo subconsciente del mundo contemporáneo.

Jay Vickers es un escritor individualista e introvertido que, aunque desprecia el movimiento de los fingidores, ha hecho de sus libros su propio refugio espiritual. Los recuerdos borrosos de una infancia vivida en un valle idílico junto a una niña a la que amaba y de la que nunca volvió a saber nada le atormentan periódicamente. Mientras tanto, en el mundo real, surgen una serie de tiendas que venden productos indestructibles a precios ridículamente baratos: cuchillas de afeitar que no se desgastan, mecheros que no es necesario recargar, bombillas que nunca se funden, coches que no requieren mantenimiento, casas que nunca envejecen… En relación con este fenómeno cada vez más extendido, su agente literario le insta a aceptar la oferta del representante de un cartel empresarial que desea que escriba un libro sobre el tema que ayude a los ciudadanos a comprender que, por muy atractivos que parezcan esos productos, su adquisición acabará provocando el derrumbe de la economía mundial. Dado que las industrias se basan en la reposición de productos, si éstos duran para siempre aquéllas cerrarán y dejarán a los trabajadores en el paro. Quieren, además y sobre todo, que investigue y averigüe dónde están las
fábricas de esos artículos, ya que nadie, en ningún lugar de la Tierra, tiene constancia de ellas. Sin embargo, Vickers, siguiendo su instinto, rechaza la oferta.

Pero conforme avanza la trama, el escritor se da cuenta de que está más involucrado en el misterio de los productos Eternos de lo que imaginaba. Resulta que éstos han sido creados por una especie de mutantes, el siguiente paso en la evolución humana, individuos que cuentan con diversos poderes mentales que van desde inteligencias muy desarrolladas hasta telepatía, pasando por una especie de “sentido temporal” que permite a algunos de ellos abrir portales a Tierras alternativas que existen en el mismo espacio que la nuestra, pero separadas por lapsos temporales: “(…) habría otro mundo un instante adelantado al nuestro, y otro un segundo detrás, y otro más a dos segundos de distancia, hasta formar una larga cadena de mundos que girarían uno detrás de otro, como una fila de hombres que caminaran por la nieve, poniendo cada uno el pie en la huella dejada por su predecesor. Una infinita cadena de mundos, uno detrás del otro. Un anillo en torno al sol”.

Estos mutantes creen que el fin del mundo se encuentra próximo y que, a pesar de ser pocos, no
pueden seguir escondidos esperando que la evolución permita al resto de la Humanidad alcanzarlos. Así que han diseñado los productos Eternos (que fabrican en plantas localizadas en una de esas Tierras alternativas) para forzar el derrumbe el sistema económico. Al principio ayudan a los desamparados repartiendo comida gratis, hasta que los convencen para que emigren a la Tierra de una línea temporal alternativa en la que el hombre no ha aparecido todavía. De esta forma, podrán abrazar una existencia tranquila en un entorno rural, de tal forma que tras unas cuantas generaciones la mutación se habrá extendido por toda la especie propiciando un salto evolutivo.

Pero los banqueros, empresarios y gobernantes, que han terminado conociendo la verdad acerca de los mutantes, deciden elevar el tono de su lucha. Revelan al mundo la existencia de aquéllos y los presentan como una amenaza, desatando una auténtica y violenta caza de brujas que invade incluso a antaño tranquilas comunidades, en las que la gente se revuelve contra sus vecinos cuando los estiman sospechosos de ser mutantes, asaltando las tiendas y destruyendo los productos Eternos e incluso a quienes los poseen. Vickers se encuentra involuntariamente en el centro de un huracán, puesto que mutantes y empresarios quieren reclutarlo para sus respectivas causas, de grado o por la fuerza. ¿Por qué ese interés en él? ¿A quién debe ayudar? La trama contiene numerosos giros conforme Vickers elabora un plan y empieza a viajar no sólo por el país, sino entre universos, mientras trata de
escapar de los matones enviados por el cártel. La realidad resultará ser mucho más sorprendente de lo que él o los lectores puedan imaginar.

Antes de ser publicado en formato de libro, “Un Anillo Alrededor del Sol” apareció serializado en la revista “Galaxy Science Fiction”, entre 1952 y 1953. Era ésta la cabecera ideal para un autor con la sensibilidad de Simak. Fundada en 1950 por el editor Horace L.Gold, tuvo un éxito inmediato entrando en directa competencia con la “Astounding Science Fiction” dirigida por John W.Campbell Jr. Esta última estaba más orientada a la tecnología y la ciencia ficción dura, mientras que la línea editorial de “Galaxy” ofrecía una mayor flexibilidad tanto en estilo como en temas, admitiendo relatos cuyos puntos fuertes radicaran en las llamadas ciencias blandas, como la Psicología o la Sociología, sin poner reparos tampoco a la sátira o el humor. Y es que, bajo su trama de acción y misterio, “Un Anillo Alrededor del Sol” contiene una crítica bastante evidente hacia el capitalismo desaforado y los valores morales predominantes en la América de los cincuenta. Horace L.Gold daba la bienvenida a este tipo de relatos de CF “social” que no temían poner en cuestión lo que tan solo veinte años antes el propio género había considerado, con el optimismo propio de su infancia, grandes logros tecnológicos y sociales.

La ciencia ficción de Simak es la del hombre corriente que lleva una vida sencilla. Su estilo
combinaba con acierto elementos típicos de la CF (máquinas temporales, puertas interdimensionales, poderes mentales, robots, alienígenas) que interaccionaban con gente ordinaria residente en pequeñas ciudades donde nunca pasaba nada o entornos rurales de atmósfera casi pastoral. Sus cuentos y novelas a menudo eran protagonizados por individuos normales que, de repente, se veían envueltos en situaciones extraordinarias que al principio no están muy claras: extraterrestres que llegaban a alguna granja de Wisconsin o granjeros que descubrían portales a otros mundos.

En buena medida esto responde a la vida y temperamento del propio Simak. Nacido y criado en Millville, Wisconsin, vivió siempre en el Medio Oeste, ganándose la vida como periodista y editor de periódicos, actividad que complementaba escribiendo ciencia ficción para las revistas pulp. En sus relatos plasmaba aquello que veía y de lo que disfrutaba, como los paisajes rurales de Wisconsin o Minnesota, donde le encantaba ir a pescar.

“Un Anillo Alrededor del Sol” refleja claramente la inclinación de Simak por la naturaleza y vida tranquila. Vickers tiene nebulosos recuerdos de su infancia en un idílico valle y, a pesar de ser un escritor de cierto éxito y que el mundo literario y editorial se concentra en Nueva York, prefiere vivir en una ciudad pequeña. Pues bien, el lugar de nacimiento de Simak fue también un valle que, por algún milagro, escapó de la glaciación y en su mente siempre lo recordó con nostalgia como un reducto paradisiaco al que aspiraba retornar algún día. Por razones de trabajo, se vio obligado a residir en Minneapolis (Minnesota), una ciudad grande situada a casi 350 km de distancia de ese valle. Su poca simpatía por la vida urbana la trasladó a los cuentos que componen “Ciudad” (1952), en la que los humanos, con ayuda de la tecnología, abandonan las metrópolis para llevar una vida pastoral.

Esos sentimientos antiurbanos y proagrarios están muy presentes en “Un Anillo Alrededor del Sol”. La escapatoria a la calamitosa situación política y económica que propone Simak pasa por el abandono de la civilización de las ciudades y la industria y el retorno a un mundo más sencillo. Los desposeídos, los descontentos, tienen la oportunidad, gracias al poder de los mutantes, de escapar a otras versiones alternativas de la Tierra en las que el ser humano no se ha desarrollado, planetas todavía vírgenes en los que asentarse lejos del tráfago urbano, en mitad de la Naturaleza. Cuando Vickers abre el portal y se
traslada a una de esas Tierras, pasa días caminando sin encontrar un alma viviente, purificándose en cuerpo y alma y aprendiendo a vivir en y de la Naturaleza. En este sentido, los intereses y temas queridos por Simak guardan ciertas similitudes con los de Ray Bradbury, quien también albergaba ese sentimiento nostálgico hacia una América rural del pasado –que en realidad nunca existió, al menos tal y como él creía recordarla-.

Pero a diferencia de Bradbury, Simak no abandonó nunca la ciencia ficción por la ficción realista y sus libros siempre utilizaron los recursos y elementos propios del género para analizar con ojo crítico las tendencias sociales o económicas del momento. Así, el principal tema que se aborda en “Un Anillo Alrededor del Sol” no es otro que la incapacidad del hombre para equiparar su evolución biológica, mental y social con el progreso tecnológico; un desequilibrio cuyo resultado será la autodestrucción. A pesar de ser un humanista, Simak desconfiaba de la sociedad técnica contemporánea y su pesimismo se refleja en pasajes tan reveladores como este: “Era una civilización mecánica desviada, de máquinas ruidosas; un mundo tecnológico capaz de proporcionar comodidades materiales, pero no justicia humana ni seguridad. Era una civilización que trabajaba los metales y ahondaba en el átomo, que dominaba los elementos químicos y construía artefactos peligrosos y complicados. Se había concentrado sobre el aspecto más técnico, ignorando la parte sociológica, para que cualquiera pudiese oprimir un botón a fin de destruir una ciudad lejana, sin saber, sin siquiera pensar en la vida, las costumbres, los hábitos, los
pensamientos y las creencias de sus víctimas. Bajo aquella pulcra superficie se oía el estruendo de las máquinas en advertencia: las palancas, las ruedas dentadas, las cintas de transmisión y los generadores, al obrar sin el estímulo de la comprensión humana, eran otros tantos postes indicadores que marcaban el camino hacia el desastre”.

Por supuesto, el libro constituye no sólo un canto a la existencia frugal y respetuosa con la Naturaleza, sino un ataque a la sociedad de consumo y a sus agentes, retratados como poderes fácticos que manipulan y conspiran en la sombra para defender sus intereses independientemente de lo que resulte más conveniente para los consumidores. Recordemos que los años cincuenta verían una gran expansión de la clase media estadounidense y el consumismo pasó a convertirse en uno de los pilares de la sociedad y economía occidentales. A él vinieron asociadas la publicidad omnipresente y el crédito bancario, que permitía a las familias obtener lo que deseaban en el momento en que lo deseaban. Sólo los observadores más agudos y críticos –y Simak lo era- se dieron cuenta de que tras la brillante y feliz vida que prometían las propagandas de los productos, acechaba la decepción. Decepción para aquellos que no podían permitirse comprarlos; y decepción para aquellos que, habiéndolo hecho, descubrían que en el fondo no habían mejorado la esencia de sus vidas. La solución que proponía Simak, como acabo de apuntar, era un retorno a la vida sencilla, a apreciar las pequeñas cosas que nos ofrece –gratuitamente- la Naturaleza.

La idea del multiverso sería abundantemente utilizada años después en los comics de superhéroes
de Marvel y, sobre todo, DC. Y, en el caso de la primera, también adoptaría el concepto de mutantes como colectivo perseguido a partir de la creación de los X-Men por Stan Lee, en 1963. Ciertamente, no era una idea nueva ni siquiera en los cincuenta. La ciencia ficción ya había introducido ese concepto en novelas como “Slan” (1940) de A.E.van Vogt. Pero en el caso de “Un Anillo Alrededor del Sol”, debido al contexto histórico y social en el que se escribió y publicó la novela, la figura del mutante perseguido cobra un significado muy diferente.

El escenario geopolítico mundial de los años cincuenta estuvo dominado por la Guerra Fría entre Estados Unidos y sus aliados y la Unión Soviética y los suyos. Cada bando organizó sus propias estrategias propagandísticas para atacar y desacreditar el régimen político, económico y social del contrario, estrategias no solamente destinadas al exterior, sino también a sus respectivos ciudadanos. De este modo, los norteamericanos se vieron bombardeados con mensajes, eslóganes, discursos, literatura y películas que le adoctrinaban acerca de lo demoniaco de cualquier cosa no ya soviética, sino que sonara a socialista. América era una gran nación construida sobre la base del individualismo, la no intromisión de las autoridades en la esfera privada y el sistema capitalista. ¿Y qué había más contrario a eso que el
pensamiento comunista, la colectivización y la economía planificada? Por tanto, todo aquel que simpatizara con ideas de izquierdas, aunque éstas fueran tan honestas y legítimas moralmente como abogar por un mayor peso de los sindicatos o impulsar leyes que favorecieran la distribución de la riqueza, eran automáticamente acusados de comunistas.

Las cosas empeoraron tras el descubrimiento de varios casos de espionaje en suelo americano y británico. Fanáticos, desaprensivos e interesados se sirvieron de instituciones gubernamentales, como el Comité de Actividades Antiamericanas, para perseguir a cualquiera sospechoso de simpatizar con el ideario socialista. Cientos de personas fueron encarceladas, miles perdieron sus trabajos y vieron sus reputaciones arruinadas. Dado que algunos de los espías descubiertos eran homosexuales, automáticamente se pasó a investigar y perseguir a éstos por considerarlos portadores de una enfermedad social y, por tanto, potencialmente peligrosos para la nación. Las víctimas de semejante persecución pertenecían a todos los estratos sociales y económicos, desde funcionarios a actores, de maestros de escuela y profesores universitarios a trabajadores portuarios, de diplomáticos a cantantes.

¿Y qué son los mutantes en la novela de Simak sino auténticos revolucionarios que quieren
cambiar el mundo desmontando el sistema económico con sus mismas armas? No ponen bombas en las fábricas ni organizan manifestaciones. No, simplemente fabrican mejores artículos y los venden más baratos que las industrias ya establecidas; reparten comida gratis; proporcionan una salida vital a los desfavorecidos… Por supuesto, la élite económica y política los ve, si no como comunistas, sí como algo tan peligroso como ellos. Y, desde luego, se encargan de transmitir esa sensación de peligro a la población, creando una paranoia que incluye, como no podía ser de otra manera, la persecución, la sospecha y la violencia: “¿Quiere saber mi opinión? —decían—. Para mí son los comunistas los que inventaron todo eso de los mutantes. Recuerde lo que le digo: ellos están detrás de todo esto”.

Simak recoge en la novela con evidente disgusto la sensación de miedo e inseguridad propiciada por el gobierno incluso en el corazón de la nación: “Fue entonces cuando comprendió definitivamente que aun allí, en el centro del país, en las granjas y las pequeñas aldeas, en los comedores de la carretera, aún allí hervía el odio. Y eso constituía una muestra de la cultura edificada sobre la Tierra: una cultura basada en el odio, en un orgullo terrible, en la desconfianza hacia todos los que hablaban otro idioma, usaban otra ropa o comían platos distintos

Otra idea interesantísima y profética es la de los Fingidores, esos grupos de personas que forman asociaciones y recrean minuciosamente pero a su gusto épocas pasadas. Su ansia de escapismo, de dar forma a una realidad diferente a aquélla en la que viven y por la que sienten un profundo disgusto, recuerda mucho a ciertos aspectos de la sociedad del ocio de nuestros días, desde los jugadores compulsivos de rol a los fanáticos de los videojuegos o seguidores de tal o cual franquicia cinematográfica; gente, en definitiva, más interesada en los mundos imaginarios que en los reales. En palabras del propio Simak: ”El movimiento en si era escapismo puro, por supuesto, pero ¿de qué escapaba toda esa gente? De la inseguridad, tal vez. De la tensión, de una intranquilidad cotidiana e incesante que nunca llegaba a ser temor declarado, pero tampoco acababa en paz. Tal vez del estado mental de no sentirse jamás seguro: un estado mental que todos los refinamientos de una tecnología altamente desarrollada no podían compensar”.

La novela no está exenta de defectos. Como sucedía a menudo en la literatura pulp, toda la atención se sitúa en la trama mientras que la construcción de personajes es pobre y a menudo cae en el estereotipo. Así, la única mujer con cierto papel, aunque se nos informe de que es una competente profesional, no juega más función que la de servir de interés romántico del protagonista. Crawford, el agente del cartel empresarial, es un individuo cuya obesidad refleja su privilegiada posición social. Vickers es
el único que experimenta algún tipo de evolución, no tanto porque su carácter se moldee con la peripecia a la que se ve arrojado como por el conocimiento que obtiene de sí mismo, su origen y naturaleza. Por lo demás, es un personaje bastante aburrido y de escaso carisma.

Por otra parte, hay pasajes o ideas que por su disparidad no están muy bien hilados entre sí y con la trama: mutantes, androides, división de mentes, artefactos de funcionamiento casi milagroso, viajes a mundos paralelos, telepatía, robots… demasiados ingredientes para una sola receta, especialmente teniendo en cuenta que Simak no se molesta –porque, como dije más arriba, no le interesa- en profundizar en ellos. Con excepción de algunos detalles (como el pequeño espía robótico), el mundo del futuro que plantea carece de avances o cambios que lo distingan claramente de su presente: sigue existiendo la tienda de la esquina, el coche sigue dominando la vida del país y las llamadas telefónicas a larga distancia necesitan de un operador. Además y por último, la solución a los problemas del mundo propuesta por los mutantes no deja de ser una ocurrencia nacida de la ingenuidad y cuyo planteamiento y ejecución resulta implausible.

Puede que los temas e ideas de Simak estén en sintonía con los de Ray Bradbury, pero su prosa recuerda más a la de, por ejemplo, Asimov: sencilla y directa, su principal función es la de impulsar la historia hacia delante, dejando que la exposición de información se articule en forma de diálogos y pasajes introspectivos. Sin caer en la absoluta aridez literaria, no hay tampoco pretensiones estilísticas que puedan distraer de lo que es básicamente una trama centrada en el misterio.

“Un Anillo Alrededor del Sol” mantiene hoy día su atractivo y capacidad de entretenimiento. Al fin y al cabo, todos los temas que aborda siguen hoy tan vigentes como hace sesenta años: la tensión entre la empresa y el consumidor, los prejuicios contra quienes son o se comportan de forma diferente, la dependencia de la tecnología y el consumismo, el deseo de escapar de la realidad, nuestro destino como especie….

Recomendable para todos aquellos interesados en la ciencia ficción clásica y la forma en que ésta podía absorber los dilemas y temores de su tiempo. Aunque no es tan conocido –ni, digámoslo también, interesante- como “Ciudad” o “Estación de Tránsito”, constituye una buena toma de contacto con la obra de Simak, puesto que aquí el lector podrá encontrar todas sus virtudes, limitaciones e intereses.


2 comentarios:

  1. No conocía ni al autor ni a la obra...gracias por el articulo y me apunto la recomendación.

    ResponderEliminar
  2. autor a tener en cuenta, sobre todo por sus dos obras principales, "Ciudad" y "Estación de Tránsito", ambas comentadas en este blog. Un saludo

    ResponderEliminar