sábado, 15 de octubre de 2016

FRANK KELLY FREAS



La ciencia ficción es una literatura de ideas. Es también una literatura que trata de mostrarnos el futuro..aunque bien podríamos decir “un futuro”, puesto que los escritores del género no pretenden ser visionarios capaces de predecir lo que nos espera. “Simplemente”, miran hacia adelante para enseñarnos las maravillosas posibilidades que nos aguardan…o avisarnos de peligros potenciales. La CF es una literatura que estimula la imaginación en mucha mayor medida que cualquier otra, que enseña, anima a la reflexión e inspira. Los ilustradores del género deben ser capaces de recoger y representar en imágenes todas esas ideas plasmadas por los escritores mediante palabras y, además, despertar en quien las ve el sentido de lo maravilloso. Uno de los artistas que mejor ejemplifica estas cualidades es Frank Kelly Freas.



Hay ilustradores que han inventado mejores alienígenas, naves más realistas, planetas más convincentes y heroínas más sensuales. Pero de la misma forma que Frank R.Paul fue la quintaesencia de la ilustración CF de los años veinte y treinta, el arte de Frank Kelly Freas representó –y, de hecho, definió- toda una era gracias a sus maravillosas pinturas para portadas e ilustraciones en blanco y negro que adornaron las revistas de su tiempo. También produjo una abundante obra para portadas de libros durante y después de ese periodo. Pero es que, además, vivió y respiró la CF: amaba intensamente el género y muchos de los principales escritores y editores de la segunda mitad del siglo XX lo admiraban y consideraban su amigo.

Freas nació en Hornell, Nueva York, en 1922 y creció en Canadá. Tras su paso por las Fuerzas Aéreas en la Segunda Guerra Mundial, estudió en el Instituto de Arte de Pittsburgh y consiguió un trabajo como ilustrador publicitario. Fue entonces cuando un amigo le animó a enviar muestras de su trabajo a la revista “Weird Tales”. Allí no sólo se las aceptaron, sino que se mostraron dispuestos a ofrecerle más encargos, empezando por la portada del número de noviembre de 1950. Freas
decidió entonces reconvertir su carrera y dedicarse exclusivamente a la ilustración de temas de ciencia ficción y fantasía. Su trabajo empezó a aparecer en algunas de las publicaciones icónicas del género: “The Magazine of Fantasy and Science Fiction”, “Planet Stories”, “If”, “Fantastic Universe”, la mencionada “Weird Tales”… hasta llegar a la joya de la corona: “Astounding Science Fiction”. Fue allí y en ese momento cuando el artista empezó su larga amistad y relación profesional con el legendario editor de esa cabecera, John W.Campbell, una relación que duró nada menos que 48 años.

Mientras tanto, el trabajo de Kelly Freas fue llegando a otros ámbitos. Por ejemplo, la revista humorística “Mad”, con la que colaboraría nada menos que cincuenta años, no sólo con caricaturas en blanco y negro para las páginas interiores sino con anuncios publicitarios paródicos de productos famosos y magníficos retratos de la mascota-héroe de la publicación: Alfred E.Neuman. También fue un apasionado defensor del programa espacial norteamericano. Tanto es así que la NASA le pidió que diseñara el logo oficial de la misión Skylab 1. También pintó
una serie de posters promocionando la exploración espacial, recogidos luego en un volumen especial.

El arte de Kelly Freas es fácilmente identificable por la humanidad y emoción que insuflaba en sus personajes –ya fueran humanos o no-. Esta característica está perfectamente representada por algunas de las primeras portadas que pintó, como la de la novela “¿Quién?” (1958) de Aldrys Burgys o el relato “The Gulf Between” (1953) de Tom Godwin, para la que pintó una de las más famosas ilustraciones de un robot: un gigante de metal que sostiene un cadáver en su mano mientras su cara refleja pena y remordimiento. Se convirtió en un icono tan conocido que los miembros de la banda de rock Queen le pidieron a Freas que reinterpretara la pintura con ellos descansando en la mano del robot, convirtiéndola a continuación en la portada de su álbum “News of the World” (1977). Inolvidable es también el marciano verde que sonríe al lector en la portada de “¡Marciano, Vete a Casa!” (1955), de Frederic Brown.

Su toque perfeccionista hacía que sus pinturas y dibujos estuvieran exquisitamente ejecutados, llenos de detalles, realismo, energía y vibrante movimiento. Utilizó todo el espectro de técnicas gráficas a su disposición para asegurarse de que su trabajo siempre ofreciera el máximo de calidad. Incluso cuando sus imágenes se veían condicionadas por el lenguaje visual pulp, Freas siempre conseguía aportarles algo extra, algo especial que las hacía destacar por encima del resto.

En una gesta sin precedentes, Freas fue nominado veinte veces al premio Hugo, ganándolo en diez ocasiones entre 1955 y 1976, un record que sólo ha sido sobrepasado por su colega norteamericano Michael Whelan. Prueba de su generosidad profesional fue que acabara pidiendo a los organizadores del premio que retiraran su nombre de las nominaciones para brindar a otros artistas la oportunidad de ganar un merecido reconocimiento.

Frank Kelly Freas está justificadamente considerado como el artista que revitalizó el arte y la iconografía de la CF tras la Segunda Guerra Mundial, además del más prolífico y popular de todos ellos. Murió en 2005, pero hoy día, las portadas de muchos libros y revistas siguen delatando su influencia y no hay artista joven que quiera dedicarse al género que no conozca su trabajo.




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