sábado, 12 de junio de 2010

1891-NOTICIAS DE NINGUNA PARTE - William Morris


El tema de la ciudad del futuro se utiliza muy a menudo en historias que tratan sobre los cambios motivados por un progreso continuado. A menudo usa un argumento convencional de intriga o una narración de revoluciones contra opresores tecnológicos. Cuando los escritores de CF especulan sobre el futuro de la vida en la Tierra, sus visiones están inevitablemente dominadas por las imágenes de la ciudad. La historia humana es sobre todo la historia de la fundación y crecimiento de ciudades: ése es el significado de la palabra civilización.

Cuando los escritores utópicos empezaron por primera vez a trasladar sus Estados ideales hacia el futuro, imaginaron las ciudades como algo perfecto, una imagen que respondiera a sus propios deseos. Louis-Sebastien Mercier transforma París en “Recuerdos del Año Dos Mil Quinientos” (1771); Edward Bellamy imagina Boston en “El año 2000: una visión retrospectiva” (1888); y en el caso que nos ocupa ahora, William Morris hace lo propio con Londres, aunque desde un punto de vista bastante diferente como veremos a continuación.

Fueron estos últimos años del siglo XIX tiempo de sueños, de utopías, de ilusiones por un mundo mejor gracias a los avances tecnológicos y sociales. Entre 1888 y 1895 se editaron más libros de este subgénero que en todo el siglo precedente. Sin embargo, lo cierto es que no se diferenciaban demasiado unos de otros en cuanto a sus aproximaciones al futuro. Muchos de ellos seguían los pasos de la obra de Bellamy, ya fuera recreando una utopía semejante u oponiéndose a ella, pero siempre intentando construir una estructura económico-social lo más justa posible. Y aunque el mundo completamente comunal que plantea Bellamy prácticamente desaparece en las obras del resto de sus seguidores/imitadores, el socialismo sí se plantea de forma directa como el sistema más adecuado en la búsqueda de esos nobles fines.

William Morris es el autor al que se le suele atribuir el origen del género de la fantasía heroica. Hombre de muchos talentos (poeta, novelista, artista e impresor) se le recuerda no sólo por sus diseños de muebles, tapices y objetos decorativos, sino como el autor de novelas situadas en mundos imaginarios de inspiración medieval. Sus cuentos influenciaron a muchos otros escritores de fantasía, como Lord Dunsany, C.S.Lewis o J.R.R.Tolkien. Sus historias de grandes aventuras, valerosos héroes, atractivas mujeres y paisajes de gran belleza, continúan gozando de popularidad como demuestran sus regulares reediciones.

Sin embargo es una novela de ciencia ficción, "Noticias de Ninguna Parte” (1890), el trabajo más conocido de Morris, un relato utópico de una sociedad comunista del futuro, directamente inspirado por Marx y Ruskin y escrito en respuesta a las utopías socialistas que Morris interpretaba como frías, mecánicas y carentes de alma. Escrito en los últimos años de su vida, Morris destiló aquí muchas de sus ideas sobre política, arte y sociedad, imaginando un mundo anarco-libertario en el que el capitalismo ha sido abolido por una revolución proletaria y donde naturaleza y sociedad se han convertido en entornos confortables para la humanidad.

William Guest se duerme tras volver a casa de una reunión de la Liga Socialista. Despierta para encontrarse en el futuro, en una sociedad basada en la propiedad comunitaria y un control democrático de los medios de producción. En esta sociedad no hay propiedad privada, ciudades, autoridad reconocible, divorcio, tribunales, prisiones o clases sociales… nada de lo que nosotros damos por sentado en la actualidad. El edificio del Parlamento sirve para almacenar estiércol –poco sutil ataque a los políticos-; en cambio, el palacio de Hampton Court ha sido reciclado como museo para objetos de una belleza singular, donde todo el que lo desee pueda disfrutarlos… Es, como dice Morris, una celebración de “la infancia del mundo”

Esta sociedad, basada en la agricultura, funciona simplemente porque la gente encuentra placer en vivir en contacto con la naturaleza y, por lo tanto, disfruta con su trabajo. Y esa es una de las diferencias más importantes con la obra de Bellamy, la cual había comentado Morris en 1889, discrepando con ella en cuanto al papel de la tecnología y las máquinas, central en “Una visión retrospectiva”. Según Morris, la multiplicación de máquinas sólo podía dar como resultado más y más máquinas. Él creía que en un futuro ideal no se debía reducir el trabajo al mínimo gracias a la maquinización, sino rebajar la molestia del mismo hasta tal punto que dejaría de ser algo indeseable, una condición sólo alcanzable estableciendo una total igualdad entre los hombres.

Este rechazo al avance tecnológico es, desde luego, un punto de vista un tanto inverosímil pero comprensible al fin y al cabo. Al comienzo del libro, el escritor describe un viaje en metro mientras Guest vuelve a su casa, una experiencia a todas luces desagradable y en claro contraste con la luminosa sociedad pastoral a orillas del río Támesis que imagina en el año 2101 (hay quien ha comentado con sorna que el clima inglés debía haber mejorado muchísimo en el futuro sin necesidad de utilizar sistemas de control ambiental).

El hombre se ha pasado miles de años esforzándose por crear una tecnología que le permita desvincularse de los caprichos y crueldades de una Naturaleza no siempre bondadosa; pero luego, cuando se da cuenta de que ha perdido el contacto con ella, añora una vuelta a un mundo natural idealizado y poco realista. Esto sucedía en el siglo XIX, época de grandes cambios tecnológicos en el que la gente quedaba confinada en ciudades cada vez más aisladas del campo. Hoy, en la era de los ordenadores y los viajes espaciales, se sigue respirando ese sentimiento de añoranza por un mundo pasado, menos tecnificado y con una mayor vinculación y comprensión de la Naturaleza.

El libro va recorriendo diversos aspectos de la sociedad, su organización y las relaciones humanas. Como sucedía en la novela de Bellamy, aparece aquí la figura del mentor-guía, el viejo Hammond, que muestra y explica al protagonista el funcionamiento de ese mundo postrevolucionario del futuro; Dick y Clara se convierten en buenos amigos de Guest, a quien ayudaran en su aventura; Ellen es el interés romántico del libro, una mujer trabajadora emancipada gracias al socialismo.

En realidad, las mujeres no están tan liberadas como quiere hacernos ver Morris. Se las respeta como madres y como compañeras, pero la división del trabajo permanece inalterada. Aunque no están confinadas a las labores domésticas, el número de tareas y oficios que pueden realizar es menor que el de los hombres y la función de ama de casa es, al fin y al cabo, la que se considera más adecuada para ellas de acuerdo con un original argumento: “Los hombres ya no tienen ninguna ocasión para tiranizar a las mujeres o éstas a los hombres (…) las mujeres hacen lo que se les da mejor y lo que más les gusta y los hombres no están celosos por ello ni se sienten heridos”. “Es un placer para una mujer inteligente llevar una casa con habilidad y, al tiempo, hacer que a sus compañeros les agrade el aspecto de ella. Ya sabes que a todo el mundo le gusta recibir órdenes de una mujer hermosa”.

Esta actitud machista parece contrastar con el hecho de que en ese Londres del futuro no hay tribunales, divorcio o contratos matrimoniales. Las relaciones entre hombres y mujeres son totalmente libres y flexibles. Hammond explica a Guest: “debes comprender de una vez por todas que hemos cambiado en lo referente a todos esos asuntos o, más bien, nuestro punto de vista sobre ellos es diferente. No nos engañamos ni creemos que podemos liberarnos de todos los problemas que acosan a los sexos, pero no estamos tan locos como para acumular degradación e infelicidad comprometiéndonos en sórdidas riñas sobre nuestro sustento y posición y el poder para tiranizar a los niños producto del amor o de la lujuria”. En Ninguna Parte la gente vive en una especie de comunas de tamaño variable; la familia nuclear ya no es necesaria. La monogamia sigue siendo lo habitual, pero la gente es libre de seguir sus sentimientos cuando éstos aparezcan, puesto que no existe un contrato matrimonial propiamente dicho que les imponga una serie de obligaciones legales, morales o financieras.

El mismo delirio libertario aparece en el campo de la educación, donde no existe un sistema reglado, sino que la gente elige su propia forma de aprender. Los niños “suelen organizar fiestas y juegan durante semanas en los bosques durante el verano, viviendo en tiendas. Les animamos a hacerlo; aprenden las cosas por sí mismos y terminan conociendo a las criaturas salvajes; y se comprueba que cuanto menos permanezcan dentro de las casas, mejor para ellos”. En definitiva, el aprendizaje a través de la naturaleza le parece a Morris la forma idónea de educación para una sociedad agrícola.

Unos años antes, en 1886, Morris había conocido al famoso anarquista ruso Peter Kropotkin y le había invitado a escribir para el diario que editaba, The Commonweal, una tribuna en la que (además de serializar “Noticias de Ninguna Parte) ocasionalmente servía para manifestar sus simpatías comunistas, aunque nunca llegó a calificarse a sí mismo como anarquista. Éstos, sin embargo, siempre gustaron del genio de Morris y lo respetaron como alguien cercano a sus planteamientos ideológicos.

Así, aunque la utopía futurista de “Noticias de Ninguna Parte” describe su sistema social como comunista, en realidad se acerca mucho a lo que los anarquistas propugnaban como sociedad ideal. El capítulo XIII, “Sobre la política” nos da una prueba de ello: sólo tiene doce líneas, “porque no tenemos ninguna”, escribe el autor.

Por su parte, los anarquistas siempre tuvieron gran aprecio por el libro de Morris. En una carta publicada en la revista del movimiento, “Libertad”, en 1891, un escritor anónimo afirmaba: “El camarada Morris no es un anarquista por convicción, pero su carácter es el de un anarquista de nacimiento y en mucho de lo que ha escrito –por ejemplo “Noticias de Ninguna Parte”- el más puntilloso de los anarquistas tendría que buscar con microscopio para encontrar puntos de desacuerdo”. El propio Kropotkin afirmó en 1896 sobre este mismo libro que era “quizá la más profunda y completa concepción de una sociedad anarquista del futuro que se haya escrito jamás”.

Ciertamente, “Noticias de Ninguna Parte” le debe demasiado a “El año 2000: una visión retrospectiva” de Bellamy. El tema, el desarrollo de la historia y la ambientación son demasiado parecidos, y ello le impide tener la misma relevancia que su predecesora. Pero no son en absoluto obras gemelas en su trasfondo ideológico: mientras Bellamy veía con simpatía lo urbano, Morris optaba por lo pastoral; mientras el primero alababa la Revolución Industrial y el poder de las máquinas, Morris suspiraba por una vuelta a una vida más orgánica en la que las máquinas sólo se utilizaban para aliviar las peores cargas; mientras Bellamy veía un Estado todopoderoso como salvador y protector del hombre, Morris deseaba un futuro sin gobierno.

Por otra parte, el optimismo de escritores como Bellamy o Morris respecto a lo que nos aguardaba en el futuro no era ni mucho menos universal. En aquellos años las ciudades crecían tan rápidamente a la sombra de la revolución industrial que aparecieron barriadas pobres afectadas por la enfermedad, la pobreza y el crimen y muchos escritores del momento encontraron un futuro horrible al que mirar. De ellos hablaremos en futuras entradas.




Existen varias ediciones de esta novela en español, las dos más recientes son de Abraxas (2000) Minotauro (2004)

8 comentarios:

  1. Es muy importante darse cuenta, de que tenemos la facultad de fijar objetivos y actuar para su realización.
    La mayoría de los autores, nos hablan de historia y de cuestines que ya no pueden cambiarse.
    Si efectivamente hicieramos planes para el futuro, podríamos educar y capacitar a las personas para convertir esos planes en realidad.
    Con la tecnología y las máquinas ya existentes y el Internet, se podría planificar un futuro a no más de 20 años, para que las nuevas generaciones vivieran en un mundo mejor para todos y con un idioma universal (además del que se habla en cada uno de los grupos que hay en la tierra), los puntos de referencia serían iguales para todos, y con la educación y capacitación adecuadas, el perfeccionamiento de las mejores ideas, su puesta en practica y la producción y el intercambio de bienes y servicios, así como de materias primas y recursos no renovables, una paternidad responsable e iguales oportunidades para todos, acabarían la ignorancia, la pobreza y las guerras.
    Bellamy y Morris, escribieron sus novelas hace más de 100 años, nosotros podríamos forjar un mundo real y mejor en mucho menos tiempo.
    El egoísmo, la ambición y los deseos de poder, fama y riqueza, no son naturales sino aprendidos en éste sistema de competencia en el que hay unos pocos vencedores y miles de millones de perdedores.
    Ningún individuo es igual a otro, y sin embargo nuestras necesidades básicas son las mismas. Hay a quienes les gusta vivir en el campo y quienes prefieren la ciudad. A unos, les atrae el deporte y a otros el estudio. Unos gustan de la rutina y otros de cambios constantes.
    A pesar de las diferencias o gracias a ellas, podemos complementarnos y asñi como en el organísmo hay glándulas, nervios, huesos, músculos y órganos diferentes que forman el organísmo, así también los individuos pueden formar un cuerpo social en el que haya todo lo necesario para que funcione perfectamente y cada cual cumpla con su cometido.
    No es fácil describir en unos cuantos reglones toda la idea; pero quién haya leído "Igualdad" y En el año 2000" de Edward Bellamy y "Noticias de Ninguna parte" de William Morris, podrá perfeccionar sus ideas y aportar nuevos elementos para completarlas, sobre todo si tiene una preparación profesional que aplica adecuadamente.

    ResponderEliminar
  2. desgraciadamente, siempre que los políticos y revolucionarios han tratado de empujar en la dirección de alguna utopía -diseñada según sus ideologías- las cosas han salido rematadamente mal.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. la respuesta a manuel:sale rematadamente mal porque los politicos y revolucionarios(?) actuan para el pueblo (?) pero sin el pueblo: no se preocupan en concienciar sino en endoctrinar creando partidismos y sectarismos, es decir contribuyendo a perpetuar el estado de confusion ideologica y division entre los ciudadanos constituyendo asi el caldo de cultivo de dirigismos, liderazgos y herarquias que tanto favorecen a los poderes establecidos emanantes de este sistema de sociedad llamado CAPITALISMO. Mientras no nos convenzamos de que la obra emancipativa de la humanidad pertenece unica y exclusivamente a una humanidad concienciada y segura del papel historico que debera jugar para llevar adelante el cambio trascendental, que la humanidad ya pide a voces para salir de esta pesadilla social de la prehistoria que aun nos encontramos y entrar en la autentica y genuina historia de la humanidad

      Eliminar
  3. Està muy bien eso de la igualdad, pero al rebajar el nivel tecnológico y científico, de escondidas habria muchos que intentarian gobernar este mundo fácil de conquistar; la humanidad no es mala, solo unos cuantos, y si esos no se pueden neutralizar, la sociedad cae.

    ResponderEliminar
  4. Me alegra que una obra de ciencia-ficción levante semejante controversia. Demuestra que este género es capaz de mucho más que simples aventuras espaciales. Sigo opinando que las utopías son un género en buena medida muerto. Las utopías florecieron en el siglo XIX e incluso H.G.Wells imaginó varias a comienzos del XX. Sin embargo, esas obras, leídas hoy, resultan bastante repugnantes en sus propuestas por no decir irreales.

    Y el caso es que tras la Primera Guerra Mundial, prácticamente desaparecieron del panorama. No hablemos ya después de la Segunda Guerra. Desde entonces, la ciencia-ficción reflejaría muy bien la abierta desconfianza de los autores hacia regímenes pretendidamente generosos y paternalistas que, en aras del bien común, no admitían la más mínima discordia. Un ejemplo interesante e inteligente de esto es un cómic del año 1977, "La ciudad que no existía", comentado en este mismo blog. Al final, los objetivos de uno no son los de los demás. O bien, aunque el objetivo sí sea deseable, los medios para conseguirlo son el motivo de discordia.

    Quizá sea una lástima, pero yo ya no creo en utopías. Ni la ciencia-ficción tampoco (al menos hoy).

    ResponderEliminar
  5. No viven igual los esquimales rodeados de nieve que los que habitan en desiertos, en montanas o llanos, en playas o praderas, bosques o llanuras, pueblos o ciudades. El pescador y el campesino, son tan distintos como el cazador y el minero. Sin embargo, las necesidades son substancialmente las mismas. Todos necesitamos agua, alimentos, ropa, muebles y habitaciones, regaderas y escusados. En cambio, en nuestras conductas individuales hay cambios, pero la libertad responsable, no lesiona a nadie sin motivo. Hay que analizar el motivo y el resultado que se produce de cada acción individual, así como la mejor forma de producir e intercambiar lo que todos requerimos para vivir y convivir.

    ResponderEliminar
  6. EL SENTIDO DE LA VIDA.
    La palabra Dios, aparece después de que los hombres empiezan a pregustarse acerca del origen del Universo y la inteligencia. Sin sentidos físicos, no hay ni puede haber sensaciones ni sentimientos. Sin EL IDIOMA, no hay ni puede haber un "Yo" consciente de sí mismo. "Nada hay en la inteligencia que no haya pasado primero por los sentidos": Al ser capaces de elegir, coordinar y subordinar lo captado por los sentidos, nos damos cuenta que no hay LIBERTAD SIN RESPONSABILIDAD, educación y experiencia.
    Nadie ha podido probar que haya otro planeta igual a la Tierra o vida en otra parte del Universo, ni cómo, cuándo y por que surgieron las taxias los tropismos, reflejos, sexos, instintos y memoria y por eso hay tantos dioses, religiones guerras y sectas. ESAS CONDICIONES PUEDEN Y DEBEN CAMBIARSE por cualquiera que ayude al prójimo y lo intente SERIAMENTE.

    ResponderEliminar
  7. Una sociedad basada en la razón, la ética y la felicidad, piensa en objetivos o metas y en la forma en que se pueden realizar. Todos podemos convivir mejor con mutualismo y sin mediocridad ni pobreza. No son las competencias, sino el MUTUALISMO lo que se debe fomentar. Hay una disposición voluntaria, un término medio entre dos extremos por exceso o por defecto. El punto de equilibrio que hace que la vida valga la pena de ser vivida, requiere inteligencia. En la vida hay placer y sufrimiento; pero muchos extremos pueden evitarse. No puede existir la perfección.

    ResponderEliminar