sábado, 19 de marzo de 2016

2006- THE HOST – Bong Joon-ho


Tras dirigir la comedia “Flandersui gae” (2000), el realizador coreano Bong Joon-ho obtuvo un considerable éxito con “Crónica de un asesino en serie” (2003), basada en un caso real. Bong no solo disfruta rompiendo las reglas no escritas de los géneros que toca, sino que parece reinventarse con cada película: resulta difícil imaginar tres cintas más diferentes que las comentadas: una comedia indie, un thriller policiaco realista y, en 2006, una cinta de ciencia-ficción “de monstruos”, “The Host”, en la que los efectos especiales jugaban un papel fundamental y que, además de convertirse en el film más taquillero de la historia de Corea, causó sensación en su estreno durante el Festival de Cannes (Bong seguiría fiel a su eclecticismo en los años posteriores dirigiendo el drama “Madre” (2009) y la cinta postapocalíptica-distópica “Snowpiercer” (2013)



El haragán Park Gang-du trabaja en el puesto de comidas de su paciente padre en las orillas del río Han, en Seul, pero se pasa la mayor parte del tiempo dormitando. Sus dos hermanos, el inteligente pero desempleado Nam-Il y la campeona de tiro al arco Nam-Joo, no le tienen demasiado aprecio y la única luz de su vida es su hija, la adorable Hyun-Seo, a la que todo el mundo quiere.

Una tarde en la que el lugar está muy animado, los concurrentes contemplan cómo un monstruo surge repentinamente del río y causa una brutal matanza antes de volver al agua llevándose consigo, casi accidentalmente, a Hyun-Seo. Las autoridades ordenan poner bajo cuarentena a aquellos que se han expuesto al contacto con la criatura por miedo a que pueda transmitir algún tipo de virus. Gang-du, su padre y sus hermanos son recluidos y mientras esperan que los médicos les revisen, Gang-du recibe una llamada de Hyun-seo a su teléfono móvil, lo que demuestra que
sigue viva aunque atrapada en algún punto del sistema de alcantarillado de la ciudad junto a otras víctimas del monstruo. La familia escapa y se organiza para rescatar a la niña y detener al ser que la mantiene cautiva, algo que no será fácil puesto que la ciudad se halla bajo la ley marcial y a punto de ser gaseada por los soldados americanos en un desesperado intento por acabar con el engendro.

“The Host” pertenece al subgénero de las “monster movies” que, gracias al avance en las
técnicas de efectos visuales, han frecuentado las salas de cine con regularidad desde “Parque Jurásico” (1993). Críticos y espectadores quedaron gratamente sorprendidos no sólo por la forma original y sorprendente en que Bong integró las imágenes digitales en la película, sino por su visión fresca de una premisa tan ajada que parecía irrecuperable: la del pequeño grupo de individuos confinados en un espacio reducido y asediado por una agresiva y letal criatura.

Cuando Steven Spielberg no consiguió hacer funcionar correctamente su animal mecánico durante el rodaje de “Tiburón” (1975) tomó una decisión que iba a marcar el cine de suspense desde entonces: no enseñar la criatura sino sugerirla a través de planos de visión subjetiva, música ominosa y planos rápidos, oscuros o borrosos del monstruo. El saber que el peligro estaba allí pero no poder verlo claramente y mostrar al monstruo sólo en el clímax final tras una tensión creciente distribuida lo largo de toda la película fue un recurso que adoptaron infinidad de películas posteriores.

Pues bien, Bong Joon-ho, ayudado por el hecho de que los efectos digitales hacen siempre lo que uno les ordena, decide saltarse esa consolidada tradición y presentar al monstruo a los pocos
minutos del comienzo; y, además, mostrarlo a plena luz del día y perfectamente definido. En su primera aparición surge como una figura borrosamente entrevista tras las multitudes en la orilla del río y empieza a correr a grandes trotes entre los gritos de la gente; pero unos segundos después, cuando empieza la matanza, su grotesca forma ya es perfectamente distinguible aunque la secuencia esté rodada de una forma aparentemente improvisada, como si se tratara de alguien captando el momento en la cámara de su móvil. Si esos primeros e intensísimos minutos no consiguen paralizar al espectador en la butaca, nada lo hará.

Incluso aunque parte de la acción se desarrolla en un entorno subterráneo –las alcantarillas y enormes túneles de desagüe de Seúl-, una tradición heredada del terror gótico, el mundo que vemos en “The Host” está, sobre todo, bien asentado en la realidad, lo que permite desviar la
narración a otros puntos de interés, como la relación entre los miembros de la familia, el deseo de recomponer los lazos rotos entre ellos y las dificultades de comunicación en el ámbito de esta institución y con el exterior.

Bong también introduce una dosis de crítica social y/o política en la historia (que él mismo escribió), lo que es doblemente interesante para el espectador occidental al tener así acceso a una sensibilidad y problemas diferentes –o no tanto, según se mire-. La película ataca de forma abierta al gobierno americano tanto por interferir en los asuntos domésticos de Corea como por su desprecio hacia los problemas medioambientales: el monstruo se origina a raíz del vertido de productos tóxicos ordenado por el científico de una base militar norteamericana (esta escena, por cierto, se basó en un tristemente conocido incidente del año 2000, cuando el director de la funeraria de la base militar de Yongsan ordenó verter 120 litros de formaldehido por las cañerías ordinarias. Aunque el líquido pasó por dos plantas de tratamiento
antes de llegar al río Han –del que se toma el agua potable de Seúl-, el escándalo encendió los ánimos antiamericanos en Corea del Sur).

De fondo y a través del hermano de Gang-Du, se introduce el sentimiento de decepción que sienten muchos jóvenes coreanos, de gran cualificación pero incapaces de obtener un empleo. La campaña de desinformación orquestada por los americanos afirmando que el monstruo puede ser fuente de una enfermedad vírica remite a las alertas sanitarias que ha sufrido Asia durante los últimos años. La película ve a la sociedad como algo tan monstruoso como la propia criatura que ha creado, solo que mucho más absurda: mientras que el ser mata para sobrevivir, las autoridades tratan de aniquilarlo utilizando una sustancia aún más peligrosa para los ciudadanos que el propio monstruo.

Pero lo más impactante del film, desde luego, es el aspecto visual. El monstruo es un ser mutante, anfibio, con piel verduzca como la de una salamandra, patas de batracio y un morro que se asemeja a una vagina con doble mandíbula, una referencia sexual similar a la que H.R.Giger incluyó en sus diseños para “Alien”. De hecho, la criatura de “The Host” es uno de los mejores monstruos que se han podido ver en el cine desde la saga de Alien; igualmente feroz, versátil y difícil de matar, pero con su propia personalidad y forma de moverse: puede nadar, trepar, correr, saltar y dar volteretas ayudado por su cola.

Cada aparición del monstruo es dramática y sobrecogedora y los espectadores se mantienen en
tensión morbosa viéndole devorar brutalmente a sus víctimas o ejecutar espectaculares movimientos por los techos de los túneles o las estructuras de los puentes. Para crear todos estos efectos, Bong tuvo el acierto de viajar al extranjero para utilizar las instalaciones y recursos de varias compañías americanas de efectos digitales relativamente desconocidas, así como alquilar el Weta Workshop de Peter Jackson para fabricar las figuras de la criatura.

El problema es que, cuando el monstruo desaparece de la narración, ésta pierde mucho interés.
Bong subvierte otra de las convenciones del subgénero situando al principio el tipo de escena espectacular y sangrienta con la que suelen culminar este tipo de películas. En comparación, el resto de la historia parece un anticlímax en la que se va desplazando el foco de atención de un personaje a otro sin que el espectador sepa muy bien quién sobrevivirá al final (desde luego, no todos los que uno cabría esperar si esto fuera una película de Hollywood). Ni siquiera el enfrentamiento final está a la altura de la primera secuencia, ni en intensidad ni en efectos especiales. Sus dos horas de duración se me antojan excesivas y probablemente podrían haberse eliminado varias secuencias de correrías por las alcantarillas y algunos subargumentos sin que la historia principal se resintiera.

Por otra parte, resulta chirriante –al menos en mi opinión- ese gusto de Bong por la comedia
bufonesca, por la astracanada, tan propia del cine de Hong Kong. Algunas veces se agradece el alivio humorístico tras el drama y la sangre de las escenas con el monstruo (la escena de la gente esperando el autobús mientras un individuo empieza a toser es macabramente divertida), pero otras parecen sobreactuadas y fuera de lugar ya que socavan el esfuerzo por ir acumulando tensión en la trama. El “héroe” es irritantemente torpe y Bong dedica demasiado metraje a recrearse en sus niñerías de retrasado mental. Por último, el subargumento de la posible plaga no está bien desarrollado y parece una adición forzada para intentar impulsar la historia de fondo en alguna dirección.

“The Host” es una película interesante que recupera y renueva el subgénero de monstruos. Como he apuntado, dista de ser perfecta, pero su ambientación, personajes, vitalidad y subversión de los tópicos y clichés más tradicionales la aleja de la típica producción de Hollywood demostrando que incluso los viejos monstruos tienen aún mucho que decir…


1 comentario:

  1. Particularmente me gusta demasiado esta cinta, la que orgullosamente tengo también original en mi colección. En general concuerdo bastante con lo que dices, no obstante en cuanto a que se hace larga, en ningún momento me ha parecido así, de todas las veces en que la he visto. Por cierto, tiene muy buena música.

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