Las ucronías o historias alternativas (término bautizado por Charles Renouvier y del cual hablamos algo en un post anterior) son un campo disputado tanto por la fantasía y la ciencia-ficción. Y es que cuando hablamos de ésta última, pensamos automáticamente en el futuro, tecnología avanzada, la aventura espacial, alienígenas… Sin embargo, desde que el viaje temporal comenzó a formar parte del género en el siglo XIX, los autores no tardaron en preguntarse qué ocurriría si alguien del presente –o del futuro- se trasladase a una época anterior e hiciese algo que cambiara la corriente temporal. La eliminación del propio viajero del tiempo fue la evolución natural: ¿qué sucedería si un evento clave de la Historia tal y como la conocemos, no hubiera tenido lugar? ¿En qué serían las cosas diferentes? El campo de desarrollo de esta ficción es infinito.
¿Por qué puede adscribirse a la ciencia-ficción este subgénero con más naturalidad que a la fantasía? Bueno, es este un debate interminable en el que hay opiniones para todos los gustos, pero digamos que en las “Historias Alternativas” no hay elementos fantásticos. Los acontecimientos históricos, la sociedad, la tecnología… son diferentes a como son hoy en día, pero forman un mundo coherente con el cambio histórico que se ha introducido de partida. Aquí no hay brujos, presencias sobrenaturales, vampiros ni seres extradimensionales responsables de la alteración de la corriente temporal. Se trata de la construcción de un mundo lógico y racional regido por nuestras mismas pautas humanas y naturales, solo que en lugar de hacerlo en el futuro o en otro planeta, se edifica sobre una corriente temporal distinta.
Las encrucijadas históricas clave de las que hablaba más arriba son conocidas como puntos Jumbar: ¿Qué hubiera ocurrido si Napoleón hubiera conquistado el mundo? ¿Y si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿En qué habrían cambiado las cosas si los vikingos hubieran colonizado con éxito Norteamérica? Por supuesto, son especialmente atractivas las novelas que introducen a las grandes religiones. Aquí tenemos una de ellas.

Hacía ya mucho tiempo que el Imperio se había esfumado cuando su capital, Constantinopla, cayó en


El resultado es que todo el mundo conoce a los vikingos, cuya historia de esporádicas y violentas incursiones duró “sólo” un par de siglos. En cambio, sólo los aficionados a la historia y los eruditos recuerdan a Justiniano, san Juan Crisóstomo, Belisario o Heráclito, grandes figuras de la historia bizantina.
Harry Turtledove recupera esa etapa histórica en esta novela y lo hace, además, estableciendo un

En “Agente de Bizancio”, el imperio romano ha continuado siendo la gran civilización occidental sin menoscabo de su poder hasta el siglo XIV. La Edad Media y su época de oscurantismo no han existido, Germania sigue siendo un territorio salvaje, los francosajones no pueden rivalizar con las tropas imperiales y el cristianismo es la única religión dominante. Como los árabes nunca iniciaron su guerra santa, los persas sasánidas mantienen aún el poder, siendo la única otra gran potencia del escenario político que detiene la expansión bizantina hacia oriente. Bizantinos y persas, cuyos territorios han estado expandiéndose continuamente, libran una especie de silenciosa guerra fría.

Basilios Argyros, un capitán de exploradores del imperio bizantino, nacido en los Balcanes, consigue gracias a su valerosa actuación en el frente ser destinado a Constantinopla como miembro del cuerpo de los Magistrianoi, la policía secreta imperial, una mezcla de espías, diplomáticos y enviados especiales para cometidos delicados en interés del emperador Nicéforo III.
La estructura de las historias sigue una pauta muy definida: Argyros se encuentra ante una situación

Y es que Turtledove sabe de lo que escribe. En 1977, dos años antes de publicar su primera novela, obtuvo un doctorado en Historia con una tesis sobre la monarquía bizantina. Y si algo ha cultivado este autor es la Historia Alternativa, subgénero que ha visitado quizá más que ningún otro escritor, con novelas ambientadas en variaciones de la Guerra Mundial o la Guerra Civil Americana.

Por último, me gustaría destacar dos puntos más: por una parte, que a pesar de su poder, el Imperio

Si quieres empezar a introducirte en el subgénero de la Historia Alternativa –no del gusto de todos los aficionados a la ciencia-ficción- “Agente de Bizancio” es una buena elección. Historias de marcado carácter aventurero muy entretenidas aun cuando se ajustan a una fórmula a veces algo previsible, son un ejemplo de ese inusual y poco cultivado arte de enseñar Historia… a través de una Historia que nunca existió.