domingo, 13 de julio de 2014

2004- BATTLESTAR GALACTICA (y 4)



(Viene de la entrada anterior)

Otro acierto consistió en variar radicalmente la perspectiva moral y ética respecto a lo esperable en una serie de estas características. Los conceptos del bien y el mal se tornan borrosos a la hora de exponer las brutales decisiones que han de tomarse en aras de la supervivencia. ¿Es moralmente aceptable sacrificar unas pocas vidas si con ello se salvan otras muchas? ¿Debemos dar una oportunidad a los que siempre han actuado como nuestros enemigos? ¿De qué principios podemos prescindir sin dejar de ser humanos? Son preguntas para las que no hay respuestas correctas a priori; que éstas sean correctas o deplorables dependerá al final de las consecuencias que tengan las decisiones tomadas.



Mientras que la serie original prefería pasar por alto problemas obvios, como conseguir alimento o combustible para la Flota, a menos que ello sirviera puntualmente como excusa para un argumento, BSG puso el énfasis en la ética del tipo de decisiones que, enfrentados a la supervivencia de toda una especie, se han de tomar. A veces, esas decisiones son brutales, como destruir una nave de pasajeros porque podría poner en peligro a toda la Flota; o abrir las esclusas al vacío para apagar un fuego, aun sabiendo que ello significará matar a decenas de personas; o dejar abandonados a la muerte a miles de humanos a bordo de naves que no pueden saltar al hiperespacio porque ello significará salvar al grueso de la Flota; o prohibir el aborto, aunque ello vulnere los derechos hasta el momento establecidos, en aras de aumentar el cada vez más menguado número de humanos vivos. Nunca el capitán Kirk o Picard tuvieron que tomar, en sus respectivas series de Star Trek, decisiones de tal envergadura.

El que personajes hacia los que el espectador siente una especial simpatía o proximidad tomen
decisiones moralmente ambiguas, aumenta su complejidad e incluso hace que, en determinadas situaciones, se comporten de manera contradictoria, algo que en el pasado se había considerado narrativamente confuso o, directamente, producto de la ineptitud literaria. Así, Adama es capaz de abandonar a algunos de sus hombres para que la Flota pueda ponerse a salvo, pero cuando es su hijo el que se pierde unos capítulos después, no duda en enfrentarse a la opinión de sus oficiales y poner en peligro a todos con tal de no abandonar la esperanza de encontrarlo. Su comportamiento quizá sea contradictorio, pero desde luego lo comprendemos. Es humano.

Es más, hay momentos en que los humanos parecen menos próximos a nosotros que los Cylones y éstos, a su vez, muestran rasgos claramente humanos. Poco a poco, una y otra especie van aproximándose. Ello se ejemplifica en la drástica evolución que experimentan algunos personajes. En la serie original, el conde Baltar fue un traidor sin fisuras, un humano que decidió aliarse con los Cylones por interés personal. En la versión de BSG, olvidado su título nobiliario, Gaius Baltar es un personaje más humano y complejo. Sí, le dio a los Cylones los códigos de defensa de las colonias; y no reveló a la Flota que Boomer era en realidad un Cylon; o que había mantenido un romance con uno de ellos, Cáprica Seis. Pero en lugar de parecernos malvado y traidor, lo vemos como un ser trágico, cobarde, atormentado, ansioso por sobrevivir a toda costa… humano al fin y al cabo… y al que, por tanto, podemos entender bien.

Pero además, sus experiencias, aunque dramáticas, le han brindado a Baltar una perspectiva única: que los Cylones no son necesariamente malvados. En cambio, a pesar de las evidentes semejanzas entre Cylones y humanos, Adama, la presidente Laura Roslin y, en general, todos los supervivientes de las doce colonias, los consideran máquinas y no dudan en arrojarlos al vacío.

Conforme avanza la serie, otros personajes empiezan a comprender que no todos los Cylones son engendros mecánicos. Una copia de Boomer, que de alguna forma incluso comparte las
memorias del original, se enamora de Karl Agathon (apodado en combate “Helo”). Agathon era una especie de página en blanco en lo que a caracterización se refiere y nunca se pretendió originalmente que alcanzara la importancia y desarrollo que luego obtuvo. En la miniserie original, quedaba abandonado en Cáprica tras el ataque nuclear y los guionistas no tenían previsto para él nada más interesante que una implícita muerte por radiación fuera de pantalla. Sin embargo, acabaría siendo segundo al mando y un auténtico héroe de la menguada raza humana. Todo un giro de la fortuna.

Pero volvamos a Boomer. La presidente Roslin estaba dispuesta a matarla, pero Starbuck la defiende. Este modelo nº 8 acabará siendo la esposa de Helo, con quien tendrá una hija, Hera, que juega un papel clave en el destino de ambas especies, la humana y la Cylon, como heraldo de una nueva raza. Boomer, además, conseguirá superar el rechazo de sus compañeros pilotos, demostrar su lealtad para con la Flota y forjar una cercana amistad con el comandante Adama, a quien ella misma trató de matar meses atrás.

La evolución de Baltar continúa cuando se convierte en el presidente electo de las Colonias y decide que la Flota detenga su huida y se establezca en un planeta al que se denomina Nueva Cáprica. Algunos preferirían continuar buscando la Tierra, pero otros están cansados de huir y de las condiciones de vida a bordo de muchas naves. Cuando parece que han conseguido escapar de la atención de los Cylones, empiezan a colonizar, no sin problemas, este nuevo mundo.

Un año después, al final de la segunda temporada, los Cylones los encuentran. La Galáctica y la Pegasus (otra estrella de combate que encontraron en esta misma temporada) están en órbita,
pero la mayor parte del personal se halla en la superficie comenzando una nueva vida y no pueden hacer sino huir para evitar su propia destrucción, abandonando a su suerte a quienes se han establecido en Nueva Cáprica. Los Cylones, sin embargo, no los aniquilan: tienen la intención de proteger y gobernar a los humanos como si fueran niños. Crean un estado policial contra el que surge un movimiento de resistencia humano que recurre a actos tales como los atentados suicidas en los que inevitablemente mueren congéneres. Son estos episodios, de extrema dureza, los que cambiaran para siempre la vida de los personajes y marcaran de forma indeleble el futuro devenir de la serie.

Estos capítulos, que abren la tercera temporada –como toda BSG en realidad- fueron además una muestra de cómo la ciencia ficción no sólo queda marcada por el devenir histórico, cultural y sociológico del mundo real, sino de la forma en que puede reflexionar con lucidez sobre éste. Tras los atentados del 11/S, la televisión funcionó como un instrumento catártico que
contribuyó a facilitar –si se puede llamar así- el periodo de duelo individual y nacional por aquellos acontecimientos. Junto a los obvios maratones informativos cubriendo el suceso, vinieron dramas, documentales y debates que ayudaron a digerir la tragedia. Bastante después de que aquellas imágenes hubieran quedado impresas a fuego en la memoria particular y colectiva, la televisión continuó reciclando aquella imaginería, pasando por alto el contexto político e histórico que en último término llevó a los atentados.

A pesar de que la televisión norteamericana prefirió mayormente ignorar cualquier análisis mínimamente crítico de los acontecimientos, debemos reconocer la influencia que esta atención al espectáculo y la imagen más que a la sustancia y la narrativa tuvieron sobre la programación regular que siguió a aquella fecha. Algunos críticos han hablado de “Televisión de Acontecimientos” o televisión diseñada para competir por las cifras de audiencia en el momento de producirse algún hecho social o político relevante. El terreno de la ciencia ficción televisiva
tampoco fue ajeno a las consecuencias que sobre el medio tuvo el 11/S, y series como “Héroes”, “Star Trek: Enterprise” y especialmente “Battlestar Galactica” hicieron en sus historias claras alusiones a los ataques terroristas de esa fecha o la ruptura social provocada por la política norteamericana en Guantánamo y la Guerra contra el Terror, desde la Patriot Act a la invasión de Afganistán e Irak pasando por los maltratos a internos de la prisión de Abhu Ghraib. BSG, además de satisfacer la fascinación de los espectadores por el espectáculo gracias a sus magníficos efectos especiales, también supo abordar aspectos incómodos de todos aquellos acontecimientos post 11-S.

En el episodio que abre la primera temporada, “33” (2005), los corredores de la nave se han
convertido en improvisados santuarios dedicados a los seres queridos desaparecidos en los ataques a las Doce Colonias a raíz del ataque nuclear Cylon, remitiendo directamente a las miles de fotos y mensajes que se colgaron en el lugar donde se colapsaron las Torres Gemelas de Nueva York. En el episodio de la tercera temporada “Precipicio” (2006), los humanos dejados atrás en Nueva Cáprica utilizan tácticas guerrilleras y atentados suicidas con bomba contra los Cylones y sus colaboradores. La forma en que se muestran estas acciones obliga a los espectadores a simpatizar con aquellos que en nuestro mundo consideramos terroristas, poniendo a prueba nuestras concepciones del bien y el mal, lo civilizado y lo bárbaro.

De hecho, la intención de los Cylones no es mala y no pretenden masacrar a los humanos, pero son incapaces de comprender la idiosincrasia humana, fuertemente individualista y celosa de su libertad. Así, una ocupación que pretendía “educar” en la civilización y la convivencia, acaba transformándose en un estado policial cada vez más cruel. Los humanos, por su parte, se
dividen en dos bandos: por un lado los colaboracionistas, ya sea por convicción o por necesidad; por otro, los rebeldes liderados por el coronel Tigh y Sam Anders, que empiezan a perder la claridad ética cuando recurren a terroristas suicidas. Ningún bando tenía completamente la razón y ningún bando estaba completamente equivocado. Toda esta situación remitía directamente a la ocupación norteamericana de Irak y el complejo y resbaladizo panorama que encontraron –y crearon- en ese país.

Como reconocimiento a la osadía de la serie y su aproximación realista dentro de un marco de ciencia ficción a problemas contemporáneos, en marzo de 2009, Naciones Unidas organizó un debate en el que intervinieron los productores, guionistas y reparto de la serie junto a comisarios de esa organización, para reflexionar junto a alumnos de las escuelas públicas de Nueva York sobre temas como los derechos humanos, el diseño de políticas, el terrorismo, el destino de los niños durante los tiempos de guerra y la intersección entre fe religiosa y política. Nada mal para una serie de TV de un género tan poco apreciado por muchos como la CF.

Las maquinaciones de la política democrática y el circo mediático que a menudo la rodea es otro de los temas centrales de la serie. Para una población, la de la Flota, que no supera la de una ciudad pequeña, las ruedas de prensa de Laura Roslin apuntan a una presencia desproporcionada de los medios de comunicación. El episodio “Día Colonial” (2004) se abre con el extracto de una emisión del Servicio de Noticias de la Flota, un programa de debates titulado “The Colonial Gang”. El formato de dos comentaristas políticamente enfrentados discutiendo es una parodia de algo muy familiar en la televisión y radio norteamericanas. Incluso el título es una referencia directa al programa político de la CNN “The Capital Gang”, en antena durante los años noventa.

La idea de que tanta energía y recursos de una Flota en continua amenaza de extinción se
dediquen a objetivos tan triviales parecería atentar contra la credibilidad de la historia. Y, sin embargo, a lo largo de todo ese episodio (Tom Zarek, Laura Roslin y Gaius Baltar dan entrevistas en el ficticio programa) se establece un claro paralelismo con las elecciones propias de nuestro mundo, satirizando de paso la naturaleza superficial, forzada y maliciosa de los debates en este tipo de shows y lo inadecuados que resultan para realizar un análisis serio de un programa político. De hecho, este es el primer paso en la carrera electoral que llevará a Gaius Baltar a asumir su desastroso periodo presidencial.

Volvamos, precisamente, con Gaius Baltar, quien tras el desesperado rescate de los humanos de Nueva Cáprica por parte de la Galáctica, acaba en manos de los Cylones. Éstos, sin embargo, lo devuelven a los oficiales de la Flota humana como parte de un trato e inmediatamente se
organiza un juicio para condenarle por rendir Nueva Cáprica a los Cylones y firmar órdenes de ejecución de insurgentes humanos. Aunque Baltar cometió graves equivocaciones, el espectador sabe que no tuvo más remedio que someterse a los deseos de los Cylones para salvar a la Humanidad y que se vio forzado a punta de pistola, literalmente, a firmar esas órdenes. A estas alturas, aquel genio científico atractivo y arrogante ya ha quedado sepultado por capas y capas de tormento, remordimiento y locura, magníficamente interpretado por James Callis.

El juicio de Baltar es otro de los clímax de la serie, un punto de inflexión que marca a varios personajes, como Lee Adama/Apollo, que deja la carrera militar para servir como odiado
abogado del antiguo científico. Inesperadamente y gracias al buen hacer de Lee, el juicio termina con la absolución de su defendido. Esa será para el científico el fin de una etapa y el comienzo de la siguiente: líder de un culto religioso, obligado a esconderse de unas víctimas que no olvidan su papel de Judas en Nueva Cáprica. Vez tras vez a lo largo de toda la serie, Baltar consigue sobrevivir a las circunstancias más adversas hasta el punto de que él mismo comienza a creerse, como constantemente le repite en su mente su ilusoria Cáprica Seis, un instrumento de Dios.

La tercera temporada terminó con más preguntas que respuestas. (ATENCIÓN: SPOILER):
¿Cómo sobrevivió Starbuck a la explosión de su nave? ¿Conoce realmente el camino a la Tierra? ¿Están programados los cinco Cylons secretos para traicionar a la raza humana? ¿O, como el modelo 8, Sharon Agathon, una máquina que actúa contra su programación, tienen libre albedrío? ¿Encontrarán humanos y Cylons humanoides una forma de vivir en paz, o continuará la batalla incluso a las puertas de la Tierra?

Tras muchos giros y sorpresas, BSG llegó a la cuarta y última temporada, centrada en el concepto de Salvación y, por fin, el hallazgo de la Tierra. Cuando los primeros colonos aterrizan en las llanuras de África, Adama bautiza a este mundo que han hallado como “Tierra”, en recuerdo del legendario planeta durante tanto tiempo buscado y que hallaron en la temporada anterior… solo para encontrarse con un mundo arrasado por una guerra nuclear y que, en una perversa inversión, resulta ser el planeta madre de los Cylons originales.

Los habitantes nativos de la nueva Tierra apenas han alcanzado los rudimentos de la civilización, pero su evolución los ha hecho biológicamente compatibles con los humanos de las Colonias. La serie termina con un epílogo situado en la moderna Times Square, en Nueva York, cuando dos “ángeles”, Caprica Seis y Gaius Baltar, reflexionan sobre el ciclo de violencia y
guerra entre hombres y máquinas, y se preguntan si podría suceder de nuevo dada nuestra dependencia de la tecnología en el mundo moderno. La revelación de que todo lo visto en las cuatro temporadas anteriores sucedió hace 150.000 años y que la pequeña Hera, híbrido de humano y Cylon, sirvió como Eva del moderno Homo sapiens, es una revelación interesante e inesperada, dado que la ciencia ficción suele especular más sobre el futuro que sobre el pasado. (FIN SPOILER)

“Battlestar Galáctica” cosechó un merecido éxito. La revista Time la votó una de las mejores series televisivas de 2005: “La mayoría de ustedes probablemente piensan que esta afirmación tiene que ser una broma. El resto, han visto la serie”.

Ronald D.Moore tuvo la honestidad creativa de establecer un final definido para BSG y no dejar que languideciera hasta su cancelación por falta de audiencia a base de alargar estúpidamente la historia planteada inicialmente o estancarse en una interminable cadena de episodios autoconclusivos. Para contentar a la legión de fans que la serie había ido acumulando y a medida que el final de la misma se acercaba, se fueron lanzando productos relacionados, como los webisodios de 2006, de varios minutos de duración y que cubrían los huecos entre temporadas. Probablemente inspirados por el éxito de las películas con que la franquicia de “Babylon 5” (1993-1998) había ido manteniéndose viva en el corazón de los fans después del cierre de la serie principal, los productores de BSG decidieron recurrir a la misma técnica, produciendo un par de telefilmes que expandían la historia principal.

Una de las mejores líneas argumentales de la segunda temporada era aquella en la que la Galáctica encontraba otra Estrella de Combate superviviente, la Pegasus, al mando de la
almirante Helena Cain (Michelle Forbes). En la serie original, este personaje había sido un impulsivo oficial (interpretado por Lloyd Bridges) cuyo deseo de alcanzar la gloria ponía en peligro la unidad y seguridad de la Flota. Era, sin embargo y en esencia, una buena persona. La almirante Cain, por el contrario, mostraba una frialdad y un comportamiento claramente criminal, fusilando a los disidentes y desmantelando naves civiles para abastecer su propio navío, abandonando luego a su suerte a los infelices que viajaban en ellas. La tensión creciente entre Adama y ella terminaba con ambas Estrellas de Combate enzarzadas en combate y con sus respectivos comandantes conspirando para asesinar a su rival.

La popularidad entre los fans del arco argumental de la almirante Cain llevó así a la producción de una primera película para televisión, “Razor”, estrenada en noviembre de 2007, previamente a la presentación el siguiente año de la cuarta y última temporada (que fue dividida en dos bloques de diez episodios emitidos a partir de abril de 2008 y enero de 2009 respectivamente). “Razor” fue escrita por Ronal D.Moore con la intención de que pudiera ser editada independientemente en DVD, y su visionado es opcional para quienes hayan seguido la serie, puesto que complementa y enriquece aquélla pero su historia no resulta esencial para la línea argumental general.

Para cuando se estrenó “Razor”, el equipo de producción de BSG ya había alcanzado un nivel
de calidad sobresaliente y ese talento se traslada íntegro a este telefilm, cuya acción se desarrolla a tres niveles: los flashbacks al Pegasus durante el ataque Cylon inicial y las dramáticas situaciones en las que se vio la nave inmediatamente después; otra historia ambientada en el tiempo de la serie con los personajes habituales; y más flashback menores protagonizados por un joven William Adama (Nico Cortez) durante la primera guerra Cylon.

La película no añade demasiado a lo que ya sabíamos de la almirante Cain, excepto que su particular odio hacia el modelo Caprica 6 proviene de que uno de estos ejemplares se había convertido en su amante antes de traicionarla, estando a punto de destruir la Pegasus. Pero lo que realmente importa en la película es su principal y mejor personaje: la teniente Kendra Shaw (Stephanie Jacobsen) y su particular y trágico viaje desde la bisoñez hasta el mando, de la inocencia al tormento por sus acciones y su búsqueda de la redención. Jacobsen consigue algo tan difícil como ajustar su estilo interpretativo frío e impávido a los requerimientos de su personaje.

Y ya en 2009, con la serie principal finiquitada, se lanzó una nueva película, “El Plan”, destinada como la anterior a ser editada independientemente en DVD. En ella, se ofrecía una
aproximación interesante: narrar los acontecimientos de la serie desde el punto de vista de los Cylones, para lo que se trajeron de vuelta a todos los actores que habían interpretado a los diferentes modelos en la serie –con la excepción de Lucy Lawless-. Los fans tenían así la ocasión de disfrutar de una película dedicada principalmente al personaje encarnado por Dean Stockwell (nº 1-Hermano Cavil), cuya interpretación seca y rayana en lo inhumano proporcionó algunos de los mejores diálogos de las tres últimas temporadas de la serie.

“El Plan” es una película dirigida exclusivamente a los seguidores de la serie madre, puesto que de otro modo su argumento, sus cambios de puntos de vista entre los diferentes personajes y la fusión entre el metraje de la serie reutilizado y el material nuevo resultarán incomprensibles. Por otra parte, y ese fue siempre su objetivo, amplia y mejora la comprensión que teníamos del
comportamiento de varios de los modelos Cylon.

A esta película siguió una nueva serie “Caprica” (2009-10), en realidad una precuela en tono tecno-policiaco en la que se contaba la génesis de los Cylones y que no tuvo ni la calidad ni el éxito esperados, cancelándose al cabo de 18 episodios. Lo último hasta la fecha ha sido un episodio piloto lanzado a través de la web para una posible serie-precuela: “Battlestar Galactica: Blood & Chrome” (2012).

BSG no se contentó con ofrecer a los espectadores norteamericanos una válvula de escape para las heridas psicológicas infligidas por el entonces reciente atentado del 11/S; en lugar de ello, recreó los problemas del mundo actual invitando al espectador a reflexionar sobre el individuo, la nación y las creencias, temas que no suelen encontrar acomodo en una televisión poco dada a generar polémicas con ciertos temas. Como parte de una nueva generación de ciencia ficción televisiva, BSG no sólo visualizó otros mundos y especies no humanas (en este caso artificiales) sino que también consiguió utilizar esas ficciones futuristas para analizar nuestra propia naturaleza en un momento histórico en el que la historia parece haber perdido parte de su relevancia, el futuro se presenta poco claro y nuestra humanidad se asemeja a menudo a un conglomerado de fuerzas que escapan a nuestra comprensión y control, como la genética, el peso de la tradición cultural o los grandes movimientos políticos y económicos.

Si Battlestar Galáctica, la serie original, fue un producto de su tiempo tanto narrativa como
visualmente, lo mismo puede decirse de la nueva BSG. Ésta es hija de una ciencia ficción televisiva moderna y mucho más que una simple revisitación de un programa clásico. BSG pudo haber terminado como lo que fue inicialmente: una space opera ligera y poco atrevida, que no requiriera demasiado cerebro para verla y entenderla y que prometiera más de lo que diese. En cambio, sus numerosos niveles de discurso temático, la fuerza e intensidad de sus personajes y los exigentes valores de producción, revitalizaron decisivamente el género en su vertiente televisiva e hicieron de ella una serie imprescindible para cualquier aficionado. Ronald D.Moore tuvo el valor de prescindir de los efectos especiales vacuos y la tecnocháchara inverosímil propia de space operas más veteranas para concentrarse en lo que la CF hace mejor: ofrecer una mirada crítica y certera a la condición humana.


3 comentarios:

  1. Ha sido genial revisitar la serie contigo.

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  2. Estupenda reseña Manuel. Imprescindible para todos los que disfrutamos con esta gran serie. Gracias por compartir.

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  3. Te felicito por esta serie de entradas, y por lo magnifico blog en general. Considero que esta serie es la mejor del género de ciencia ficción en los últimos veinte o treinta años. Hace poco ví un episodio de Stark Trek Voyager, allí la capitana pide a su sintetizador de alimentos, que tiene en su propio camarote, helado; de la nada se materializa un tazón de vidrio con helado y cuchara de metal. Cosas como estas gracias al cielo fueron erradicadas de BSG. Saludos afectuosos. Fenixwave.

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