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A finales de 1996, Fox tomó una de las decisiones más arriesgadas y determinantes de la historia de la cadena: trasladar “Expediente X”, para entonces ya su serie estrella, desde su espacio habitual de los viernes por la noche a la competitiva parrilla de los domingos con ocasión del estreno de su cuarta temporada. Hasta ese momento, la noche del viernes había sido un territorio tradicionalmente considerado un "cementerio de audiencias" en la televisión estadounidense, pero Chris Carter había logrado obrar el milagro de reunir a una legión de seguidores fieles en ese resbaladizo horario.
Al anunciarse el cambio, Carter reaccionó con su característico
sent
ido del humor, bromeando con que la serie había sido “abducida” a los
domingos, aunque en privado su preocupación era real y profunda. El domingo era
la noche reina de la televisión en abierto, el territorio donde competían los
pesos pesados de las grandes cadenas con películas taquilleras y eventos
deportivos. El productor temía que la atmósfera oscura, los complejos arcos
conspirativos y el tono de intriga de la serie se diluyeran al enfrentarse a
una audiencia mucho más comercial y generalista.
Sin em
bargo, sus temores resultaron completamente infundados. El
traslado no solo no afectó negativamente a la serie, sino que la catapultó a la
estratosfera de la cultura pop. Lejos de perder seguidores, expandió su
audiencia de manera masiva, atrayendo a millones de espectadores casuales que
descubrieron las investigaciones de los agentes Mulder y Scully. La cuarta
temporada se convirtió en un torbellino de hitos, regalando a la audiencia
episodios magistrales como "Hogar” (el perturbador capítulo de la familia
Peacock) o "Memento Mori" (donde se aborda el cáncer de Scully).
El espaldarazo definitivo a esta arriesgada maniobra llegó en mayo de
1997, cuando se anunció que la serie, por su trabajo realizado en 1996, había
sido galardonada con el prestigioso Peabody Award. Este premio, que reconoce la
excelencia y el
mérito público en la radiodifusión y la televisión, no se
otorgó simplemente por su éxito comercial, sino por la altísima calidad de su
narrativa. El comité del jurado elogió a “Expediente X” por combinar con
maestría el suspense en la ciencia ficción con una profunda reflexión sobre la
paranoia social, la desconfianza gubernamental y la condición humana,
consolidándola no solo como un éxito de masas, sino como una obra cumbre de la
televisión contemporánea. Para cuando terminó esa cuarta temporada, la serie ya
promediaba casi 20 millones de espectadores por episodio solo en EE. UU.
No todo eran mieles en el paraíso, sin embargo, y algunos de los
guionistas se quejaron amargamente del trato que recibieron allí. Billy Brown,
que junto a Dan Angel escribió el episodio "Todas las Almas",
recordaría: "No me divertí nada
trabajando en la serie. Había un círculo íntimo de guionistas-productores en
"Expediente X". A todos los demás los trataban con rudeza. Tuvieron
nuestro borrador durante meses antes de que se dignaran a darnos sus
comentarios. Finalmente, nos los pasaron el último día antes de las vacaciones
de Navidad,
esperando que hiciéramos el trabajo justo entonces. Les enviamos un
educado fax, diciéndoles que esperábamos que disfrutaran de las vacaciones con
sus familias como nosotros teníamos previsto hacer, y que atenderíamos a sus
notas después del Año Nuevo. Nos despidieron, luego arruinaron el episodio con
una reescritura y, a continuación y por primera vez en la historia del
programa, como castigo, supongo, enviaron el borrador al Sindicato de Guionistas
(WGA), acreditándonos solo con la historia. Fuimos a un arbitraje y el WGA,
injustamente en mi opinión, falló a su favor. Ese dictamen me ha costado miles
de dólares en regalías. Pensé que nuestro borrador era mucho más interesante
que lo que terminó produciéndose".
A finales de la década de 1990, el impacto cultural de “Expediente X”
era tan masiv
o que la televisión se le había quedado pequeña. En la cúspide de
su éxito, la serie dio el salto al cine con el estreno de la película
"Expediente X: Enfréntate al Futuro” (1998). La dirección del largometraje
recayó en Rob Bowman, un veterano que ya había dirigido más de una veintena de
los mejores episodios de la serie, lo que garantizaba que la esencia visual y
atmosférica del show se mantuviera intacta en el celuloide.
A diferencia de otras adaptaciones que funcionan de forma
independiente, el guion -escrito por el propio Chris Carter- nació directamente
de los acontecimientos de la mitología de la serie, situándose cronológicamente
entre el final de la quinta temporada y el inicio de la sexta. El argumento
sumergía a los agentes Mulder y Scully en una conspiración a escala global:
tras ser apartados de los expedientes x tras el estallido de un edificio
federal en Dallas, la pareja debía seguir la pista de un letal virus
extraterrestre (el "Cáncer Negro"). En su viaje, lidiaban tanto con
el terrorismo interior
como con las ramificaciones del “Sindicato", del
que ya he hablado. El reparto televisivo se vio reforzado aquí por figuras de
primer nivel, destacando las impecables actuaciones de los oscarizados Martin
Landau (como el paranoico autor Alvin Kurtzweil) y Terry O'Quinn (quien
interpretó al agente de la CIA Darius Michaud, años antes de alcanzar la fama
mundial en “Lost”).
Desde el punto de vista de la industria, el estreno de la película
supuso todo un acontecimiento porque fue una de las poquísimas veces en la
historia de Hollywood en que se realizó un largometraje de alto presupuesto
basado en
una serie de televisión que todavía se encontraba en emisión. Era una
maniobra comercial y narrativa arriesgada, ya que obligaba a los espectadores
habituales a pasar por taquilla si querían entender la continuidad de la serie
a partir del siguiente otoño mientras, al mismo tiempo, aspiraba a ser lo
bastante accesible para el público general. Este selecto club de series que
dieron el salto al cine sin haber cancelado su emisión televisiva apenas
contaba con precedentes, la mayoría concentrados en la década de 1960 con
títulos como "Batman", "McHale's Navy" o "The Munsters".
En lo que respecta a su rendimiento comercial, el resultado fue
agridulce y generó interpretaciones di
vididas. En los Estados Unidos, la cinta
obtuvo una recaudación que la industria calificó de decepcionante, rozando los
85 millones de dólares, una cifra modesta considerando las enormes expectativas
y la fuerte campaña publicitaria que se había llevado a cabo. Sin embargo, el
fenómeno fan global salió al rescate: gracias a su excelente acogida en los
mercados internacionales, la película logró una sólida recaudación mundial de
más de 189 millones de dólares (superando holgadamente los 183 millones
estimados inicialmente). Esta respuesta demostró que la paranoia y el
escepticismo de Mulder y Scully no entendían de fronteras, consolidando a Expediente
X como una marca de éxito global.
“Expediente X” se había rodado en Vancouver durante sus primeras cinco
temp
oradas. El clima lluvioso, los bosques perennes de coníferas y los cielos
perpetuamente grises de la región le otorgaron a la producción una atmósfera
fría y neblinosa que se convirtió en una de las señas de identidad visuales más
potentes de la serie. Además, el estado en el que se encuentra esa ciudad,
ofrecía, sin alejarse mucho, una gran variedad de paisajes que podían pasar por
los campos de Iowa o el entorno urbano de Washington D.C. Sin embargo, la
producción se trasladó a Los Ángeles a partir de la sexta temporada por
petición expresa de Duchovny, quien deseaba estar más cerca de su esposa en
aquel entonces (la actriz Téa Leoni). El intenso sol de California sustituyó a
los brumosos paisajes de Canadá, pero no afectó a su recorrido comercial,
terminando aquel sexto año en el puesto 12 de los 150 programas más vistos.
A pesar del éxito cinematográfico y de haber rozado el cielo
televisivo, las señales de agotamien
to empezaron a hacerse evidentes. El
programa ya había alcanzado su punto álgido creativo y de audiencia y la
inevitable cuesta abajo se vio reflejada con toda su crudeza en los audímetros del
año siguiente, cuando "Expediente X" sufrió un duro revés al caer
estrepitosamente hasta el puesto 31 del ranking de audiencias en los Estados
Unidos. Este descenso no fue un bache temporal, sino el inicio de una tendencia
a la baja que continuaría de forma imparable durante las siguientes temporadas,
evidenciando los primeros síntomas de fatiga tanto en los guionistas como en el
público.
Sin embargo, el verdadero golpe de gracia a la estabilidad de la serie
no vino de los guiones, sino de los despachos y los conflictos contractual
es.
David Duchovny, el alma del programa junto a Gillian Anderson, llevaba tiempo
profundamente descontento con la cadena Fox. El actor acababa de resolver una
larga, amarga y millonaria demanda contra la compañía tras acusarla de haber
infravalorado los derechos de sindicación de la serie para venderlos a canales
de su propio grupo, privándole así de los enormes beneficios que le
correspondían por contrato. Aunque el litigio se cerró con un acuerdo
extrajudicial muy lucrativo para el actor, la relación con los ejecutivos quedó
irremediablemente dañada.
Con los bolsillos llenos, el conflicto resuelto y un creciente interés
por desencasillarse y relanzar su carrera en el cine de Hollywood, Duchovny
decidió que su etapa en la televisión había llegado a su fin. Esta desconexión
física y emocional se materializó de forma drástica durante el octavo año de la
serie, reduciendo drásticamente sus apariciones. Mulder pasó a ser un personaje
secundario en su propio programa, apareciendo en apenas la mitad de los
episodios.
Narrativamente, la obligada marcha de David Duchovny supuso un
monumental reto para los guionistas, quienes decidieron cortar por lo sano
utilizando la
s propias reglas de la serie: la salida del actor se justificó
mediante la impactante abducción de Mulder por parte de una nave extraterrestre
en el clímax de "Requiem", el tenso episodio final de la séptima
temporada. De este modo, la ausencia real del protagonista se convertía en el
motor de la historia, transformando la octava temporada en una desesperada carrera
contrarreloj de Scully por encontrar a su compañero.
Para llenar el inmenso vacío de carisma que dejaba el actor, Chris
Carter y su equipo introdujeron u
n personaje radicalmente opuesto al arquetipo
del creyente: el agente especial John Doggett. Interpretado por Robert Patrick -un
rostro ya inmortalizado en la cultura pop gracias a su impecable y amenazante
papel como el androide T-1000 en “Terminator 2: El Juicio Final”-, Doggett
aportó una energía completamente nueva. Lejos de las teorías conspirativas de
Mulder, era un ex-marine y policía de Nueva York pragmático, un escéptico de la
vieja escuela que se guiaba estrictamente por las pruebas científicas y los
hechos contrastables.
Poco después, la mitología de la serie volvió a ampliarse con la incorporación
de la agente especial Mónica Reyes (Annabeth Gish), una experta en crímenes
rituales con una mentalidad mucho más abierta y espiritual y que fue pensada
para formar pareja con Doggett. Este nuevo dúo no solo refrescó la dinámica de
los episodios, sino que permitió cubrir de forma temporal la ausencia de una
Dana Scully que se encontraba de baja por maternidad. En la ficción, el
nacimiento de su hijo William se convirtió en el auténtico eje gravitacional de
las últimas temporadas; un embarazo supuestamente imposible debido a la
infertilidad de Scully y que introducía misterios relacionados con la manipulación
genética, la hibridación alienígena y las profecías sobre el fin de los
tiempos, manteniendo al espectador en un constante estado de suspense sobre la
verdadera naturaleza del bebé.
Aunque Mulder regresó de forma intermitente durante el tramo final de
la octava temporada y para
el gran desenlace de la novena, el daño en la
audiencia ya estaba hecho y la serie original se encaminaba, irremediablemente,
hacia su cierre. El doble episodio final, "La Verdad" (emitido en
mayo de 2002), clausuró la serie de la manera más amarga y coherente posible:
tras un juicio militar sumario lleno de secretos de Estado, la icónica pareja
protagonista se vio obligada a huir, convirtiéndose en fugitivos del propio
gobierno al que habían servido lealmente durante casi una década. El plano
final de Mulder y Scully, refugiados en una modesta habitación de hotel en
Roswell compartiendo palabras de fe y resistencia frente a la inminente
colonización del año 2012, cerró con broche de oro la era dorada de la paranoia
televisiva.
La falta de respuestas claras, conclusiones definitivas y el tono
oscuro y sabor detectivesco, hicieron de “Expediente X” un producto muy diferente
al
de la mayoría de las series de CF del momento. Y ello a pesar de que
reconocía sin ambages sus deudas con predecesoras como las antedichas “Twin
Peaks”, “La Dimensión Desconocida” o “Kolchak: the Night Stalker”, además, por
supuesto, de “Los Invasores”. De hecho, "Expediente X" hizo constantes
exhibiciones de su conciencia de programa de televisión, aludiendo a menudo a
otros programas y a su propia ubicación en la cadena Fox. Mulder, cuyos chistes
suelen aludir a diversas obras de la cultura popular estadounidense, es un gran
fan de "Los Simpson", mientras que en el episodio de la tercera
temporada "Nisei", Mulder consigue una cinta pirata de una autopsia
alienígena que Scully describe como "aún
más cutre que la que emitieron en la cadena Fox". Mientras tanto, un
episodio completo de la séptima temporada ("X-Cops") está filmado
como si fuera una entrega del reality "Cops", emitido por la misma
cadena.
Seri
es que no se hallaban en la órbita de Fox también fueron
referenciadas en diferentes capítulos, como cuando "El Prometeo
Posmoderno" se contrapone al trasfondo de "The Jerry Springer
Show", sugiriendo, en un modo de autocrítica, que "Expediente X"
(a menudo criticada por su violencia y temática abyecta) podría estar satisfaciendo
algunos de los mismos gustos vulgares que el programa de ese presentador. En algunos
casos, "Expediente X" se mostró incluso más abiertamente crítico con
la televisión y su poder cultural. El capítulo "Cable Asesino"
recuerda claramente a películas como "El Embajador del Miedo" (1962)
y "Videodrome" (1983) al sugerir el uso de la televisión como
herramienta para la manipulación psicológica.
De hecho, la oscuridad con la que se tratan los motivos clásicos de la
ciencia ficción en "Expediente X" suele recordar más al cine de ciencia
ficción (o
incluso al cine negro) que a la ciencia ficción televisiva, al igual
que la estética de la serie a menudo parecía más propia del cine que de la
televisión. Chris Carter y su equipo de directores (como Kim Manners y Rob
Bowman) implementaron técnicas de iluminación expresionista, composiciones en
formato panorámico y un diseño de sonido envolvente heredados del cine de
suspense de los años 70 (especialmente de películas como “Klute”, 1971; o
“Todos los Hombres del Presidente”, 1976).
(Finaliza en la siguiente entrada)

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