(Viene de la entrada anterior)
Mulder no solo sostiene firmemente que la vida extraterrestre está presente en nuestro planeta, sino que está convencido de que el gobierno estadounidense posee pruebas irrefutables de ello y se dedica activamente a encubrirlas. Aunque dotado de un carisma juvenil y un sentido del humor ingenioso, es un fanático empedernido dedicado a desentrañar los misterios de los Expedientes X a cualquier precio. A pesar de ser un brillante psicólogo formado en Oxford, su inquebrantable interés por los fenómenos inusuales le ha granjeado en el FBI la reputación de excéntrico y el apodo de "Spooky", a pesar de ser un brillante psicólogo formado en Oxford.
Su principal motivación es el trauma personal que arrastra desde los
d
oce años, cuando su hermana Samantha, según él, fue abducida. La narrativa de
la abducción alienígena estaba ya plenamente bien establecida en la ciencia
ficción gracias a la amplia cobertura mediática y el interés generalizado que
obtuvo en las décadas de 1940 y 1950 a través de las noticias sobre
avistamientos de ovnis, casos como el de Roswell y las películas de serie B. El
mito de la abducción que obsesiona a Mulder refleja, a nivel simbólico, tanto
nuestro temor contemporáneo a ser esclavizados por la tecnología y la opresión
de la burocracia, como nuestra esperanza mística en que, de alguna manera
inescrutable, esos secuestros sirvan para romper la soledad cósmica, obtener
algún mensaje que salve a nuestra especie o dé sentido al sufrimiento personal.
Por el contrario, la formaci
ón científica de Scully la lleva a buscar
explicaciones racionales, al menos en las primeras etapas de la serie, porque
aunque inicialmente fue asignada a los Expedientes X para vigilar a su nuevo
compañero y desmontar las teorías conspiranoicas que hacían sentir incómodos a
sus superiores, poco a poco y a medida que experimentaba personalmente su buena
ración de encuentros paranormales, terminó por caer en la órbita de su
compañero y su escepticismo evolucionó hacia una especie de resistencia
metodológica (por no hablar de que hubiera sido una estúpida de haber insistido
en seguir negando la existencia de todas las criaturas que encontraban).
Sin duda, una de las principales razones por las que la serie acumuló
una base tan amplia de fieles seguidores fue la química y la tensión sexual
que, a lo largo de las temporadas, fue surgiendo entre los dos agentes. Durante
los pr
imeros años, su relación se basaba en la imperiosa necesidad de Fox de
demostrar la existencia de sucesos sobrenaturales y paranormales, contrapuesta
a la igualmente apasionada devoción de Scully por la ciencia y la razón. En
cierto modo, era la consabida lucha de la fe contra la ciencia, pero eliminando
las connotaciones religiosas. Sin embargo, a medida que avanzaba la serie,
ambas perspectivas individuales comenzaron a fusionarse mientras la pareja
buscaba respuestas a las preguntas que los atormentaban, preguntas para las que
no siempre existían soluciones fáciles o cómodas. Manteniendo su propósito de
desconcertar a los espectadores, los guionistas se aseguraron de mantener,
durante todo el tiempo que les fue posible, una relación platónica entre los
dos protagonistas. Temporada tras temporada, no hubo entre ellos –a nivel
emocional- más que algunas miradas compartidas y momentos llenos de potencial
para la intimidad que nunca llegaban a materializarse.
Una de las paradojas más divertidas de la historia de la televisión
fue que los perfiles perso
nales de los actores eran diametralmente opuestos a
los de los personajes que interpretaban: Gillian Anderson era una ferviente
entusiasta de los temas espirituales, la telepatía y los fenómenos paranormales.
David Duchovny, por su parte, contaba con una formación académica muy rigurosa
(graduado en Literatura Inglesa por la Universidad de Princeton y con un máster
por la Universidad de Yale) y era un escéptico absoluto que exigía explicaciones
lógicas para todo. William B. Davis (El Fumador) era ex-fumador militante y
miembro activo de diversas asociaciones canadienses de lucha contra el
tabaquismo. Para interpretar a este villano icónico, tuvo que consumir
cigarrillos herbales que no contuvieran tabaco ni nicotina para evitar recaer
en su adicción.
"Expediente X" no solo presentó detectives inusuales, sino
también un tr
abajo de investigación poco convencional. Los dramas policíacos
tradicionales avanzaban inexorablemente hacia la resolución del misterio: al
final del episodio, el enigma inicial se explicaba y todo quedaba claro. Por el
contrario, muchos capítulos de "Expediente X" terminaban ambiguamente,
presentando al público varias explicaciones posibles y dejando que el
espectador determinara qué pudo haber sucedido en realidad.
Igualmente novedosa fue la forma en que se presentó la serie. La
mayoría de los dramas contemporáneos de la época se desarrollaban en un puñado
de escenarios: las casas de los personajes, sus lugares de tra
bajo, un
restaurante local... Los decorados se reutilizaban hasta que las localizaciones
se volvían tan familiares para los espectadores como los mismos personajes.
"Expediente X" invirtió este patrón, presentando a menudo cuatro o
cinco escenarios nuevos en cada episodio. Los guionistas sacaban constantemente
a los personajes principales de su entorno habitual y, al hacerlo, centraban en
mayor medida la atención del espectador en los propios personajes.
Con el transcurso de las temporadas, la trama de la conspiración
gubernamental ganó protagonismo a través de la presencia recurrente de dos
sombríos perso
najes: el antedicho Fumador y El Hombre de las Uñas Cuidadas
(John Neville). Ambos pertenecían al Sindicato, una organización en la sombra
que manejaba los hilos del misterio. Tras el estreno de la primera película
cinematográfica de "Expediente X" en 1998, el motivo de la invasión
alienígena a gran escala se utilizó sin pudor para impulsar la narrativa
general y la mitología de las temporadas posteriores en televisión. Durante los
cuatro años restantes de la serie, aparecieron alienígenas con apariencia de
insectos con un siniestro interés en la anatomía humana y en abierta
connivencia con las élites del gobierno estadounidense. Aquí, la figura arquetípica
del alienígena insidioso se inserta en una trama a largo plazo que gira
alrededor del intento de invasión de la Tierra con el propósito explícito de
explotar la biología humana, propagando su raza mediante el uso de humanos
desprevenidos como incubadoras biológicas.
Y es que también en su estructura “Expediente X” marcó un antes y un
después en la narrativa de la pequeña pantalla. Antes de la década de los 90,
la industria televisiva estadounidense se regía por una norma inquebrantable:
diseñar ficciones para la sindicación. Las grandes cadenas siempre producían
dramas de una hora pensados para que, una vez terminada su emisión original,
los derechos pudieran venderse “de segunda mano” a canales locales. Para que
este modelo de negocio funcionara, los episodios debían ser estrictamente
autoconclusivos. El orden de emisión no podía alterar el producto; el
espectador debía ser capaz de encender la televisión, ver cualquier capítulo
suelto y no sentirse perdido. Además, la televisión de la época solía estar apoyada
en el desarrollo de personajes, utilizando como pegamento de los argumentos las
relaciones y la evolución personal de los protagonistas, más que las ideas
abstractas.
Con “Expediente X”, Chris Carter desafió esta visión tradicional no
sólo anteponiendo la trama y las ideas complejas sobre los arquetipos
tradiciona
les de personajes, sino en adoptando una estructura híbrida en la que
se conjugaban elementos de drama serializado propios de las miniseries o las
telenovelas (conspiraciones gubernamentales, invasión silenciosa alienígena)
con los que fidelizaban al núcleo duro de fans; con tramas independientes y
autoconclusivas que exploraban el terror, la ciencia ficción o el folklore sin
exigir que el espectador conociera el trasfondo de la serie para disfrutar del
capítulo.
Esta estrategia
fue revolucionaria. Al no obligar al público a
comprender toda la mitología del programa desde el primer episodio que veían,
Carter evitó alienar a los nuevos espectadores, permitiéndoles engancharse en
cualquier punto de la emisión. Al mismo tiempo, recompensaba generosamente la
lealtad de los fans más acérrimos alimentándolos con continuas pistas sobre la
gran conspiración. El productor ejecutivo Frank Spotnitz resumió a la
perfección esta filosofía rompedora al contrastarla con el mantra de Hollywood:
"La sabiduría en la industria de la
televisión en Estados Unidos es: 'Dales lo mismo cada semana, solo que
diferente'. “Expediente X” dijo: 'Olvídate de eso. Vamos a ofrecerles un tipo
de programa diferente, una situación diferente cada semana. Tan diferente como
podamos hacerlo'."
Esta ambición de reinventarse constantemente no solo cambió las
reglas
de la escritura televisiva, sino que anticipó el futuro del consumo
audiovisual. Pocos años después de su estreno, el auge de los packs de
temporadas en DVD encajó a la perfección con la naturaleza de la serie. Por
primera vez, los seguidores de la serie tuvieron la oportunidad de esquivar las
interrupciones semanales de las cadenas y sumergirse en largos maratones. Esta
nueva accesibilidad permitió apreciar “Expediente X” bajo una luz distinta: no
como una colección de episodios sueltos, sino como una obra cinematográfica
fragmentada de larga duración.
Al demostrar
que el público masivo tenía apetito por tramas complejas
a largo plazo, “Expediente X” (simultáneamente a “Babylon 5”, aunque ésta nunca
disfrutó de la misma popularidad) socavó los cimientos de la vieja televisión y
pavimentó el camino para la era dorada de las series modernas (“Lost”, “Breaking
Bad”, “Fringe”, “Battlestar Galáctica”…), demostrando que el formato televisivo
podía igualar en profundidad y densidad al mejor cine de autor.
Dicho esto, la mayoría de los episodios de “Expediente X” siguieron
siendo autónomos, investigaciones puntuales de una amplia gama de fenómenos
paranormales ajenos a la trama principal. Mulder y Scully se las verían con
hombres lobo, vampiros, mutantes y otras criaturas terroríficas relativamente
convencionales. Algunas veces, estos seres ni siquiera tenían un origen
sobrenatural, sino que eran, simplemente, criminales muy retorcidos. En sus
mejores momentos, estos episodios podían ser bastante interesantes, aunque en
no pocas ocasiones también inverosímiles.
Sin embargo, el verdadero corazón de "Expediente X" residía
en la trama de invasión alienígena desarrollada en episodios conectados
secuencialmente. Este arco central, a lo largo d
e los años, experimentó tantos
giros y vueltas que no resultó tan continua, fluida y coherente como la de, por
ejemplo, "Babylon 5". Por otro lado, resultó especialmente efectiva
gracias al tema detectivesco de la investigación en curso, que invitaba a los
espectadores a unirse a Mulder y Scully para intentar recolectar y dar sentido
a las diversas pistas que se acumulaban con el tiempo. Sin embargo,
"Expediente X", en consonancia con el escepticismo epistemológico
posmoderno por el que se hizo famosa, no ofrece respuestas definitivas a todas
sus preguntas importantes, dejando varios cabos sueltos, incluso después del
último episodio doble, "La Verdad", que concluye con Mulder y Scully
juntos y abiertamente enamorados -por fin-, pero expulsados del FBI y huyendo
de poderosas fuerzas dentro del gobierno.
"Expediente X" ofreció de este modo a su numerosa base de
f
ans una mitología densa en la que podían sumergirse por completo. Al brindar muy
pocas conclusiones al final de muchos de sus episodios, la serie dejaba a los
fans con ganas de más, ansiosos por conectarse de inmediato a Internet tras ver
cada capítulo para debatir apasionadamente sobre sus significados ocultos. Sin
revelar nunca del todo la verdad, solo insinuando constantemente el panorama
general, la producción creó y mantuvo en suspenso al público. Los guionistas
sabían que revelar demasiados secretos o explicar por completo el misterio
pondría en grave peligro la fuerza de los temas conspirativos, privándolos de
su indudable atractivo. Este era el gran dilema creativo al que se enfrentaban
el responsable y los escritores de la serie: si se exponía demasiado, los fans se
sentirían inevitablemente decepcionados con el resultado; si se revelaba demasiado
poco, el público más mainstream podría aburrirse y dejar de sintonizar el
programa.
A pesar de las numerosas preguntas sin respuesta, se puede reconstruir
un esquema más o menos coherente de la historia general subyacente, aunque solo
recurriendo a conjeturas. Al parecer, en
un principio, una especie de
"fuerza vital" alienígena, conocida como "Cáncer Negro" (en
inglés era "Black Oil", petróleo negro) por su aspecto en estado
libre, apareció en la Tierra hace millones de años, quizás procedente del
espacio exterior, quizás evolucionando en el propio planeta. Este virus se
convierte posteriormente en la fuerza central de la posterior invasión de la
Tierra, que se complica por el hecho de que los invasores
"alienígenas" ya estaban aquí mucho antes que los seres humanos. El
hecho de que, en realidad, lo único que pretenden es recuperar su antiguo hogar
de manos de los “okupas” humanos complica notablemente los tradicionales
clichés del subgénero de invasiones alienígenas, alejándose del típico escenario
de "humanos buenos contra alienígenas malos".
El virus, que parece ser autoconsciente, puede penetrar en los seres
vivos y apoderarse de sus cuerpos, algo que, aparentemente, hizo con un grupo
de visitantes del espacio (los llamados extraterrestres grises de la mitologí
a
OVNI), que llegaron a la Tierra hace miles de años. Algunos de estos aliens se
marcharon posteriormente, mientras que otros permanecieron en la Tierra en
estado de hibernación. En un intento por recuperar el control del planeta, el
Cáncer Negro ha ido secuestrando y poseyendo humanos periódicamente a lo largo
de los años y, en el momento de la serie, parece estar intensificando sus
esfuerzos para hacerse con el planeta, esfuerzos que se espera que culminen con
el regreso de la principal fuerza alienígena en una invasión total desde el
espacio en el año 2012.
Mientras tanto, agentes del Cáncer Negro, han estado trabajando con el
mencionado Sindicato (qu
e comenzó sus operaciones tras el descubrimiento de los
alienígenas en Roswell, Nuevo México, en 1947) preparando el camino para la
invasión, a cambio de lo cual los miembros de esa siniestra organización y sus
familias podrán vivir como híbridos humano-alienígenas inmunes al virus. Sin
embargo, algunos miembros de esa organización clandestina, incluido el "Fumador",
trabajan en secreto para sabotear la invasión desarrollando una vacuna contra
el virus.
Los planes de invasión se vuelven aún más aterradores cuando comienza
a quedar claro que el Cáncer Negro no solo pretende apoderarse de la raza
humana, sino erradicarla, reemplazando a los humanos por alienígenas grise
s
mediante la gestación de estos últimos dentro de huéspedes humanos (quienes,
lamentablemente, mueren en el proceso). Estos alienígenas grises ocuparán la
Tierra, ya que el Cáncer Negro los considera unos huéspedes más convenientes. Es
este plan que Mulder y Scully intentan frustrar, aunque varios factores
complican el escenario, incluyendo la aparición de un grupo rival de
alienígenas opuestos al Cáncer Negro y el desarrollo (aparentemente derivado de
la misma investigación genética que se utiliza para desarrollar los híbridos
humano-alienígenas) de una raza de supersoldados que eventualmente podrían
servir como huéspedes que el virus preferiría incluso a los alienígenas grises
(pero que también podrían eventualmente servir como un poderoso contrapeso al propio
Cáncer).
En el transcurso de s
us investigaciones, Mulder y Scully se infectan
con el virus, descubriendo al mismo tiempo que, aparentemente, todos los seres
humanos portan rastros del ADN alienígena, lo que amplía el tema subyacente de
la hibridación y difumina aún más la ya borrosa frontera entre
"nosotros" y "ellos". Los dos agentes se convierten en
amantes y tienen un hijo, William, quien podría albergar la clave para frustrar
la invasión, tal vez debido a características genéticas adquiridas por la
infección de sus progenitores.
El propio Mulder también parece, por razones que nunca se aclaran del
todo, representar una amenaza particularmente seria para los planes de
inv
asión. Así, se convierte en el objetivo principal de las fuerzas
conspiradoras que aún operan dentro del gobierno estadounidense al final de la
novena y última temporada de la serie, a pesar de que prácticamente todos los
miembros del Sindicato habían sido aniquilados en el episodio "Un
Hijo" de la sexta temporada por los alienígenas contrarios al virus (y
que, en uno de los giros más inverosímiles de la serie, se habían vuelto inmunes
a él cosiéndose todos los orificios corporales por los que hubiera podido
penetrar el microorganismo inteligente).
Si todo esto parece un tanto complejo y confuso, lo fue todavía más cuando se reveló en pequeñas dosis a lo largo de los nueve años que se prolongó la serie. Como ya he apuntado, una de las principales características de "Expediente X" fue su negativa a cerrar todas las tramas de forma rotunda y establecer distinciones claras entre “buenos” y “malos”. De este modo, la serie sintonizó con la sensación que tenían muchos espectadores de vivir en un mundo manejado por fuerzas siniestras que escapaban a su control y comprensión.
(Finaliza en la siguiente entrada)

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