A principios de los años 90, la editorial Bantam Spectra buscaba ampliar el Universo Expandido de Star Wars a través de novelas originales que explorasen el periodo posterior a la trilogía cinematográfica clásica, conocido como “Era de la Nueva República. Entre febrero y mayo de 1994, Bantam mantuvo un ritmo frenético de publicación, lanzando una novela prácticamente cada mes para alimentar el apetito de los lectores.
La
séptima novela de esa serie se encargó a Dave Wolverton, quien ya
se había
labrado una reputación en la industria gracias al reconocimiento de la crítica
y varios galardones, como el Writers of the Future, en 1987, para nuevos
talentos. Su novela de debut, “On My Way to Paradise” (1989), expansión de un
cuento premiado, la publicó Bantam Spectra y fue un éxito de crítica,
obteniendo el Premio Locus al Mejor Debut y siendo nominada tanto al Philip K.
Dick como al Nebula. Antes de fichar por Star Wars, publicó la bilogía de
ciencia ficción “Serpent Catch” (1991-1993), consolidando un estilo centrado en
la antropología alienígena y los dilemas políticos. Gracias a este currículo de
solvencia en la ciencia ficción y la creación de mundos complejos, Bantam volvió
a confiar en él para dar forma a la que aspiraba a ser una de las aventuras más
románticas de la galaxia creada por George Lucas.
Y es que el encargo que recibió Wolverton fue el de explicar y oficializar de manera definitiva el matrimonio entre Han Solo y la princesa Leia, resolviendo las tensiones románticas acumuladas en las películas.
L
a
trama de esta novela trascurre cuatro años después de la derrota del Imperio en
“El Retorno del Jedi”. Los antiguos rebeldes trabajan incansablemente para
afianzar la Nueva República. Han Solo, ahora general, acaba de ganar una
batalla decisiva contra el señor de la guerra Zsinj, quien se oponía ferozmente
a la República. Tras varios meses sin ver a Leia y necesitado de descanso, vuelve
a Coruscant encontrándose en su órbita con una flota de naves hapanianas.
Leia le
explica que, tres meses atrás, visitó el planeta Hapes, cabecera de un imperio
cerrado a los forasteros, para solicitarles ayuda con la que derrotar a Zsinj;
al parecer, los hapanos acaban de llegar para ofrecer dicha asistencia. Su
fuerza militar y los recursos que manejan supondrían una invalorable contribución
a los esfuerzos por derrotar a los antiguos comandantes imperiales devenidos señores
de la guerra. El regalo final de los 63 entregados a Leia en una larga y
ostentosa ceremonia, es la propuesta de matrimonio con Isolder, el hijo d
e la
Reina de Hapes. Si ella acepta, la Nueva República ganará un poderoso aliado y,
dado que el imperio es un matriarcado, algún día ella gobernará sobre millones
de almas de 63 planetas. Pero también deberá renunciar a Han. Si, por el
contrario, rechaza la oferta, la Nueva República podría verse enfrentada a la
ira de la poderosa Reina. Mientras tanto, Luke Skywalker busca registros sobre los
Jedi de la era anterior al Imperio y sus investigaciones lo llevan a descubrir
inquietantes referencias a un planeta poco conocido llamado Dathomir.
Este planteamiento inicial da pie a una historia interesante. ¿Cómo afecta esa propuesta a Han? ¿Y a Leia? ¿Prevalecerán sus sentimientos sobre su responsabilidad hacia la República? ¿Qué hay del príncipe Isolder? ¿Por qué su madre eligió a Leia como candidata para su hijo (algo que, como descubrimos más adelante, no es del todo cierto)? ¿No habría habido una forma más sencilla de ganarse el favor de la Nueva República y unirse a ella? No son sólo los fans de Star Wars quienes se quedan atónitos ante la decisión de Wolverton de que un príncipe alienígena le proponga matrimonio a Leia; los propios personajes también se sorprenden ante este extraño giro de los acontecimientos. De eso trata la historia.
D
esde
luego, es un arranque peculiar. Wolverton empieza con política y diplomacia. La
forma en que Leia habla de las dificultades para encontrar un nuevo planeta
donde ella y otros refugiados de Alderaan puedan establecerse resulta
interesante y está bien planteada, aunque quizás peque de cierta simplicidad
para un universo tan complejo y poblado como el de Star Wars. La comprensión de
la estructura política de la saga aporta verosimilitud a la situación de Han y
Leia.
Pero,
acto seguido, Wolverton encaja una trama romántica muy forzada que choca de
frente contra la caracterización ya establecida de Han y Leia. Como era de
esperar, la relación entre el antiguo contrabandista e Isolder se torna
rápidamente en rivalidad hostil por el afecto de Leia. A ello no es ajeno las
presiones que Han sufre p
or los numerosos diplomáticos que desean que el
matrimonio se lleve a cabo. Deseoso de impresionar a Leia, pone al Halcón
Milenario como aval y participa -y gana- en una partida de cartas con apuestas
muy altas, obteniendo como premio la propiedad de un planeta. Su intención es
ofrecérselo a Leia como futuro hogar para los alderaanos supervivientes tras la
destrucción de su planeta en “Una Nueva Esperanza”. Pero también descubre que
ese planeta se encuentra en lo más profundo del territorio controlado por el
señor de la guerra Zsinj. El nombre del lugar es Dathomir.
Al ver
que el tiempo se agota, Han somete la voluntad de Leia con un dispositivo
hapaniano y luego la secuestra para llevársela a su nuevo planeta, donde espera
convencerla de que él es el candidato ideal. Pero el Halcón resulta derribado por
las fuerzas de Zsinj que protegen allí un astillero orbital y mant
ienen un bloqueo
completo sobre Dathomir establecido ya en tiempos del Imperio por los motivos
que más adelante se explican. De esta forma, ninguna nave puede aterrizar ni
despegar, lo que aisla a Dathomir de toda comunicación con el espacio. Isolder
los sigue en su propia nave y, con la ayuda de Luke, llega apenas unos minutos
después que ellos solo para ser también derribados sobre la superficie. Luke le
salva la vida a Isolder mediante la Fuerza, una proeza que transforma la visión
que del mundo tenía el príncipe y que le lleva a considerar convertirse en
discípulo de las enseñanzas Jedi (a pesar de carecer de sensibilidad a la
Fuerza).
Luke
descubre una nave Jedi centenaria estrellada y que resulta ser una academia de
entrenamiento llamada “Chu’unthor”. Poco después, tanto él co
mo Isolder son
capturados por una mujer poderosa en la Fuerza llamada Teneniel Djo. Tras
reunirse, nuestros héroes -Han, Leia, Luke, Isolder, C-3PO y R2-D2- se ven
envueltos en una guerra entre la tribu de “brujas” sensibles a la Fuerza y sus
malvadas contrapartes, las Hermanas de la Noche. Estas últimas, una suerte de
Sith, buscan la manera de abandonar el planeta para extender su dominio.
Descubriendo la existencia del “Halcón Milenario”, que está dañado pero puede
repararse, deciden apoderarse de él a toda costa, añadiendo al botín a Han Solo
para entregárselo a Zsinj como peaje para salir del sistema.
(SP
OILERS):
Después de una trama frenética y a menudo absurda, al final se logran varios
objetivos. Las Hermanas de la Noche son derrotadas; Han cede la propiedad del
planeta a la tribu de “brujas”; el “Halcón” es reparado; Han mata por fin a
Zsinj y destruye su nave, el “Puño de Hierro”; Luke se hace con los extensos
archivos Jedi del “Chu’unthor”; Isolder se casa con Teneniel Djo y compromete
al sistema de Hapes a unirse a la República; y, por supuesto, Han y Leia
contraen matrimonio. Una transición, en fin, hacia la siguiente fase del
Universo Expandido.
Es
cierto que la prosa de Wolverton es meramente funcional, pero el autor tiene
el
acierto de, en vez de limitarse a la trama romántica con asegurado desenlace
matrimonial, aprovechar la enorme libertad creativa que se le concedió para
enriquecer el lore galáctico. De su imaginación nacieron elementos importantes del
Universo Expandido que perduraron durante décadas, como el Cúmulo de Hapes y
sus costumbres, el planeta Dathomir y las temibles usuarias del Lado Oscuro
conocidas como las Hermanas de la Noche, además del trasfondo de los rancors
domesticados.
Cuando apareció esta novela, fue la única mención existente de Dathomir. En aquel entonces parecía, simplemente, otro planeta más para la saga: fascinante, sin duda, pero, probablemente, escenario de un solo uso. Poco sospechaban entonces los aficionados que Star Wars acabaría por padecer ese defecto que aqueja a las franquicias, a saber, la incapacidad de dejar algo atrás. Este problema es más grave en Star Wars que en otras sagas debido a la supuesta inmensidad de su universo… en el que se reciclan continaumente los mismos lugares y personajes. Por ejemplo, un mundo remoto e insignificante como Tatooine no debería ser tan crucial ni aparecer con tanta frecuencia; sin embargo, todo personaje relevante de la saga ha pasado por allí.
Algo
simil
ar sucede con Dathomir, tanto en el Universo Expandido como en el canon
actual: un planeta que era tan desconocido que ninguno de nuestros héroes había
oído hablar de él ni del que podía encontrarse información alguna, acaba adquiriendo
una importancia inmensa. Ahora bien, para ser justos, es comprensible que cobre
relevancia a partir de este momento, puesto que Teneniel Djo se convierte en la
dirigente suprema de Hapes, y su hija llegará a ser tanto Reina Madre como una
Jedi destacada. Pero, al margen de esto, los futuros autores harán que Dathomir
tenga una gran relevancia, tanto en el futuro como en el pasado, por razones
mucho menos justificables (como ser el mundo de origen de Darth Maul).
Las “Brujas” de Dathomir no son tales, sino, como he dicho, seres casi humanos sensibles a la Fuerza, descendientes de una Jedi exiliada. A lo largo de los siglos, su limitado adiestramiento en la Fuerza les ha llevado a olvidar los verdaderos orígenes de su “magia” y la forma correcta de utilizarla. Por lo general, los hombres son incapaces de manejarla, aunque existen excepciones. Las mujeres son las principales usuarias y solo pueden emplearla mediante el canturreo de “hechizos” o pronunciación de palabras específicas. Sus poderes en la Fuerza son tan limitados como su conocimiento de la misma, pero dependen de ella a diario y constituye la base de su sociedad.
Las Hermanas de la Noche son un clan escindido de las Brujas de Dathomir. Mientras que otras tribus nativas de Dathomir mantienen un equilibrio más tradicional con la Fuerza, las Hermanas de la Noche cayeron completamente en el Lado Oscuro. En esta novela, a diferencia de su representación posterior en las series de animación, no son una especie alienígena distinta (ni pálidas de piel grisácea), sino mujeres humanas. Debido al uso intensivo del Lado Oscuro y a los efectos del clima y las toxinas del planeta, tienen la piel agrietada y marcas oscuras o roturas en los vasos sanguíneos del rostro.
Las
Hermanas de la Noche resultan un concepto demasiado irresistible como para
olvidarlo, y escritores posteriores las convirtieron en una familia adoptiva
para Darth Maul, complicando bastante su historia respecto a la sencillez que
encontramos en esta novela. Puede que sea inevitable, pero no por ello es
decepcionante. Me resulta mucho más interesante el Dathomir virgen y enigmático
que vemos aquí, así como el origen y tragedia que envuelve a las Hermanas de la
Noche, tan poderosas
como dignas de compasión.
Todo lo contrario ocurre con el “Chu’unthor”, la accidentada nave Jedi que encuentra Luke en Dathomir y de la que no se sacó provecho en novelas posteriores. Esto pudo deberse al delicado equilibrio que debían mantener los autores que trabajaban en esta franquicia: la historia general del Universo Expandido debía avanzar –de acuerdo con lo que parecía un plan-, pero nadie podía acelerar demasiado el ritmo. Por tanto, un descubrimiento como el del “Chu’unthor” y sus archivos debería haber sido trascendental, un poderoso activo para la incipiente Orden Jedi. Sin embargo, que yo recuerde, apenas se vuelve a mencionar después de esto. Es un caso en el que, sin duda, habría estado justificado profundizar más (de hecho, se ampliaría la información sobre su trasfondo, aunque principalmente a través de materiales complementarios como manuales de referencia).
Cab
e
destacar que el momento en el que aparece “El Cortejo de la Princesa Leia” es la
primera etapa de algo que cobraría gran relevancia en los años venideros. Aquí
es donde realmente comienzan los intentos de Luke por restablecer la Orden
Jedi, aunque ya había habido referencias al respecto en historias anteriores. Hay
que recordar que todo esto sucede antes de la producción de la trilogía de precuelas,
por lo que existen grandes diferencias respecto a cómo Lucas presentaría
finalmente a los Jedi en esa segunda tanda de películas. Por ejemplo, Luke
concluye aquí que los Jedi nunca tuvieron un centro de entrenamiento fijo en un
planeta, sino que utilizaban el “Chu’unthor” como academia itinerante.
Obviamente, el Templo Jedi de Coruscant aún no existía; faltaban cinco años
para que lo estableciera “La Amenaza Fantasma” (1999). Afortunadamente, el
Universo Expandido demostró ser lo suficientemente flexible como para
incorporar esos cambios cuando llegaron. En este caso, presentando al Imperio
como una fuerza realmente eficaz a la hora de borrar el recuerdo de los Jedi.
No obstante, a lo largo de la existencia del Universo Expandido, siempre
existió cierta tensión entre la representación de los Jedi en las precuelas -rígidos,
sujetos a normas estrictas, reglamentados y centralizados- y la enorme
diversidad que exhibían en los inicios de dicho universo.
Los
dathomirianos son una de las dos sociedades matriarcales que Wolver
ton presenta
en “El Cortejo de la Princesa Leia”. La otra es la de los hapanos. La Reina de
Hapes gobierna una sociedad que minimiza la importancia y papel del hombre. Tan
solo el heredero varón desempeña un rol relevante: el de elegir a su esposa y,
por consiguiente, futura reina. Ambas sociedades presentan diferencias; de
hecho, apenas existen similitudes más allá de que sus órganos de gobierno están
compuestos por mujeres. Los hapanos son una cultura opulenta,
tecnológicamente avanzada y obsesionada con la belleza física y la estética
palaciega. Viven rodeados de un lujo barroco que contrasta con la austeridad de
la Alianza Rebelde o la crudeza de los planetas fronterizos. Cuentan con una
armada estelar temible y una guardia real femenina de élite.
Pasemos
ahora a los personajes, empezando por los nuevos. El romance entre Isolder y
Teneniel Djo es en exceso repentino, por no decir abrupto, aunque podría
explicarse considerando que ambos son gente de acción, impulsivos y propensos a
tomar decisiones trascendentales de forma rápida. Teneniel Djo incluso le dice
directamente a Isolder que, en su sociedad, las mujeres suelen elegir a sus
maridos muy deprisa, sin apenas tiempo para reflexionar. Muy conveniente.
Demasiado, porque su matrimonio se convierte así en una burda herramienta para
satisfacer los fines del Universo Expandido, dado que apenas se vuelve a hablar
de él en el futuro de la saga, quedando eclipsado por su destacada hija, Tenel
Ka. En cuanto a su reino, Hapes, el grado y sofisticación de las intrigas y
conspiraciones que se sugieren, hubiera dado material suficiente para todo un
spin-off.
Timothy
Zahn ya había establecido en la trilogía de “Heredero del Imperio” (1991-93) que,
en algún momento tras “El Retorno del Jedi”, Han y Leia se habían casado. Y,
como resulta impensable que un acontecimiento tan destacado
para dos de los
tres personajes principales quedara sin documentar, se le encargó a Wolverton
hacerlo. Irónicamente, la boda propiamente dicha se describe breve y
superficialmente (apenas un par de páginas) desde el punto de vista de Luke, quien
llega tarde a la ceremonia. Al fin y al cabo, el título es “El Cortejo de la
Princesa Leia”, no “La Boda…”. Y, sin embargo, esta sencilla escena sienta las
bases para dos décadas de historias posteriores porque el matrimonio de Han y
Leia es uno de los pilares del Universo Expandido que nadie se atrevió más
adelante a cuestionar.
Como
dato curioso, no es la única versión del acontecimiento. La serie juvenil “Jedi
Prince” (1992-93) abordó el matrimonio de Han y Leia cuatro años antes (dentro
de la cronología de la saga) en su última entrega, “Prophets of the Dark Side”.
En ese libro, Leia planeaba su boda y tenía una visión de Han y dos niños
(aparentemente sus gemelos, Jacen y Jaina, ya establecidos en la Trilogía de
Thrawn). El plan era que la boda se viera interrumpida y que el asunto se
retomara en el siguiente y último libro, que nunca llegó a publicarse.
Como era de esperar, Wolverton también dedica tiempo a escribir sobre el amor y las relaciones. Consciente de que son temas complejos que, en novelas como estas, pueden ralentizar la acción y aburrir al lector, intenta simplificarlos pero sin dejar de incorporar matices multiculturales. Para las dathomirianas, por ejemplo, el amor es casi un juego: cazan, capturan, compran y roban hombres fuertes para engendrar hijas fuertes. Para Isolder, el amor tiene un cariz más político: sopesa qué puede ganar él -y, lo que es más importante, su pueblo- con el matrimonio con la mujer que elija como esposa.
Lamentablemente,
ese aspecto romántico deja mucho que desear. En una buena novela, la relación de
la pareja protagonista evoluciona y el momento en que se dan cuenta de que realmente
se aman y deciden estar juntos es la conclusión satisfactoria para ese
desarrollo previo. La atmósfera de la obra puede ser ligera y cómica, o estar
cargada de angustia, pero el final feliz debe ganarse a pulso. El lector tiene
que creer que esa pareja está enamorada, se respeta, se complementa y está
comprometida el uno con el otro. Por desgracia da la impresión de que la única razón
por la que los romances de “El Cortejo de la Princesa Leia” llegan a buen
puerto es que al autor se le acababan las páginas y necesitaba cerrar la
historia. En un momentod dado y en una sola página, dos de los personajes pasan
de no mostrar ningún interés romántico significativo a profesarse un amor eterno.
No me refiero a una situación en la que se sobreentiende que siempre hubo una
atracción mutua de la que ellos no eran conscientes, sino a que el libro estaba
a punto de terminar y no quedaban más candidatos disponibles, así que el escritor
hizo que estos personajes cambiaran radicalmente de actitud para que pudieran
acabar juntos.
Las
secuencias de acción y combate están bien ejecutadas y mantienen el suspense
aun sabiendo que los protagonistas principales sobrevivirán. Las malvadas
Hermanas de la Noche no tienen ningún interés en mantenerlos con vida por lo
que sus agresiones carecen de restricciones de ningún tipo. Nadie perdonará a Han
o Leia para tenderle una trampa a Luke. Y, a diferencia de Vader o el Emperador,
ningún antagonista considera aquí a Luke alguien especial ni se molesta en
jugar con él.
Como ya
he mencionado, el libro también contiene muchas situaciones disparatadas, como
cuando Han recurre a la ayuda de C3PO para cortejar a Leia. El androide investiga
el pasado del contrabandista y descubre que es descendiente de un antiguo rey
de Corellia y, por
tanto, aristócrata con posibilidades de aspirar al
matrimonio con la Princesa. Durante todo el libro, C3PO se refiere a él como
“Rey Solo” hasta que descubre, el día de la boda, que ese antepasado fue un
usurpador y un farsante depuesto con toda razón. Ese hallazgo horroriza al
androide, mientras que a Luke le hace gracia y lo encierra en un armario para
evitar que interrumpa la boda con semejante noticia. Es una anécdota disparatada
que adelanta el tema, bastante más importante, del verdadero linaje de Han y
que se explora a fondo en la “Trilogía de Han Solo” (1997-98) y la “Trilogía
Corelliana” (1994-95). Hay otros momentos llamativos, como cuando Leia se queja
del coste de una videollamada intergaláctica con Luke; o ella y Han mencionan a
los tiburones (la Tierra no existe en el universo de Star Wars).
Lame
ntablemente,
también hay muchos aspectos negativos en “El Cortejo de la Princesa Leia”. Ya
he apuntado que la prosa de Wolverton es aceptable en su mayor parte, pero la
narración es entrecortada y los sucesos se precipitan sin mucha preparación
previa. También escribe pasajes extraños y, a veces, francamente pésimos. En
ocasiones, sobre todo al principio, no parece comprender a los personajes de
Han y Leia. El primero, que acaba de dejar el cargo de general condecorado de
la República, se emborracha y dice o hace cosas que resultan chocantes viniendo
de él. En parte, semejante conducta podría atribuirse a que el amor vuelve a la
gente desesperada y les impulsa a hacer locuras, pero la situación resulta
excesiva: literalmente, dispara a Leia con un arma que equivale a una droga de
sumisión quimica y luego la secuestra. Cualquiera puede ver que esta historia
no se habría escrito igual hoy en día.
Otro
aspecto desconcertante es la facilidad con la que Leia se deja influir por el
apuesto príncipe Isolder. Quizás interpreté mal la situación, pero la relación
entre Han y Leia parecía bastante sólida al final de “El Retorno del Jedi”.
¿Quié
n iba a decir que bastaría con un par de citas con un príncipe rico para
que Leia cuestionara su amor por Solo? Esperaba una explicación más convincente
para este desconcertante giro (como que Isolder poseyera algún tipo de
habilidad en la Fuerza capaz de alterar las emociones o cierto dispositivo o
químico), pero lo cierto es que Leia queda realmente prendada de un tipo
atractivo y adinerado. Del mismo modo, Han Solo se muestra desconcertado por el
nuevo interés amoroso de Leia, algo impropio de él; yo esperaba ver esa actitud
audaz y desafiante que conquistó a Leia en un principio, pero, aunque
finalmente recupera ese espíritu, se pasa la mayor parte de la novela
comportándose como un perrito apaleado y con el rabo entre las piernas.
Tampoco
hace Wolverton un buen trabajo con Luke, quien a menudo suena innecesariamente
sermoneador. Por alguna razón, toda persona con la que se cruza es sensible a
la Fuerza; él se dedica a hablar -casi sin parar, como un comercial de
pro
ductos Jedi- sobre la Fuerza y su conexión con todos los seres vivos, para
luego aconsejar a su interlocutor sobre cómo debe actuar para llevar una vida
mejor. Todo esto hace que parezca un predicador pelmazo y convierte la lectura
de algunas de sus escenas en una tarea aburrida.
Las
opiniones sobre “El Cortejo de la Princesa Leia” han ido variando con el paso
de los años, pero la novela recibe hoy bastantes críticas negativas, muchas de
ellas justificadas, y está lejos de considerarse una de las obras
imprescindibles del Universo Expandido de Star Wars. Sus problemas son
evidentes y ya los he repasado: resulta en algunos m
omentos bastante sexista,
varios de sus personajes actúan de manera poco coherente con la personalidad
que se les había atribuido hasta entonces y, especialmente durante su primer
tercio, la trama resulta excesivamente artificiosa y forzada. Algunas
decisiones narrativas parecen concebidas más para conducir a los personajes
hacia la aventura que porque respondan de manera natural a su evolución.
Sin embargo, reducir la novela a sus defectos tampoco haría justicia a lo que ofrece y debemos esperar de ella. A pesar de sus irregularidades, “El Cortejo de la Princesa Leia” es, sobre todo, una novela muy divertida. Presenta personajes nuevos con considerable atractivo y proporciona también momentos memorables a algunos de los protagonistas clásicos. Incluso cuando éstos se comportan de forma cuestionable o poco reconocible, la novela encuentra ocasiones para recuperar aquello que hacía atractivos a Han, Leia, Luke y compañía. Su imaginación, su sentido de la aventura y su voluntad de ampliar la mitología de Star Wars explican en buena medida que haya conservado una cierta capacidad de fascinación entre los lectores.
Personalmente,
y
aun reconociendo todos estos defectos, considero que la novela tiene hasta
cierto punto un carácter esencial para cualquier aficionado a la saga de George
Lucas. No tanto por sus cualidades literarias intrínsecas como por el momento
de la cronología que aborda y la importancia de algunos de los acontecimientos
que narra. La obra se ocupa de un periodo especialmente significativo en la
vida de los héroes y desarrolla una situación que, con el tiempo, adquiriría un
carácter casi icónico dentro de la historia del Universo Expandido.
También resulta interesante valorar la novela desde la perspectiva posterior a la creación del canon oficial de Disney. Al haber quedado fuera de la continuidad canónica, el lector puede aproximarse a “El Cortejo de la Princesa Leia” con una cierta libertad: lo que sucede en sus páginas puede considerarse parte de una versión posible de la historia sin necesidad de asumir que cada una de sus decisiones narrativas deba encajar con la caracterización posterior de los personajes. Incluso elementos tan particulares como las brujas de Dathomir o la utilización que la novela hace de la Fuerza pueden conservarse como aportaciones imaginativas al Universo Expandido, mientras que otros aspectos, como el comportamiento de Han, pueden contemplarse como elementos prescindibles de aquella continuidad.
En definitiva, “El Cortejo de la Princesa Leia” es una novela irregular, envejecida en determinados aspectos y claramente inferior a algunas de las mejores obras del antiguo Universo Expandido. Pero también es una novela imaginativa, dinámica y, sobre todo, entretenida, que se atrevió a ampliar la mitología de Star Wars con conceptos y personajes que dejaron huella. Quizá no sea una obra imprescindible, pero sí constituye una pieza significativa para comprender cómo se construyó el antiguo Universo Expandido y cómo se desarrollaron algunos de los personajes fundamentales de la saga. Sus defectos aconsejan leerla con espíritu crítico; su imaginación y su importancia histórica dentro de la franquicia justifican que, pese a todo, siga despertando interés entre los aficionados.

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